La anciana del laberinto

Intentaba parar el mundo. Todo giraba veloz mientras ella se paraba en cada acera y contemplaba los átomos de luz reflejados en la sonrisa de otros. No había nada que se equiparase a ese brillo estelar y sin embargo la mayor parte del día seguía ciega. Los ángulos de sus dedos eran minúsculos pues tenía agarrotado el movimiento. Debió ser a causa del terror que las grúas demoledoras le habían causado. No había forma de salir de su barrio laberíntico. Lo intentaba cada mañana, al cerrar los grifos y la puerta de casa. Utilizaba su paraguas de sombrilla para que el sol no mudara su color. Todas las calles le parecían iguales, quizás variaban las formas de los tejados o los materiales estructurales, pero cada esquina tenía el mismo olor. Pensó que quizás encontrase una calle que no perteneciese a su barrio y aunque era ciega a los edificios y a las calles bajo sus pies, podía ver los acantilados y otros parajes del cielo, destinados en exclusiva a aquellos a los que se les han asesinados los ojos con dardos de alto calibre de sufrimiento. Y fue así como logró escapar de su barrio laberíntico en el que todas las calles olían igual, a sangre y orina. Y notó como su energía renacía de nuevo mientras las aves generaban con su vuelo el más cálido de los vientos.

.................... .................... Y allí, con el tacto de un cordero y el afecto de otros animales, dejó de sentir los dardos humanos en sus ojos, su corazón y su pelo.


Autor: Maria Luisa Arenzana Magaña


Escrito por: caringforanimals 0 comentarios 01 May 2008 URL Permanente

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ETICA ANIMAL Y AMBIENTAL

Los animales, humanos o no, sentimos.

Si sentimos, tenemos intereses.

El principio de igualdad de consideración nos dice que si los animales no humanos tienen intereses, debemos tenerlos en cuenta y no podemos ignorarlos ni usurparlos.

Los animales, humanos o no, compartimos el interés por no sufrir y por vivir.

Un niño, un perro, un ternero, ... todos comparten interés en que no se les cause sufrimiento y un interés por la vida.

Ignorar los intereses de los animales no humanos porque pertenecen a otra especie animal es una forma de discriminación arbitraria.

No existe razón moralmente sólida para excluir a los animales de nuestra esfera moral ni para hacerles aquello que no deseamos para otros humanos (incluidos nosotros mismos).

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