Muchas gracias, Tina, por todo el bien que me haces

MUCHAS GRACIAS, TINA, POR TODO EL BIEN QUE ME HACES

Mi vida:

Gracias, muchas gracias, por todo el bien que me has traído, me haces y depararás a mi existencia. Gracias por esforzarte en procurarme más felicidad; que lo logras, de veras, cuando, por ejemplo, me mandas, como hoy, una propuesta (que me agrada sobremanera) de portada para mis relatos. Gracias por llamarme por teléfono. Y gracias por toda una larga retahíla o rosario de razones, que callo, porque sé que los plurales ditirambos suelen arrebolarte el rostro, quiero decir, acostumbran a que se concentre en torno a tus mofletes la sonrojante vergüenza.

Así como Marco Tulio Cicerón escribió que “para ser libres hay que ser esclavos de la ley”, mutatis mutandis, considero que servidor, para ser independiente de criterio, debe ser prisionero de tu Amor, Tina.

¿Ves? Aunque dices que no sabes expresar cuánto me amas, lo haces estupendamente. Acudes a lo paradójico o contradictorio, a intentar dar cuenta de lo inefable con palabras. Así se comporta a veces el Amor y de esa guisa a ratos el lenguaje. Los poetas místicos también acudieron al oxímoron para expresar lo inenarrable.

Cómo y cuánto desearía que estuvieras aquí y ahora, en este concreto “cronotopos”, en carne y hueso (pues en espíritu lo estás), a mi lado, porque podríamos disfrutar de lo lindo plagiando, verbigracia, uno de los poemas (entre los más dilectos para mí) de Catulo, o sea, que me dieras cien besos, y luego mil, y después otros cien, y más tarde otros mil, y continuáramos dicha estrategia, hasta que ambos nos saciáramos, o sea, hasta que, pasando de los rumores (dimes y diretes) de los demás, que nos importarían un bledo o comino, nos dispusiéramos a embarullar o enmarañar la cuenta, para que nadie, ni aun nosotros mismos, consiguiéramos saber a ciencia cierta la cantidad concreta y exacta de ósculos que habíamos tenido a bien y a gala darnos.

Sabes que eres la razón de que proyecte sobre una pantalla irregular, que semeja el contorno de una bota, la mayor parte de mis sueños.

Te ama con todas las ganas y en el máximo grado de que es capaz de hacerlo quien te admira y adora, tu

Félix Unamuno.

E. S. O., un andoba de Cornago

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Ángel Sáez García

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Escrito por: esounandobadeco 1 comentario 25 May 2008 URL Permanente

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Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago

Detrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo –no como un aseo- de grande): “Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura”, Lawrence Durrell, si no marro.

Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos

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