Me encanta que me escribas, Tina

ME ENCANTA QUE ME ESCRIBAS, TINA

Mi vida:

Me encanta que me escribas, aunque a tus correos les falten tildes y comas. ¡A ver si piensas que al menda no! Porque, si así fuera, marrarías el lanzamiento (que no miento) o tiro. Te puedo asegurar que a este andóbal también le pasan inadvertidos muchos de los yerros que, sin pretender dejar el mínimo resquicio por el que puedan colarse de rondón ni la controversia más fina ni la hesitación más magra, comete. Cuando, transcurrido algún tiempo, vuelvo sobre mis urdiduras (o “urdiblandas”), me pregunto, ¿cómo es posible que pasara por alto este craso error? ¿Y ése? ¿Y aquél? Pues los pasé. Ahí están las pruebas sonrojantes.

Te agradezco el regalo de antemano y el esfuerzo que haces (que hacemos ambos, al alimón, pues el tal es de consuno, mancomunado) para estar presente a diario en mi vida (porque tal extremo, que lo estás, no lo puede negar nadie).

No entiendo a qué obedece y viene esa nueva muestra de inseguridad tuya (de veras; cuando en otros terrenos demuestras tener una fortaleza a prueba de bombas). A mí, cuando vuelves por dichos fueros, a las andadas (que a veces tiendo a alargar hasta andanadas), me dejas para el arrastre y me “matas” (porque haces que mi edificio, construido con ilusiones y sueños férreos, tiemble y se tambalee también, como castillo de naipes). Tus si “por esas cosas de la vida, no podemos concretar lo que soñamos” me suenan a excusas, que siento como puñaladas en mi espalda. Sé que ésa no ha sido tu intención al escribirlo así, pero te lo describo tal cual, porque de esa guisa lo he sentido y siento. Y es que le doy mucha importancia a la voluntad, al acto y a la facultad humana de querer (y, asimismo, a la “maluntad”, al acto y a la facultad humana de preferir). Como dijo y dejó escrito en letras de molde Albert Einstein, “hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”.

Si deseas, de veras, decirme “te amo” en persona, te aseguro (puedes estar totalmente convencida de ello) que lo harás. Me ratifico y reitero lo que te adelanté otrora, que no me desilusionarás (cada vez que escucho tu voz, me persuado más y más de ello), pero eso ya lo sabes; no encuentro otro argumento más imbatible e irrebatible, que lo mejore. ¿Ahora parece que tienes miedo a que nos veamos por webcam? Si eso te va a dar más seguridad en nuestra relación, no me importa que descartemos esa posibilidad, pero mándame otra foto (por favor, cuando puedas).

Si lo que hoy me has trenzado ha sido porque tienes miedo a perderme, en esa misma tesitura me hallo yo; por eso, prefiero persuadirme con esta razón irrefutable, de peso, el anhelo incontrovertible que tengo de casarme contigo.

No me quitas tiempo. Al contrario, me lo das o suministras a manos llenas. Tú no eres una extorsión en mis inquietudes creativas. Al revés, eres una ayuda, pues las favoreces, las canalizas.

Gracias por desearme felicidad y libertad, dos condiciones o circunstancias que valoro sobremanera. Sé que seré feliz a tu lado y ya decidí en libertad: quiero pasar el resto de mis días a tu vera (pero respetaré lo que tú resuelvas). Porque, correspondientemente, también deseo que seas feliz y libre (así debe ir una/o al matrimonio –sabiendo que tal evento nos condicionará hasta el extremo de que impedirá que hagamos determinadas cosas con pelo, que no sé si hago bien y soy ecuánime, pero aglutino o englobo en torno al término que sigue, barbaridades-).

Puedes estar segura de que te ama con toda su alma tu

Félix Unamuno.

P. S. Desde la biblioteca, si puedo, te mandaré más tarde, corregido, el texto de mañana. Versa sobre cómo veo nuestra relación en un futuro mediato.

E. S. O., un andoba de Cornago

esounandobadeco@tudela.com

Ángel Sáez García

angelsaezgarcia@tudela.com

Escrito por: esounandobadeco 0 comentarios 02 Abr 2008 URL Permanente

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Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago

Detrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo –no como un aseo- de grande): “Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura”, Lawrence Durrell, si no marro.

Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos

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