Carmen Ordóñez, una de las ubres que aún se ordeña

CARMEN ORDÓÑEZ, UNA DE LAS UBRES QUE AÚN SE ORDEÑA

No hay malas hierbas ni hombres malos; sólo hay malos cultivadores”.

Victor Hugo

Pues sí; en los programas de casquería, Carmen Ordóñez, aun muerta, sigue siendo una de las ubres que aún se ordeña.

Actualmente, a Carmina, por voluntad ajena (de quienes fueron sus anejos interesados, o sea, de cuantos crecieron, medraron y vivieron a su costa, y de los directores de los programas del corazón y otras vísceras), esto está fuera de toda duda, cada vez le encuentro más concomitancias con el ave fénix, aquel animal fabuloso e íngrimo que renacía de sus propias cenizas.

A “La divina (de la muerte)” no le dejan descansar en paz, disfrutar de su sueño infinito. Ahora, por obra y gracia de quien la halló exánime en la bañera de su casa, ayudada acaso por el mito del eterno retorno, el espíritu de quien fue hija, esposa, y madre de toreros ha vuelto a la arena del coso, acoso y derribo, al entorno o terreno de las cámaras, los focos y los micrófonos, a algunos platós (platos de pésimo gusto) televisivos.

Sí; es una verdad como un palacio o un axioma como una seo. Tanto en vida como en muerte, Carmina fue y es un negocio suculento, de jugo lento, tan lento que sólo son necesarios una absoluta falta de escrúpulos o vergüenza y un chorretón de talento para sacarle al cadáver (se repite hasta el hartazgo la tesis de que este vocablo se formó a partir de las sílabas iniciales de las tres palabras que componían la expresión latina caro data vermibus, carne dada a los gusanos, que solía inscribirse en los sepulcros romanos, pero no constan datos que así lo atestigüen y demuestren) un rendimiento (que no miento) “sucurrápido”.

Estoy completamente convencido de que, si los personajes finados (en el caso de estarlo; ojalá que no), propuestos por el programa para hacerles sendas autopsias o disecciones, fueran las madres de los colaboradores de turno o tertulianos habituales, éstos no largarían lo que suelen soltar por sus respectivas muis. Es más; tengo para mí que sólo abrirían las bocas al objeto de proferir bendiciones de sus correspondientes progenitoras y a fin de reclamar el debido respeto para quienes les dieron de mamar y les enseñaron a reír y a rezar y, desgraciadamente, finaron sus días en la tierra y ya no se encuentran entre nosotros.

E. S. O., un andoba de Cornago

esounandobadeco@tudela.com

Ángel Sáez García

angelsaezgarcia@tudela.com

Escrito por: esounandobadeco 1 comentario 27 Ene 2008 URL Permanente

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Jesús (ése que tú sabes).

Jesús (ése que tú sabes). dijo

Sin ser nadie (como era)
lo era TODO para muchos
y como la trucha al trucho
el amor fue su quimera.

Carmen de melena al viento,
allá por tu Marrakech,
doy fe, de ello no miento,
que a mí me importa un pimiento
con qué te lavas los pies.

Carmencita, a mí "plin"
con aureola divina,
Carmen, Carmela, o Carmina,
Ordoñez o Dominguín.

Rociera de Triana
que vivió la vida a tope
y "jarana" tras "jarana",
de la noche a la mañana
sin despeinarse una cana
la cabra tiró p´al monte.

Carmen Ordóñez, ¡torera!,
"vividora de la vida",
odiada y también querida,
que rió su gran tristeza,
paseando su novela:
sus amores, sus enganches,
sus "maltratos", risas, plantes,
hasta su sangrante herida,
muriendo como una diva.
"Nomber one" de las cadenas.

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Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago

Detrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo –no como un aseo- de grande): “Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura”, Lawrence Durrell, si no marro.

Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos

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