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Rosa en el foso de los leones

“Y acercándose al foso gritó… ¿has podido librarte de los leones?...

Mi Dios envió a su ángel y éste cerró la boca de los leones,

que no me han hecho daño alguno

Daniel 6, 21-23

Rosa subió al estrado, miró al Presidente del Gobierna y le dijo lo que lleva diciendo desde hace meses a miles de ciudadanos. Y para muchos, resultó un aire fresco, una pequeña revolución. Por fin, alguien dice en la sede de la soberanía popular lo que dicen muchos ciudadanos en sus casas; por fin el sentido común se convierte en el eje del discurso político de un portavoz parlamentario.

Desde ese día, mucha gente me ha dicho lo bien que ha estado Rosa Díez; mucha gente se ha sorprendido con su discurso. Y la verdad, aunque yo también creo que ha estado bien, no me ha resultado tan impactante como mis interlocutores me dicen. Entonces he caído en la cuenta del motivo. Aunque mucha gente conoce a Rosa y para muchos es un referente de honradez, muy pocos han tenido la oportunidad de escuchar lo que dice, de leer su pensamiento, o de conocer sus propuestas. Ahora, gracias al escaño, no solo la conocen, también la esuchan, u no pueden dejar de admirarse de lo que dice.

El caso es que Rosa, se levantó de su escaño, subió a la Tribuna y saludó al Presidente del Congreso. ¿Qué pensaría José Bono cuando la escuchó? Sentado, arrellanado, en su cómodo sillón de tercera autoridad del Estado, con su cómodo coche oficial aparcado a la puerta, ¿qué pensaría José Bono de las palabras de Rosa Díez? Estoy casi seguro de que le gustó casi todo lo que le oyó decir a quien fuera su rival (¡y de Zapatero!) por la Secretaría General del PSOE. Probablemente, le gustó más que la larga y confusa respuesta del candidato. ¿Qué pensaría cuando hizo de la defensa de la igualdad entre los españoles el centro de sus palabras? ¿Qué habrá pensado José Bono cuando advirtió de la discriminación que sufren los que hablan la lengua oficial del Estado en el acceso a puestos en la Administración o la necesidad de revisar el Cupo Vasco y la Aportación Navarra?

Seguro que en silencio, no pudo dejar de estar de acuerdo, como cuando Rosa habló de la desigualdad en el sueldo de los funcionarios públicos, sean éstos policías o médicos; de la diferencia en el acceso a tratamientos, de la vergüenza de la Ley Electoral y de la penosa dependencia de la Justicia a los postulados de los partidos políticos.

De todo eso habló Rosa, mientras el Presidente del Congreso, sentado en su mullido y alto escaño, dejaba pasar las horas del debate casi en silencio; quiero decir, administrando con mucha inteligencia su silencio.

Como un Don Guido machadiano (“aquel trueno, vestido de Nazareno”) dejó que acabara Rosa y le dio educada y reglamentariamente las gracias, como corresponde a tan alta autoridad.

¿Pero que pensaría cuando oyó hablar de la Unidad de España sin patrioterismos baratos, con el aliento de los términos Igualdad y Libertad como base de un discurso político? No lo sabemos; desde su alto puesto, vio el frágil cuerpo de Rosa bajar y ocupar su solitario escaño, tan alejado de los bancos de los poderosos y de los ministros. Allí, sola, pero con su conciencia limpia y tranquila.

Y quizás la viera luego, desde el coche oficial, caminar por la calle, rodeada de gente anónima, con el pelo agitado por el viento. Quizás, entonces, mientras una mujer sola, un cuerpo frágil, caminaba por la primavera de Madrid, se acordó de los versos de Gabriel Celaya.

¡A la calle! Que ya es hora

de pasearnos a cuerpo

y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.

(De España en marcha)

Esos días que el periódico vale mucho más de lo que cuesta

Y la otra cara de la misma moneda

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El Bosque de Birnam

Cuando Macbeth pregunta a las brujas por su futuro, éstas le advierten que "seguirá invicto y con ventura, si el gran bosque de Birnam no se mueve y, subiendo, a luchar con él se atreve en Dunsinane, allá en la misma altura".
La respuesta tranquiliza al tirano porque nadie ha visto nunca que un bosque se mueva.
Los seguidores de Duncan, el anterior rey asesinado por Macbeth, se reúnen en el bosque y camuflándose con ramas atacan el castillo del regicida, le derrotan y proclaman como nuevo rey al hijo de Duncan, Malcolm.

En Unión, Progreso y Democracia también aspiramos a conseguir lo imposible. Entre todos conseguiremos que el bosque se mueva

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