Yo le vi la jeta al "Solitario"
YO LE VI LA JETA AL "SOLITARIO"
Vaya por delante, en vanguardia, que nadie me ha obligado a hacerlo, y que, si ahora lo hago (con sumo gusto o de buen grado), la razón no está, ni estriba, ni radica, ni la tiene, por supuesto, el maldito parné, el excremento del diablo. Mas debo confirmar, me pete o no, el hecho, que la visita-relámpago del indeseable a Algaso aconteció, digan lo que digan los escépticos, incontrovertiblemente. No obstante las dudas de los "hunos" y los recelos de los "hotros" se confabularon en mi contra, para desprestigiarme, mantengo lo que se lee en el título, que yo le vi la jeta al "Solitario".
De cuanto acaeció en la mentada ciudad del septentrión, minutos, horas y aun días después de que el "enemigo público número uno" se dejara caer por la avenida de Zaragoza, quiero decir, atracara la oficina de Caja Ebro, no quedan otras constancias que el suceso en sí, grabado por las cámaras de seguridad de la entidad; las renuentes pesadillas de los trabajadores de la citada sucursal, durante sus horas de ¿reparador? sueño; y el miedo cerval que siento y todavía corre por mis venas, cada vez que rememoro el evento.
El mediodía de autos o marras (hace una semana cabal) en el mundo sucedieron millones de casos y cosas, pero yo sólo recuerdo aquellos tres minutos interminables, por repetitivos, por "eternorretornables". Cuando fui a entrar al cajero automático, me di cuenta de que éste estaba cerrado. Extrañado, haciendo visera con mi diestra, achatando mi nariz contra el cristal, comprobé cómo el "Solitario" colocaba, ayudándose de la puntera de su zapato derecho, una cuña para que la puerta de acceso a la sucursal (entonces colegí los precedentes, que él también se había encargado de echar el cerrojo a la puerta del cajero) no se cerrara; cómo se dirigía a la parte de la izquierda, donde tiene su despacho el director de la oficina; cómo le hacía señales, empuñando el arma, para que saliera ipso facto del habitáculo; cómo les encañonaba a los tres empleados y a los dos clientes que, a la sazón, a las 13 horas y 55 minutos, había en el interior de la sucursal. Acto seguido, se acercó al mostrador y le conminó a la cajera, que en aquellos cruciales y precisos momentos lo atendía, a que le entregara toda la pasta. Al parecer, quedó satisfecho con el botín, les dijo (supe luego, claro) que se tiraran al suelo y que no se levantaran hasta que hubieran transcurrido cinco minutos.
Con total seguridad, salvo media decena o docena de segundos, fui el único espectador y/o testigo que tuvo el raro privilegio de observar todo lo ocurrido de cabo a rabo. Asistí incluso a la salida del "Solitario" de la caja. Ignoro cómo lo llevó a término, porque, cuando hizo mención de salir, me escondí tras la puerta entreabierta de un soportal anejo, pero, en apenas unos segundos, se deshizo de la casi totalidad de su disfraz. Con la frialdad de lo que, sin ninguna duda, es, un asesino, se metió en el bar más cercano, pidió una caña y se dirigió al fondo, al aseo de caballeros. Yo, entre arrojado y temerario, sí, lo reconozco, le seguí los pasos. Cuando entré en el váter, vi, reflejado en el espejo del lavabo, su rostro, que, para mayor escarnio, no era otro que el mío, porque el "Solitario" se había esfumado, difuminado; por arte de magia o cualesquiera otras, asimismo ignotas, el tipo más buscado por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado había desaparecido, se había evaporado.
E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadeco@tudela.com
Ángel Sáez García
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Sobre este blog
Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadecoDetrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo no como un aseo- de grande): Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura, Lawrence Durrell, si no marro.
Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos
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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario
montse dijo
jajajajajaja
por un momento he llegado a pensar que era cierto, que habías visto al solitario, sólo al final me ha parecido tanta valentía algo desproporcionada
el principio del último párrafo me parece genial, lástima que acabe así....
como estoy de vacaciones me entretengo leyendo
que tengas buen verano
NULL dijo
Dilecta Montse:
Es un texto en el que he intentado entrelazar la utilidad con el divertimento. Mañana acaso dé una exégesis del mismo.
Haces bien (quiero decir que aciertas o das de lleno en el blanco o centro de la diana) en dedicar parte de tu tiempo de ocio a la lectura ("leer, leer, leer, vivir la vida / que otros soñaron" son los dos primeros versos de un poema de Unamuno, muy querido por mí, "Otramotro"). Y es que se aprenden muchas cosas leyendo.
Procuraré que sea creativo. Lo mismo te deseo a ti.
Recibe el saludo que te remite
Ángel.
david dijo
web recomendada www.tuayudaeconomica.blogspot.com
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