Extraño regalo de cumpleaños

EXTRAÑO REGALO DE CUMPLEAÑOS

A Cromas, por haber llegado sano y salvo a sus primeras dieciséis primaveras.

“–Creo que un día de éstos –dijo- averiguarás qué es lo que quieres. Y entonces tendrás que aplicarte a ello inmediatamente. No podrás perder ni un solo minuto. Eso sería un lujo que no podrás permitirte”.

Jerome David Salinger

El día que cumplí dieciséis años no adquirí formal y legalmente la mayoría de edad, pues, según nuestra Carta Magna, ésta se alcanza a los dieciocho. Sin embargo, tengo conciencia y aun constancia de que ese día dejé de ser el crío que hasta entonces, sin ningún lugar a dudas, era.

El día que cumplí dieciséis años me abochorné sobremanera, porque no pude responder satisfactoriamente a la palabra que había comprometido y dado, o sea, porque, no obstante la disposición de mi ánimo, no estaba en condiciones de mantener en pie la invitación que otrora había hecho a dos de mis mejores amigos, Angelín (casi anagrama de Alguien) y Daniel (casi anagrama de Nadie), a cenar en nuestra casa el día de mi onomástica, como les había prometido dos meses antes y era mi propósito (pues así lo había proyectado), por la sencilla y simple razón de que estaba castigado con sobrado motivo (y es que lo que no había previsto era el mayúsculo error/horror que iba a cometer en medio de las dos susodichas fechas).

El día que cumplí dieciséis años tuve que avergonzarme ante más de un allegado alejado, quiero decir, sonrojarme por teléfono con más de un deudo o ser querido mío que, conocedor de mi travesura o jugarreta, había accedido a felicitarme vía invento de Bell y, por lo tanto, con quien estaba en deuda.

El día que cumplí dieciséis años comprendí lo obvio, que la trastada, fechoría o, como denominamos a la tal en la capital y alrededores de la ribera ibera de Navarra, “chandrío” que había hecho (con evidentes deshechos, toda una espetera o rosario de desperfectos) en compañía de otros mocetes, mozalbetes, muchachos o “muetes” podría volver a repetirse, pero yo no me encontraría entre los incautos actores de ese esperpento.

El día que cumplí dieciséis años fue anteayer. Así que acepto que usted, desocupado lector, me felicite hoy con retraso, pues, como recomienda el refranero español, más vale tarde que nunca.

E. S. O., un andoba de Cornago

esounandobadeco@tudela.com

Ángel Sáez García

angelsaezgarcia@tudela.com

Escrito por: esounandobadeco 0 comentarios 10 Ago 2007 URL Permanente

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Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago

Detrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo –no como un aseo- de grande): “Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura”, Lawrence Durrell, si no marro.

Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos

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