Conviene dar en el busilis o en el hito, Tina

CONVIENE DAR EN EL BUSILIS O EN EL HITO, TINA

Mi vida:

En este valle de lágrimas, tú, yo y el resto, todos, absolutamente todos, sin hacer distingos ni excepciones, tenemos la obligación de resolver de la mejor manera posible los problemas (“más vale maña que fuerza”, sin duda, pero tus deudos, los más allegados, podrían haberte echado una mano en el desaguisado, ¿no crees?) que nos atañen, los que nos caen o tocan en suerte, los que se nos presentan. Evidentemente, si uno desconoce el modo de hallar las soluciones pintiparadas a los mentados, conviene, al menos, que conozca y se procure el apoyo concreto y correcto, el preciso, la ayuda indispensable de la/s persona/s que posea/n las herramientas necesarias y los conocimientos imprescindibles para el manejo perito de las mismas, a fin de dar en el busilis (in diebus illis) o en el hito.

Te agradezco sobremanera los detalles (hasta los más menudos) que me das del inmueble donde tienes tu piso, de tus avejentados (prefiero este término a “vejestorios”) vecinos, de la casera-champán, doña Felicitas; del servicial portero, Bernardo (quien te echó una mano para ordenar y hacer hueco en tu baulera o trastero),...

Aquí, en España, llamamos sanitarios a los útiles de loza para la higiene que hay en el cuarto de baño (los productos de la marca Roca, vamos –ir a visitar al señor susodicho es acudir al váter-). Tu sanitario es nuestro fontanero. Hablamos el mismo idioma, Tina, pero no son pocas las diferencias.

Lamento que terminaras el día de marras, el de tu asueto semanal, con la llave inglesa en la mano. Al principio, nada más leer el asunto, pensé que habías tenido que defenderte de algún desalmado. Luego, leyéndote, se me pasó, o sea, conseguí vencer en un pispás (plisplás, según dice Karlos Arguiñano, el popular cocinero televisivo, en un anuncio) el susto, inmotivado.

La verdad es que mentar a los vampiros ha sido definitivo. Nos iremos a vivir a una quinta. Los murciélagos (desde que vi, in illo témpore, las películas sobre el conde Drácula y sus secuelas) siempre me dieron un repelús tremendo (es zumba; algunos sobrevuelan, asimismo, los tejados de algunos edificios del barrio de Fátima, en Algaso, la capital de la ribera ibera de Navarra; sobre todo, en verano).

Haces bien en rememorar, Tina. Lo más preciado de un ser humano son sus ideas, recuerdos y sueños (más, claro, si éstos son compartidos con otras personas –espero que coincidieras con el pensamiento de Cora Weiss-).

Ayer te dije por teléfono y escribí en el SMS que contestaba al tuyo qué es lo que más deseo actualmente, abrazarte (y besarte, acariciarte y mimarte) y hacer el Amor contigo (y otro sinfín de actividades, por supuesto), con la persona a quien amo con devoción, pues te reverencio, venero (verbo y sustantivo, pues significa manantial, además de tener otras acepciones). Deseo vivir a tu lado, para enriquecernos espiritual y mutuamente y mitigar al máximo la soledad, esa espada de Damocles que pende sobre las cabezas de ambos.

Te leeré el poema, la décima, sí, sin duda; y luego te pediré mil y un ratos para poder aprenderme al dedillo, de carrerilla, la lección predilecta, tu anatomía entera, que me encanta.

Te ama, porque necesita tu ubérrima y deslumbrante compañía, tu

Félix Unamuno.

E. S. O., un andoba de Cornago

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Ángel Sáez García

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Escrito por: esounandobadeco 1 comentario 29 Abr 2008 URL Permanente

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Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago

Detrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo –no como un aseo- de grande): “Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura”, Lawrence Durrell, si no marro.

Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos

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