El dolor, anticipo de la muerte

EL DOLOR, ANTICIPO DE LA MUERTE

“Nos condenáis sin oírnos, porque sabéis que, si nos oyerais, no podríais condenarnos”.

Quinto Séptimo Florente Tertuliano

“Las enfermedades del cuerpo nos las da Dios en este mundo para la salud del alma”. Aunque acaso marre, diré que la primera vez que escuché proferir con verdadera atención las palabras que contiene la frase que precede, de marras, ignoraba que las hubiese dicho o dejado escritas San Francisco de Asís (asimismo, airearé que tengo la indócil o renuente impresión de haber mudado aquel Dios cruel de entonces por otro, más humano, a quien hoy tengo o veo casi, casi, como pedagogo). Y, no obstante siga equivocándome de cabo a rabo (sin querer, por supuesto), continuaré aseverando que salió de la mui (por lo general, comedida) de quien estaba más experimentado que el menda en las mentadas lides, mi piadoso, señero y señor padre, Eusebio. Seguramente, todo ello acaeció en la clínica Ayensa, de Tudela, estando servidor, a la sazón, convaleciendo de alguna reciente operación quirúrgica, llevada a cabo por las expertas manos del doctor, amén de en otras disciplinas medicosanitarias, en Humanidad y Cariño, don Jorge Martínez Monche, de quien guardo un gratísimo recuerdo.

El sufrimiento (que no miento) es una experiencia necesaria, una conditio sine qua non o, si usted, desocupado lector, lo prefiere, el requisito imprescindible, indispensable, para que cualquier ser humano pueda llegar a compadecerse aquí y ahora (o en cualesquiera otros “cronotopos”) de su semejante. Pues el argumento es de cajón; quien nunca sufrió carece de las bases, fundamentos y razones para entender el padecimiento ajeno. Ergo, conviene no desechar la experiencia del dolor corporal y de las penas espirituales, porque tanto el uno como las otras van erogando por doquier muestras incontrovertibles, evidentes, de su vocación propedéutica, o sea, nos preparan para el momento que va a coronar nuestra existencia, la muerte.

Lo tengo claro, cristalino. Cuando todo funciona estupendamente, cuando todo marcha a pedir de boca, cuando todo va a las mil maravillas, la realidad que culmina toda vida terrenal, para la que muy pocos se preparan, es más difícil de aceptar, sin duda.

E. S. O., un andoba de Cornago

esounandobadeco@tudela.com

Ángel Sáez García

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Escrito por: esounandobadeco 0 comentarios 21 Ene 2008 URL Permanente

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Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago

Detrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo –no como un aseo- de grande): “Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura”, Lawrence Durrell, si no marro.

Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos

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