Florentina empieza a remontar el vuelo

FLORENTINA EMPIEZA A REMONTAR EL VUELO

(TE AMO, TINA, CON CADA ÁTOMO DE MI ANATOMÍA, CON CADA MÓNADA DE MI ALMA)

Veo una multitud innumerable de hombres semejantes e iguales que giran sin descanso sobre sí mismos para procurarse pequeños y vulgares placeres con los que llenar su alma”.

Alexis Henri Charles de Clérel, vizconde de Tocqueville

Mi vida:

Ojalá, Tina, esa crema fría de puerro y patata o vichyssoise contribuya a sanar tu gastritis (a mí me ocurre lo propio o tres cuartas partes de lo mismo, que los nervios se apelotonan o concentran en el cardias, la boca del estómago, y me lo dañan; a veces tengo, no sólo la impresión ligera, sino la certeza apodíctica de que somos como dos gotas de agua).

Cuando servidor llega a la biblioteca pública de Algaso, la capital de la ribera ibera de Navarra, y no halla allí un e-mail tuyo que llevarse a los ojos, se molesta sobremanera. Lo hace por esta incontrovertible y sola razón de peso, porque está profundamente enamorado de ti; y no cree que pudiera vivir sin su Florentina. Por eso, te pide (e insiste una y otra vez en ello), de rodillas, que te cuides, porque tu salud es la suya.

Celebro que los resultados de los análisis y las pruebas que te hicieron ayer y en días anteriores hayan salido bien, si exceptuamos la arritmia (tendrás que seguir al pie de la letra lo que te prescriba el cardiólogo, no olvidar llevar a cabo el ejercicio diario ni tomarte las pastillas; con el corazón no se juega, porque una/o arriesga la vida; dale una patada –y, si no tiene bastante, dos- en el antifonario al estrés), que tendrán que controlarte y deberás cuidar, y la gastritis, que ya está en camino de ser corregida y solventada.

¿Tú, Tina, una farmacia ambulante? Conforme se vayan solucionando tus males, dejarás de verte como una tal. Yo, hace tiempo, también tuve esa sensación refractaria. Actualmente sólo tomo una cápsula en desayuno, comida y cena (y paracetamoles cuando me duele la testa).

Dios quiera que resulte como dices, y así, durmiendo en el reparador colchón de tu lecho, la mitad de tus dolencias se sublimen, esfumen o desaparezcan.

No enterarme de que me vibra el móvil, cuando voy andando, me ha acaecido otras veces. Esta mañana, verbigracia, cuando regresaba de la biblioteca municipal, en la relojería que hay en la tudelana calle Miguel Eza, en donde he entrado para que me cambiaran la pila del reloj, la joven dependienta del comercio, que me ha atendido estupendamente, se ha enterado de que vibraba mi celular antes que yo. Para que veas. Cuando ocurra, hazte a la idea de que ha podido sucederme lo que te comento.

Yo también, huelga (el) decirlo, Tina, te amo con cada átomo de mi anatomía, con cada mónada de mi alma.

Para mí, Florentina (no eres, no, pero, con el tiempo, llegarás a ser lo que urdiré a continuación, tras este paréntesis, que), serás perfecta. A mí me encantaría que me dijeras las cosas de forma directa (sé que las que tienen que ver con el ámbito del sexo, o no me las dices, por pudor, o usas una enrevesada y alambicada –con ambages- manera; si quiero estar cuanto antes junto a ti también es para escuchártelas proferir).

Se alegra de todo lo bueno que hoy le has comunicado e insiste en prevenirte de lo no tan bueno quien te (man)da abrazos, besos y caricias benefactoras, salutíferas, tu rendido y enamorado adorador,

Félix Unamuno.

E. S. O., un andoba de Cornago

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Ángel Sáez García

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Escrito por: esounandobadeco 0 comentarios 13 Mar 2008 URL Permanente

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Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago

Detrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo –no como un aseo- de grande): “Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura”, Lawrence Durrell, si no marro.

Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos

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