24 Jul 2007
Razón subyacente de "Yo le vi la jeta al 'Solitario'"
RAZÓN SUBYACENTE DE "YO LE VI LA JETA AL 'SOLITARIO'"
"Crear es creer en las posibilidades (pocas o muchas) que cada quien tiene de recrear la realidad y metamorfosearla a su antojo".
Emilio González, "Metomentodo"
Ayer, dos de mis amigas más dilectas y selectas, Marisol y Montse, tuvieron la gentileza de remitirme sendos correos en los que me preguntaban, porque me conocen (no suelo dar puntada sin hilo), por la razón oculta de uno de los dos relatos que tuve a bien firmar y aparecen en el último número, extra de las fiestas patronales de Santa Ana, de la revista Portal, editado/a por la peña La Teba (acrónimo de tudelanos en buena armonía), concretamente, por el que lleva el título de "Yo le vi la jeta al 'Solitario'".
Ambas han entendido a la primera, perfectamente, sin mayores problemas, el explícito, quiero decir, el somero y primer nivel de lectura del mismo, pero no han advertido otro/s, si es que lo/s había (que, por mor de la brevedad, me limitaré a confirmar y trenzar esto: lo hay). Extrañado, porque reconozco que son dos de las personas que mejor me conocen, de que no lo hayan hallado, les he contestado, poco más o menos, a las dos lo que asimismo le urdiré aquí a usted, desocupado lector.
La narración susodicha es una fábula o, mejor aún, una alegoría sobre el arte de la escritura y la tarea de escribir. El autor es un ser solidario (sobre todo, con su ideario, la cruz que, cambiando lo que debe ser cambiado, como Jesucristo, lleva a cuestas hasta otros gólgotas; o la roca que, como Sísifo, acarrea "eternorretornablemente", una y otra vez, hasta la cima de la misma montaña) y solitario (al menos, a la hora de dar fondo y forma a la obra). Aunque parezca un contrasentido, paradoja u oxímoron, las únicas compañías que son bienvenidas, bienhalladas y bienhadadas en cualesquiera actos de creación y/o recreación y resultan soportables para llevar los tales a feliz término son la del silencio y la de la soledad.
Sin apenas denuedo, entre el "Solitario" y todo creador, cabe establecer más de una concomitancia. Así como el "Solitario" atraca bancos para seguir sobreviviendo o ir tirando en la vida, todo hacedor atraca los bancos de las ideas y/o de las palabras con el propósito de llevarse de ellos el más original y suculento de los botines. Si el "Solitario" es un vampiro dinerario, el "letraherido" o "verbadebelado" es un mirón y un oyente y una esponja de cuanto acaeció y ocurre a su alrededor y allende los mares (pues, gracias a Internet, vivimos en una "aldea global"). Luego, todos esos datos, la arcilla del alfarero, los modela a su gusto, según le dictan su gana, grado, inspiración o musa.
Como colofón y/o epítome, vaya en la retaguardia lo siguiente. Dicen que, en arte, el plagio está permitido siempre que al delito de robo le siga el de asesinato; pues, mutatis mutandis, eso.
E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadeco@tudela.com
Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@tudela.com
18 Jul 2007
Yo le vi la jeta al "Solitario"
YO LE VI LA JETA AL "SOLITARIO"
Vaya por delante, en vanguardia, que nadie me ha obligado a hacerlo, y que, si ahora lo hago (con sumo gusto o de buen grado), la razón no está, ni estriba, ni radica, ni la tiene, por supuesto, el maldito parné, el excremento del diablo. Mas debo confirmar, me pete o no, el hecho, que la visita-relámpago del indeseable a Algaso aconteció, digan lo que digan los escépticos, incontrovertiblemente. No obstante las dudas de los "hunos" y los recelos de los "hotros" se confabularon en mi contra, para desprestigiarme, mantengo lo que se lee en el título, que yo le vi la jeta al "Solitario".
De cuanto acaeció en la mentada ciudad del septentrión, minutos, horas y aun días después de que el "enemigo público número uno" se dejara caer por la avenida de Zaragoza, quiero decir, atracara la oficina de Caja Ebro, no quedan otras constancias que el suceso en sí, grabado por las cámaras de seguridad de la entidad; las renuentes pesadillas de los trabajadores de la citada sucursal, durante sus horas de ¿reparador? sueño; y el miedo cerval que siento y todavía corre por mis venas, cada vez que rememoro el evento.
El mediodía de autos o marras (hace una semana cabal) en el mundo sucedieron millones de casos y cosas, pero yo sólo recuerdo aquellos tres minutos interminables, por repetitivos, por "eternorretornables". Cuando fui a entrar al cajero automático, me di cuenta de que éste estaba cerrado. Extrañado, haciendo visera con mi diestra, achatando mi nariz contra el cristal, comprobé cómo el "Solitario" colocaba, ayudándose de la puntera de su zapato derecho, una cuña para que la puerta de acceso a la sucursal (entonces colegí los precedentes, que él también se había encargado de echar el cerrojo a la puerta del cajero) no se cerrara; cómo se dirigía a la parte de la izquierda, donde tiene su despacho el director de la oficina; cómo le hacía señales, empuñando el arma, para que saliera ipso facto del habitáculo; cómo les encañonaba a los tres empleados y a los dos clientes que, a la sazón, a las 13 horas y 55 minutos, había en el interior de la sucursal. Acto seguido, se acercó al mostrador y le conminó a la cajera, que en aquellos cruciales y precisos momentos lo atendía, a que le entregara toda la pasta. Al parecer, quedó satisfecho con el botín, les dijo (supe luego, claro) que se tiraran al suelo y que no se levantaran hasta que hubieran transcurrido cinco minutos.
Con total seguridad, salvo media decena o docena de segundos, fui el único espectador y/o testigo que tuvo el raro privilegio de observar todo lo ocurrido de cabo a rabo. Asistí incluso a la salida del "Solitario" de la caja. Ignoro cómo lo llevó a término, porque, cuando hizo mención de salir, me escondí tras la puerta entreabierta de un soportal anejo, pero, en apenas unos segundos, se deshizo de la casi totalidad de su disfraz. Con la frialdad de lo que, sin ninguna duda, es, un asesino, se metió en el bar más cercano, pidió una caña y se dirigió al fondo, al aseo de caballeros. Yo, entre arrojado y temerario, sí, lo reconozco, le seguí los pasos. Cuando entré en el váter, vi, reflejado en el espejo del lavabo, su rostro, que, para mayor escarnio, no era otro que el mío, porque el "Solitario" se había esfumado, difuminado; por arte de magia o cualesquiera otras, asimismo ignotas, el tipo más buscado por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado había desaparecido, se había evaporado.
E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadeco@tudela.com
Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@tudela.com
17 Jul 2007
Dos lagrimones y una cópula sobre el absurdo bancario
DOS LAGRIMONES Y UNA CÓPULA SOBRE EL ABSURDO BANCARIO
LAGRIMÓN IZQUIERDO
Gente versada en las diversas (algunas, ciertamente, perversas) artes de la sofistería, cuca, muy cuca, pretende colarnos de rondón la especie insidiosa, mendaz, de que, en las circunstancias que concurren y las costumbres que corren, que parece que vuelan (como las modas, que, mutatis mutandis, cambian los modos de tejer y vestir las ropas como de lugar los nómadas), la riqueza ya no se mide ni se pesa con desfasados o trasnochados puntos de vista, o sea, con los parámetros y la metodología de antes, quiero decir, considerando los abonos, que se anotaban en la columna que encabezaba el marchamado "haber", y teniendo en cuenta los cargos, que se asentaban en la que presidía el rotulado "debe", sino haciendo caso, única y exclusivamente, a las deudas. (Pre)sentado lo anterior, esto, con ser malo, no es lo peor, porque, dicazmente aleccionada por expertos embaucadores y, gracias a algunos éxitos parciales alcanzados, engañabobos, trampantojos, ufana y eufóricamente animada a sí misma, aspira a hacernos comulgar con el siguiente sofisma indigesto: "¿Poder adquisitivo o capacidad de endeudamiento? Pero, ¡qué más da! ¿Habráse visto mayor necedad o pérdida de tiempo y tamaño disparate? ¿Acaso estamos hablando de distinta cosa? ¿No nos encontramos ante un claro caso de sinonimia? ¿Acaso no son dos maneras diferentes de referirse a lo mismo, al acoso mutuo, en definitiva, a otro ocaso o saco roto?".
CÓPULA
A lo mejor, lo peor no es que hayamos perdido el norte. Eso acaso sólo sea lo peor de lo malo. El absurdo o el ocaso de ese astro que se llama asco, lo peor de lo pésimo, es que hemos extraviado la brújula, disfraz con el que gusta disimular y suele pasar inadvertido el juicio.
LAGRIMÓN DERECHO
Hoy se tiene por chisme acéfalo o por chiste ápodo, más o menos cáustico y fácil, por sucedido ambivalente y controvertido o contradictorio, pues, dependiendo del estado de ánimo del sujeto, ora mueve a hilaridad, ora a aflicción, la paradoja de que, para que una entidad de alhorre, perdón, de ahorro, nos preste dinero, hemos tenido que demostrar previamente que lo teníamos o tenían las personas allegadas, deudos, que nos han avalado, y mucho, invertido en alhajas, en obras de arte, en bienes muebles, inmuebles y/o semovientes, en formación o, abreviando, en diferentes valores bursátiles.
Hoy se necesita probar documentalmente la repanocha, el súmmum o el colmo de los colmos, esto es, que tenemos crédito para que nos lo concedan.
Hoy (mis heterónimos -el menda lerenda, E. S. O., un andoba de Cornago y Otramotro incluidos- también abundan en las tesis susodichas, memorandas) es preciso persuadir a quienes corresponda con la guinda, es decir, que uno tiene patrimonio bastante, estimado y estipulado en más del triple del préstamo solicitado a la entidad bancaria de que se trate, para que el apoderado o el director de la "susotrenzada" o ambos, según el caso, estampen sus respectivas firmas y rúbricas, sin el menor recelo a recibir represalias o reprimendas de sus superiores, supervisores, en el contrato, debajo del plácet, el níhil óbstat o las expresiones que le convengan más apropiada y correctamente y se ajusten mejor a la materia, al estado de la cuestión y al argot bancario.
E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadeco@tudela.com
Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@tudela.com
16 Jul 2007
Ten con ten de dos amantes en el cajero de un banco
TEN CON TEN DE DOS AMANTES EN EL CAJERO DE UN BANCO
A Carmen (hija de Manuel, hermana de Rita y Flora, jefes y socia mía en Castejón de Ebro y Alfaro respectivamente, hace la tira de años), por el agradable rato que pasé conversando con ella el viernes pasado en la acera de los pares de la muy tudelana avenida de Santa Ana.
"Dicen que el dinero lo da todo. No es verdad. Se puede comprar alimento, pero no el apetito; medicinas, pero no la salud; un lecho cómodo, pero no el sueño; conocimientos, pero no la inteligencia; apariencias, pero no el bienestar; diversión, pero no el placer; conocidos, pero no la amistad; sirvientes, pero no la fidelidad; cabellos canos, pero no el honor; días tranquilos, pero no la paz. Con dinero se puede comprar la cáscara de todo, pero no el grano. Eso no lo da el dinero".
Arne Garborg
Dos amantes esporádicos, desde sus respectivos domicilios, tienen la siguiente conversación telefónica:
-Querido, ¿puedes prestarme dinero?
-Dilecta, por supuesto. ¿Cuánto precisas?
-Con 500 euros me arreglo.
-¿Para cuándo los necesitas?
-Para esta misma tarde.
-Cuenta con ellos.
-Hijo, o eres un circunspecto o un insensible. ¿No te intriga para qué?
-Lo supongo. Para borrar algún desliz. ¿Me equivoco?
-Me temo que aciertas y marras, porque tú eres el responsable de que la menda esté encinta.
-¡A otro perro con ese hueso, ricura! ¡Que soy un vasectomizado, monada! Si te acercas a la oficina de Ibercaja que hay en la avenida de Zaragoza, allí podemos hacernos los encontradizos, saco los 500 del cajero y te los entrego ipso facto en mano.
(...).
Una vez dentro del cajero automático, mantienen el ten con ten que sigue:
-Siempre luché a brazo partido con todo tipo de circunstancias para no ser absorbido por el grupo, para no ser deglutido o tragado por la masa. Frecuentemente, servidor se ha sentido desolado y estado, en verdad, solo, pero es el alto precio que hay que pagar por gozar el honor de ser independiente de criterio y disponer del privilegio de ser tan honesto consigo mismo como con los demás.
-Te ha enojado que haya intentado colarte la bola o el bulo de que tú eras el padre. Si llego a saber que te lo ibas a tomar tan mal, no hubiera acarreado con las pejigueras.
-No me ha molestado que hayas procurado que me tragara la mentecatada; pero reconozco que me ha fastidiado sobremanera tu manifiesta falta de lealtad, porque, a partir de este instante, ya no podré confiar nunca más en tus urgencias.
-Has olvidado que en el amor y en la guerra no hay reglas.
-Marras. No he olvidado tal falacia o sofisma. Sencillamente, disiento contigo y con quien sostenga que tal cosa sea cierta. No todo lo que se hace por amor y/o por la patria (ergo, por amor de la patria) está más allá del bien y del mal. ¡Cuántos asesinatos se cometieron, se cometen y, sospecho, se cometerán arguyendo la mentada y lamentable sinrazón de marras!
-Entonces, querido, ¿desapruebas lo que voy a hacer?
-Radical y totalmente.
-Pues no te entiendo. ¿Por qué me prestas la guita?
-Porque no quiero coaccionarte, o sea, poner en marcha el arte de la obligación. Tú eres libre y, así, puedes salvarte, salvando tu circunstancia, o, condenándola, condenarte. Poco más o menos, la celebérrima frase de Ortega y Gasset. Recuerda, por si vuelves a tener otra ocasión para poner la lección o la moraleja que seguramente extraerás en práctica, que las palabras duras, si son verdaderas, y la reprimenda sonrojante y abochornadora, si cuadra, son más educadas y educadoras que el silencio.
-¡Muchas gracias!
-No hay de qué. No olvides tampoco que el/la mendaz acaso logre mentir a los/as otros/as, pero a quien nunca conseguirá engañar, se ponga como se ponga, de veras, sin ninguna hesitación, es a sí mismo/a, aunque en el número de junio de QUO se defiende y sostiene lo complementario y opuesto.
-Como dijo y dejó escrito tu bienquisto Julio Cortázar y te gusta recordar cada vez que la realidad verdea, "probablemente de todos nuestros sentimientos el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose".
-Posiblemente, tras abortar, entiendas esta sentencia de Friedrich Wilhelm Nietzsche, que "la esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre".
-Estás pesimista, querido.
-Realista, dilecta, realista, aunque la Real vaya a jugar la próxima temporada en segunda.
-Como siempre quieres quedar por encima y tener la última palabra, ahora me soltarás o vendrás con aquello, de tu caro orate alemán, de que "quien tiene un porqué para vivir puede arrostrar todos los 'cómos'".
-No; pues de tal cosa ya te has encargado tú. Te ayudaré a rememorar, más bien, esto otro, que los amantes siempre se hicieron un daño atroz, excesivo, porque, un día sí y otro también, se exigieron, mutua o recíprocamente, ora milagros, ora imposibles.
E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadeco@tudela.com
Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@tudela.com
15 Jul 2007
Otro adicto al chocolate
OTRO ADICTO AL CHOCOLATE
(AL RICO EN TEOBROMINA)
A "Elisabet"
Ignoro si es sustituto
de la cópula o jodienda,
si usted lo compra en la tienda
que hay cerca del instituto,
si le peta al prostituto...
Aunque sea un disparate
venerar su escaparate,
lo admito sin dar rodeos,
pues me provocan mareos:
soy adicto al chocolate.
E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadeco@tudela.com
Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@tudela.com
14 Jul 2007
Edenia, otra Avernia
EDENIA, OTRA AVERNIA
Tras haber permanecido durante treinta y tantas horas seguidas en estado de vigilia, exhausto, pero satisfecho, por haber resuelto el caso, el inspector Vicente Martínez llegó a su casa y se dio una ducha relajante. Desnudo, se tumbó tendido prono sobre la cama, presionó la tecla del play y empezó a sonar la primera canción de la cara A de "Eve", de Alan Parsons Project; a los pocos segundos, cayó rendido en los mullidos brazos de Morfeo.
Cuando otro orto pugnaba por abrirse paso entre las penumbras que reinaban en el horizonte, antes de que hubiera saltado la alarma del despertador, sonó el teléfono fijo.
-Dígame, señor comisario.
-(...)
-No, jefe, no; fue Pedro Álvarez, "el ganzúas", quien, desde la propia casa del asesino confeso, se puso en contacto telefónico con nosotros. Fue él quien nos suministró la pista acertada; y sólo cuando conseguimos convencerle de que, si colaboraba, el enésimo delito que había cometido, otro allanamiento de morada, podría pasarlo el juez por alto, se avino a denunciar el hecho en toda la regla. Al parecer, buscando acallar el terco ruido que le producían sus tripas, vacías, o sea, llevarse alguna vianda al coleto, el mejor bardo que he conocido hasta el momento entre los de su calaña logró saltar la barda y forzar la cerradura de la puerta del garaje de "Villa Edenia", inmueble que es propiedad y residencia habitual del prestigioso neurocirujano M. D. P. Cuando se deshizo de los candados y abrió el arcón frigorífico que allí estaba, se llevó un susto morrocotudo, de muerte, al ver la doble que contenía, los dos cadáveres, muy distintos fiambres a los que esperaba encontrar dentro, sin duda.
-Fuimos la inspectora Montse Páez y yo, a ratos al alimón, a ratos a solas o por separado, quienes estuvimos, durante toda la santa noche, intentando sonsacarle al doctor, un diletante de los detalles (pero de marca mayor) y un esclavo de la pulcritud, por qué les había dado matarile a las gemelas. Mas fue en vano.
-(...)
-Sí; tal cual ha leído el uno y visionado el otro. Que mató con un cúter a las hermanas Jiménez, Mariluz y Mariflor, su esposa y su cuñada ciega, es algo que admitió a las primeras de cambio, nada más arrancar el interrogatorio.
-(...)
-Así fue, desde luego; y de esa guisa aparece en nuestro informe. Ahora bien, los pormenores de su confesión discurrieron por derroteros inopinados e insospechados. Se demoró más en explicarnos el meneo que tuvo que darle a la casa, es decir, la limpieza íntegra, general, que se vio obligado a hacer, por las muchas manchas de sangre que había por bastantes partes de la misma, un chalé sito a las afueras de Algaso, en la carretera de Ponente, y en las numerosas lavadoras (que el doblemente famoso matasanos -urdido aquí tanto en el recto como en el figurado sentido, con y sin ironía- no se molestó en computar, obsesionado como estaba en dejarlo todo impoluto, reluciente como los chorros del oro o la patena, desde la habitación del matrimonio, pasando por la de invitados, que ocupaba su cuñada, y las escaleras hasta el garaje) que puso, que en lo que a nosotros nos interesaba, las razones o porqués.
-(...)
-No tardo. En media hora estoy en Comisaría.
E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadeco@tudela.com
Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@tudela.com
13 Jul 2007
El dragón bufa
EL DRAGÓN BUFA
(LA VENGANZA ES LA DANZA QUE BAILA UNA LANZA CUANDO ÉSTA AVANZA CON EL PROPÓSITO DE CLAVARSE DE LLENO EN LA PANZA)
"La lengua del adulador daña más que la espada del enemigo".
San Jerónimo
Así es, sin duda. Y es que, como airea, predica y/o sostiene un proverbio español, "el que hoy te compra con su adulación mañana te venderá con su traición".
Érase un filósofo soltero, inexperto en cuestiones amatorias, convaleciente de su enésima operación quirúrgica, necesitado de cariño y de la existencia incontrovertible de una musa real que le suministrara sus inexcusables raciones y vivificantes píldoras de Amor físico e intelectual, que precisaba recibir con asiduidad y sin falta para seguir tirando o sobreviviendo en este valle de lágrimas, que tuvo la malhadada suerte de darse de bruces o topar y caer en las "interneteras" redes tendidas por una arpía, es decir, de inaugurar y mantener hasta límites inauditos, inesperados e insólitos una relación "emiliar" o epistolar con la susodicha, una aburrida y ciclotímica ama de casa de existencia gris, una obesa raposa que estaba obsesionada con la pudorosa prosa rosa. Habiendo sido hecho prisionero por la vulpeja, una vez que aquél estuvo enamorado hasta los tuétanos de la zorra, ésta juzgó que ya había llegado el momento oportuno de dejarse de "tomablandas" de pelo y darle al incauto y enamoradizo "letraherido" el corte o hachazo definitivo, o sea, tomarle, impunemente y a lo grande, la guedeja o vedeja al mencionado "verbadebelado", que no significa otra cosa que rendido por las palabras.
Todavía resuenan en las paredes de la cueva donde suele elaborar sus pócimas y potingues la bruja las risas y carcajadas que soltó cuando, habiéndole hecho gastar al memorioso memo más de trescientos euros, como pago de los viajes de ida y vuelta a Barcelona en tren (a fin de conocerla en persona) y el uso de la habitación 504 de cierto hotel de tres estrellas (donde quedaron), lo dejó allí plantado, arrumbado, con dos palmos de narices, dándole calabazas.
Pero, al parecer, no tuvo bastante con consumar el "chandrío", esto es, consumir la mentada cantidad de pitorreo. Le había cogido tanta afición, dependencia y gusto a mofarse de su embelecado embelesado que pergeñó una manera de reírse aún más de él, un denodado urdidor de innumerables casos y cosas, de seguir divirtiéndose a su costa. Pues le dio por escribir varios relatos contando anécdotas y pormenores de diversos aspectos del asunto de marras, que tituló, por ejemplo, con insuperable gracia, "Fui suma" (de mil y una befas, choteándose cuanto quiso de su arrebatado) y "Despertares con risas y rosas a mares" (burlándose del tonto del haba a mandíbula batiente, llegando a desternillarse de la mucha y suprema hilaridad).
El filósofo solitario sostuvo la relación epistolar hasta que, por fin, habiendo conformado un grupo de lectura entre seis de sus amigos más íntimos, y habiéndoles abastecido de cuantos cuentos había trenzado la tiparraca o tipeja, éstos le entregaron las conclusiones a las que habían llegado al respecto. Tras releer ene veces las mismas, resolvió lo obvio y soltó por su mui el "ahora me toca a mí herniarme, ricura. Aférrate al palo de tu escoba y vuela, porque los del Santo Oficio vienen por ti, quiero decir, el dragón bufa".
(Continuará -todavía no sé cuándo, pero tengo para mí que el susodicho ha sido alumbrado con las claras intención y vocación de seguir-.)
E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadeco@tudela.com
Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@tudela.com
10 Jul 2007
Busco musa sin compromisos ineludibles ni prejuicios insalvables
BUSCO MUSA SIN COMPROMISOS INELUDIBLES NI PREJUICIOS INSALVABLES
"¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio".
Albert Einstein
Como a mi proverbial expresión de "dilecta Marisol" ahora debería precederle el adjetivo ex, quiero decir con ello que la susodicha ha dejado de ser, definitivamente, mi amada dama y musa, urdo los siguientes renglones torcidos por si alguna fémina que esté soltera (otra conditio sine qua non, además de la/s del título) y en edad de merecer, está, asimismo, dispuesta a ocupar la plaza vacante.
Si a ti, desocupada lectora, te peta, en verdad, serlo, esto es, te consideras una de las aspirantes o eres la única candidata al puesto, supongo que no te molestará que te trence lo que sigue, que deberá ser toda una gozada poder besar tu epidermis melosa, morena, que, conforme vaya transcurriendo el estío, irá adquiriendo una tonalidad aún más canela, si cabe.
Si tienes interés en conocer el porqué Marisol es mi ex, aduciré que el motivo principal estriba, radica o reside en los tres versos finales ("Tú justificas mi existencia: / si no te conozco, no he vivido; / si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido") de un poema de Luis Cernuda Bidón, el que arranca, precisamente, con el verso que da título al mismo, "Si el hombre pudiera decir lo que ama". La terca intuición de que, seguramente, me hubiera muerto sin catarla, o sea, sin compartir o vivir un orgasmo junto a ella, esta certeza que, no lo niego, iba ahogándome poco a poco, y sofocando, asimismo, mi Amor por ella, ha sido el porqué de los porqués, la razón entre las razones. Ahora es cuando empiezo a comprender lo que varios autores sostenían en el número de junio de la revista QUO, que conviene mentirse a sí mismo si se pretende lograr sobrellevar cualquier estado de cosas semejante a un rosario de reveses. Otrosí, su clara dependencia de la teoría del karma, amén de otros prejuicios, que también acarreaba, contribuyeron a que augurara, proyectara y aun viera el futuro de nuestro Amor cada vez más oscuro (rayando en la negrura) e imposible, esto es, no advirtiera la mínima esperanza de que algún día pudieran llegar a reverdecer en él laureles. Las paradojas y las contradicciones de ambos, que cabía y hasta cabe identificar y señalar en varios vericuetos de nuestras almas, también vinieron a agravar algún entero o grado más la situación, haciéndola insostenible.
Reconozco sin ambages, que, desde que la conocí (no en lenguaje bíblico, por supuesto), siempre quise que Marisol fuera mi amada dama y musa eviterna, pero ella, por sus mil y un "compromisos", no podía serlo. Quise y deseé con toda mi alma, hasta el extremo de llegar a frecuentar las tapias mismas del frenopático, tenerla en mis brazos y hacer el Amor con Marisol. Pero ella era una experta en idear obstáculos, parir trabas (y yo, me temo, nunca fui un versado saltador de vallas) y una perita en demorar el encuentro. A mí llegó a molestarme sobremanera su habitual "si surge, miel sobre hojuelas", que estaba o tenía en todo momento a su disposición en el estilo de su péñola o en la punta de su mui.
Ya empiezo a sentir los beneficios que me ha deparado haberme quitado un peso de encima (no le estoy llamando gorda a Marisol, que conste; pues a mí siempre me gustaron rellenitas). Antes de la ruptura final, quise que supiera que no sentiría ningún remordimiento de conciencia si algún día llegaba a hallar a mi verdadera amada dama y musa. Si tú, desocupada lectora, mujer que cumples las condiciones antedichas, me preguntaras a propósito del asunto de marras, te contestaría lo que sigue, que estoy y me siento unido a la literatura, pero, como preciso para canalizar mi creatividad la existencia real de una musa, no tendría ningún problema ni pondría óbice alguno en estarlo también a ti, de veras.
E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadeco@tudela.com
Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@tudela.com
09 Jul 2007
La rutina u otro, el mismo
LA RUTINA U OTRO, EL MISMO
Una docena o decena (no es mi propósito exagerar; por eso, aunque se enfade conmigo algún conciudadano o paisano mío, reconozco que en todo algasiano anida o subyace un tipo muy dado a la hipérbole) de lectores habituales de las urdiduras (o "urdiblandas") de servidor (a usted no se le escapa, para unos E. S. O., un andoba de Cornago, Otramotro para otros) han juzgado oportuno dirigirme sendos correos intentando averiguar las razones auténticas por las que he dejado de escribir a diario mis artículos de opinión, porque no se tragan las aducidas otrora por el menda. Voy a esgrimir en los dos parágrafos que siguen a éste un texto alegórico-metafórico para ver si logro persuadirles, porque, como todo hijo de vecino o quisque con dos dedos de frente sabe (o debería saber), Demócrito de Abdera dijo o dejó escrito que "la mayor victoria que un hombre puede alcanzar es vencerse a sí mismo, y la más desastrosa derrota es ser vencido por sí mismo"; Pedro Calderón de la Barca sentenció que "vencerse a sí mismo un hombre es tan grande hazaña que sólo el que es grande puede atreverse a ejecutarla" y que "vencer y perdonar es vencer dos veces"; y ya, para coronar, Victor Hugo trenzó aquello, incontrovertible, de que "nada tan estúpido como vencer; la verdadera gloria está en convencer".
Una vez más, vuelven a sonar y resonar los acostumbrados y recurrentes acordes de esa melodía que me machaca los oídos y da la lata o late en mis sienes. Otra vez las circunstancias han decidido coaligarse; y quien habla de circunstancias y de coaliciones, seguramente, quiere referir que los astros se han alineado para plagiar nuevamente el guión y la función, y, asimismo, para volver a filmar y firmar una nueva versión, otra, de "Cómo hacer una cesta".
De nuevo, otros/as mimbres (diferentes, sí, pero semejantes a los/as anteriores y a los/as posteriores), en las mismas manos del artesano, vienen a torcerse y retorcerse para acabar convirtiéndose o metamorfoseándose en el mismo, mas distinto, cesto o canastilla.
E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadeco@tudela.com
Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@tudela.com
Post Scríptum
Insisto en que los textos que he urdido, urdo y/o vaya urdiendo durante el estío y aparezcan aquí serán todos ficticios, salvo que porten nota que exprese lo contrario, claro.
06 Jul 2007
La justicia lenta, fraudulenta
LA JUSTICIA LENTA, FRAUDULENTA
(FICCIÓN)
Hoy, por fin, me siento como un explorador o pionero a la búsqueda, conquista y disfrute de una mena diamantífera, lista para ser explotada a pleno rendimiento (que no miento), de una mina (que no consume la paciencia ni desgasta la moral) de oro, o sea, del tiempo y el trato o roce normalizado con las dos niñas de mis ojos, mis hijas, que una justicia lenta, lerda, tardísima, ergo, inconcusa injusticia, me hurtó con artes furtivas.
Ahora el Estado tendrá que hacerse cargo de la situación, arrostrarla, apechugar con ella y apoquinar, quiero decir, resarcirnos, tanto a mis niñas como a mí. Porque alguien les deberá devolver a ellas, conjeturo, los cinco años de su tierna infancia que tuvieron que pasar sin la presencia habitual de su padre. Alguien les tendrá que indemnizar por el rimero de fechas cruciales, cumpleaños, Nochebuenas, Nocheviejas, Reyes, Primera Comunión, etcétera, sin la compañía, el calor y el color de su progenitor. Y viceversa. Alguien deberá pagar los palos y reveses que me infligieron al privarme y prohibirme torticeramente lo que, en Derecho, me correspondía.
¿Por qué quienes deben administrar justicia, firmando providencias, autos y sentencias que respeten escrupulosamente el espíritu y la letra de las leyes vigentes, han dilapidado tanto tiempo en tomar la decisión certera y correcta, la obvia y oportuna, sobre la apócrifa denuncia de marras, que pudo sustanciarse y resolverse en un pispás?
La lucha del padre (que, tendido prono sobre la cama, con los ojos cerrados, así reflexiona) por sus hijas arrancó a finales del estío de 2002, el mismo día en el que la perita en lunas de ajenjo, experta en calladas por respuestas y en canalladas, su cuñada Gertrudis (nada que ver, por lo tanto, con el personaje de la tía Tula, que fuera ideado al alimón por el caletre y el estro imaginativos de don Miguel de Unamuno y Jugo), empezó a sembrar cizaña y meterse en camisa de once varas, esto es, en donde no la habían llamado, en los casos y las cosas de nuestra casa (y, a veces, sí, también, aunque pocas, coso), la de su hermana gemela, Marisol, mi ex esposa, y la de su seguro servidor de usted, desocupado lector.
A la arpía le brotó, nació o surgió, de repente o acaso fuera de forma paulatina, o sea, Gertrudis tuvo (pero no contuvo ni entretuvo, no) el impulso perentorio y malévolo de ultrajarme, acusándome de haber sido un depravado, es decir, haber colgado en un portal de Internet varias fotografías de mis niñas en porreta, desnudas (algo que era a todas luces, como quedó meridiana y palmariamente demostrado en el último juicio, incierto, una burda patraña urdida por la raposa lujuriosa. Como para muestra basta con un botón, vaya, vea y valore usted, por su cuenta, éste: el argumento de "la poquedad en las ropas" de mis hijas, aducido por el fiscal, fue abatido, anulado o contrarrestado por el razonamiento de que no eran otra cosa que "los trajes de baño veraniegos" de las susodichas, esgrimido sutilmente por mi abogado defensor). Tras "blablar" del embeleco o trola con mi no tan fácilmente manipulable (pero sí, al menos, para ella) mujer y ser condenado sumariamente (sin haber sido oído siquiera) por ambas, ipso facto, al erebo, las dos hermanas acudieron raudas, despechadas, al despacho de una asistente social, a la que le dieron pelos y señales de la bola o el bulo y le comieron el tarro de sus esencias. Debió creerles a pies juntillas, porque todo aquello devino en detrimento y menoscabo mío, pues tuve que soportar el baldón indignante de ser imputado falsamente, insisto, en un caso de pederastia sin pies ni cabeza, sin más razones que la grima y la ojeriza que "Gertru" sentía por mí y me tenía por no haber accedido nunca a sus diversas proposiciones deshonestas de contribuir o sumarme a la deslealtad de engañarle a su hermana, ayudándole a calmar el prurito y/o a sofocar el fuego que solían originársele a ella, con bastante frecuencia, en el centro y crisol de su entrepierna.
Aunque ya hace un año largo que el Juzgado de lo Penal número 3 de Algaso me exculpó, al advertir un "ánimo espurio" en las declaraciones efectuadas por Gertrudis, gracias a Dios, aquella sentencia ha sido ratificada recientemente por otra, ésta adoptada por la Sección Segunda de la Audiencia Provincial, que ha venido a confirmar lo que siempre sostuve ante la Policía y en los estrados, que la sicalipsis de las instantáneas de mis niñas sólo estaba en la mente calenturienta, enferma, demente, de mi cuñada, una vulpeja ninfómana.
Después del Calvario o Vía Crucis, dos semanas en el trullo (no le deseo un día de cárcel ni al peor de mis enemigos, en el supuesto de que tenga alguno) y casi un lustro de acarrear con la rémora o el lastre de haber vivido sin apenas lustre, en el que sólo he podido estar con mis hijas un par de horas los lunes y los jueves por la tarde, creo que ya ha llegado el momento de reclamarle al Estado daños y perjuicios. Y es que la justicia, cuando es tan lenta, merece, pues le cuadra de manera pintiparada, el calificativo peyorativo de fraudulenta.
E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadeco@tudela.com
Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@tudela.com
Sobre este blog
Mendalerendadas de E. S. O., un andoba de Cornago
esounandobadecoDetrás o al lado del heterónimo o seudónimo E. S. O., un andoba de Cornago (con el que pretendo hacer un pequeño homenaje a mi señor padre, finado, del que escogí o tomé prestadas las iniciales de su nombre y apellidos reales, Eusebio Sáez Ovejas, y su lugar de nacimiento, Cornago, La Rioja) se encuentra el filólogo y escritor Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), que parece seguir al pie de la letra los tres pasos que diera quien urdiera esta verdad (como una seo no como un aseo- de grande): Tres cosas puedes hacer con una mujer: quererla, sufrir por ella y, finalmente, convertirla en literatura, Lawrence Durrell, si no marro.
Otra manera (coincidente o discrepante, semejante o distinta) de ver las cosas y/o los casos en las casas y en los cosos
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