Estamos locos o qué

O respiras. O no respiras. Si respiras te vuelves loco. Si respiras te infectas los bronquios con un enjambre de virus. Al margen de las cenizas boreales, la bronquitis más frecuente estos días es la del juez Garzón, pillada en uno de sus campos de prevaricación, que puede terminar en neumonía nacional múltiple. Garzón lleva años siendo un bálsamo de efectos paradójicos: fue el único que consiguió amedrentar a un general, y que ahora se enfrenta al fantasma de otro que mantiene a sus matados durmiendo en guerra; es de los pocos a los que la varita mágica de la Anjana Botín cubrió de tantos miles de euros como para resucitar a un muerto; es un juez obligado a presumir inocencias y respetar intimidades, al que acusan de mortificar su sueño carcelario los teléfonos de la cuadrilla Gürtel; azote de etarras, al que de vez en cuando le fallan los papeles, como en la última petición de extradición que un juez francés le ha denegado por olvidar una póliza. Es uno de esos enfermos que no se lee los prospectos, se salta una línea, salta de vía crucis en vía crucis y los defectos de forma flotan mientras el fondo se hunde

Garzón no es un santo, sólo un actor consagrado del sarpullido que aqueja a la toreada piel de España, tan poblada de jueces, enjuiciados, jueces enjuiciados, presuntos en espera de juicio y gentes sin juicio. Se ve y se oye al mapa burbujear, eructar, fallear, explotar en tracas de ferias de vanidades, que recuerdan lo peligroso que es asomarse al exterior. Precisamente del exterior, del otro lado del río, que cantaría Jorge Drexler, llega el eco del derecho internacional sobre delitos que no prescriben, por mucho que las ansias de una noble y pacífica transición los prescribieran. ¿No fue prevaricación mirar para otro lado mientras los herederos del franquismo se reinsertaban adecuadamente? La foto fija de aquellos pactos se está moviendo en los últimos años de manera inquietante.

El eczema y la congoja bronquial también han llegado a la tierra del bon vino, aunque más livianos y espirituosos. Tras el revuelo de la finca Rihuelo, se han avistado velas de miles de uvas piratas, llegadas como en patera, en busca de papeles y de una familia que las adopte: la de la consejera Vallejo, cuya cabeza política quieren cortar cada tres por dos sus adversarios y ni se mueve. El loco viento del país las ha pillado a lo loco, a simple ojo clínico, sin ningún fonendoscopio ni documento. Ni a Garzón se le suelta tanto la pinza administrativa, procedimental o como jurídicamente se llame. Y como las pinzas nunca se sueltan solas, otra pinza de doble agarre se soltó el otro día en el Parlamento riojano, con el presidente Ceniceros gripado por la diputada Ortega, a la quiso desalojar, y como la Agustina de la Rioja opuso resistencia, desalojó a toda la tropa parlamentaria. Todos a una, todos a la calle, todos locos.

Oculto tras el catarro ibérico queda el dolorido sentir de José Bono, al que acusan de ser excesivamente rico. Tose euros, pero ha demostrado que le salen del sudor de su frente, de su suerte en los negocios, del susurro de sus caballos, de su santa esposa y de su buena memoria, que emana oro editorial en recuerdos socialistas y católicos. Todo legal. Es legal su patrimonio, que sobrenada por encima de parados que se ahogan, y sobre pobres para los que acendradamente implora mercedes. Si luego viene un parado y pobre carpintero de Nazareth y le pide que dé todo lo que tiene y le siga, ya se levantará acta y se incluirá en el diario de sesiones.

Hay revoltosos que no se conforman con nada.

Derecho de máscara

Durante todo el año, pero sobre todo ahora, a partir de la primavera, cada día es un día de conmemoración, de representación de un tiempo pasado que no se deja pasar. Un tiempo al que se engancha con el antifaz de la simultaneidad, lo que pasó vuelve a pasar, pasa ahora, se recrea, se reconstruye, se rescata en escenarios variopintos, se le da la vuelta al tiempo, se le hace de goma y rebota por calles, plazas, patios y salones con las mil y una historias que han llevado al mundo a ser lo que es, que, si se mide por el peso y la pasión de la añoranza, es el mejor mundo posible.

La religión, la historia, la memoria se hacen teatro, bálsamo que cae sobre la vida para hacerla más liviana. El teatro es un derecho universal. El disfraz, el hábito, el maquillaje, la máscara son las caras que más información aportan de cada persona, las que transmiten las intenciones soterradas que más gana tienen de hacerse realidad, las que desvelan lo que la cara oculta. La máscara es la cara manifiesta, la cara veraz, sea en forma de rostro empastado en el carnaval, capirote penitencial en las celebraciones religiosas, toca medieval en las rememoraciones patronales, gorra de general en las evocaciones de guerras raciales o traje de aldeano en aldeas desaparecidas.

El gran teatro del mundo es el mejor tablado, abierto a todos, sin necesidad de estudios ni experiencia previa, de precio justo dado que nunca hay reclamaciones, un espectáculo de luz y sonido exento de IVA, donde los espectadores no pueden abandonar la representación que representan, adheridos a la máscara elegida porque la han parido, con máximos niveles de audiencia asegurados. Ninguna superproducción de Hollywood logra más permanencia en cartel que el Misterio de Elche. O la Crónica Najerense.

Son máscaras fijas discontinuas, transitorias, que una vez usadas se limpian escrupulosamente y se guardan en la naftalina de la vida diaria. Hasta que de nuevo llegue la guerra, o el día del culto sacro, o el calendario de santos civiles, o el amor patrio, o el más loco, simple y puro amor a la máscara, al teatro. Ser actor despierta pasiones. Ser otro por un día, por unas fiestas patronales, porque llegaron repartiendo estopa los romanos, o los árabes, o los franceses o los del pueblo de al lado. Es el profundo atractivo de la ficción. El teatro es el único registro civil que permite elegir sexo, raza, religión, clase social, formas imposibles o prohibidas de liberar la ira, la risa o la fe. Porque, como pregona el alcalde de la localidad extremeña de La Albuera mientras lucha por la independencia, por lo que de verdad se lucha es por la “diversión y el bullicio”.

Representaciones populares festivas que los estudiosos definen como patrimonio antropológico, y que se multiplican a mayor velocidad de lo que los libros de la biblioteca egipcia de Alejandro Magno Amenábar o la de Sean Connery en “El nombre de la rosa” parecen contener. Hay resurrecciones de una época que meten a todo el censo municipal en el sindicato del espectáculo, incluyendo a Errol Flynn, Olivia de Havilland y “Robín de los Bosques”. Ocurre algo así en la Fiesta de la Cereza de Covarrubias. O en el mercado medieval de Briones. O en otras cien poblaciones que reviven un tiempo al que una vez colgado el disfraz nadie querría volver.

El héroe trasverso

Luis Roldán es hoy un ciudadano hecho a sí mismo, héroe de través, con la expresión sesgada de su cara como cruz de presentación, cara de maestro jubilado satisfecho por haber enseñado a todo un país que la corrupción existía y estaba al alcance de cualquiera. Durante sus años de mando en la región universitaria de Navarra tomó títulos de abogado, perito mercantil, ingeniero de caminos, matrona, agente de viajes, y algún otro de los que en ámbitos del benemérito cuerpo del que chupó denominan “titulaciones universitarias tipo Roldán”. En el talego ha intentado convalidar parte de lo quiméricamente certificado, pero la Universidad a Distancia le ha quedado demasiado lejos y no ha llegado a la altura académica de El Lute. Sale de clase con un único título en el que nadie cree: pobre pero honrado.
Fue pionero dentro de una transición democrática más o menos modélica en convertir la palabra político en sinónimo de embaucador, marcó un antes y un después en la relación de votantes y dirigentes. Como todo pionero enseguida fue superado por sus seguidores. Aún a pesar del diseño exclusivo de su gabardina laosiana, los usuarios de gabardinas Burberry le superaron. Uno de los más elegantes se inventó un banco burbuja, que al igual que en el caso de la burbuja inmobiliaria lo pagamos todos. Mario Conde llegó a la cárcel con mucha más gracia, incluso con gracia santificante, ya que descubrió su alma de misionero, enseñó lo que sabía a los coleguis y ahora adoctrina en medios de comunicación sobre lo que se debe saber. Otro embaucador de marca ni siquiera atravesó la reja, pasó directamente al régimen abierto de Miami, con una carga de miles de millones que hasta ahora nadie ha mejorado, ni en cantidad, ni en calidad: todo resultó ser legal. Pero ni Villalonga ni Conde pasarán a la gloria con el lustre de un preso que encontró la máxima seguridad en una cárcel de mujeres y finalizó su cuenta en el centro “Las trece rosas”. Malévola metáfora de la vocación de esperpento nacional digerible que desde el inicio ha dado atracción a la travesura.
Ahora presume de conciencia tranquila. Ha pagado, muy duramente según él. Desde luego más que ningún otro del ramo. Marinero en tierra de bucaneros, aparentemente descolgado de la corriente del lujo y la avaricia, sus seguidores esperan que cualquier día descubra la Isla del Tesoro de su Caribe, cante “ron, ron, la botella de ron” y por fin aparezcan los millones de la Guardia Civil que la Guardia Civil no ha conseguido encontrar. Se ha ganado el descanso del pirata. Quince años no dan para un tango, son la mitad del cante previsto, gracias al arrimo a la ley que más redime, al buen comportamiento y en espera de que su dinero se haya portado mejor. Decía un anuncio bancario “mientras descansas, tu dinero trabaja por ti”. Él a la sombra, su dinero al sol.
Roldán ha pagado. Detrás han venido peores, muchos y muy importantes, todos tocados por la fiebre del lujo que parece se pilla en la zona contaminada de la que él salió preso y otros con pensión. Comparaciones que no le redimen de tener una deuda impagable: la hoy difícil presunción de honestidad en los servidores públicos.

Niñas listas, mujeres tontas

Juegan niños y niñas en el parque mientras sus padres se extasían al oír eso tan famoso de “qué niña tan guapa”, “qué chico tan listo”. Luego, las niñas crecen, siguen siendo guapas, y según las últimas estadísticas, listas, muy listas. Los expertos en fracasos y aciertos escolares creen que el principal reto educativo actual es mejorar los resultados de los chicos. Los pobres son víctimas de una disfunción intelectual pandémica, que afecta a todo el sistema educativo europeo, sin que se sepa cuál es la razón.

Por si servía de algo un país tan potente y moderno como Suecia apadrinó la discriminación a favor de los machitos e impuso en 2003 que de cada 100 plazas universitarias ofertadas, 30 fueran para alumnos con pito aunque no dieran la talla. Bastantes no la daban, por lo que las mujeres rechazadas han litigado. Los tribunales les han dado la razón, el acceso a la universidad y una indemnización de 3.400 euros. Ahora el gobierno sueco quiere suprimir las cuotas por sexo para cerrar la puerta “en las narices de las jóvenes motivadas“.

Aunque ser lista y con estudios ni siquiera en Suecia garantiza el paso siguiente, la inclusión en el tejido productivo en igualdad de condiciones. Se pierde la correlación entre el esfuerzo inversor de las mujeres y su cicatera rentabilización. Aunque no tanto como en latitudes más meridionales, siempre hay grados. Sin ir más lejos, en La Rioja, con un número parejo de colegiados/as, la responsabilidad médica del área de Salud se reparte entre 10 médicas y 28 médicos. Casi tres a una.

¿En qué momento la niña lista cede el puesto al chico listo? ¿Quién acciona la palanca que invierte la ocupación de las vías? El TAV empresarial y social sigue siendo cosa de hombres, mientras el sector femenino ocupa la vía lenta y los trenes de cercanías. Las mujeres que llegan a las estaciones principales son noticia, material de estudio, ejemplo social. Ser noticia es indicio de desigualdad, de bicho raro, de suceso imprevisto, lejos de la norma. Aunque lejísimos de lo que queda atrás.

El oscar de Kathryn Bigelow, mejor directora tras ochenta años de competición, sigue la línea. Esto es occidente, con todas las discriminaciones prohibidas, con los índices formativos invertidos respecto al tiempo de “Casa de muñecas”, y donde el momento de la verdad sigue siendo incierto. Por ocupación, por salario, por rango, por capacidad de dirección, los espabilados, los listos siguen siendo ellos. Que muchos lo son. La moda política de la igualdad, es, por los datos, más moda que política. Ni los partidos ni los sindicatos ni las empresas se empachan de secretarias generales, presidentas de consejos o directoras. En La Rioja, salvo mínimo error, ninguna empresa de más de cien empleados tiene jefa.

Si en el primer tamo de la vida se ha conquistado la igualdad, incluso se sobrepasa la media, ¿qué influye en contra? ¿El peso afectivo y familiar, la necesaria y elegida generación de niños y niñas de repuesto, la insuficiente belicosidad? ¿O la persistencia de esa tradición que en el parlamento catalán se equiparaba a las corridas de toros? Mujeres toreadas por siglos. Obsceno y reprobado toreo físico. Sutil y aceptado toreo social, psicológico y moral.

Instantánea de un instante

Tengo ante mí la foto de un encuentro, de una conversación bajo los árboles del Parque Tenorio, en Ezcaray, en una nublada tarde de verano durante el festival de jazz. Es el retrato de un instante en el que sobre el fondo de la música un quinteto conversa: el periodista José Luis Dávila, Eva Gómez de Segura, su mujer, el hijo de ambos sentado, al fondo yo sobre el pretil que rodea el frontón, y enfrente Ismael Castroviejo, al otro lado de la cartulina. Isma encuadra y se asombra de cómo pasa el tiempo para todos menos para el rostro de Chefo, inconmoviblemente anclado en su guiño juvenil. De repente, la meteorología se desata en un estruendo que acalla todos los sonidos y en una catarata de agua que disuelve en estampida al grupo y a la poblada concurrencia.

Ismael murió hace ocho días, de repente, como del rayo, despachado ya para siempre al otro lado de la cartulina. Con su medio siglo de vida y su tenacidad, estaba en el momento de demostrar que sabía manejar la vida, que se había ganado a huevo el tiempo de la compensación. Compaginaba dos profesiones de base, necesarias para el mantenimiento de la urdimbre en la que se sostiene un pueblo, un barrio, una ciudad, el hecho social más cercano. Corajudo hacedor de dos oficios que transmiten la sustancia de la vida, cartero de jornada laboral, oficio poético certificado, y periodista gráfico a toda jornada, Recibir una carta y contemplar una foto provocan emociones parientes: alegría, susto, interés, curiosidad, sorpresa, agradecimiento, aviso, admiración, esperanza, duelo. Las mil palabras escritas bajo un sobre son las mil palabras a las que equivale una imagen.

Guardaba muchas imágenes en la cartera y le quedaban muchas palabras por retratar. Coleccionista tenaz y concienzudo, a sus fotografías había añadido cientos de instantáneas sobre lo que ocurría y había ocurrido en su pueblo, la villa turística más importante de La Rioja. Algunos cientos de ellas las sonorizó y proyectó para todo el que viviera o pasara por allí el pasado verano, en la plaza del Conde Torremúzquiz. Una narración retrato de tres generaciones de ezcarayenses, suelo urbano y rural incluido: bailes de Allende, habas de San Benito, quintos y quintas, anuncios, programas de fiestas, el antiguo río Molinar que abastecía a las fábricas de paños, tintes y telares de la localidad, la salida de misa de la Iglesia Santa María la Mayor a principios del siglo XX. «Tengo fotos para aburrir», contaba.

Fotos para recordar. Archivo documental que acompañará la pena de su familia y sus amigos. Recuerdos para otros de múltiples conversaciones, breves encuentros, apoyos profesionales, colaboración en tareas colegas, favores imprescindibles, años de instantes que consolidan ese sólido y perdurable afecto que se llama simpatía.

La muerte imprevista desata fieramente el impulso de la meditación, de la estupefacción ante una derrota segura, universal, para todos, que rara vez se elige, que aguarda como tigre montaraz, un invento divino del que el inventor se exime y al que no queda otro remedio que someterse. La máxima aspiración es que llegue a los cien años, cualquier noche de invierno en la que se duerme apaciblemente sin ninguna gana de echarse a la calle. Salvo por la foto del siglo.

Cuaderno perdido en la selva

La innovadora vida actual está llena de notarios que registran acontecimientos personales y ajenos, grandes o pequeños, a través de cuadernos de bitácora que contra el castellano imperante se denominan colonialmente ‘blogs’. Fabulosos artilugios de la selva de la comunicación cuya cruz suele esconderse en el ‘nick’, el apodo, el burka digital que facilita tirar la piedra y esconder la mano.

De los cuadernos que he conocido el que más me ha impresionado por lo que dio, lo que pudo dar y lo que no le dejaron dar es el que en el barco de este periódico mantuvo Pilar Salarrullana. Ligado a su columna “Letra pequeña”, Pilar lo abrió como un regalo, un juego que compartir, un salón de recibir. Recibió desde el principio escuadras de visitas, el dato que mide el éxito del empeño. Superó en muchas ocasiones los tres centenares.

Entre su gloriosa y divertida proclamación de conquistadora de la era informática escrita en “Tengo un blog” del verano de 2005″, y el doliente “Yo tenía un blog” con el que dos años después se despedía, quedan miles de palabras: las de una mujer que contaba su vida, una profesora que enseñaba y matizaba, una política que defendía sus ideas, una jugadora de póker que arriesgaba, una ciudadana que admiraba su ciudad, una buena oradora y mejor escuchadora que atendía con esmero a sus contertulios, una habitual de velador de terraza que conversaba con sus amigos -enmascarada Merche-, una paseante peatonal del paso del tiempo por las calles que había creado. Casi un servicio público.

La lectura emparejada de sus artículos y de las admiraciones, objeciones y rechazos que suscitaban, constatan la habilidad e inteligencia de quien desarrolló gran parte de su vida cara al público. Intento manejar “un batallón donde cada soldado marca el paso que quiere…su familia del blog”, una familia a la que enseñaba -la palabra “vale” según Cicerón-, calificaba -”…un diez tu opinión”-, predicaba tolerancia porque sabía lo que valía el peine de la libertad -”…en otros tiempos no se podía…”,- compartía secretos de ama de casa -”os doy la receta de una crema de untar-, vivía -”pasó el día de Navidad…nos hemos quedado solos mi marido y yo”.

Hasta que piratas sectarios, aquejados de fervores patrios y delirios guerreros, asaltaron su balandro con intención de hundirlo en “una pocilga de insultos”. Recuerdo un encuentro de aquellos días con una mujer habitualmente alegre sorprendentemente abatida: ante la impunidad alevosa de los piratas virtuales se planteaba abandonar el barco, y le dolía. Había intentado que su blog fuera un ágora, luego se resignó a que se convirtiera en una entrañable camilla forum, pero la imposibilidad de reservar el derecho de admisión lo escoraba hacia los suburbios políticos.

El excesivo precio de su éxito naviero le aconsejaba moverse en tierra firme. “Espero que mis próximos artículos sean menos discutidos aunque no…menos leídos”. Siguieron siendo leídos, lo imponía su fuerza narrativa, su claridad expositiva, su atractivo popular, su sencillez de estilo, difícil de conseguir si no se ha nacido con él, la luminosa hidalguía con la que pilotó la zozobra final. Eso permanece.

Leyes en la selva

La ley de la selva impone carecer de ley. La selva es alérgica a normas, no admite leyes, lo impide su condición de maraña intransitable. La selva de hoy es un intrincado, oscuro e interminable hormiguero de circuitos, transistores, procesadores, adeseeles, buscadores, pedospes, exploradores; nombres y apodos de los santos de la nueva e ineludible fe. En cualquier lugar en el que se viva se respiran neuronas electrónicas, se mastican partículas de silicio, se pisan chips, se comen bocatas de plasma y se beben botellones de cristales líquidos. Son nutrientes que inducen a dudar -como al príncipe danés- si somos o no somos, si alguien nos llama, si nos llama una máquina muda o si somos simplemente una interferencia.

Las nuevas tecnologías de la comunicación ponen el mundo a nuestros pies; un mundo que remeda un cerebro humano a lo grande, inconmensurable e incontrolable, que premia más que nunca tener algo en la cabeza. O sea, estar dentro. Fuera de él no hay salvación. La cara bonita de ese cerebro es Internet, y la legión de aplicaciones, sus extremidades, que tienden constantes y atractivas emboscadas: cartería instantánea, pesca de amigos sin caña, cines y discotecas gratis, Alejandrías todo a cien, casinos todo a mil, Wall Street’s todo a millón, burdeles gratis, barrios chinos a domicilio, camellos sin fronteras.

Por una módica mensualidad, las puertas del Edén virtual se abren para todos. Sin garantía contra defectos ni medicamentos contra virus fabricados a medida, el ingenio vuela emancipado, y como la codicia lo agudiza más que el hambre, en dos megas recrea el secreto ancestral del money.com. Un banco castizamente mundial, una entidad financiera astral, en la que es fácil montar chiringuitos con aspiraciones millonarias. Los más espabilados acumulan mucho y muy rápidamente. Los otros se rebotan y llaman a papá Don Estado para que ponga orden en un globo sin aduanas. Piden leyes. Más leyes.

En Francia, en Alemania, en España, incluso en los territorios del cada día más disminuido Obama proponen colocar guardiamarinas en cada puerto usb en aras del bien común; innovadora y eterna guerra de la pela. Si los usuarios no pagan por cada vez que respiran megas, la ley cierra el respirador. Mientras los bucaneros de alta graduación en ceros a la derecha se hacen los google, los marineritos de a pie sienten que les están tocando la moral informática y proclaman un decálogo de obligado cumplimiento, cuya principal exigencia es no hacer nada, el contradictoriamente viejo canto de dejar hacer/dejar pasar: no se puede “sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno…y que… debería buscar otro modelo”. Irse con la música a otra parte, sin cobrársela a las peluquerías.

Para bien o para mal, ya poco queda de ayer. Hoy es otra Edad, probablemente otra Era. La era de “la realidad aumentada”, en la que conviven libertad y libertinaje, cualidades y vicios en parejas de hecho tan inéditas como añejas. Nueva Era que no sabe eludir terremotos, pero que hace posible el concierto organizado por George Clooney, y otros miles de esfuerzos empeñados en coser alguna de las roturas de la realidad disminuida en Haití.

El año del geranio

Con las encuestas acechando como lobos siberianos, los geranios del ayuntamiento se atrincheran en el blanco ambiente. Ya llegará la primavera. Máxime la de 2011. Manuel Sainz ornamentó con ellos el edificio diseñado por Rafael Moneo, Julio Revuelta los mandó a la basura porque el innovador edificio no necesitaba florituras, y Tomás Santos los ha reinstaurado. Metáfora sensible sobre géneros de alcaldes, muy cercana al actual mandatario, considerado por muchos logroñeses como ‘uno de los nuestros’. Ganada la batalla de las flores -y la de las fiestas-, el corregidor socialista se enfrenta al reto de hacer de Logroño la ‘capital de las personas’. Otra metáfora.

La palabra persona tiene sus tiquismiquis. La etimología la emparenta con la máscara, la voz cuenta/cuentos, la representación, el personaje, algo ficticio, que en base a mucho esfuerzo histórico es hoy sujeto de derechos, deberes y relaciones jurídicas. Un ser libre.

Son personas libres las que suelen agruparse y comulgar con las ruedas de los molinos de su elección. Como el grupo que gira en torno al molino del PP, que en su última vuelta de encuesta se ha encontrado con que el poder municipal logroñés es suyo. En su revista ‘convecînos’ informa que si hoy se vota, Concepción Gamarra sale alcaldesa por mayoría absoluta.

Las ruedas del otro molino consistorial contrainforman en sus ‘buenas (fuentes/noticias)’ con hechos que revalidan su opción a la continuidad, a pesar de tragar día a día los sapos de una gestión económica y funcionalmente cautiva del poder autonómico: han producido más atención a los desfavorecidos, a los mayores; más carriles bicis, más bicis; más peatonalizaciones; más guarderías, que vuelven adonde debían; más ribera del Ebro; más derechos sociales, 13 millones de euros; más Pacto de Desarrollo Local, 131 millones; más soterramiento; más cooperación al desarrollo, 0’58 por ciento; más ayudas a desempleados, un millón de fondo; congelación de sueldos; bonificaciones en el IBI para familias numerosas y de categoría especial; más Logroño accesible, cómodo, deseable para residir

Hechos del actual gobierno local que la oposición da por incumplidos. Es su deber, acusar de no hacer lo que ellos no hicieron cuando pudieron y debieron. La pintoresca guerra del calendario urbano es otra metáfora, más acre que la del geranio, un indicador de la estrategia adoptada por el PP y su señora: agarrarse a cualquier clavo, caliente, templado o frío, para hacer con él diana en la puerta del palacio del concejo, sea en forma de belén, casa de guarda, tetas, turismo, fundaciones, cotas cero, frontón o motos de Varea. Son puyazos constantes de una mujer dotada de una sólida capacidad de argumentación, tenaz, trabajadora, muy luchadora por su ambigua ciudad de la ciencia y la innovación, a la que si algún contendiente menosprecia, por muy en contra que esté de su ideología, comete suicidio político. No parece muñeca de trapo para jugar con su diminutivo. Y seguramente le gustan los geranios.

Que premiarán a sus actuales cuidadores si son fieles a su compromiso de partirse por ellos los cuernos. Y si no, se lo demandarán.

La dignidad es una frontera

En un mundo globalizado donde cada mariposa que vuela en el norte provoca un temporal en el sur, se multiplican a la vez las asociaciones sin fronteras -médicos, bailarines, cocineros, bomberos-, y las agrupaciones reconstructoras de fronteras; la fiebre de los mocitos por la marca de su pantalón y la fiebre patriota por marcar las puertas del campo. No es una banalidad, es cuestión de dignidad. La dignidad de Catalunya y sus incipientes referendos, como ejemplo cercano.

La palabra dignidad se ha adoptado como hija natural del separatismo nacionalista. La frontera es la vía de retorno a la dignidad primigenia, al origen, al momento dorado del que salieron o les sacaron. En el origen no había fronteras que separaran a los próximos. Las fronteras se levantan cuando parte de los próximos se hacen más fuertes, más ricos, más listos, más poderosos. Las murallas políticas no distinguen entre distintos, sólo separan a los más o menos iguales. Del “Yo-Tarzán/Tú-Chita” se salta al “Yo-Tarzán/Tú-NoTarzán”. Todo iguales, salvo los del barrio.

En una democracia bien constituida (modelo de gestión social que la historia ha patentado como el menos malo), el nacionalismo es un modelo legítimo si así es elegido por la mayoría representativa del grupo. Las leyes que la misma democracia dicta, son susceptibles de enmendarse y remendarse sin descalabros, amparando el humano empeño de apoyar y disentir. La democracia no elige lo mejor -típico recuerdo de un Hitler electo democráticamente- sino lo que en ese momento desean los más. Si los más/más de un corralito quieren cerrarlo pacíficamente, a la parte social de la que se desgaja corresponde asumirlo pacíficamente.

Obviamente, la percepción de los separatismos es inversamente proporcional a la lejanía geográfica: resulta progre, cómodo y políticamente correcto reconocer la soberanía de Eritrea, Kosovo, Macedonia o Chechenia si no se es etíope, serbio ni ruso. Del empeño secesionista de Québec si no se es canadiense. Del independentismo corso si no se es francés. Del de Euskadi o Catalunya si no se es español. Esa percepción externalizada produce a veces desconcertantes matizaciones. En el reciente apoyo a la activista saharaui se han multiplicado pancartas y declaraciones exigiendo a Marruecos respeto a los derechos humanos “del pueblo saharaui”. ¿Es congruente esa concreción localista? ¿Se sabe cuántos marroquíes quieren separase del régimen autocrático de Mohamed VI? ¿Pueden contarlo ante las televisiones mundiales?

En las democracias de los países desarrollados el impulso separatista, asentado en memorias históricas en ocasiones previas e incluso antagónicas a la conquista universal de los derechos humanos, pone en equilibrio inestable el derecho a la igualdad. Es elemental, el grupo que se separa barre para su casa/madre. Ningún colectivo quiere ser independiente para ser menos -incluidos los que llevan bombas en la sangre-. Si para ser y tener más, alguien tiene que ser y tener menos, se socava la dignidad del total. Manías de la matemática, que no tiene fronteras.

más pan

yo misma me comento y contradigo: es obvio que el hambre ha espabilado a la humanidad hasta -para bien o para mal- los límites de lo posible

La Rioja

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