Serendipia
SERENDIPIA
O, si usted, desocupado lector, lo prefiere, serendipidad. Como me consta que la RAE no ha admitido ni siquiera al trámite preliminar o previo de tomar en consideración la probable entrada e/o inclusión en sus sanos seno y sino de ninguno de los dos vocablos del arranque de esta urdidura (o “urdiblanda”), desde los presentes renglones torcidos animo a los académicos todos, sin excepción, a que les hagan un hueco y les den cumplidos acomodo y cabida en la próxima edición del DRAE. Les propongo una posible (y, si no lo toman por una inconcusa muestra de jactancia de su seguro servidor de usted, aun plausible –qué otra cosa esperaba que trenzara su autor-) definición del término serendipia (y/o su sinónimo, serendipidad): “Don, facultad o virtud de encontrar personas y cosas valiosas en lugares inesperados por pura casualidad”.
De mi último y más reciente viaje vacacional a Canarias, debo reconocer sin ambages, porque es la verdad, que he disfrutado más durante los desplazamientos (y no miento) que en la estancia (insulsísima; sobre todo, por mi culpa) propiamente dicha. A la ida, durante la noche del 19 al 20 de julio, antes de facturar el equipaje y embarcar en el avión que nos llevó a Tenerife, tuve la gran suerte de trabar diálogo con dos núbiles licenciadas tunecinas, Inés y Nadjet, jóvenes profesoras de español. Volví a recordar palabras y expresiones árabes, que aprendí el año que viví en Zaragoza cuando estaba cursando las materias que me procuraron el Certificado de Aptitud Pedagógica (CAP), en el que compartí piso con dos diplomados tunecinos, Mohamed y Kamel, a quienes llegué a tomar un cariño especial y a apreciar sobremanera. Lo cierto es que, hablando de esto y de aquello, de lo divino y de lo humano (ergo, de Literatura, sobre todo) a mí aquellas horas nocturnas se me pasaron volando, en un santiamén.
Al regreso, tuve la desgracia y la fortuna, quiero decir que el azar volvió a perjudicarme y a beneficiarme en un corto espacio de tiempo, pues me concedió la grata compañía de Francisco (Paco), un psicólogo, diletante en otros muchos campos del saber. A ambos nos “tocaron” (¿asignaron a mala leche?) sendos asientos al lado de uno de los motores del avión. Habiendo despegado, Paco tuvo la descarada y genial idea de preguntarle a una de las azafatas si había plazas libres en el centro de la aeronave. Cuando ésta confirmó que sí, estuve raudo al quite y le interrogué si había algún problema en que las ocupáramos nosotros. Como no había ningún inconveniente, no tardamos en llevar a cabo lo esperado. En los nuevos asientos pudimos mantener una conversación inteligente e interesante. Así, de esta estupenda guisa, se cerró el bucle.
Para coronar el presente texto, acaso convenga rememorar, como inigualable epítome o inmarcesible prontuario, en éste, su párrafo final, uno de los versos del poema, escrito en francés, sin rastro de su autor, que Mohamed había colocado en la puerta de su cuarto (por la parte de dentro). Traducido, decía: “El éxito es el fracaso que cambia de repente de rumbo”.
E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadeco@tudela.com
Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@tudela.com
Sobre este blog
Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadecoDetrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo no como un aseo- de grande): Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura, Lawrence Durrell, si no marro.
Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos
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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Jesús dijo
Y...¿de dónde procede o cuál es el origen de la palabreja? La verdad es que serendipia suena bien, casi también como el título de la canción de Miguel Bosé "Velvetina", pero lejos de sonoridades y juegos de palabras, si a cada ocurrencia "un tanto absurda" (o no absurda, depende de quien lo examine), tenemos obligación de bautizarla...no cabrían términos en el santoral del diccionario, por muy real y acádemico de la lengua que sea.Un saludo, andoba cornagués. Disfruto mucho leyendo cosas tuyas.
esounandobadeco dijo
Dilecto Jesús:
Si buscas en Google "serendipia", encontrarás extensa respuesta a tu pregunta.
Te agradece el escolio y el seguimiento (que no miento)
Ángel.
david dijo
web recomendada www.tuayudaeconomica.blogspot.com
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