La Venus, entre nubes, de Bastión (II)

LA VENUS, ENTRE NUBES, DE BASTIÓN (II)

(Sigue el de ayer.)

El perdón es dos veces bendito; bendice al que lo da y al que lo recibe”.

William Shakespeare

Traigo aquí, por si le sirven a usted, desocupado lector (porque reconozco que a mí, sintiéndolo mucho, tras darles muchas vueltas, a la postre, no me han servido de nada), las líneas que trenzó otrora Félix Unamuno (si no marro, con ocasión de una de las plurales rupturas que jalonaron la tortuosa y tormentosa relación que mantuvo con su alma gemela y media naranja, Soledad Ríos): “Te agradezco sobremanera, de veras, que hayas tenido una gentileza ciclópea o colosal y una paciencia inagotable e ilimitada conmigo; y que me hayas ayudado a comprender y/o enseñado que el Amor es de balde, o sea, de bóbilis, esto es, gratuito. Te agradezco, asimismo, infinitamente, que hayas contribuido a ensanchar mi corazón, ahora casi un coso taurino, pues me permite empatizar y simpatizar con las preocupaciones de cuantos me rodean o rodeo, comprenderlos y perdonarlos”.

Pero, qué casualidad o causalidad (¿verdad, “bastionesa” et alii?), tuvieron que salir a relucir un montón de sospechas con visos de certeza (y demostrarse que las tales eran incontrovertibles) para que toda la buena voluntad, recogida en los parágrafos anteriores, caiga en saco roto y/o quede en agua de borrajas o cerrajas. Pues no puede haber perdón para la raposa mayor del reino, para quien, cual hiena, se rió cuanto quiso de Unamuno y a saber de cuántos más no se habrá mofado antes y después de hacerlo de Otramotro. Me alegra advertirle (de) que se le acabó el chollo o la baya, vaya.

El Amor, si te cruzas con el zorrón de Bastión, devendrá, con toda seguridad, una merienda de loba con bobo (pues, qué otra cosa es un enamorado hasta los tuétanos de una bola hacedora de otras muchas, sino un insensato). Tras el enésimo (por dar una cifra inconcreta de los desastres promovidos por el pendón desorejado) “chandrío” (así llamamos a los susodichos en la capital de la ribera ibera de Navarra), la vulpeja de marras no se va a ir de rositas, no. Voy a encargarme expresa y personalmente de que a la Venus venenosa se le caiga la cara a cachos (por la mucha vergüenza que va a tener que padecer).

(Adenda: Evidentemente, al objeto de que el lector que invierta un minuto –o menos- de su tiempo en leer el presente añadido pueda esbozar una sonrisa, debo decirle que la urdidura hodierna es una completa y perfecta ironía, o sea, que quiere dar a entender lo contrario de lo que expresa.)

E. S. O., un andoba de Cornago

esounandobadeco@tudela.com

Ángel Sáez García

angelsaezgarcia@tudela.com

Escrito por: esounandobadeco 0 comentarios 12 Oct 2007 URL Permanente

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Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago

Detrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo –no como un aseo- de grande): “Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura”, Lawrence Durrell, si no marro.

Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos

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