Procuremos ser congruentes, sí; pero, también,...

PROCUREMOS SER CONGRUENTES, SÍ; PERO, TAMBIÉN, INCOMPLETOS

 

   A todos (y a todas, por supuesto) los que opinan a cara descubierta o bajo seudónimo, a quienes algunos (y algunas, evidentemente) censuran por poner casi todos los días del año en marcha su hodierna maquinaria y honesto ejercicio de la libertad de expresión, derecho que, indefectiblemente, los susodichos reclaman para sí.

 

   "Convendría, por higiene, cambiar de ideas, de convicciones, de principios, como se cambia uno regularmente de ropa interior. Quien profesa una ideología durante largo tiempo termina ensuciándola, no me hagan decir con qué."

 

   Fernando Aramburu

 

 

   En esta piel de toro puesta a secar al sol que más calienta (según retahíla proverbial que gusta airear y urdir mi amigo "Otramotro"), que muchos seguimos llamando por su nombre, España, cuyos puntos a favor y en contra, virtudes y defectos, sujetamos y predicamos por doquier, sobre todo, cuando nos da por cruzar sus mugas y dejar atrás sus fronteras, está muy mal visto, olido y aun escuchado cambiar de opiniones, ideas o criterios y, correspondientemente, mudar de argumentario e ilusionario.

 

   O sea que, si un hijo de vecino o quisque piensa lo que piensa, no puede dejar de pensar lo mismo, hasta que sus deudos y/o amigos coloquen el ataúd que contenga los restos mortales de su cuerpo exánime sobre el túmulo o catafalco, donde los sobredichos rezarán un responso por su alma.

 

   De nada (positivo) le hubiera servido al sujeto, una o uno (apellídese o no Unamuno), desdecirse. Es más; cantar la palinodia, reconocer que hasta entonces había vivido en el error, sólo le hubiera acarreado o reportado al mismo, otra u otro (apellídese o no Otramotro), consecuencias funestas, pues, por razones ignotas, la retractación suele proceder y actuar a modo de bumerán.

 

   Tal vez, convendría que todos nos renováramos un poco o un mucho, según los casos, ad líbitum. Servidor, E. S. O., un andoba de Cornago, tiene la sensación y hasta la certidumbre de que cada día es alguien distinto, nuevo, un puzle de infinitas piezas, sí, y, por ello, imposible de completar.

 

   E. S. O., una andoba de Cornago

   esounandobadeco@tudela.com

Escrito por: esounandobadeco 0 comentarios 01 Dic 2006 URL Permanente

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Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago

Detrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo –no como un aseo- de grande): “Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura”, Lawrence Durrell, si no marro.

Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos

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