Hace
unos días encontré en la casa de mi hermana un viejo sombrero que había
sido de mi padre. Hicimos un trato, parecía razonable que yo lo usase.
Así recuerdo y honro a mis mayores y, también, así puedo vibrar con
conocimiento de causa en los relatos de Chesterton, en las cazas
interminables de sombreros volanderos.
Cuentan
que en un pueblo del bajo Aragón, un indiano del que desciende nuestro
director de cine, Saura, tenía un viejo sombrero. Un día de viento se
lo llevó el aire, él se agachó y cambió el viento, volviéndole a su
cabeza. Una lugareña exclamó: ¡vaya con el Saura, no pierde ni el
sombrero!
Las
luchas contra el viento en la caza del sombrero son, para Chesterton,
parte del folclore inglés y dignos competidores de la caza del zorro. Y
es que es algo noble que "no puede paliarse con el poco deportivo gesto
de recoger el sombrero ajeno"; la pelea debe ser leal: uno contra su
propio sombrero.
Y
ese sombrero chestertoniano es la corona del rey que cada uno lleva
dentro. Y en eso hay algo anarquista en el pensamiento de nuestro
simpático personaje ¿o no? Creo que lo que late es la seguridad de que
uno es muy importante. Dios se relaciona con cada uno sin
intermediario, y eso el rey no lo hace con cualquiera.
Decía
un amigo en boca de un político: "todos sabemos que al que más amamos
es a nosotros mismos"; lo que es evidente en un político que supone que
el bien común empieza primero por su bolsillo. También decía: "no hay
tema más interesante que uno mismo".
Pero
cuando ese yo mismo habla con Dios es todo menos egoísta. Es entonces
cuando el rey coronado con su sombrero se da cuenta de que está para
regir el mundo, o regir su parcela. Tiene una encomienda exclusiva que
es la que le permite llevar sombrero, es única y él es el único e
insustituible Pepe en la familia de Lolita. Lo que él o ella no hagan
no lo hará nadie.
Ya
no es tanto el hablar de uno mismo, el recoger el propio sombrero, es
algo más serio: es hacer la "misión en exclusiva", "llevar la carga que
no llevará otro", es ser ese Hombre que Dios quiere por sí mismo.
Pero
dejemos estos pensamientos. Hace viento y debo correr tras mi sombrero.
¡y que no me lo coja nadie, que no es deportivo recogerle a otro su
sombrero!
frid
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