Siento mucho lo que te ocurre actualmente con tus renuevos, Tina
SIENTO MUCHO LO QUE TE OCURRE ACTUALMENTE CON TUS RENUEVOS, TINA
Mi vida:
Siento mucho lo que te ocurre actualmente con tus retoños. Ya sabes mi teoría al respecto. Quizás fuiste demasiado complaciente (o poco exigente) con ellos. Recuerda lo de Victor Hugo: “No hay malas hierbas ni hombres malos; sólo hay malos cultivadores”. Lamento, de veras, la gripe del más pequeño. Yo no sé cómo funcionan hoy en la República Oriental del Uruguay el resto de los jóvenes, pero la actitud que mantiene el menor contigo me parece, amén de comodona, escasamente solidaria.
A mí me pasa lo que a ti, que no te puedo mentir, que soy incapaz de esconder mis alegrías y mis enfados. Tú me las/os notas a miles de kilómetros de distancia, nada más abrir la boca. Ciertamente, es muy duro escuchar eso de un hijo: “la madre adoptiva que desgraciadamente me tocó en suerte”. Si, al menos, hubiera puesto la barra y colocado, seguido del susodicho adverbio, su complementario, agraciadamente, pues aún. Se ha comportado como un desagradecido, torticeramente.
Diré, aunque marre, que ser tan dadivosa o liberal con ellos los perjudicó. Coincido contigo, Tina. Pero el soltero, sin deferencia alguna con su madre, por razones que ignoro, también podría haber sido y ser más ecuánime. No voy a ser malvado extrapolando (y hasta extralimitándome), aunque, si son así con sus padres adoptivos, por lo que me cuentas, cabe preguntarse cómo serán... (aborto y no concluyo la frase por no herirte más; que los tienes por carne de tu carne, y quieres como si fueran tus verdaderos hijos). Puede que, fuera de casa, muden completa y hasta radicalmente su actitud. No lo sé. Por ahora, como no me atañe o incumbe, no me importa. Acaso no fueran tan inteligentes como pensabas. Quizás no sean tan ignorantes como piensas. Puedes estar segura de que Cándida, Candy, te entiende perfectamente. En ella vas a tener, sin ninguna duda, otro (además del mío, incondicional) apoyo.
Bueno; pues, si la causa de sus malos modos no es lo que intuyo y sospecho,... (me ocurre lo de arriba; que haré bien en no coronar lo pensado al respecto).
Que no se te ocurra, por nada del mundo (así fuera éste de oro), abrirle la puerta a la “depre”. Si toca tu timbre o le da a tu aldabón, mándala a paseo, a hacer puñetas o a freír espárragos; despídela (procura, eso sí, que no sea con las cajas destempladas).
Cada día que pasa tengo más deseos de abrazarte, besarte y acariciarte, Tina. Cada día que pasa tengo más ganas de ser tu esposo.
Sabes que (salvo para delinquir) puedes contar conmigo siempre (y contarme lo que te apetezca cuando te plazca), para lo que gustes o quieras.
Todos escribimos y decimos más o menos impertinencias todos los días. Muchos nos tendríamos que estar disculpando a todas las horas.
Sí, cariño, los incautos e ignorantes (muchos los somos en mil campos del saber) solemos ser también, por lo general, temerarios.
Yo te amo, deseo y necesito; y preciso que tú me ames, desees y necesites tanto o más que yo. Agnes Gonxha Bojaxhiu, la madre Teresa de Calcuta, dejó escrito que “la más terrible pobreza es la soledad y la sensación de que uno no es amado”. Con otras palabras, es lo que vengo diciéndote y escribiéndote desde hace la tira, mi vida.
Mi cama es de matrimonio; así que cabremos y podremos dormir los dos tan ricamente, Tina.
Te ama y te desea cada día más quien te manda un vagón repleto de mimos selectos, tu
Félix Unamuno.
E. S. O., un andoba de Cornago
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Ángel Sáez García
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Sobre este blog
Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadecoDetrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo no como un aseo- de grande): Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura, Lawrence Durrell, si no marro.
Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos
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