Breve noticia sobre una acusación contra la V.

 

BREVE NOTICIA SOBRE UNA ACUSACIÓN CONTRA LA V.


Con motivo del aniversario de la muerte de don Miguel de Cervantes Saavedra, acaecida en Madrid, el 22, no el 23, de abril de 1616, dedico esta "urdiblanda" a todos los lectores/oyentes, sin excepción, de estas palabras.


Sucinta, sí; aunque, seguramente, usted, desocupado lector, ya la conocerá, porque buena parte de los periódicos, las radios y las televisiones de este país llamado España la contaron hace tres años, por estas mismas fechas, con pelos y señales y aun con detalles escabrosos y menudencias escatológicas, libidinosas, salaces, hasta la misma plétora, hasta la propia hartura. Y, si no es así, aquí está servidor (para unos E. S. O., un andoba de Cornago, Otramotro para otros), presto y dispuesto a narrársela de cabo a rabo o de la roda al codaste, como prefiera. O sea, que la condena, cual espada de Damocles, pende sobre el celebérrimo remedio. Que éste está a punto de ser colocado en la picota. Que se halla a un paso de ser llevado y encadenado al rollo.


La panacea para la disfunción eréctil, la pastillita azul, el sildenafilo, la V., el milagro para la jodienda, el refocile o el regocijo, pues, en apenas unos minutos, metamorfosea al más chato, flojo e inapetente de los hombres en un ariete fornido, en un sátiro de los de aquí te espero, Juana, fue imputada, en toda la regla, como la tercera en discordia y/o la verdadera circunstancia causante del desorden y el fracaso o el naufragio de un matrimonio británico.


Ahí va, por mor de la concisión, la nueva. En un lugar de la pérfida Albión, de cuyo nombre poco importa ahora acordarse, hace, poco más o menos, tres años del hecho, vivía, sin mayores problemas, una pareja, cuyos dos formantes frisaban la edad de la cincuentena. Pero he aquí que el diablo entró en el domicilio conyugal bajo la apariencia de la mentada y lamentable pastilla, pues sólo encabritó al macho, que fue quien la ingirió, rebajándole los años vividos una treintena, poniéndole, en breves minutos, aquello en celo y en ristre, como lanza en astillero, y las piernas, cual galgo corredor, a la caza de su media naranja, que, como la pillara, amén de escocida y/o exprimida, la dejaba como una colilla o hecha polvo (tras haberle echado unos cuantos), para el arrastre de la mopa. Quiero decir que la cosa estaba descompensada; porque, mientras el uno derrochaba altanería, la otra estaba ahíta, de capa caída, exhausta, casi muerta. Lo urdido, el desequilibrio; ergo, la demanda de divorcio al canto por parte de ella. Ignoro si ya ha salido la sentencia. "Que inventen una V. para las féminas", se le escuchó reclamar al marido, que había vuelto a cogerle gusto al "eroskiki", debido al renacimiento (que no miento), la palingenesia.


E. S. O., un andoba de Cornago

esounandobadeco@tudela.com


Ángel Sáez García

angelsaezgarcia@tudela.com







Escrito por: esounandobadeco 0 comentarios 24 Abr 2007 URL Permanente

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Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago

Detrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo –no como un aseo- de grande): “Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura”, Lawrence Durrell, si no marro.

Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos

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