Tengo un adjunto sin abrir

TENGO UN ADJUNTO SIN ABRIR

La desconfianza es madre de la seguridad”.

Aristófanes

Dilecta Bernarda:

Aquí, en la biblioteca municipal de Algaso, donde me encuentro, no he podido abrir el adjunto que nos has mandado. Tal vez, a la noche, cuando, de regreso a casa, entre en el cíber-café “Praga”, allí sí pueda leerlo.

Tú sabrás. Yo no rijo tu caletre. Eres tú y sólo tú la que gobiernas tu pesquis y conoces la razón que te ha empujado a hacer lo que has coronado o llevado a cabo. Tengo para mí que has cometido un error de aúpa, colosal, morrocotudo, al incluir dichas direcciones. Tal acción no te puede aventajar en nada, en ningún ámbito. Bueno, acaso sí, en un solo supuesto o terreno; quizás, les has podido comentar a los otros remitentes, a quienes les has enviado también el anexo, que te escribes conmigo y necesites un correo que lo corrobore o ratifique; pues, si es así, ahí van, para todos los mentados (aunque, en verdad, no los he mencionado siquiera), sin ambages ni tapujos, estos incontrovertibles renglones torcidos; no tengo ningún problema en reconocer estas tres inconcusas obviedades, tres: que no sólo mantengo una relación epistolar desde hace once meses con Bernarda Ocaso, sino que es la persona a la que (si exceptuamos a la finada Marisol Ríos, a quien quise por el estilo) amo como jamás amé antes a ninguna otra; que el hecho más bello, crucial y extraordinario de mi vida ha sido dar con ella, hallarla; y que espero conocerla pronto bíblicamente y aun casarme con ella y hasta tener un hijo en común, todo ello en menos de dos años. Y es que al acto, falto de tacto, le veo un montón de inconvenientes (si las demás direcciones de correo son, como la mía, auténticas, así lo creo) para todos y todavía sostengo más, pues entiendo que a ti puede acarrearte más perjuicios que a nadie. Aunque también pienso que tal vez, como eres alumna aventajada, quieras probarme y comprobar si me voy de la mui (o, mejor, de la péñola o teclado) con tus amigos. Si tu propósito ha sido el último, tengo que decirte que marras conmigo, que demuestras no conocerme un ápice. Te amo tanto que sería incapaz de hacerte daño alguno a sabiendas (aunque pensar hacerlo, sobre todo, después del “chandrío” que me procuraste, no niego que sí se me ha pasado varias veces por la cabeza).

He comprobado que a Pedro también se lo han ventilado. ¿Conoces la razón por la que a Juan lo han despedido del local de la esquina? Espero y deseo que no creas que servidor tiene que ver algo en ambos asuntos. Ahora bien, lo que sí es irrebatible es que todos los compañeros que te apoyaron en las últimas elecciones sindicales (te tengo por persona muy inteligente, bastante por encima de la media, Bernarda, capaz de pergeñar maneras de estar más segura de ti y de los demás, como he hecho yo; ése es, precisamente, uno de los principales motivos de mi constante embelesamiento de tus plurales prendas y virtudes) van cayendo como muñecos del pimpampum.

Te ama (no sólo por ser su amada dama y musa; sino por otras muchas razones o causas, que conforman un extenso muestrario, el mejor tesoro del mundo, que a ratos airea –para enorgullecerse- y a ratos calla –para que nadie se lo arrebate-)

Félix Unamuno.

E. S. O., un andoba de Cornago

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Ángel Sáez García

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Escrito por: esounandobadeco 0 comentarios 30 Oct 2007 URL Permanente

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Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago

Detrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo –no como un aseo- de grande): “Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura”, Lawrence Durrell, si no marro.

Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos

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