La Rioja
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VINOS, INFORMACIÓN, GUSTOS INDUCIDOS Y COSTUMBRES SOCIALES
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alfredoselasescrib | 12-01-2018 | 01:21

Enero 2018. El frío aprieta en Nueva York y en el noreste de los Estados Unidos (en La Rioja y Haro –¡ay!- también) mientras que en el sur de Texas, donde me encuentro, el clima es primaveral.

Mientras (esperemos) las cepas van haciendo acopio de agua para ver si este año dan mejores frutos que en la vendimia pasada, hagamos unas consideraciones acerca del consumo de vinos por estas tierras americanas.

Desde mi experiencia como sumiller profesional -y ahora realizando wine tours  principalmente para americanos que nos visitan en Rioja-  ya no me sorprende que cada persona decide elegir un vino para tomárselo en la creencia de que lo hace de acuerdo consigo misma. Expliquémonos.

Se han de tener en cuenta algunas premisas para entender lo que voy a decir: casi todas nuestras decisiones son tomadas por nuestro subconsciente; y también: cuán definitivo es el trabajo de nuestra sensorialidad a la hora de operar con esas decisiones (que necesariamente implican una percepción sensorial previa)

Las personas que aquí en EE. UU. compran vinos, no necesariamente tienen en cuenta conceptos como origen, autenticidad, identidad, etc. Más bien compran botellas de vino en función de gustos inducidos y/o información muy escasa (en botellas que he degustado de Sonoma en California, Oregón, Columbia Valley en Washington, estas tienen nombres digamos “curiosos”) supongo que para atraer a quienes compran.

Cuando miramos distintas etiquetas de botellas de vino, podemos encontrar todo un universo unívoco que pretende enfatizar diversos factores -¿cada cual más interesado?- Digo esto porque normalmente, cuanto más historiada es la etiqueta, más probabilidades hay de que el vino no tenga historia. Ojo, siempre hay excepciones; acabo de tomar un vino cuyo nombre es EDUCATED GUESS, de Napa en California y en donde, en la contraetiqueta se razona el porqué del nombre.

Quizá sea que en el llamado “nuevo mundo” no hay esa cultura de vino que creemos tener en Europa. No lo tengo claro. Aquí en EE. UU. el pan tampoco tiene la estimación (ni el precio) de producto de primera necesidad. Ni ante el acto de comer en sí ni los platos que ofrecen en restaurantes parece que se pretenda algo más que “cubrir el expediente” mientras que se hace otra cosa. Probablemente sean unas costumbres sociales que difieren de las que se dan a orillas del Mediterráneo.

Finalmente añado otra premisa que definitivamente retrata a compradores/consumidores de vinos en relación al país en donde viven y a su estatus social: no hay engaño posible: tanto tienes, tales botellas de vino compras.  Aún así y por eso, en este inmenso país, hay  personas conocedoras y muy amantes de los vinos, otras que toman vino por tomar; otras que piden un vaso de “el vino de la casa” y otras que (en restaurantes que se precien) utilizan inteligencia y preguntan al sumiller, o bien tienen criterio al comprar en las vinotecas… y luego están las que van a tiro fijo de marcas conocidas (para ellos, claro) Finalmente se encuentran aquellas personas a quienes sus bolsillos les permiten elegir  igual un vino de ochenta dólares; o de doscientos cincuenta.

Bueno, lo importante es que todos los disfruten. Y así es (tanto en América como en otras partes) pues las preferencias, las decisiones personales, si no son objetivas, están marcadas por percepciones que generalmente son moldeadas por esas variables intangibles que mencionaba en el título.

 

 

 

 

Sobre el autor alfredoselasescrib
Sólida formación como docente en Cursos de Análisis Sensorial de vinos y otros productos agroalimentarios; dilatada experiencia en servicios de alta gastronomía; disfruta transmitiendo su pasión por el mundo del vino y su cultura. Desde 2001 colabora en ayudar a descubrir lo fascinante del uso de los sentidos para gozar plenamente del los vinos y gastronomía en La Rioja. Director de www.exquisiterioja.com