Aviso de la existencia de impostoras a incautos interneteros
AVISO DE LA EXISTENCIA DE IMPOSTORAS A INCAUTOS INTERNETEROS
(MUJERES BAJO EL SÍNDROME DE TANIA HEAD/ALICIA ESTEVE)
Ignoro si usted, desocupado lector, ha tenido conocimiento, más o menos directo o profundo, de la existencia en la red de redes de impostoras empedernidas y hasta roce o trato con alguna fémina que haya urdido una bola o bulo tan colosal como el que trenzó la gran mendaz del 11-S, Tania Head/Alicia Esteve.
Servidor le puede asegurar que sí. Pues yo mismo, lo reconozco sin ambages, he caído en las redes de otra gran mentirosa, que (en) nada tiene que envidiar a quien da nombre al síndrome que padecen cuantas pergeñan añagazas compulsivamente, ¿porque sí? No sabría decir, a ciencia cierta, si el interés que prima en ellas es el mediático, esto es, si buscan notoriedad, salir en los mass media, vaya; o si la motivación es otra, verbigracia, conseguir combatir la soledad existencial que sufren y en la que, ora están a punto de ahogarse, ora de caer por el precipicio, o, por ejemplo, lograr contrarrestar su insoportable ninguneo social.
A mí me ganó para su causa, quiero decir que me engatusó, tras leer un texto suyo, que ella escribió y publicó en uno o varios (desconozco este extremo) foros de opinión (uno de ellos –esto sí que lo sé-, si no clausurado, casi), en el que hablaba del cáncer (cada día, felizmente, menos palabra tabú) como si se tratara de uno de sus pretendientes mejores dotados o pertrechados para la victoria, debido a su refractaria perseverancia (que, según la tradición, todo lo alcanza), por ser ésa, la susodicha enfermedad, la que se había llevado por delante, abatido o acabado, antes de llegar a la ancianidad, con buena parte de sus deudos.
Mi empatía y simpatía hacia ella crecieron aún más cuando me confesó un secreto (que hoy, por supuesto, pongo en tela de juicio), que había sido objeto de malos tratos al comienzo de su matrimonio.
Los correos de ida y vuelta, a pesar de mis cautelas y prevenciones iniciales, fueron aumentando hasta que, tras hacerme la confidencia que tanto anhelaba oír, que no quería a su marido, por quien, como mucho, sentía un aprecio o cariño especial, como el que se le tiene a un hermano (no obstante, eso sí, se –la/lo- follaba una o dos veces por semana), que a quien de verdad amaba era a mí, eso me empujó y espoleó a dar el paso decisivo de cruzar España de oeste a este, quiero decir, desplazarme en avión desde mi terruño en Valladolid hasta Barcelona, donde uno suele catar y aun comerse las uñas, esperando desesperadamente la aparición de un fantasma, y meter la pezuña y buena parte del resto de la pata, hasta el corvejón. He trenzado lo anterior porque, después de quedar en la habitación 504 de cierto hotel de tres estrellas, la embustera no apareció. Adujo que le había entrado miedo y que éste la había dejado alelada, paralizada. Poco más o menos, lo que Tania Head/Alicia Esteve alegó durante la ceremonia de homenaje a su ¿salvador?, que el exceso de emoción le embargaba hasta tal punto que le impedía articular palabra.
Evidentemente, todo lo que acabo de relatar en primera persona le ocurrió, hace ahora ocho meses cabales, a un casado sacado de quicio, embelesado hasta los mismísimos tuétanos de la embelecadora. Si servidor insiste hoy en ello es por esta sola razón de peso: ayer, a última hora de la tarde, por lo que escuché que hablaba un señor, que estaba sentado en el banco de un parque y que frisaría los cuarenta y tantos, por su móvil y que, al principio, seguí sin querer, mas luego, confieso mi falta, queriendo, y aun aguzando el oído, colegí que otro incauto internetero había caído en la tela de araña tejida por otra aranera.
E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadeco@tudela.com
Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@tudela.com
Sobre este blog
Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadecoDetrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo no como un aseo- de grande): Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura, Lawrence Durrell, si no marro.
Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos
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4 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Marian dijo
La verdad,
no se quién engañó a quién....porque el casado...¿También engañó? o no,
simplemente el destino le puso en su sitio....o puede que no...a lo mejor su mujer tenía que haberse enterado...que su marido era tan fiel...que no dudaba en atravesar media España...para irse a la habitación de un hotel con una total desconocida.....
esounandobadeco dijo
Dilecta Marian:
Vaya por delante que el relato (lamento defraudarle, si había tomado el anterior por crónica veraz de un suceso cierto –aunque, como usted habrá escuchado y leído en mil y un sitios, o más, a veces, la realidad supera a la ficción-) sobre el que usted opina es una narración apócrifa.
Es lógico y normal que colija y piense de la guisa que lo hace. Y me parece estupendo que, con los datos que tiene a mano, critique al que, en principio, se escapa de la “quema” sin sufrir el mínimo rasguño. Ahora bien, sitúese, ¿qué opinará en torno al hecho, si le suministro más datos? Porque estoy dispuesto a darle más informaciones, aunque, itero, son, asimismo, falsas. Evidentemente, desconoce que la esposa (psiquiatra, como su cónyuge) del casado, uno de los dos protagonistas de este affaire, siempre estuvo al tanto de la “relación” (que el “casado sacado de quicio” continuó con el exclusivo y jocoso, que no quejoso, propósito de que se divirtieran ambos al principio, mas, identificado el problema, de ayudarle luego) había inaugurado su marido. Incluso la esposa contestó varios correos en ausencia de su marido, pues entre ellos escaseaban los “secretos”. Además, le acompañó en el susodicho viaje. Pero la otra no apareció.
Espero que, tras abastecerle con estos nuevos detalles o pormenores, su criterio, a propósito del casado, haya variado; sea distinto.
Le agradece el comentario
Ángel.
Cristina dijo
Uy, a saber…igual el que mentía como un bellaco a la chica era el casado y ésta empezó a sospechar que no era trigo limpio; porque no veo muy claro el asunto. Supongo que nadie le dedica tanto tiempo a otra persona por puro deporte.
Marian dijo
Estoy contigo Cristina,
Gracias por la aclaración ángel,
Pero pienso que quien se mete en semejante fregado...debe estar preparado para que salga cualquiera cosa...y aunque el relato se apócrifo....no es que la realidad supere la ficción..sino que esto es realidad.
Un saludo
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