Cotilleando sobre cierto cotillón privado

COTILLEANDO SOBRE CIERTO COTILLÓN PRIVADO

(EL BELLO MONTE DE VENUS SIN VELLO DE ROSA)

“Para escribir bien se requiere una facilidad natural y una dificultad añadida, o, dicho de otro modo, escribir fácilmente por naturalidad y difícilmente por arte (por reflexión y por buen gusto, etc.)”.

Joseph Joubert

Había dejado de buen grado al contrabajo de su gárrula y garrula esposa y a sus dilectos y selectos amigos manteniendo una animada conversación (aceptaré que los demás se refieran a ella, la misma, con otros términos, “discusión bizantina” o “disputa verbal”, verbigracia; y es que, según el moralista del exergo, que no publicó ningún libro en su vida, “es mejor debatir una cuestión sin resolverla que resolver una cuestión sin debatirla”) sobre los requisitos necesarios para escribir bien, considerando, o sea, teniendo en cuenta y presentes los criterios del susodicho autor francés, en uno de los salones señoriales, solemnes, de aquel remozado y estrellado hotel, donde acababan de dar la bienvenida al nuevo año, cuando, en la cola que se había ido formando ante el baño de las féminas, vista desde la que comenzaba a conformarse a la entrada del aseo de los varones, a mi amigo del alma Antonio Romera de Tarros le pareció reconocer en la otra fila a Rosa. Así que, ni corto ni perezoso, la saludó con un escueto “¡hola!”.

La escultural (por las cabal y clásicamente bien proporcionadas curvas de sus variopintos atributos) y atractiva venustidad, de lisos cabellos negros, con los ojos del color de la canela en rama o miel y el cutis del mismo aspecto que el azúcar moreno, tras disculparse, por no haber caído en la cuenta de quién era su interlocutor al instante, le contestó con otra pregunta:

–Perdona. ¿Nos conocemos, prenda?

–Nos conocimos, si no recuerdo mal, hace hoy un lustro justo, en un loco cotillón privado. Entonces servidor tenía más pelo en la cocorota y tú ninguno en el monte de Venus; menos arrugas en la cara y tú todas, concentradas, en torno a las valvas de tu vulva. Hace cinco años, lo que más me llamó la atención de ti, a la sazón vestida de conejita, Rosa, fue que llevaras rasurado el conejito.

–¡Caramba! ¿Tú eres Toño, el amigo de Otramotro?

–El mismo.

–Pues que sepas que, desde entonces, nadie ha vuelto a sacarle tanto lustre a mi “chichi chachi” o “cho(bis)”, nadie. Nadie, Toño, ha vuelto a comerme el coño como tú, con tantas ganas, con tanta pasión como pusiste tú a la hora de procurarme aquel inolvidable rosario de orgasmos. Bueno; te dejo; que me toca “pisitar” a Roca.

–Entonces, Rosa, hasta dentro de otro lustro.

E. S. O., un andoba de Cornago

esounandobadeco@tudela.com

Ángel Sáez García

angelsaezgarcia@tudela.com

Escrito por: esounandobadeco 1 comentario 03 Ene 2008 URL Permanente

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Si prefieres firmar con tu avatar, haz login

Sobre este blog

Avatar de esounandobadeco

Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago

Detrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo –no como un aseo- de grande): “Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura”, Lawrence Durrell, si no marro.

Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos

ver perfil »

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):