La Rioja
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¿Qué parte del “miau” no has entendido?
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Rosa Roldán | 13-09-2016 | 06:47| 0

Cuando los gatitos maúllan lo hacen para llamar a su madre, para indicarle que necesitan ayuda o tienen hambre. Para nuestros gatos domésticos, nosotros somos como una madre adoptiva así que, cuando quieren pedirnos algo, lo expresan en el lenguaje propio de los gatitos.

 

Cada gato emplea su propio registro personal e intransferible y un mismo propietario es capaz de discriminar perfectamente entre los maullidos de cada uno de los gatos con los que convive. Dado que los gatos tienen una gran capacidad de aprendizaje y adaptación, son capaces de emplear diferentes tipos de “miaus” en función de la situación y las necesidades.

 

Tipos de miaus

 

Algunos usan el “mi”, “me” o, incluso, el simple “ee” para saludar. El “meee” alargado suele ser muy empleado para solicitar nuestra atención cuando tiene ganas de jugar.

 

Hay sonidos característicos como el lastimero maullido de “dame de comer” que cada gato usa de forma totalmente personalizada para su propietario.

 

Algunos gatos que conozco, usan el “mao” “mo” cuando quieren salir, y si se aburren suelen usar “ao”.

 

Otros se comunican con “purrus” y “miiiiiiiiiiii” y, a la mayoría, le suele fallar el “miau” completo que suele quedarse en un simple “miaa”.

 

Un sonido que usan mucho nuestros gatos es el que producen ante la vista de un pájaro o un insecto en la ventana. Lo acechan un rato mientras vocalizan “iiiihh”.

 

Gatos callados y gatos habladores

 

La personalidad de los gatos, se manifiesta también en sus ganas de comunicarse. Mientras algunos son muy callados y son capaces de permanecer en silencio durante horas, otros en cambio, son más parlanchines y no son capaces de estar ni un minuto.

 

Imagen: http://goo.gl/kL31W0

 

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Reflexiones para el nuevo curso….
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Rosa Roldán | 12-09-2016 | 14:31| 0

¿Te has parado a pensar cuántas veces hacemos “sentar” a nuestro perro al cabo del día? Te invitamos a hacer la prueba…. Antes de comer, antes de ponerle la correa, salir por la puerta, cruzar la carretera, antes de darle un premio o una caricia, antes de…

Y ahora, ¿Crees que es realmente necesario hacer sentar a tu perro para todas esas cosas?

Muchas veces hacemos las cosas porque nos han enseñado que era así, sin pararnos a reflexionar sobre las razones reales de cada acción. Educación es mucho más que obediencia ya que implica crear un marco adecuado de aprendizaje entre animal y guía para enseñar al perro a elegir entre diferentes opciones y quedarse con aquella que le reporta más beneficio a nivel individual y, por supuesto, de relación con nosotros.

Cuando el aprendizaje te anima a replantearte el porqué de las cosas y a buscar las causas, antes de poner soluciones, es cuando sabes que estás en el buen camino.

Iniciamos curso con profesores y colaboradores de excepción, sin perder nuestra esencia y ofreciéndote nuevas y divertidas propuestas para tí y tu perro.

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Interpretando a nuestro perro
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Rosa Roldán | 16-08-2016 | 14:30| 0

En comunicación canina, la morfología del animal, también tiene su importancia. Por ejemplo, la forma de la cola influye sobre cómo es interpretado el perro por otros de su especie. El movimiento de la cola no siempre es muestra de alegría sino que, también, puede expresar cierto conflicto y desasosiego ante lo que hay delante.

 

A los Bulldog ingleses es es imposible mostrar miedo ante una amenaza recogiendo su cola bajo el vientre, como hacen la mayoría, puesto que, en general, suele ser pequeña y estar algo retorcida.

 

Por otro lado, los nórdicos como el husky, suelen llevar la cola siempre en alto, aún cuando no estén expresando ninguna emoción en particular.

 

Por supuesto, al querer interpretar a un perro y tratar de descifrar qué nos quiere decir, es importante fijarnos en el conjunto y no quedarnos en una sola parte de su anatomía puesto que las limitaciones físicas de cada animal se suelen compensar con movimientos y expresiones de otras partes del cuerpo.

 

Para que suceda esto, y que el perro sea capaz de comunicarse adecuadamente con otros perros, independientemente de sus características y limitaciones, es importante que haya tenido la oportunidad de relacionarse con perros de diferentes tipos durante el periodo de socialización. Así aprenden a entender y hacerse entender por el resto del grupo.

 

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Buenos modales caninos
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Rosa Roldán | 26-07-2016 | 07:39| 0

La jornada te proporciona decenas de oportunidades de enseñar “buenas maneras” a tu perro. Entrar o salir por las puertas de forma tranquila y a nuestro lado, no deja de ser un ejercicio de habituación esencial que se puede trabajar a lo largo del día varias veces coincidiendo con el paseo. Es importante, no anticipar las salidas sobre todo si nuestro perro es nervioso (Nada de “venga, vamos, a la calle” en tono alto o gritando como si nos fuera la vida en ello).

 

Cuando vayamos a salir y le hayamos puesto la correa, debemos esperar a que el animal esté tranquilo. No quiere decir que estar sentado signifique estar tranquilo. Particularmente, más que dirigir constantemente a los perros, es mejor enseñarles a pensar por ellos mismos y tomar “buenas decisiones” como esperar con nosotros independientemente de si lo hace de pie o sentado.

 

Un perro tranquilo es aquel que no está jadeando y con la lengua fuera dentro de casa. Boca cerrada, cara de curiosidad y correa floja. Puede tardar un segundo o media hora pero debemos ser pacientes y darle un tiempo adecuado para asumir la situación. Y sobre todo, guardando silencio para no interferir su proceso mental.

 

Si trabajas en silencio, dándole la oportunidad de acertar, es un logro para ambos y os anima a repetirlo el resto de ocasiones En casa, en el portal, en la oficina y en el portal, le damos tiempo para que mire, vea la calle y salga con nosotros de forma relajada. Tu perro disfrutará mucho más y tú también.

 

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La vida es mejor con ellos
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Rosa Roldán | 14-07-2016 | 05:18| 0

Los perros y los gatos son animales extraordinarios pero, a veces, nuestro ritmo de vida, el entorno doméstico o unas expectativas poco realistas por parte del propietario, puede superarlos y empiezan los conflictos.

 

El hecho de que el comportamiento de un animal no sea del agrado de su propietario o que le cause disgustos, no significa necesariamente, que la conducta sea anormal. En muchas ocasiones, estamos ante comportamientos propios de la naturaleza del animal, pero indeseables para la convivencia con el ser humano.

 

Muchas veces, estos comportamientos que vemos como inadecuados, son reacciones normales ante diversas situaciones conflictivas que se le plantean al animal; No es raro pedirles cosas que nadie les ha enseñado (que no ladren, que no arañen, que no mordisqueen….) y enfadarnos si no cumplen.

 

En estos casos se hace necesario trabajar con el propietario informar sobre la naturaleza y características de su animal y ofrecer las herramientas para que pueda darle alternativas válidas y enseñar a su perro o gato lo que espera de él.

 

Definitivamente, la vida es mejor con un perro o con un gato (o con los dos). Aprender de ellos para poder ofrecerles lo mejor de nosotros mismos en su día a día, es el mayor reto que se nos plantea como guías y responsables de su educación, cuidado y bienestar.

 

http://perrygatos.es/conducta/

 

Pets make it better
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Camitas felinas para todos los gustos…..
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Rosa Roldán | 13-07-2016 | 07:17| 0

Es sabido que los gatos duermen entre 16-18 horas al día de media y, como animales territoriales que son, adoran disponer de lugares privados para descansar cómodos y felices.

 

Aunque existe una amplia oferta de camas, colchones, mantas, cojines…. etc, la imaginación no tiene límites y cada gato, encontrará su dormitorio “ideal”, aunque casi todos coinciden en algunos detalles como estar situados en zonas alejadas del paso, normalmente elevadas y recogidas (pegadas a la pared o a las esquinas, por ejemplo). De esta forma, se sienten seguros y protegidos.

 

Ahí van algunos ejemplos pensados para otros fines y reutilizados por los gatos de casa como zonas de descanso (frutero, escurreplatos)  y uno específicamente fabricado para este fin y que resulta ideal para gatos que quieran “desaparecer” por un rato de la vista.

 

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Eligiendo material de paseo
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Rosa Roldán | 08-07-2016 | 07:16| 0

Cuando enseñamos a pasear a un perro, preferimos las correas fijas (de un par de metros de longitud), a las extensibles o enrollables por varios motivos.

En primer lugar, porque las últimas, ayudan al perro a estar lejos de nosotros y le enseñan a “tirar” más aún. Al sentir tensión constante en el cuello, el perro no aprende cuando lo está haciendo bien (es decir cuando camina sin tensión). La misma presión que ejerce la correa extensible en sentido contrario, anima al perro a tirar aún con más fuerza para obtener más espacio. El tirón constante en el cuello del animal puede causar la aparición de microlesiones que pueden derivar en problemas mayores con el tiempo. Además, el perro se ve reforzado y recompensado por tirar y sigue tirando puesto que, de este modo, recibe más correa. Este tipo de correa y, sobre todo, la distancia que pueden separarles de nosotros, favorece que se descontrolen fácilmente, llegando a doblar las esquinas sin previo aviso, cambiando de dirección de forma repentina o lanzándose detrás de cualquier cosa que les llame la atención.

Otro motivo que nos desanima en el uso de las correas extensibles es lo frecuente que resulta que se escapen de las manos, ante un tirón repentino del animal (recordemos que el perro puede estar hasta cinco metros lejos de nosotros con el riesgo añadido que eso supone). Si en esos momentos, perdemos la correa, el soporte, se convierte en un proyectil peligroso que sale disparado tras el perro.

Ante animales miedosos o que están aprendiendo, este tipo de experiencias pueden resultar sumamente desagradables puesto que intentan escapar en vano de aquello que los amenaza y además hace un ruido sumamente desagradable cuando roza el suelo por lo que se acrecienta la sensación de pánico del animal que puede salir huyendo despavorido lejos de nosotros y con el riesgo añadido de ir sujeto por una correa que puede quedarse enganchada en un momento dado.

Uno de los principales motivos por el que el perro tira de la correa es para poder acercarse a aquello que le resulta interesante, si nosotros permitimos que se aleje de nosotros de forma libre le estamos animando a que siga tirando sin enseñarle nada alternativo.

Por eso, en el paseo, nos gusta más los arneses cómodos y las correas normales fijas, de al menos dos metros de longitud, que nos permiten regular la distancia entre ambos, mientras el animal pasea al lado sin tensión.

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Facilitando la hora de comer a nuestro gato
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Rosa Roldán | 07-07-2016 | 07:54| 0

Una forma de ayudar a nuestros gatos a tragar menos aire durante la ingesta de comida (motivo por el cual, pueden estar incómodos o incluso vomitar si comen muy rápido), es elevar el punto de alimentación, de forma que el cuello no esté tan inclinado y facilitemos la tarea, minimizando la entrada de aire.

 

También resulta esencial en los casos de gatos con problemas de cervicales y espalda pues les permite estar cómodos sin forzar la postura.

 

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Aprender es cosa de dos: Enseñando a perros y humanos a trabajar juntos
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Rosa Roldán | 01-07-2016 | 14:15| 0

Educar es cosa de dos: el que enseña y el que aprende. Y en el mundo canino, también sucede. Para que las cosas funcionen, perro y guía deben conectar y, si no lo hacen, suelen empezar los problemas (el perro tira, no acude a la llamada, no hace caso, muerde la correa… y mil cosas más en las que parte de la responsabilidad, no es exclusiva del animal).

 

Cuando se empieza a trabajar con un perro, es importante que el veterinario haya revisado al animal y descartado cualquier patología que pueda estar detrás del “problema” para tratarlo, en su caso. Solo entonces, podemos ponernos manos a la obra.

 

A partir de ese momento, el trabajo es a dos bandas. El humano debe aprender a guiar a su perro, a sacarle partido a todo su potencial y a disfrutar juntos y el perro a confiar en él y dejarse guiar. En caso contrario la relación difícilmente llegará a funcionar. No se le puede pedir a un perro que haga algo que no le hayamos enseñado previamente y se haya fijado de forma coherente. Sería como tratar de echarle la culpa cuando algo no nos sale bien, simplemente porque estaba al lado.

 

Procura facilitar las cosas y ayudar a que el perro acierte, en vez de castigar los errores. Él aprenderá antes y ambos disfrutaréis de la experiencia.

 

http://perrygatos.es/art%C3%ADculos/colaboraciones-con-publicaciones/responsabilidad-compartida/

 

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Mirada, foco y atención
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Rosa Roldán | 30-06-2016 | 07:41| 0

Este es un tema que, demasiadas veces pasa desapercibido pero que me gusta trabajar con cada persona que llega a las clases por primera vez con su perro, pero también antes de cada sesión como una forma de “calentar”, prepararnos y preparar al animal antes de entrar en acción.

 

Olvidamos empezar de forma amable, centrando la atención del que tienes enfrente (en este caso el perro) en nosotros. Porque si nos despojamos de todo lo demás (chucherías, comida, juguetes….) solo queda nuestra persona, la relación (buena o  menos buena que hayamos logrado forjar con nuestro perro) y el poder de la mirada y de todo lo que implica…. No cuesta nada “avisar” al animal de que vamos a hacer algo juntos. Una sencilla palabra (“¿preparado?”) basta para ponerlo en antecedentes

 

Y sobre todo, focalizar la mirada….  Porque la mirada es una de las conductas que más debemos reforzar en nuestro perro. Un perro que no nos mira, difícilmente va a atender nuestras peticiones pues cualquier cosa es mucho más llamativa que nosotros….

 

No es difícil pero requiere de práctica y, cuando nos convertimos en el foco de atención de nuestro perro… empieza la magia.

 

Seguro que, llegados a este punto, también te habrás fijado en que tu perro sonríe cuando está feliz…  Si la relación es buena, se mostrará relajado, atento, centrado y trabajará a nuestro lado, durante más tiempo.

 

Diversos estudios demuestran que, los perros, cuentan con las mismas estructuras y hormonas, experimentan los mismos cambios químicos que nosotros (aunque en un estado de madurez temprano), y son capaces de sentir las mismas emociones básicas que un niño de dos años como afecto, felicidad, tristeza, miedo, sorpresa, timidez, desconfianza, aversión, alegría, angustia, excitación… pero no pueden procesar emociones sociales más complejas como el orgullo o la vergüenza.

 

Y tu perro…. ¿Te mira, se queda contigo y también sonríe?

 

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