Florentina Baldamero, una mujer virtuosa
FLORENTINA BALDAMERO, UNA MUJER VIRTUOSA
“El objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano”.
Platón
Mi vida:
No me ofende ni ofenderá nada de lo que digas o hagas, porque aún no he advertido en cuanto has aireado o realizado, quiero decir, llevado a feliz término, un solo ápice o pizca de mala fe.
Si te ponen pegas en Barajas, te recomiendo que sueltes por tu mui lo cierto y pintiparado; porque con la verdad se puede ir a cualquier parte; esto es, que el menda, tu novio, “decimófero” (o, si lo prefieres, “versófilo”), te está esperando con los pasajes en la mano para coger el próximo vuelo a Roma. No me importará un bledo que des mi filiación ni mi número de teléfono móvil, lo que sea. Volverás de regreso a la República Oriental del Uruguay cuando convenga, según lo previsto (o, en su defecto, según tu voluntad); nunca antes.
Creo que, junto con aquél en el que te pedí(a) información adicional, confidencial y de primera mano acerca de las papeleras de la discordia, motivo de ene disputas con vuestros vecinos y enemigos acérrimos, los argentinos, es el correo más largo que me has mandado. No te preocupes si me envías otros de esa guisa, luengos. Porque, así, podré estar más rato contigo (y con tino; pues acostumbras a trenzar tus ideas con sumo acierto), Tina.
Coincido básicamente con la visión que tienes del asunto de la inmigración (últimamente han sido unos cuantos los viajeros brasileños que se han enojado por el trato recibido –dispensado por varios compatriotas míos- en el aeropuerto de la capital del reino, y su gobierno se ha visto empujado a elevar una protesta al nuestro). Antaño, los sabios solían proferir que la virtud siempre estaba alejada de los extremos. Ergo, ni tanto, ni tan calvo; aquí, en la piel de toro puesta a secar al sol (que estos últimos días apenas calienta), nuestros responsables políticos o no llegan o se pasan; no hay término medio y sí mucho miedo, sospecho.
Vuelves a dar de lleno en el blanco o centro de la diana al opinar a propósito de los paremias (el refranero español es tan amplio y tan rico que hay para esto, eso y aquello y para sus respectivas objeciones: verbigracia, “A quien madruga Dios le ayuda” y “No por mucho madrugar amanece más temprano”).
Tal vez, otrora, lo fuiste (subversiva, me refiero); pero ahora haces lo correcto al reclamar tus derechos. Eres una buena ciudadana, Tina.
Bebe cuanto mate te pete, pero no pierdas, mi vida, la ídem en el intento; o sea, que no te mate.
No son pavadas lo que escribes. A mí me parece juicioso casi todo lo que urdes.
Si quieres verme ufano (en su acepción de alegre, contento, satisfecho), ámame, valórame severamente, pero sé justa, y, no lo dudes, cásate conmigo. Yo sé que contigo soy y seré muy feliz, porque (te copio el discurso; te plagio la idea) tú también fuiste lo mejor que me pasó y deparará la vida. Estoy seguro de ello.
Pues claro que me gustan; juntos y por separado. Ahora bien, el dulce y la leche también los serás tú, mi vida. El dulce de leche será la miel sobre ti, un mosaico de hojuelas.
Te manda un nuevo muestrario de besos (algunos –te lo advierto-, salaces) tu
Félix Unamuno.
P. S. Esta noche, antes de irme a la cama a darle cuerda al grato ayuntamiento (que no miento) de babas y demás jugos, te remitiré otra nueva y selecta colección de ósculos (unos cuantos, lujuriosos, sí, por supuesto).
E. S. O., un andoba de Cornago
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Ángel Sáez García
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Sobre este blog
Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadecoDetrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo no como un aseo- de grande): Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura, Lawrence Durrell, si no marro.
Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos
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