Yo también siento una dependencia semejante a la que aduces, Tina

YO TAMBIÉN SIENTO UNA DEPENDENCIA SEMEJANTE A LA QUE ADUCES, TINA

Mi vida:

Que no se me olvide. Por si, dada la carrera de obstáculos (¡vaya vallas!) en la que participamos, saltándonoslos todos, sin derribar ninguno, no puedo ir a recogerte en taxi al aeropuerto de Fiumicino, en Roma, durante nuestra estancia en la susodicha y proverbial Ciudad Eterna, nos hospedaremos en el hotel “...” (el desocupado lector de estos renglones torcidos entenderá que le privemos de esta información, a fin de mantener a salvo nuestra imprescindible e inexcusable intimidad).

Espero y deseo que la mañana te haya ido (y esté yendo) estupendamente y que la tarde/noche transcurra aún mejor, si cabe (que, según los vaticinios hechos por los adivinos –más humanos que divinos- consultados, parece que sí irá –sin un ápice o pizca de ira, obviamente-).

Yo también siento una dependencia parecida o semejante a la que aduces, Tina, y, en todo momento y lugar, gozo con alborozo al darme cuenta de que estoy fuertemente unido a ti. Son muchas las lazadas que nos anudan y mantienen juntos.

Vuelvo a reiterar el mismo argumento que te he (brin)dado en otras ocasiones. No me enojé contigo. Ya sabes: quien hace todo lo que puede no está obligado/a a más. Sé que pusiste todo tu empeño. Me consta que te diste por completo (y hasta un poco más). Me enfadé, sí, con las circunstancias, que vinieron a aliarse o sumarse (sin pretenderlo, supongo, claro) para fastidiarnos.

A mí, cariño, la contrariedad también me afectó. No soy ningún superhombre ni tú ninguna supermujer. Porque todo, absolutamente todo lo humano, nos influye. “Nihil humanum alienum nos est” (expresión que procede de esta otra “Homo sum, nihil humanum a me alienum puto”, de Terencio). “Nada de lo humano nos es ajeno”.

Yo también te amo todo lo que puedo, a lo largo, a lo ancho y profundamente. Creo que te amo desde siempre.

Celebro que accedieras a escuchar y a llevar a cabo mi mandado o recado, o sea, que hayas coronado con éxito lo solicitado. Te debo 21 euros. Ojalá sean esos los años que vivamos juntos y felices. Mejor, por supuesto, si son los sancionados por el sacrosanto matrimonio, pues antes hemos podido vivir en pecado venial (por ser honestas las intenciones de ambos) otros tantos. Yo me conformo. ¿Dónde hay que firmar, fray Marcelino de Encine?

Transpira por sus poros más dicha (tú eres la causa o concausa de la misma) que sudor quien te (man)da una selecta e innúmera (ignoro cuál es la cifra exacta de la misma) colección de besos tu

Félix Unamuno.

E. S. O., un andoba de Cornago

esounandobadeco@tudela.com

Ángel Sáez García

angelsaezgarcia@tudela.com

Escrito por: esounandobadeco 0 comentarios 03 Jul 2008 URL Permanente

Escribe tu comentario


Si prefieres firmar con tu avatar, haz login

Sobre este blog

Avatar de esounandobadeco

Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago

Detrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo –no como un aseo- de grande): “Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura”, Lawrence Durrell, si no marro.

Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos

ver perfil »

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):