La Rioja
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Fecha: febrero, 2016
Perros, parques y desconocidos….
Rosa Roldán 25-02-2016 | 9:13 | 0

No me cansaré de decirlo…. Los perros no son peluches. Son seres vivos sensibles y no es ni normal, ni amable, abalanzarse en plena calle sobre ellos con el pretexto de acariciarlos, sin mediar siquiera una palabra con el guía o propietario que acompaña al animal.

 

Afortunadamente, cada vez más niños, solicitan permiso antes de acercarse a acariciar a un perro y sin embargo, son demasiados los adultos que se saltan las reglas de buena convivencia y se agachan a acariciar a todo perro con apariencia simpática que pasa por el parque, y en el peor de los casos, a regalarles, además, todo tipo de golosinas aduciendo “que les encantan los animales”.

 

Hay perros y perros por lo que, ante estas situaciones, unos lo llevan mejor y otros peor… Luego nos extraña ver perros evitando a las personas desconocidas, poniendo tanta tierra de por medio como les sea posible o, si van atados, gruñendo bajito, para intentar alejar la posible “amenaza” (el perro no sabe que solo lo quieren acariciar y lo puede interpretar como una posible agresión pues no tiene opción de alejarse si va con la correa). Y muchos propietarios, ante esta situación, se apresuran a corregir a su perro cuando empieza a mostrar signos de incomodidad ante ese estímulo que le asusta o pone nervioso.

 

Para evitar llegar a “enfadarnos con el perro”, es importante es entender el proceso de aprendizaje que sigue el animal, olvidarnos de castigos y empezar por respetar y hacer respetar el espacio crítico del animal (eso implica estar atento en todo momento a todo lo que nos rodea), enseñándole progresivamente a enfrentarse con éxito a situaciones que, en un inicio parecían insuperables para él.

 

Por ello, en el parque soy de las que van a mi aire, acompañada por mi perro y de vez en cuando algún amigo humano y/o perruno, disfrutando juntos del paseo, sin prisas, sin móvil y concentrados en observar y aprender. Y os aseguro que es un estupendo ejercicio de análisis que proporciona muchísima información sobre nuestros perros.

 

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Enseñar a hacer y también a dejar de hacer….
Rosa Roldán 24-02-2016 | 8:53 | 0

¿Qué pensarías si alguien te dijera que a los perros hay que dejarles hacer, probar y experimentar? Pues básicamente que esa persona se ha vuelto loca.

 

Pero, si lo pensamos un minuto, estamos constantemente indicado a nuestro perro qué debe y qué no debe hacer. “Ven aquí, siéntate, estate quieto, cállate….” Si aún no estás convencido, te proponemos un sencillo experimento que consiste en contar las veces que corriges a tu perro al cabo del día. Si haces la prueba o, incluso si te paras un minuto a pensar en el resultado, seguro que ya imaginas cómo será. Nos repetimos. Llamamos por su nombre sin indicar qué queremos claramente, no cerramos frases pero, en cambio, corregimos, regañamos y elevamos el tono de voz muchas, demasiadas veces que además, provocan que nos enfademos con el perro mientras el animal nos mira con cara de circunstancias pensando casi seguro eso de “A ver si se decide…”

 

Pecamos por exceso del lenguaje hablado, cuando nuestros perros, apenas necesitan vocalizar pero aun así, se entienden perfectamente con otros perros, mediante gestos y posturas faciales y corporales. Los humanos necesitamos aprender idiomas para comunicarnos con personas de otros países. Los perros pueden entenderse perfectamente con otros perros en la otra punta del planeta. ¿Son o no son listos?

 

Por eso, dejarles hacer a los perros, va más allá de que hagan lo que quieran. Son nuestros perros y debemos protegerlos de los peligros de la ciudad pero, también debemos dejarles actuar como lo que son, aunque bajo nuestra supervisión. Ellos juegan de forma diferente, se presentan de forma diferente entre ellos y utilizan unos códigos de comunicación que debemos aprender si queremos respetar su naturaleza. También debemos aprender a dejarles “no hacer”. No es necesario que tu perro esté siempre mostrando conductas (sentado, quieto, etc…) solo por el hecho de que te agrade o porque así parece más educado. Dale descansos para “no hacer”, para estar a su aire, para descansar, para ser perro….

 

A nuestros hijos les educamos para pensar para que identifiquen los peligros y actúen en consecuencia. A los perros se les puede enseñar igual. Llevándoles a conocer sus propios límites para que decidan y piensen. En ambos casos las imposiciones sirven de poco. ¿Cuántas veces nos han prohibido esto o lo otro cuando éramos niños, dándonos motivos adicionales para traspasar la frontera? Pues en el caso, de los perros, más o menos funciona igual.  La confianza es el vínculo más poderoso que existe para que nuestro perro tenga capacidad de hacer (o de no hacer) y actúe de la forma que esperamos de él.

 

Buzz y Norte son dos de los chicos que han encontrado su segunda oportunidad a través de Defensa Animal del Norte. Con ellos hemos trabajado los paseos con calma, la discriminación de señales, la autonomía y la tolerancia al aburrimiento (importante cuando nos vamos de casa y tienen que permanecer solos por unas horas). Como ellos hay muchos más buscando un hogar. Puedes conocerlos en

 

https://www.facebook.com/DanDefensaAnimalesDelNorte/?fref=ts

 

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Llega la hora (felina) de jugar
Rosa Roldán 23-02-2016 | 9:07 | 1

No es infrecuente que adquieras, con toda la ilusión del mundo, un estupendo modelo de cama gatuna en el que, además te gastas unos buenos euros y, cuando llegas a casa tu gato, se decante por el embalaje que la contiene…. Y es que, está demostrado que, las cajas de cartón suponen un juguete estupendo y muy económico. Si la caja tiene el tamaño adecuado para que el gato quepa dentro, se convierte en un escondite extraordinario para acechar o en una zona de descanso increíble ya que les proporciona seguridad e intimidad. Aunque hay algunos gatos que consiguen “encajarse” con elegancia en espacios relativamente pequeños.
Una simple caja de cartón cerrada con cinta de embalar y a la que hayamos practicado varios agujeros, puede convertirse en un comedero interactivo ya que precisa del esfuerzo de nuestro gato para atrapar la comida.
Si quieres pasar un buen rato con tu felino, no hace falta invertir mucho dinero en complementos. En casa hay un montón de cosas susceptibles de convertirse en juguetes para nuestro gato. Les encantan las bolas de papel normal o las de papel de aluminio, los paños de cocina colgados, los rollos de cartón de papel de cocina, etc. ¿Qué gato casero no ha jugado con el rollo de papel higiénico recién puesto, tapizando de trocitos el suelo de nuestro cuarto de baño?
Si además, somos manitas, podemos fabricar juguetes en casa. Un ejemplo de un juguete hecho en casa para tu gato consiste en rellenar un calcetín viejo con bolitas de papel o trozos de tela añadiendo, además, un cascabel para hacerlo más atractivo a sus sentidos. Ten la precaución de envolver el cascabel con otro trozo de tela. No vaya a ocurrir que rompa el calcetín y se trague el cascabel. Verás cómo se divierte.
Si no eres demasiado manitas, en el mercado podemos encontrar un montón de juegos que estimulan la inteligencia de nuestro gato: Circuitos, tententiesos, bolas que se pueden rellenar con comida y precisan del movimiento para extraer el pienso…
Pero lo más importante es que tú participes en el juego, lanzándole los juguetes, o incitándole con las cañas plumero, por ejemplo. Tener un cesto lleno de juguetes por sí solos no estimulará el juego de tu gato.
Foto: Golfo y su caja de cartón.
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No subas la voz… Mejora tu argumento.
Rosa Roldán 19-02-2016 | 8:31 | 0

Un error frecuente en el día a día es intentar hacernos “oír” a golpe de grito… Ocurre en muchas facetas de nuestra vida: en casa con la familia, con los amigos, en el trabajo y, por supuesto, también se da frente a los animales de casa.

 

En demasiadas ocasiones, nos enfadamos con nuestros perros porque, a nuestros ojos, se muestran desobedientes y no hacen caso de aquello que le decimos. Le tildamos de cabezotas y testarudos pero, es más que probable que, en esos casos, la mayor parte de la responsabilidad de lo que está ocurriendo sea nuestra y, en concreto de nuestro tono de voz y lenguaje corporal, que nos convierte instantáneamente en “monstruos” a los ojos de nuestro perro.

 

En esos casos debemos pararnos un momento y pensar que quizá, nuestro perro no entiende lo que le estamos diciendo. Tenemos la costumbre de hablar en exceso, elevar el tono de voz y hasta gritar, cometiendo el error de creer que el animal comprende TODO lo que les decimos cuando no necesariamente es así. Si además, tenemos en cuenta que el oído del perro es mucho más sensible que el nuestro, no tiene sentido elevar el tono de voz para hacernos entender. En realidad, cuando le gritamos, el perro advierte que algo no va bien (percibe nuestro enfado) aunque no tenga claro a qué es debido, e intenta poner los medios a su alcance para tranquilizarnos a la manera perruna (moverse despacio, girar la cabeza, olisquear, retrasar la llegada…) lo que a ojos humanos en demasiadas ocasiones y de forma errónea se interpreta como una forma de desobediencia imperdonable.

 

Muchas veces la conexión se rompe por culpa nuestra por no haber puesto el empeño suficiente en ser concretos y coherentes. La comunicación entre perro y propietario es vital y debemos cuidarla, mejorando el argumento, conociendo a nuestro perro y adaptándonos a su naturaleza para hacernos entender de forma clara y sin estridencias.

 

Imagen: http://goo.gl/BQfXv5

 

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¿Está raro o se encuentra mal?
Rosa Roldán 17-02-2016 | 8:34 | 0

Hay ocasiones en que nuestros perros y gatos de casa pueden mostrar comportamientos extraños e inadecuados y, no necesariamente, se tratan de temas de conducta. Antes de alarmarnos ante el cambio de carácter de nuestro peludo, y pensar que se ha vuelto “rebelde” o ponerle la etiqueta de “desobediente”, debemos preguntarnos si todo va bien.

 

Es decir, antes de preocuparnos por temas de comportamiento, debemos asegurarnos de que físicamente todo está en orden. El dolor o las molestias en espalda, patas, boca… etc., pueden ser la señal de que algo no funciona y se manifiestan a través de cambios de conducta, ya que ellos no tienen otro medio de indicarnos que algo va mal.

 

Nuestro animal no sabe hablar y, es nuestra obligación estar atentos a estos indicios. El profesional encargado de velar por la salud de nuestro mejor amigo es el veterinario y el único que puede diagnosticar el problema y recetar los medicamentos más adecuados, en cada caso. Los síntomas más comunes que indican malestar o dolor, a los que debemos estar atentos y que deben ser revisados por el veterinario son:

 

– Apatía, falta de ganas de jugar o de hacer ejercicio, de saltar…

– Menor apetito o si solo admite comida blanda o de grano pequeño.

– Mayor apetito y/o sed

– Eliminación inadecuada cuando ya tenía el hábito adquirido

– Cojeras

– Rigidez

– Posturas anormales

– Mirarse o mordisquearse una zona concreta del cuerpo, dolor evidente al tocarle la piel.

– Debilidad en las patas traseras o delanteras

– Contracturas musculares y limitación del movimiento

– Quejarse y vocalizar (ladrar o maullar) al hacer determinados movimientos…

 

Descartados los problemas orgánicos, el educador se encargará de poner las pautas más adecuadas en cada caso para que el propietario y el animal trabajen juntos en la solución de cada caso.

 

Imagen: http://goo.gl/jg8ALu

 

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