Apostilla a un escolio de Florentina Baldamero
APOSTILLA A UN ESCOLIO DE FLORENTINA BALDAMERO
Mi vida:
Lamento, de veras, tu nuevo ingreso en el hospital, y las causas del susodicho, el persistente dolor de cabeza y el refractario mareo. ¡Ay, las pésimas asesoras, culpables y redichas (que no dichosas) prisas! En el recinto hospitalario es donde vas a estar más tranquila y mejor cuidada. Aunque no me veas, siénteme, porque estoy, a ratos de pie, a ratos sentado, a tu vera. Soy tu ángel de la guarda, tu enfermero invisible. Por favor, mi vida, no te sientas, porque no lo estás, sola. Ahora mismo, por ejemplo, estoy acariciando el dorso de tu mano izquierda con la palma de mi diestra.
Yo voy a hacer todo lo posible, quiero decir, voy a poner toda la carne en el asador, según reza cierta expresión popular, que ha hecho fortuna) para y por que todos esos sueños de los que ambos somos sus personajes principales o protagonistas se concreten y conviertan en realidad.
A mí, Tina, me ocurre lo propio, tres cuartas partes de lo mismo que te sucede a ti. Yo también he fantaseado mil veces con las mieles de ese momentazo. Puede que, llegado dicho instante, éste, tu rendido amador, supere, de largo, la mayor de las tres cifras o plusmarca que logré urdirte el otro día, los mil novecientos sesenta y dos (año de mi nacimiento) ósculos (de todo tipo).
No tengas miedo, cariño. Ese “cronotopos” de ruptura no tendrá ni tiempo ni lugar, porque ya llevamos algún tiempo aprendiendo a afrontarlo y a solventarlo, a actuar de la manera más correcta y conveniente, arrostrando la causa probable o raíz posible del hipotético o supuesto problema, aquello que podría motivarlo o propiciarlo.
Intentaré que mi voz seca, fría y distante no la vuelvas escuchar; y, si por un casual regresa a la escena, procuraré que sea de forma atenuada o mitigada, porque sé que te molesta, que te produce o provoca inquietud.
Sí; coincido contigo en que no eres perfecta, pero vas camino de serlo; pues andas puliéndote cada día (y aun cada minuto) un poco más. No me extrañaría que, más pronto que tarde, lo lograras (aun sin pretenderlo).
Sigue deseando que lo nuestro funcione, Tina, y no tomes en cuenta la opción de que, una vez que hayamos dado el paso, vayamos a vivir separados.
Ayer te decía que acaso tuvieras razón en lo tocante a la “malcontenta”. Me decantaré por despreciarla, olvidándome por completo de ella.
Si no de idéntica, de una manera semejante lo viví yo; mi corazón te eligió como mi pareja definitiva, hasta que la parca nos separe, aparcando en el camposanto el cuerpo de uno de los dos.
Permanece en el hospital hasta que no te hayas recuperado del todo. Sé egoísta una vez en tu vida y piensa en cuánto te beneficiará tomar tan sabia decisión. No vuelvas a lo asiduo en ti, a dar muestras de tu proverbial y ejemplar altruismo, hasta que las sensaciones de cansancio hayan remitido o desaparecido íntegramente.
Gracias por esa imagen triste, pero hermosa, que me sirves y pintas, al poder contemplarla juntos, (y a la que yo añado estas pinceladas) rodeando con mis brazos tu cintura, besando tu nuca.
Te ama (no pongas nunca en duda mi Amor hacia tu persona, Tina) quien desea que te recuperes (¿paulatinamente?; pues bien, que sea así, poco a poco; prefiero esa posibilidad a otras) tu incondicional adorador,
Félix Unamuno.
E. S. O., un andoba de Cornago
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Ángel Sáez García
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Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadecoDetrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo no como un aseo- de grande): Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura, Lawrence Durrell, si no marro.
Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos
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