Del vuelo de los gansos al duelo de los mansos

DEL VUELO DE LOS GANSOS AL DUELO DE LOS MANSOS

(UNAS LETRAS EN MEMORIA DE MI TÍA GREGORIA)

La muerte de todo hombre me disminuye porque pertenezco a la humanidad. Por eso jamás preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti”.

John Donne

Todos hemos visto alguna vez, durante el otoño, cómo los gansos se dirigen hacia el sur, a la búsqueda de zonas más cálidas, volando en bandada y en forma de uve. Está demostrado científicamente que, adoptando dicha formación, los gansos ahorran el 70 % de su energía (fuerzas que, sin ninguna duda, gastarían en el caso de hacerlo en solitario).

Cuando el ganso que va en la punta o el vértice de la uve, quiero decir en vanguardia, se cansa, rápidamente es reemplazado por otro, siguiendo cierto orden o turno.

Asimismo, se ha comprobado que, cuando, por las razones que sean, un ganso enferma o es herido, un par de congéneres, sus ángeles custodios, salen de la mentada disposición o configuración para prestarle auxilio, echarle un ala, cabría decir, y servirle de égida. Permanecen a su vera hasta que el sujeto enfermo se recupera y puede remontar el vuelo o muere. Sólo entonces, habiendo cumplido con su cometido o deber, se unen a otra bandada.

Bueno, pues la inmensa mayoría de los seres humanos, mutatis mutandis, somos como los gansos. Nos apoyamos, sobre todo quienes tenemos una relación más estrecha, los unos a los otros, en las alegrías y en las penas, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que recobramos la salud (y echamos a volar de nuevo) o nos morimos (y volamos a un cielo donde ya no son necesarias las alas de las ilusiones o los sueños).

Como habrá colegido usted, desocupado lector, la razón de estas líneas, que ya tocan a su fin, no es otra que la que continúa: ayer, a mediodía, recibí el mazazo o desgarrón, la tristísima nueva de que mi tía Gregoria, una mujer trabajadora, sencilla y bondadosa, ejemplar esposa y madre, había finado sus días en este valle de lágrimas.

Esta tarde, Deo volente, toda la familia, todos (la inmensa mayoría de) los deudos de mi tía nos desplazaremos a Cabretón (La Rioja), donde volveremos a juntarnos, para acompañar en el duelo, la misa de funeral y el entierro a mi tío Vicente y a mi primo Miguel.

Descanse en paz, dilecta tía.

E. S. O., un andoba de Cornago

esounandobadeco@tudela.com

Ángel Sáez García

angelsaezgarcia@tudela.com

Escrito por: esounandobadeco 0 comentarios 11 Ene 2008 URL Permanente

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Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago

Detrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo –no como un aseo- de grande): “Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura”, Lawrence Durrell, si no marro.

Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos

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