La Rioja

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Categoría: Consejos
Eligiendo comederos en función del perfil detu perro

Un perro grande, necesita un comedero grande, al igual que un perro pequeño necesita un comedero pequeño. Es algo sencillo y evidente pero, para acertar de pleno, además del material (plástico, cerámica, vidrio, acero…), deberás tener en cuenta las características físicas de tu compañero de cuatro patas.

 

Así los perros grandes y/o altos agradecen comederos elevados que evitan estrés y daños cervicales a largo plazo.

 

Los de orejas largas necesitan comederos de boca estrecha o con forma de cono invertido para mantener las orejas fuera y evitar que se manchen mientras comen.

 

Para perros de hocico corto, preferimos comederos poco profundos que facilitan la accesibilidad a la comida y evitan presión en la zona del cuello.

 

Por el contrario, para perros de hocico corto, mejor comederos profundos para dar espacio a nariz y boca.

 

Finalmente, para los cachorros, mejor comederos adaptados a su tamaño pero poco profundos para facilitarles la tarea.

 

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Las primeras semanas del gatito y Ginger buscando hogar

Al igual que el perro, el gato doméstico es una especie altricial. Al nacer, los únicos sentidos funcionales del gato son el tacto, el olfato y el gusto. Los ojos permanecen cerrados hasta los 9 días de edad aproximadamente.

 

La maduración del sistema nervioso central durante las primeras semanas de vida explica la aparición y desaparición de algunos reflejos que son característicos de edades concretas y que resultan de interés para evaluar el desarrollo del animal.

 

Durante las dos primeras semanas, el cachorro muestra algunos reflejos espinales simples, tales como el reflejo extensor cruzado. Dicho reflejo es anormal en perros adultos, pero debe considerarse normal en animales menores de 18 días. Además, el cachorro muestra respuestas motoras más complejas que requieren un tono muscular adecuado.

 

Entre éstas se encuentran el denominado reflejo de Magnus y el reflejo de rooting (movimientos de exploración con el hocico característicos de algunos animales). El reflejo de Magnus puede desencadenarse flexionando la cabeza del cachorro hacia un lado; el animal responde entonces extendiendo las patas del lado hacia el que se ha girado la cabeza y flexionando las otras. El reflejo de Magnus está presente al nacer y se mantiene hasta los 21 días de edad aproximadamente.

 

El reflejo de rooting consiste en el desplazamiento del cachorro hacia cualquier objeto caliente situado cerca de su cabeza, y puede desencadenarse colocando una mano en forma de copa inmediatamente por delante del hocico del cachorro. El reflejo de rooting es desencadenado normalmente por la hembra al lamer el hocico del cachorro, y permite que éste se mantenga próximo a la madre; Está presente al nacer y empieza a desaparecer a los 4 días de edad.

 

El cachorro muestra dominancia flexora durante los primeros 4 o 5 días de vida, de manera que, si se mantiene al animal suspendido en el aire por la base de la cabeza, éste responde flexionando las extremidades, la columna vertebral y la cola; después, y hasta el final de la segunda semana de vida, el cachorro muestra dominancia extensora.

 

Durante el periodo de socialización, desde la segunda hasta la novena semana de vida, que es cuando se produce el desarrollo neurológico y sensorial. El sistema nervioso es muy plástico en esta etapa y se van formando y ordenando las estructuras y las conexiones neuronales conforme el cachorro va percibiendo por los sentidos y aprendiendo. Lo que ocurra durante este periodo afectará definitivamente a las funciones cognitivas y a la organización de la estructura neurológica.

 

Gracias a esto el gato puede vincularse a la especie humana y a otras como especies amigas. Los tipos de aprendizaje que se adquieren en este momento son el sexual, el específico, el social, el filial, el del ambiente y el heteroespecífico.

 

Durante esta etapa, el gatito debería aprender a relacionarse con otras especies así como con distintos tipos de personas: Niños, adultos, mujeres y hombres. Y para que el aprendizaje dure, debe ejercitarse.

La impregnación y la socialización están indisolublemente ligadas al proceso de aprendizaje de las competencias sociales con los gatos, los humanos y otras especies (j. Dehasse – Todo sobre la Psicología del gato)

 

Ginger es una preciosa carey jovenciiiisima (Fecha Nac aprox 10-05-2015) y fue salvada de morir en la calle, desnutrida, deshidratada y totalmente sola. Ahora ya está estupenda y lista para su adopción. (Negativo Felv Fiv)

Es menudita, cariñosa y todo un motor de ronroneos en cuanto te acercas.  Un verdadero bombón felino. Si no puedes adoptar, acoger, comparte, etiqueta y ayúdanos a encontrarle un hogar.

ESCRIBE A: dan.asociacion@gmail.com

Ah! Y si quieres verla en vivo y en directo, haz click en el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/playlist?list=PLADDNXsA5LK4tfTv931YkAMJuc4E2fkqI

 

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La llamada y Vega en adopción

Quizá la señal más importante en la vida de un perro, es la llamada. Una buena llamada puede ahorrarnos mil y un disgustos a los propietarios y más de un susto o accidente a nuestro perro.

Durante el paseo, nuestro perro puede llegar a afrontar situaciones de cierto riesgo como, por ejemplo, las carreteras, perros o personas poco amistosas o que sienten miedo ante los animales, zonas de basura donde puede acercarse con intención de comer algo que, con toda probabilidad no estará en buen estado…

Lo deseable es comenzar desde pequeños para que aprenda como si se tratara de un juego. Es cierto que algunas razas tardan más que otras en aprender, pero independientemente de la edad o la raza, todos los perros consiguen aprender si nos esforzamos e invertimos el tiempo necesario para esta tarea.

Para lograr el objetivo recomiendo una serie de pasos que te explicamos en este enlace:

http://perrygatos.es/art%C3%ADculos/notas-de-inter%C3%A9s-sobre-perros/la-importancia-de-la-llamada/?logout=1

Vega es una perrita de unos 9 años, de lo más dulce y buena que fue rescatada mientras vagaba por el lateral de una carretera. Es de tamaño pequeño-mediano y muy sociable y cariñosa con personas y otros perros. Al no estar identificada, nadie la ha reclamado. Ahora se recupera de la desnutrición y deshidratación mientras se recupera la infección de oídos que también tenía (probablemente por el tiempo que ha pasado sola en la calle).

Busca referencia constante y no se despega de los cuidadores. Tan solo necesita contacto con personas y mucho amor. Buscamos adopción o acogida urgente para que pueda disfrutar de la vida en familia que merece

dan.asociacion@gmail.com

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Guía de cuidados para tu primer cachorro

¿Tu cachorro por fin ha llegado a casa? Si la espera ya ha sido emocionante, ahora llega lo realmente bueno. No hay nada más divertido que disfrutar de esa bolita de pelo llena de energía que, en ocasiones, puede llegar a agotarnos.

Eres su padre/madre, cuidador, modelo de conducta y referencia. Todo eso implica conocer las necesidades y conductas naturales de tu nuevo compañero. Ahora que vais a compartir mucho tiempo y experiencias juntos, es el momento de reflexionar y aprender sobre todo lo que os hace falta para que vuestra vida, juntos, sea estupenda. Ahí van unos consejos y un gráfico sobre la importancia de socializar al pequeño a través de experiencias positivas en diferentes situaciones, con personas y otros animales de diferentes especies.

http://perrygatos.es/art%C3%ADculos/colaboraciones-con-publicaciones/cuidados-para-tu-cachorro-1/

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Salir con el perro y Mati buscando hogar

Tu perro debe salir todos los días de la semana, tres veces al menos y el tiempo suficiente para que haga ejercicio. Y salir significa salir. No vale bajarlo al parque cercano y sentarnos en el banco a jugar con el móvil mientras permanece atado a nuestro lado, en un radio de acción de dos metros. Por supuesto, tampoco vale usarlo como excusa para bajar a la cafetería y dejarlo amarrado a la farola de enfrente, mientras tomamos un café.

 

Salir a pasear con él, significa que ambos disfrutáis del paseo. Por supuesto puedes salir a practicar deporte con tu perro pero no olvides reservar un espacio para que el animal tenga tiempo suficiente para hacer sus necesidades y ejercer de perro, olisqueando y revisando el terreno.

 

A pesar del calor, no olvides que tu perro necesita salir varias veces a la calle para moverse y hacer sus necesidades. Adapta los horarios para evitar las horas más sofocantes, procura ir a la sombra para evitar que tu perro se queme las almohadillas por el calor del asfalto y ofrécele agua fresca todas las veces que sea necesario.

 

Mati la prota de hoy es pequeñita y muy joven (tiene un añito y tres meses), muy lista,  cariñosa y divertida y busca hogar definitivo.

 

Contacto: mirandaanimal@gmail.com o al 601129485

 

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Responsabilidad compartida

En esto de tener un perro, tan importante es que el animal aprenda a ser educado como que tú te conviertas en su mejor guía y aprendas a enseñarlo de la manera más correcta y disfrutando del proceso

 

Educando perros y propietarios….

 

Educar es cosa de dos: el que enseña y el que aprende. Y en el mundo canino, en ocasiones, los roles se tornan y el humano se convierte en aprendiz. Seguro que no os suena rara la situación por la cual, dentro de la misma unidad familiar, el perro se porta mejor con una persona que con otra. Se nota buen rollo, la complicidad y se entienden casi sin hablar. Por eso, cada propietario debe aprender a guiar a su perro, a sacarle partido a todo su potencial y a disfrutar juntos. En caso contrario la relación difícilmente llegará a funcionar.

 

Cuando pasas mucho tiempo entre perros, aprendes a observar, a abrir la mente y a comprender su lenguaje para poder ayudarle. Los perros no son ajenos a ello y, si notan que eres capaz de leerles, se convierten en guías perfectos y en alumnos aventajados.

 

Por eso, en el tema de la educación, no se puede cargar la responsabilidad únicamente en el perro. No se le puede pedir que haga algo que no le hayamos enseñado previamente y se haya fijado de forma coherente. Sería como tratar de echarle la culpa cuando algo no nos sale bien, simplemente porque estaba al lado.

 

Paradójicamente, resulta cuando menos sorprendente que, en nuestro país, en el que cada vez hay más perros, no se fomente la necesidad de tener perros educados en nuestras calles, lo cual pasa por humanos concienciados y dispuestos a invertir tiempo y esfuerzo en aprender lo básico.

 

Así, no debe extrañarnos que los propietarios de los para mi gusto mal llamados ppp, no estén obligados a saber guiar a su perro. La obligación solo abarca la necesidad de tener un historial limpio y suscribir un seguro de responsabilidad civil para cubrir posibles daños en vez de prevenirlos.

 

Tampoco debe sorprendernos que los perros que no han sido correctamente enseñados, eliminen en cualquier lugar y que sus propietarios miren a otro lado. La necesidad fisiológica existe y no es culpa del animal no poder recoger sus propios excrementos….

 

Propietarios responsables. Los primeros momentos…

 

Tan importante es desear tener perro como evaluar nuestra capacidad para hacernos cargo de todo lo que implica: Además de alimentación y cuidados veterinarios, todo lo relativo a vivir en sociedad como enseñarle a pasear, a comportarse de manera adecuada en espacios públicos…, a saber estar, en definitiva.

 

Elegir el compañero más adecuado a nuestro estilo de vida resulta fundamental y hemos hablado en anteriores artículos sobre ello. Sin entrar al tema y, simplemente, por poner un ejemplo, no conviene elegir un perro muy activo, si somos más de sofá y manta. Sería una relación condenada al fracaso casi desde el principio.

 

Aprender las pautas más básicas como pasear sin tensión, llamarlo de forma efectiva y ciertas habilidades básicas, puede ser un trabajo relativamente fácil si tienes mucho empeño o te pones pronto en manos de un buen educador profesional, que te ayude a conocer a tu animal y su naturaleza, sus necesidades y, sobre todo, a ser consciente de tu propio lenguaje corporal frente a tu perro.

 

Aprender de ser divertido para los dos

 

Aprender puede y debe ser un juego para tu perro, pues educarlo significa algo más que tú des órdenes y que él te obedezca. Básicamente porque, de entrada, no van a comprender tus palabras; Los perros son más visuales que nosotros y comprenden mejor los gestos, es decir, nuestro lenguaje corporal. A eso, hay que añadir coherencia y buena disposición a la hora de compartir ese tiempo con el animal. A nadie le gusta que le griten cuando le piden las cosas y a los perros menos, pues tienen mejor oído que las personas.

 

Al igual que con los niños, empieza por tareas fáciles y ve incrementando el esfuerzo que debe realizar el animal. A nadie se le ocurre que un niño de 3 años sea capaz de estar sentado y atento durante periodos largos de tiempo… Se trata de variar actividades, dando orden y sentido para que se conviertan en rutinas agradables y aceptables.

 

Nunca des por hecho que tu perro no va a ser capaz de hacer algo (los perros nos sorprenden continuamente) pero adáptate a las posibilidades de tu animal y, sobre todo, nunca pienses que es tarea imposible. Dale la vuelta, cambia el punto de vista…. Hazlo fácil para ambos. Quizá debas pedir ayuda, pero no te rindas. Como guía y responsable del animal es tu obligación ser una buena referencia para tu perro y velar para que sepa comportarse correctamente en sociedad frente a otras personas y/o animales.

 

Paseando con la correa….., sin tensión para ninguno

 

En los parques siempre hay personas que van arrastradas, sistemáticamente, por sus perros, y otras, las menos, que tienen perros que se quedan siempre por detrás, clavados al suelo sin querer dar un paso más. El paseo se convierte casi en una castigo y ninguno disfruta de él.

 

Los perros no tiran porque sean más o menos cabezotas y, bajo el prisma canino, tienen diferentes razones de peso para hacerlo: Entusiasmo por llegar al parque, seguir un rastro, querer llevar a su propietario a distintos lugares, inseguridad, llegar a sitios de confianza lo antes posible… Algunos tiran por tirar: la presión del collar invita a ello, y al final todo se convierte en una batalla de fuerza, por la simple razón, en primer lugar, de que el perro lleva una correa puesta.

 

El lenguaje corporal del guía influye y mucho. Si los brazos van en tensión, sujetando fuertemente la correa y ejerciendo presión sobre el animal, es mucho más fácil que el perro, intente zafarse de esa sensación y, que por tanto, vaya tirando continuamente con el consiguiente dolor de brazos de la persona que lo lleva en cada tirón brusco.

 

Si el paseo es una tortura, la relación se resiente pues nadie quiere pasar malos ratos de forma consciente así que, ponte manos a la obra lo antes posible si este es tu caso y busca ayuda, si es preciso.

 

Si empezamos a practicar desde casa, aprendemos a usar el material correcto para el paseo, a llevar los brazos relajados y a jugar con las distancias de la correa para darle más o menos espacio al animal en función de las circunstancias, el paseo se hará mucho más agradable para ambos.

 

Cuando le llamas y no te hace ni caso…… o quizá si

 

En demasiadas ocasiones, nos enfadamos  la primera con nuestro perro porque pensamos que no hace caso, se muestra desobediente y no atiende a aquello que le pedimos. Le tildamos de cabezota y testarudo pero, es posible que no toda la culpa sea suya.

 

En esos casos debemos pararnos un momento y pensar que quizá nuestro perro no entiende lo que le estamos diciendo o que lo estamos comunicando mal. Tenemos la costumbre de hablar y hablar, cometiendo el error de creer que comprende todo lo que les decimos.

 

Muchas veces, llamamos a nuestro perro en la distancia, para que vuelva a nuestro lado sin indicarle claramente qué esperamos de él. Solemos repetir su nombre y el perro, incluso nos mira esperando algo más… La respuesta lógica de todo perro al oír su nombre será girarse para averiguar  qué queremos de él. La pena es que muchas veces se nos olvida decírselo y los perros, al igual que nos ocurre a nosotros, no saben leer nuestras mentes. No vale decir “Luna”, “Luna” diez veces si realmente no le estamos informando de lo que queremos, que en realidad es “Luna ven”.

 

Llámalo una vez y espera. Nos solemos impacientar en cuanto no acude inmediatamente. Cuenta hasta 10 antes de volver a llamarlo. En estos casos, es bueno acompañarse de una voz alegre y del lenguaje gestual pues los perros son mucho más visuales que nosotros. No pasa nada por agacharnos o movernos, animando al perro, cuando estamos empezando, para hacer aún más atractiva la actividad.

 

Otro error común es utilizar diferentes palabras para un mismo fin: Ven, vamos, aquí, que te he dicho que vengas…. Con lo que terminamos confundiendo cada vez más a nuestro perro al tiempo que nosotros nos vamos enfadando progresivamente ante su desobediencia. El resultado suele ser que el perro aún tarda más en venir porque nota que estamos alterados y cuando lo hace, lo suele hacer mostrando señales de calma para intentar tranquilizarnos (se lame, viene agachado y despacito, gira la cabeza….) señales que nosotros confundimos con arrepentimiento por parte del perro por haberse portado mal.  La comunicación ente perro y propietario es vital y debemos cuidarla. Muchas veces se rompe por culpa nuestra por no haber puesto el empeño suficiente en ser concretos y coherentes.

 

Durante el paseo, llámalo varias veces (sin abusar) y prémialo cada vez que acuda. Cógele del collar de vez en cuando y vuelve a liberarlo inmediatamente para que siga jugando. Si solo lo llamamos cuando nos volvemos a casa, enseguida aprenderá que nuestra llamada significa fin de la diversión y cada vez remoloneará más ante nuestras demandas. Si cada vez que regresa a nuestro lado, dejamos que pase de largo sin que exista contacto físico, será difícil agarrarlo en caso necesario pues habrá aprendido a zafarse y lo considerará un juego más.

 

Emociones contagiosas

 

Que un perro gruña en una situación determinada, no quiere decir que necesariamente sea agresivo. Simplemente, muestra su desagrado ante ese estímulo y nos da la oportunidad de “intervenir” a su favor, retirándonos si hace falta. Es frecuente ver a personas corregir a su perro cuando empieza a gruñir ante algún estímulo que le asusta o pone nervioso. Puede suceder cuando un desconocido se abalanza sobre el perro, con intención de acariciarlo (el perro no sabe que solo lo quieren acariciar y lo puede interpretar como una agresión, sobre todo si es un animal miedoso).
Antes de empezar a gruñir, habrá lanzado decenas de sutiles señales de alarma como girar la cabeza, encogerse, lamerse los labios o, incluso, tumbarse boca arriba en un intento desesperado de finalizar la situación. Entre perros funciona pero, los humanos no estamos acostumbrados a interpretar este tipo de lenguaje y muchos confunden el tumbarse boca arriba con el deseo del perro de ser rascado en la barriga, cuando en realidad trata de trasmitir otro mensaje totalmente diferente: que lo dejen en paz. Entre perros normales es fácil observar cuando uno se pone boca arriba, el otro se aleja del lugar, dando por finalizada la situación.
Cuando se regaña o castiga a un perro por mostrar una conducta que nos parece inadecuada frente a algo que no le gusta o le da miedo, por ejemplo cuando gruñe ante la presencia de una persona u otro animal, podemos estar generando un conflicto, si no entendemos el proceso de aprendizaje que siguen los perros.

 

Mientras para nosotros, lo lógico es asociar el castigo a la acción cometida, de manera que aprendemos a dejar de repetir esa acción ante el temor de un castigo, los animales funcionan de otra manera.
Es como una escalera de emociones en la que va avanzando hasta dar con el escalón que le reporta el beneficio que busca que es dar por terminada la situación que no le gusta. Por tanto, es habitual que un perro demasiadas veces corregido por gruñir sin poder alejar la causa que le genera aversión, pase a morder inhibiendo las señales de aviso.

 

Crees que sabe que ha hecho algo mal pero tu perro no tiene ni idea….

 

Seguro que en más de una ocasión has pensado que tu perro se siente culpable porque “sabe que ha hecho algo mal”.
Un ejemplo claro es, cuando al regresar a casa, encontramos pises o destrozos. Aunque a ojos humanos, la cara que pone el perro es de arrepentimiento, está muy lejos de ser de culpabilidad pues, realmente, un perro hace “lo que tiene que hacer” y luego pasa a otra cosa.
El perro pone esa cara, no porque relacione el destrozo con su acción sino porque sabe que estás enfadado, y trata de aliviar la situación, pero, realmente, no tiene idea de por qué te has puesto así.

 

Evita los malos rollos….

 

Si el perro ha hecho algo mal, es porque ha tenido la oportunidad de hacerlo, es decir, porque no hemos estado suficientemente atentos como para evitar el error. Los castigos pueden causar confusión en el perro y reducir su confianza hacia el ser humano. No somos buenos administrando el castigo y nos pasamos de la raya o nos quedamos cortos, además de aplicarlos casi siempre a destiempo. El perro no entiende lo que ocurre y se acostumbra a evitar nuestra presencia para así evitar el castigo.

 

En lugar de recurrir a la fuerza o a la intimidación, párate y reflexiona porqué el perro ha hecho lo que ha hecho. ¿Acaso hemos dejado cosas valiosas a su alcance? ¿Lo hemos dejado en una situación comprometida sin supervisión antes de enseñarle? ¿De quién es realmente la culpa? En educación, siempre es más rentable trabajar paso a paso y ganarse al animal a través de la coherencia y el respeto.

 

Lo que se aprende mediante castigo, difícilmente se generaliza en el sentido deseado. Si riñes al animal por descubrir que ha causado un destrozo en casa, el perro no aprende a dejar de hacerlo, sino que aprende a evitar tu presencia para llevar a cabo su comportamiento. La lección que extrae es que nunca debes estar delante, lo que no impide que lo vuelva a repetir en cualquier otro momento que tú no estés.

 

Procura facilitar las cosas y ayudar a que el perro acierte, en vez de castigar los errores. Él aprenderá antes y ambos disfrutaréis de la experiencia.

 

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