La Rioja

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Categoría: Educacion
Buenos modales caninos

La jornada te proporciona decenas de oportunidades de enseñar “buenas maneras” a tu perro. Entrar o salir por las puertas de forma tranquila y a nuestro lado, no deja de ser un ejercicio de habituación esencial que se puede trabajar a lo largo del día varias veces coincidiendo con el paseo. Es importante, no anticipar las salidas sobre todo si nuestro perro es nervioso (Nada de “venga, vamos, a la calle” en tono alto o gritando como si nos fuera la vida en ello).

 

Cuando vayamos a salir y le hayamos puesto la correa, debemos esperar a que el animal esté tranquilo. No quiere decir que estar sentado signifique estar tranquilo. Particularmente, más que dirigir constantemente a los perros, es mejor enseñarles a pensar por ellos mismos y tomar “buenas decisiones” como esperar con nosotros independientemente de si lo hace de pie o sentado.

 

Un perro tranquilo es aquel que no está jadeando y con la lengua fuera dentro de casa. Boca cerrada, cara de curiosidad y correa floja. Puede tardar un segundo o media hora pero debemos ser pacientes y darle un tiempo adecuado para asumir la situación. Y sobre todo, guardando silencio para no interferir su proceso mental.

 

Si trabajas en silencio, dándole la oportunidad de acertar, es un logro para ambos y os anima a repetirlo el resto de ocasiones En casa, en el portal, en la oficina y en el portal, le damos tiempo para que mire, vea la calle y salga con nosotros de forma relajada. Tu perro disfrutará mucho más y tú también.

 

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La vida es mejor con ellos

Los perros y los gatos son animales extraordinarios pero, a veces, nuestro ritmo de vida, el entorno doméstico o unas expectativas poco realistas por parte del propietario, puede superarlos y empiezan los conflictos.

 

El hecho de que el comportamiento de un animal no sea del agrado de su propietario o que le cause disgustos, no significa necesariamente, que la conducta sea anormal. En muchas ocasiones, estamos ante comportamientos propios de la naturaleza del animal, pero indeseables para la convivencia con el ser humano.

 

Muchas veces, estos comportamientos que vemos como inadecuados, son reacciones normales ante diversas situaciones conflictivas que se le plantean al animal; No es raro pedirles cosas que nadie les ha enseñado (que no ladren, que no arañen, que no mordisqueen….) y enfadarnos si no cumplen.

 

En estos casos se hace necesario trabajar con el propietario informar sobre la naturaleza y características de su animal y ofrecer las herramientas para que pueda darle alternativas válidas y enseñar a su perro o gato lo que espera de él.

 

Definitivamente, la vida es mejor con un perro o con un gato (o con los dos). Aprender de ellos para poder ofrecerles lo mejor de nosotros mismos en su día a día, es el mayor reto que se nos plantea como guías y responsables de su educación, cuidado y bienestar.

 

http://perrygatos.es/conducta/

 

Pets make it better

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Camitas felinas para todos los gustos…..

Es sabido que los gatos duermen entre 16-18 horas al día de media y, como animales territoriales que son, adoran disponer de lugares privados para descansar cómodos y felices.

 

Aunque existe una amplia oferta de camas, colchones, mantas, cojines…. etc, la imaginación no tiene límites y cada gato, encontrará su dormitorio “ideal”, aunque casi todos coinciden en algunos detalles como estar situados en zonas alejadas del paso, normalmente elevadas y recogidas (pegadas a la pared o a las esquinas, por ejemplo). De esta forma, se sienten seguros y protegidos.

 

Ahí van algunos ejemplos pensados para otros fines y reutilizados por los gatos de casa como zonas de descanso (frutero, escurreplatos)  y uno específicamente fabricado para este fin y que resulta ideal para gatos que quieran “desaparecer” por un rato de la vista.

 

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Eligiendo material de paseo

Cuando enseñamos a pasear a un perro, preferimos las correas fijas (de un par de metros de longitud), a las extensibles o enrollables por varios motivos.

En primer lugar, porque las últimas, ayudan al perro a estar lejos de nosotros y le enseñan a “tirar” más aún. Al sentir tensión constante en el cuello, el perro no aprende cuando lo está haciendo bien (es decir cuando camina sin tensión). La misma presión que ejerce la correa extensible en sentido contrario, anima al perro a tirar aún con más fuerza para obtener más espacio. El tirón constante en el cuello del animal puede causar la aparición de microlesiones que pueden derivar en problemas mayores con el tiempo. Además, el perro se ve reforzado y recompensado por tirar y sigue tirando puesto que, de este modo, recibe más correa. Este tipo de correa y, sobre todo, la distancia que pueden separarles de nosotros, favorece que se descontrolen fácilmente, llegando a doblar las esquinas sin previo aviso, cambiando de dirección de forma repentina o lanzándose detrás de cualquier cosa que les llame la atención.

Otro motivo que nos desanima en el uso de las correas extensibles es lo frecuente que resulta que se escapen de las manos, ante un tirón repentino del animal (recordemos que el perro puede estar hasta cinco metros lejos de nosotros con el riesgo añadido que eso supone). Si en esos momentos, perdemos la correa, el soporte, se convierte en un proyectil peligroso que sale disparado tras el perro.

Ante animales miedosos o que están aprendiendo, este tipo de experiencias pueden resultar sumamente desagradables puesto que intentan escapar en vano de aquello que los amenaza y además hace un ruido sumamente desagradable cuando roza el suelo por lo que se acrecienta la sensación de pánico del animal que puede salir huyendo despavorido lejos de nosotros y con el riesgo añadido de ir sujeto por una correa que puede quedarse enganchada en un momento dado.

Uno de los principales motivos por el que el perro tira de la correa es para poder acercarse a aquello que le resulta interesante, si nosotros permitimos que se aleje de nosotros de forma libre le estamos animando a que siga tirando sin enseñarle nada alternativo.

Por eso, en el paseo, nos gusta más los arneses cómodos y las correas normales fijas, de al menos dos metros de longitud, que nos permiten regular la distancia entre ambos, mientras el animal pasea al lado sin tensión.

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Aprender es cosa de dos: Enseñando a perros y humanos a trabajar juntos

Educar es cosa de dos: el que enseña y el que aprende. Y en el mundo canino, también sucede. Para que las cosas funcionen, perro y guía deben conectar y, si no lo hacen, suelen empezar los problemas (el perro tira, no acude a la llamada, no hace caso, muerde la correa… y mil cosas más en las que parte de la responsabilidad, no es exclusiva del animal).

 

Cuando se empieza a trabajar con un perro, es importante que el veterinario haya revisado al animal y descartado cualquier patología que pueda estar detrás del “problema” para tratarlo, en su caso. Solo entonces, podemos ponernos manos a la obra.

 

A partir de ese momento, el trabajo es a dos bandas. El humano debe aprender a guiar a su perro, a sacarle partido a todo su potencial y a disfrutar juntos y el perro a confiar en él y dejarse guiar. En caso contrario la relación difícilmente llegará a funcionar. No se le puede pedir a un perro que haga algo que no le hayamos enseñado previamente y se haya fijado de forma coherente. Sería como tratar de echarle la culpa cuando algo no nos sale bien, simplemente porque estaba al lado.

 

Procura facilitar las cosas y ayudar a que el perro acierte, en vez de castigar los errores. Él aprenderá antes y ambos disfrutaréis de la experiencia.

 

http://perrygatos.es/art%C3%ADculos/colaboraciones-con-publicaciones/responsabilidad-compartida/

 

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Mirada, foco y atención

Este es un tema que, demasiadas veces pasa desapercibido pero que me gusta trabajar con cada persona que llega a las clases por primera vez con su perro, pero también antes de cada sesión como una forma de “calentar”, prepararnos y preparar al animal antes de entrar en acción.

 

Olvidamos empezar de forma amable, centrando la atención del que tienes enfrente (en este caso el perro) en nosotros. Porque si nos despojamos de todo lo demás (chucherías, comida, juguetes….) solo queda nuestra persona, la relación (buena o  menos buena que hayamos logrado forjar con nuestro perro) y el poder de la mirada y de todo lo que implica…. No cuesta nada “avisar” al animal de que vamos a hacer algo juntos. Una sencilla palabra (“¿preparado?”) basta para ponerlo en antecedentes

 

Y sobre todo, focalizar la mirada….  Porque la mirada es una de las conductas que más debemos reforzar en nuestro perro. Un perro que no nos mira, difícilmente va a atender nuestras peticiones pues cualquier cosa es mucho más llamativa que nosotros….

 

No es difícil pero requiere de práctica y, cuando nos convertimos en el foco de atención de nuestro perro… empieza la magia.

 

Seguro que, llegados a este punto, también te habrás fijado en que tu perro sonríe cuando está feliz…  Si la relación es buena, se mostrará relajado, atento, centrado y trabajará a nuestro lado, durante más tiempo.

 

Diversos estudios demuestran que, los perros, cuentan con las mismas estructuras y hormonas, experimentan los mismos cambios químicos que nosotros (aunque en un estado de madurez temprano), y son capaces de sentir las mismas emociones básicas que un niño de dos años como afecto, felicidad, tristeza, miedo, sorpresa, timidez, desconfianza, aversión, alegría, angustia, excitación… pero no pueden procesar emociones sociales más complejas como el orgullo o la vergüenza.

 

Y tu perro…. ¿Te mira, se queda contigo y también sonríe?

 

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