Ce matin, je vous salue, ma Tine
CE MATIN, JE VOUS SALUE, MA TINE
(CET ANGE GARDIEN EST AVEC VOUS, MA VIE)
Mi vida:
Tenemos un rico y estupendo idioma, el español, para decirnos todo lo que queramos, verbigracia, todo lo que nos queremos, sin tener que meternos en camisas de once varas. Yo, Tina, a pesar de que fue la lengua extranjera que siempre estudié, hace mucho, muchísimo tiempo, que no uso el francés.
(Abro en este punto un aparte. He tenido que interrumpir el e-mail que te estaba urdiendo, porque me ha llamado al móvil el “plurilicenciado” sobre el que urdí un par de cosas (me acaba de confesar que tiene enmarcado uno de los textos que escribí en torno a su persona) otrora, hace la friolera de ¿dos o tres años? Quiere invitarme a comer en el “Remigio” (un restaurante tudelano, de cierto prestigio gastronómico) y que le haga una especie de entrevista. La verdad es que me tiene mosqueado el hecho de que un redactor de Heraldo de Aragón me escribiera entonces, con ocasión de haber publicado los tales, un correo para decirme que el “polierudito” en cuestión había sido abogado, pero que lo del resto de licenciaturas era una pura fantasía, un cristalino trampantojo suyo. No sé qué pensar. Cierro aquí el aparte.)
De acuerdo, cuando vayamos a la capital francesa, llamaré a Christian, el marido de Raquel, que viven en la Ciudad de la Luz, para que sea nuestro cicerone. No sé tú, pero yo no he estado nunca en París.
Acabo de recibir tu SMS. Yo también. Ídem. No sabes cuánto.
Puedes estar segura de que te seré fiel, como el hornero, pájaro de buen agüero, siempre que o mientras no me impidas darte tres, treinta o mil novecientos sesenta y dos ósculos, de variopinto jaez, a diario, antes de conciliar el sueño (ni esporádicamente, muy de cuando en vez, al despertar). Te parecerá mentira, Tina, pero voy a intentar aprovechar al máximo esta segunda oportunidad que me ha dado la vida de poder disfrutar mi juventud contigo. Pues, como dijo Victor Hugo, “los cuarenta son la edad madura de la juventud; los cincuenta la juventud de la edad madura”. Intuyo que ambos andamos deficitarios en muestras de ese festín que debe ser compartir con quien amas de veras orgasmos de todo tipo.
Yo sé que te amo porque deseo compartir los espacios y el tiempo que me reste de vida contigo, a tu lado.
Ojalá que los resultados sean los menos malos. Pero, si son malos, en términos absolutos, no quedará otro camino que combatir con denuedo la enfermedad. No habrá mejor opción que arrostrar el hecho y procurar ponerle pronta o paulatina solución al problema.
Te agradece sobremanera que le quieras quien te adora, ama y venera, tu
Félix Unamuno.
P. S. Sólo quiero iterarte algo que te trencé otro día; que eres lo mejor que me ha pasado y que lucharé para favorecer, hacer o que pueda ser compatible tu amor de madre y abuela con tu amor a quien te ama incondicionalmente, este aprendiz de tantas cosas, sobre todo, de hornero y de (rui)señor.
(Adenda. Como usted, desocupado lector, habrá colegido con lógicas congruencia y sensatez, esta urdidura o “urdiblanda” es una ficción. Últimamente, según uno de mis amigos del alma, el más provocador de los mentados –ergo, yo le haría escaso caso a cuanto airee o largue por su mui- cada día que pasa me da más por combinar o mezclar un porcentaje mayor de datos procedentes de la realidad con otro menor de los mismos, dimanantes de mi capacidad para la imaginación; o viceversa.)
E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadeco@tudela.com
Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@tudela.com
Sobre este blog
Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadecoDetrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo no como un aseo- de grande): Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura, Lawrence Durrell, si no marro.
Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos
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