Wolfowitz o el, al menos, dos veces golfo

 

WOLFOWITZ O EL, AL MENOS, DOS VECES GOLFO


"Es un axioma que aquél a quien todos conceden el segundo lugar tiene méritos indudables para ocupar el primero".


Jonathan Swift




El cese o la dimisión (dejémoslo en la sonrojante renuncia pactada) de Paul Wolfowitz (sí, hombre/mujer, sí; haz memoria; el señor que, a la entrada o salida, pues no recuerdo fielmente, de una mezquita, mostró a todo el mundo que se puede vestir traje y tener en casa una legión o regimiento de ratones a dieta o siguiendo el régimen indignante de los calcetines de su dueño; ¿caes ahora?; ése, sí, el mismo, el de los "tomates") de la Presidencia del Banco Mundial no sé a ti, desocupado/a lector/a, pero a mí me tiene en un sinvivir, con el alma en vilo, resumiendo, en ascuas.


Según aseguran los entendidos en la materia, resulta bastante improbable que, aunque suene insistentemente el nombre del primer ministro Tony Blair, que abandonará el número 10 de Downing Street el próximo 30 de junio, éste vaya a ocupar el sillón que, a partir de la susodicha fecha, dejará vacante Wolfowitz, itero, resulta bastante improbable que se quiebre esa ley no escrita que viene a decir que las riendas del Banco Mundial las debe llevar un norteamericano y las de su hermano mellizo, el Fondo Monetario Internacional, un europeo, actualmente, el español Rodrigo Rato.


Ignoro si los méritos (consensuados) que se le reconocen a Wolfowitz son auténticos. Supongo que algunas cosas buenas habrá hecho en el ejercicio de su cargo el señor en cuestión. Ahora bien, no me trago (porque no me pasa) ni comulgo con esa patraña, rueda de molino o trampantojo que es aceptar que no obró de mala fe al promover y aumentar en un 36% el sueldo a su pareja. Tengo para mí que a Wolfowitz, urgiéndole tal vez dar la razón cuanto antes a la castellanización de su apellido, golfo bis, golfo doble, o sea, dos veces golfo, dio muestras de ser un tal con la mentada y lamentable ocasión de la promoción y subida salarial a su novia, y lo ratificó, quiero decir que reeditó el bochornoso papel, cuando pactó con el Consejo Ejecutivo del Banco Mundial no haberlo sido.


Como colofón, para sustituir a Wolfowitz, uno de los diseñadores de la invasión de Irak, ex "número dos" del Pentágono, además del nombre de Tony Blair, propuesto o sugerido por el Premio Nobel de Economía 2001, Joseph Eugene Stiglitz, suenan o se barajan también como candidatos el del secretario del Tesoro, Henry M. Paulson, y el del ex presidente de la Reserva Federal, Paul Adolph Volcker.


Ya había decidido que el que antecede fuera el postrero parágrafo del presente artículo, cuando, mientras comía en la habitual y grata compañía de mi señera y señora madre, Iluminada, en las noticias de Cuatro he escuchado que Robert Zoellick era el candidato propuesto por Whasington para presidir el Banco Mundial. Y he recordado que, como adelantara con acierto Sergio Brosa el lunes pasado, 28 de mayo de 2007, en uno de sus "reales de vellón", Bob Zoellick (Naperville, Illinois, 25 de julio de 1953), de 53 años, ex "número dos" de la Secretaría de Estado y en la actualidad consejero del banco de inversiones Goldman Sachs, podía ser propuesto por la Casa Blanca para hacerse con la dirección y el gobierno del Banco Mundial, en sustitución de Paul Wolfowitz.


E. S. O., un andoba de Cornago

esounandobadeco@tudela.com


Ángel Sáez García

angelsaezgarcia@tudela.com












Escrito por: esounandobadeco 0 comentarios 31 May 2007 URL Permanente

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Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago

Detrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo –no como un aseo- de grande): “Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura”, Lawrence Durrell, si no marro.

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