La Rioja
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Categoría: exquisita rioja
VINOS, INFORMACIÓN, GUSTOS INDUCIDOS Y COSTUMBRES SOCIALES

Enero 2018. El frío aprieta en Nueva York y en el noreste de los Estados Unidos (en La Rioja y Haro –¡ay!- también) mientras que en el sur de Texas, donde me encuentro, el clima es primaveral.

Mientras (esperemos) las cepas van haciendo acopio de agua para ver si este año dan mejores frutos que en la vendimia pasada, hagamos unas consideraciones acerca del consumo de vinos por estas tierras americanas.

Desde mi experiencia como sumiller profesional -y ahora realizando wine tours  principalmente para americanos que nos visitan en Rioja-  ya no me sorprende que cada persona decide elegir un vino para tomárselo en la creencia de que lo hace de acuerdo consigo misma. Expliquémonos.

Se han de tener en cuenta algunas premisas para entender lo que voy a decir: casi todas nuestras decisiones son tomadas por nuestro subconsciente; y también: cuán definitivo es el trabajo de nuestra sensorialidad a la hora de operar con esas decisiones (que necesariamente implican una percepción sensorial previa)

Las personas que aquí en EE. UU. compran vinos, no necesariamente tienen en cuenta conceptos como origen, autenticidad, identidad, etc. Más bien compran botellas de vino en función de gustos inducidos y/o información muy escasa (en botellas que he degustado de Sonoma en California, Oregón, Columbia Valley en Washington, estas tienen nombres digamos “curiosos”) supongo que para atraer a quienes compran.

Cuando miramos distintas etiquetas de botellas de vino, podemos encontrar todo un universo unívoco que pretende enfatizar diversos factores -¿cada cual más interesado?- Digo esto porque normalmente, cuanto más historiada es la etiqueta, más probabilidades hay de que el vino no tenga historia. Ojo, siempre hay excepciones; acabo de tomar un vino cuyo nombre es EDUCATED GUESS, de Napa en California y en donde, en la contraetiqueta se razona el porqué del nombre.

Quizá sea que en el llamado “nuevo mundo” no hay esa cultura de vino que creemos tener en Europa. No lo tengo claro. Aquí en EE. UU. el pan tampoco tiene la estimación (ni el precio) de producto de primera necesidad. Ni ante el acto de comer en sí ni los platos que ofrecen en restaurantes parece que se pretenda algo más que “cubrir el expediente” mientras que se hace otra cosa. Probablemente sean unas costumbres sociales que difieren de las que se dan a orillas del Mediterráneo.

Finalmente añado otra premisa que definitivamente retrata a compradores/consumidores de vinos en relación al país en donde viven y a su estatus social: no hay engaño posible: tanto tienes, tales botellas de vino compras.  Aún así y por eso, en este inmenso país, hay  personas conocedoras y muy amantes de los vinos, otras que toman vino por tomar; otras que piden un vaso de “el vino de la casa” y otras que (en restaurantes que se precien) utilizan inteligencia y preguntan al sumiller, o bien tienen criterio al comprar en las vinotecas… y luego están las que van a tiro fijo de marcas conocidas (para ellos, claro) Finalmente se encuentran aquellas personas a quienes sus bolsillos les permiten elegir  igual un vino de ochenta dólares; o de doscientos cincuenta.

Bueno, lo importante es que todos los disfruten. Y así es (tanto en América como en otras partes) pues las preferencias, las decisiones personales, si no son objetivas, están marcadas por percepciones que generalmente son moldeadas por esas variables intangibles que mencionaba en el título.

 

 

 

 

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  AGARRAR AL TORO (AMERICANO) POR LOS CUERNOS

Mucho tiempo después, el sumiller que escribe este blog, está realizando su primer viaje a  América. Para exorcizar posibles clichés mentales. Para superar circunstancias personales. Para disfrutar experiencias sensoriales. También para dar unos cuantas catas de vinos.

Desde que en 1495 (según se ha documentado recientemente) hacia América salieran las primeras 420 arrobas de “vino mosto” procedentes del pueblo onubense Villalba del Arcor… muchos intercambios vitivinícolas han ocurrido entre Europa y América. ¿Cómo sería aquel primer vino que legó al nuevo continente desde el puerto de Sevilla?  Casi es fácil saberlo:  probablemente vino blanco de un cierto grado alcohólico (¿y puede también que encabezado con alcohol?)

Quien esto escribe se ha concedido la oportunidad de contribuir en ese intercambio impartiendo catas de vino en Nueva York y en Texas;   no más que para abrir ventanas –riojanas y españolas- a las personas que en Norteamérica gustan del vino y su cultura relacionada; además de cómo forma de colaboración para que adquieran claves y estrategias de apreciación sensorial del vino.

¿Cómo resultan están resultando estas experiencias?  Muy gratificantes en verdad. Entiendo que es un éxito personal, una forma de “agarrar al toro por los cuernos” (al de Wall Street, me refiero)  Llegar a la increíble metrópoli neoyorkina y directamente dar catas de vinos riojanos y españoles  -con tapas españolas además- en Broadway Av. y Park Av. para jóvenes empresas del mundo de la comunicación, el marketing e internet… pues congratula y me produce satisfacción poder presentar, dar a conocer aquí en estas tierras americanas  nuestros vinos.

¿Y qué hay de la presencia de vinos de Rioja en Nueva York, sobre todo en relación a homólogos suyos franceses e italianos?  Uno huye por naturaleza del chauvinismo (los tres países producen muchos y muy buenos vinos) pero -comparando precios y calidades- España ofrece mucho, mucho más; sin embargo la cosa es frustrante. Los vinos riojanos y españoles en general se encuentran muy relegados en una  tercera posición apenas presencial en cartas de vinos de restaurantes y en vinotecas.

Lo siento de verdad por las bodegas españolas: los vinos que presento dejan a las personas de acá fascinadas por los atributos organolépticos, la calidad global final y el placer que les produce degustarlos. Luego –como digo- vas a  restaurantes, vinotecas y supermercados y se encuentran unos pocos vinos ibéricos que apenas representan toda la riqueza y variedad de vinos que disfrutamos en España. Eso sí, acabo de leer que el Consejo Regulador de la DOC Rioja aprueba otro presupuesto millonario en euros para invertir en promoción de los vinos riojanos en EE. UU.  Alguien se gastará ese dinero, sin duda; la pregunta es en qué. A ver cuándo se deciden -con criterio, sentido común y éxitos ciertos- a agarrar al toro (del poderoso mercado americano) por los cuernos. Por lo menos para que a los americanos que gustan de sensaciones auténticas en vinos puedan comprarlos fácilmente.

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VINOS NATURALES, ¿TAMBIÉN EN RIOJA?

Cuesta imaginar cómo podían ser los vinos que bebían los faraones de Egipto, los griegos en sus bacanales,  los esclavos romanos;  o el tipo de vinos con que remojaban el gaznate y calentaban sus barrigas los sanchopanzas del Siglo de Oro español.  Otra cosa no serían, pero vinos naturales, seguro que sí. ¿Quiere ello decir que todos esos vinos anteriores a las nuevas prácticas enológicas desarrolladas gracias a Pasteur eran muy distintos a los vinos convencionales de hoy?  Sí al menos en un concepto: la higiene en su elaboración y conservación.  Los vinos que se han bebido a través de los siglos hasta hace relativamente poco… hoy en día me temo que difícilmente serían aceptados por los consumidores actuales.

De verdad, en lo referente al mundo de los vinos, tenemos que dejarnos de romanticismos y aceptar que cualquier tiempo pasado… no fue mejor. Vinos procedentes de uvas probablemente jugosas y sucintas –por escasas- cuando la cosecha venía buena; totalmente natural por necesidad, claro.  Pero también habría de suceder que cada cosecha (sin los tratamientos y controles exhaustivos actuales que se realizan en las viñas) sería una suerte de riesgo continuado.  Y qué decir de las elaboraciones.  En lagares, de aquellas maneras y en la más elemental ausencia de condiciones higiénicas… pues nos podemos hacer una idea.  Pero eso no es todo. Luego venía la conservación de los vinos con sus refermentaciones y contaminaciones; otro trauma anual que solventar.  Y lo que es todavía peor: el largo transporte hacia los lugares de consumo en condiciones penosas.

Hoy en día sin embargo nos permitimos gozar de exquisitos vinos en condiciones inmaculadas de elaboración y conservación. Sin embargo es de cajón apetecer lo auténtico o genuino, que se opone a lo industrial.  Así surgieron los vinos ecológicos, los biodinámicos y, en fin, la guinda de los vinos naturales, en los cuales no interviene  sino la madre naturaleza. Y la mano humana que la amestra. Es aquí donde surgen quizá las dudas si verdaderamente se pueden elaborar vinos sin prácticas adicionales en el viñedo y sin ningún tipo de corrección o añadido en bodega.

En realidad, por una parte, se ha de ser realista y muy escrupuloso para buscar equilibrios y no asimetrías a la hora de controlar el ph, la acidez, la maloláctica, etc.  Luego por otra, quien utiliza el sentido común y la sabiduría, resulta que puede elaborar un vino natural maravilloso, ¿cómo? obviamente utilizando uvas necesariamente sanas de viñas viejas que llevan dentro de sí mismas las claves para que el vino resultante no tenga que ser precisamente de arriesgada factura e incierto porvenir.

Un caso evidente en la DOC Rioja es, por ejemplo, el de Juan Carlos Sancha, en Baños de Río Tobía, en un paraje espectacular a los pies de la Sierra de la Demanda, quien con su Peña el Gato Garnacha Natural 2016 viene a realizar el más difícil todavía: el ejercicio perfecto que llamo MÍNIMA INTERVENCIÓN-MÁXIMA EXPRESIÓN. Su vino es sencillamente un prodigio de frescura, delicadeza, limpidez, expresión frutal… y por tanto sendas delicias en nariz y en el paladar.

Juan Carlos, además de inquieto bodeguero, profesor universitario y Doctor por la Universidad de La Rioja, es uno de los poquísimos vitivinicultores riojanos que SÍ han decidido apostar por  extraer lo auténtico de uvas auténticas; y hacerlo en botellas que llevan el sello “Rioja”. Y ello tiene mucho mérito, pues tampoco renuncia a su vez a elaborar vinos que pronto van a llevar la nueva precinta de “Vinos singulares” para el Consejo Regulador.

A la postre, habrá que decir (y  así lo hago en mis wine tours que realizo desde EXQUISITE RIOJA para muchas personas ) que los vinos naturales están muy emparentados con esos otros “top” o “premium”  O llámense singulares, de autor, etc., pues proceden de uvas necesariamente magníficas,; y no ha habido precisamente mucha necesidad de intervenir en bodega; no más facilitar que expresen sus esencias naturales.

 

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EL VINO   ¿ES MÁS QUE ALCOHOL?

Ya sabemos que el vino es el resultado de la fermentación por las levaduras del mosto de las uvas.  También sabemos que a ese producto resultante solo  puede llamarse vino cuando este contiene un cierto porcentaje de alcohol (dependiendo de las distintas zonas vinícolas mundiales donde se produce el vino) ¿Hemos de entender por tanto que el alcohol es el “espíritu” del vino, su componente más importante? Por supuesto que no.  Pero mira por donde, en un artículo publicado en The Conversation por el profesor de Astrofísica de la Universidad de Glasgow Alexander MacKinnon, este viene a decir algo realmente chocante por extraordinario: que el universo está nadando literalmente en alcohol.

Desde mi ya larga trayectoria después de más de 22 años de experiencia como sumiller, estudioso del mundo de los vinos y su apreciación sensorial, docente en cursos de cata de vinos –y últimamente wine educator  y anfitrión en wine tours desde  Exquisite Rioja- he constatado que, sí, el alcohol es la razón primera, lo que más atrae del vino (no en vano su ingesta incide directamente en nuestras rutas neuronales, propiciando que se expresen las llamadas hormonas del placer); sin embargo el verdadero disfrute del vino se experimenta cuando este se encuentra equilibrado en sus tres componentes principales que son: acidez, alcohol y fruta.

Claro, esto es así; pero todo en la vida es relativo; y más aún cuando se llega a entender que el alcohol (en su composición química) no es más que la sustancia de desecho que  las levaduras producen cuando están metabolizando los azúcares de las uvas.  El que ahora nos digan que el alcohol es una suerte de “polvo (mejor líquido) de estrellas” o constituyente notorio del cosmos… casi podría explicar por otra parte esa atracción que sentimos por el alcohol.

Vale, cada molécula de etanol contiene nueve átomos: uno de oxígeno, dos de carbono y seis de hidrógeno; pero el hecho de que estos elementos se encuentren en cantidades alucinantes en los espacios interestelares del universo… no quiere decir que este sea una desproporcionada destilería sideral.

No; lo curioso es que en el espacio interestelar, el gas -que se encuentra en ese medio exageradamente frío- es muy poco activo.  También se encuentra muy, muy disperso; por ello, las partículas atómicas digamos potencialmente “alcohólicas”  no tienen muchas oportunidades de interactuar, sin embargo parece ser que ciertas moléculas simples llegan a cohesionarse entre sí formando otra más complejas que eventualmente podrían generar alcohol (vamos, más o menos como sucede en el vino) aunque, por supuesto, ello sucede en espacios de tiempo larguísimos (a diferencia de cómo actúa el alcohol en nuestros organismos)

Moraleja del asunto: lo que uno viene diciendo hace tiempo, que ya estaba todo descubierto y que, sí, probablemente esa apetencia por el alcohol no deja de ser una suerte de “necesidad” de querer reconstituirnos en la sustancia primordial de donde provenimos.

Posdata. Dejaremos para otra ocasión hablar de cuál es el porcentaje idóneo de alcohol en la botella de vino para disfrutarlo extensamente sin que se suba a la cabeza.

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LA CATA DE UNA NOCHE DE VERANO (RED WINE COME TO ME)

fotos by Alfredo Selas

Unos días atrás, en una experiencia especial (con cena campestre y cata) de Exquisiterioja dirigida por mí para un grupo de amantes del vino de Rioja, tuvimos la oportunidad de catar vinos de distintos estilos, añadas, procedencias, tipos de roble, etc., para ofrecerles una visión integral de lo que estos territorios de vinos  cercanos a Haro dan de si.

Pero antes, para entrar en contexto, hice hincapié en la necesidad de saber qué es el vino, cómo de alguna manera similar a nosotros, es también materia viva, pura energía en transformación; puro ansia en constante regeneración y retrueque. Puro avatar. E inisití: el vino tiene magia. El vino es puro avatar una vez que se genera en la fermentación.  El vino en su concepción primigenia, al descubrir y constatar el poder eufórico y transgresor del mosto fermentado, los primitivos chamanes se lo apropiaron invistiéndolo (o mejor trasvistiéndolo) de un carácter sagrado. Espabilados que eran ellos.DSC04079

El proceso fermentativo es un fenómeno tremendamente salvaje: las sustancias del grano de uva sufren una poco menos que desintegración total a nivel molecular (que se percibe nítidamente cuando pruebas un vino recién fermentado) También -gracias al metabolismo de las levaduras que transforman los azúcares en alcohol-  tiene su punto exotérico, mágico. ¿Por qué? Gracias a la fermentación se liberan todos esos ácidos naturales o sustancias que la planta había sintetizado y almacenado en la parte interna del hollejo, o piel del grano de uva, y pasan al vino.  Esas sustancias -¡voilá!- son las responsables de los colores, aromas y sabores del vino.

Durante la cata – que disfrutamos a pie de viña, al aire libre y después de ponerse el sol – quise llegar más allá.  No es solo que el vino (especialmente el tinto) aquilate propiedades quizá todavía desconocidas, tampoco queriendo obviar el alcohol (recordemos que el alcohol, junto con la acidez y la fruta son los tres pilares que conforman el concepto EQUILIBRIO del vino) con sus conocidos efectos.

Sucede que si me tomo un buen vino (o un queso, o un espárrago triguero) lo disfruto en tanto en cuanto ello me produce un impacto sensorial: hace trabajar a todos mis receptores, los cuales envían señales al cerebro para que este los descodifique; y mientras ello sucede, en tal empeño, estoy viviendo intensamente, sintiendo; y –como las sensaciones son placenteras- disfrutando vivamente.  Pero, bueno, al final lo dije: “he de reconocer que el vino tinto posee, y por lo tanto regala, algo que otros vinos y también otros productos agroalimentarios no dan.”

Quizá sea una dimensión en la que uno pierde esa resistencia al paso de tanta electricidad estática, maligna, propiciada por tanto desafuero como hay por doquier… y el vino tinto (los vinos que se elaboran a partir de uvas mágicas del territorio de viñedos en el cual estábamos disfrutando) especialmente tomándolos ahí, en ese ambiente único, sublima el momento. (Y mucho más aún si te baña la luz blanca  de una majestuosa luna llena enfrente de ti).-DSC04085

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SORPRESAS TE DA RIOJA… EN SUS BODEGAS

Verdaderamente el universo RIOJA en sus territorios y viñedos, en sus bodegas y elaboradores, en su inmensa oferta de vinos cada cual buscando expresar tipicidad y carácter propio…  es de unas dimensiones sorprendentes.

En esta ocasión en EXQUISITERIOJA nos hemos trasladado a Laguardia, preciosa villa-capital de Rioja Alavesa, para redescubrir la bodega Solar de Samaniego y con el objetivo de conocer la reciente y ambiciosa puesta de largo de su nueva oferta enoturista.

La bodega es un espécimen raro  en el universo bodeguero de la DOC Rioja. Surgió en los años 70 del siglo pasado, sobredimensionada para lo que por entonces se daba en la zona; y, por lo mismo también, para dar una vuelta de tuerca empresarial a lo que se hacía  (en aquellos años de vinos a granel y botellas de litro de cinco estrellas) para vender los vinos: decidieron hacerlo vendiendo directamente al consumidor con una suerte de club de vinos o “cofradía” buscando  fidelizar al cliente.

Ahora, decenios más tarde, cuando es el TURISMO DEL VINO (y la diferenciación en modos y maneras marketinianas para atraer atención y personas) es lo que se lleva, han decidido tirar de sus raíces, del propio origen del nombre de la bodega -fundamentado e  inspirado en el renombrado escritor y fabulista local Félix María de Samaniego- para diseñar un discurso original, atrayente, cultural, didáctico y embaucador con el binomio/armonía literatura-vino.

Hay que saludar esta apuesta pues trasciende el mundo del vino para llevarlo más allá de su rancia y manida fama como bebida alcohólica: en los tiempos actuales está quedando claro que los vinos de calidad significan:

  1. Un modo de alimentarse equilibrada y moderadamente dentro de la filosofía de la llamada dieta mediterránea
  2. Reivindicación de nivel cultural y social
  3. Realización consciente de viajes a destinos turísticos en contextos donde prima la naturaleza auténtica, lo paisajístico y el trato humano, la búsqueda de propiciar encuentros con las propias sensaciones
  4. Formas exquisitas de disfrutar experiencias, de vivir emociones, de disfrutar de los placeres que proporcionan las armonías con… Leer Más en www.exquisiterioja.com

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Sobre el autor alfredoselasescrib
Sólida formación como docente en Cursos de Análisis Sensorial de vinos y otros productos agroalimentarios; dilatada experiencia en servicios de alta gastronomía; disfruta transmitiendo su pasión por el mundo del vino y su cultura. Desde 2001 colabora en ayudar a descubrir lo fascinante del uso de los sentidos para gozar plenamente del los vinos y gastronomía en La Rioja. Director de www.exquisiterioja.com