No tengas celos de mi madre, Tina

NO TENGAS CELOS DE MI MADRE, TINA

Mi vida:

Por favor, no tengas celos de mi madre (otra señera señora, como tú), Tina. A ella, por lo general, le molestan mis besos. Entiendo que, durante el día, se los doy a ella por la sencilla razón de que no los puedo depositar físicamente donde debiera, en cualesquiera partes de tu piel. Por las noches, los ósculos se los doy a mi almohada por idéntico motivo.

Secundo tu moción del baño conjunto, a la par o al alimón. Bienvenido sea éste y el resto de los sueños (de semejante u otro jaez) que le sigan. Según Johann Christoph Friedrich von Schiller, “sólo la fantasía permanece siempre joven; lo que no ha ocurrido jamás no envejece nunca”.

Creo que deberías tener más cuidado con lo que comes. Tu estómago te lo agradecerá.

Tienes toda la razón del mundo en tu crítica, cariño. Más les valdría a los políticos uruguayos que ostentan actualmente el poder ocuparse y preocuparse de y por resolver los problemas de verdadera enjundia en la República Oriental, de darles oportuna solución a los casos más acuciantes, que de prohibir el mate en los estadios de fútbol. Creo que fue Galileo Galilei, quien, al parecer, no pronunció nunca el apócrifo o legendario “Eppur si muove” (“Y, sin embargo, se mueve”), y al que la Inquisición amenazó con la muerte en la hoguera si no se desdecía de su teoría procopernicana (o sea, que la tierra giraba alrededor del sol), quien profirió que había dos mentes políticas: “una, apta para crear fábulas, y otra, dispuesta a creerlas” con los ojos cerrados, a pie juntillas.

Son pocos, porque escasean, los caletres o pesquis lúcidos que, dentro del mundo iberoamericano, entienden, de veras, la huelga a la japonesa, sí.

Quizá debieras implicarte más en la salvación de esos niños de la calle, de los que hablas con compasión. Para el premio Nobel de Literatura de 1986, el nigeriano Wole Soyinka, “el hombre muere ante aquéllos que mantienen silencio ante la tiranía” de la miseria. Y es que, como dejó escrito en letras de molde “George Eliot”, seudónimo de Mary Ann Evans, “debe uno ser pobre para conocer el lujo de dar”. Acaso no le faltara razón a Mariano José de Larra cuando sentenció que “la diferencia que existe entre los hombres necios y los hombres de talento suele ser que los primeros dicen necedades y los segundos las cometen”. Así es; a los dos metros, se han olvidado del asunto, del infierno en el que viven los otros. Para John Osborne, “el que tiene mala memoria se ahorra muchos remordimientos”.

En relación con lo que opinas sobre el amor, la adoración y la admiración, abreviando o resumiendo, considero lo ídem; quiero decir que pienso tres cuartas partes de lo mismo. Airea un proverbio chino que “un hombre tiene la edad de (del espíritu de –me gusta agregar a mí-) la mujer a la que ama”. Según uno de los pensadores españoles por antonomasia o excelencia, el filósofo José Ortega y Gasset, “hay quien ha venido al mundo para amar a una sola mujer y, consecuentemente, no es probable que tropiece con ella”. Pues, como no hay regla sin excepción, el menda ha tenido la inmensa dicha, fortuna o suerte de conseguir darse de bruces contigo.

Te ama (huelga la parafernalia de costumbre) tu

Félix Unamuno.

E. S. O., un andoba de Cornago

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Ángel Sáez García

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Escrito por: esounandobadeco 1 comentario 17 May 2008 URL Permanente

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Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago

Detrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo –no como un aseo- de grande): “Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura”, Lawrence Durrell, si no marro.

Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos

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