Educación sin castigo

En educación canina, soy de las que piensa que el castigo está fuera de lugar. Si el perro ha hecho algo mal, es porque ha tenido la oportunidad de hacerlo, es decir, porque no he estado suficientemente atenta como para evitar el error. Los castigos pueden causar confusión en el perro y reducir su confianza hacia el ser humano. No somos buenos administrando el castigo y nos pasamos de la raya o nos quedamos cortos, además de aplicarlo casi siempre a destiempo. El perro no entiende lo que ocurre y se acostumbra a evitar nuestra presencia para así evitar el castigo.

En lugar de recurrir a la fuerza o a la intimidación, párate y reflexiona porqué el perro ha hecho lo que ha hecho. ¿Acaso hemos dejado cosas valiosas a su alcance? ¿Lo hemos dejado en una situación comprometida sin supervisión antes de enseñarle? ¿De quién es realmente la culpa? En educación canina, siempre es más rentable trabajar paso a paso y ganarse al animal a través de la coherencia y el respeto.

Lo que se aprende mediante castigo, difícilmente se generaliza en el sentido deseado. Si riñes al animal por descubrir que ha causado un destrozo en casa, el perro no aprende a dejar de hacerlo, sino que aprende a evitar tu presencia para llevar a cabo su comportamiento. La lección que extrae es que nunca debes estar delante, lo que no impide que lo vuelva a repetir en cualquier otro momento que tú no estés.

Procura facilitar las cosas y ayudar a que el perro acierte, en vez de castigar los errores. Él aprenderá antes y ambos disfrutaréis de la experiencia.

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La Rioja

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