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La vida es mejor con ellos
Rosa Roldán 14-07-2016 | 6:18 | 0

Los perros y los gatos son animales extraordinarios pero, a veces, nuestro ritmo de vida, el entorno doméstico o unas expectativas poco realistas por parte del propietario, puede superarlos y empiezan los conflictos.

 

El hecho de que el comportamiento de un animal no sea del agrado de su propietario o que le cause disgustos, no significa necesariamente, que la conducta sea anormal. En muchas ocasiones, estamos ante comportamientos propios de la naturaleza del animal, pero indeseables para la convivencia con el ser humano.

 

Muchas veces, estos comportamientos que vemos como inadecuados, son reacciones normales ante diversas situaciones conflictivas que se le plantean al animal; No es raro pedirles cosas que nadie les ha enseñado (que no ladren, que no arañen, que no mordisqueen….) y enfadarnos si no cumplen.

 

En estos casos se hace necesario trabajar con el propietario informar sobre la naturaleza y características de su animal y ofrecer las herramientas para que pueda darle alternativas válidas y enseñar a su perro o gato lo que espera de él.

 

Definitivamente, la vida es mejor con un perro o con un gato (o con los dos). Aprender de ellos para poder ofrecerles lo mejor de nosotros mismos en su día a día, es el mayor reto que se nos plantea como guías y responsables de su educación, cuidado y bienestar.

 

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Pets make it better

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Eligiendo material de paseo
Rosa Roldán 08-07-2016 | 8:16 | 0

Cuando enseñamos a pasear a un perro, preferimos las correas fijas (de un par de metros de longitud), a las extensibles o enrollables por varios motivos.

En primer lugar, porque las últimas, ayudan al perro a estar lejos de nosotros y le enseñan a “tirar” más aún. Al sentir tensión constante en el cuello, el perro no aprende cuando lo está haciendo bien (es decir cuando camina sin tensión). La misma presión que ejerce la correa extensible en sentido contrario, anima al perro a tirar aún con más fuerza para obtener más espacio. El tirón constante en el cuello del animal puede causar la aparición de microlesiones que pueden derivar en problemas mayores con el tiempo. Además, el perro se ve reforzado y recompensado por tirar y sigue tirando puesto que, de este modo, recibe más correa. Este tipo de correa y, sobre todo, la distancia que pueden separarles de nosotros, favorece que se descontrolen fácilmente, llegando a doblar las esquinas sin previo aviso, cambiando de dirección de forma repentina o lanzándose detrás de cualquier cosa que les llame la atención.

Otro motivo que nos desanima en el uso de las correas extensibles es lo frecuente que resulta que se escapen de las manos, ante un tirón repentino del animal (recordemos que el perro puede estar hasta cinco metros lejos de nosotros con el riesgo añadido que eso supone). Si en esos momentos, perdemos la correa, el soporte, se convierte en un proyectil peligroso que sale disparado tras el perro.

Ante animales miedosos o que están aprendiendo, este tipo de experiencias pueden resultar sumamente desagradables puesto que intentan escapar en vano de aquello que los amenaza y además hace un ruido sumamente desagradable cuando roza el suelo por lo que se acrecienta la sensación de pánico del animal que puede salir huyendo despavorido lejos de nosotros y con el riesgo añadido de ir sujeto por una correa que puede quedarse enganchada en un momento dado.

Uno de los principales motivos por el que el perro tira de la correa es para poder acercarse a aquello que le resulta interesante, si nosotros permitimos que se aleje de nosotros de forma libre le estamos animando a que siga tirando sin enseñarle nada alternativo.

Por eso, en el paseo, nos gusta más los arneses cómodos y las correas normales fijas, de al menos dos metros de longitud, que nos permiten regular la distancia entre ambos, mientras el animal pasea al lado sin tensión.

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Aprender es cosa de dos: Enseñando a perros y humanos a trabajar juntos
Rosa Roldán 01-07-2016 | 3:15 | 0

Educar es cosa de dos: el que enseña y el que aprende. Y en el mundo canino, también sucede. Para que las cosas funcionen, perro y guía deben conectar y, si no lo hacen, suelen empezar los problemas (el perro tira, no acude a la llamada, no hace caso, muerde la correa… y mil cosas más en las que parte de la responsabilidad, no es exclusiva del animal).

 

Cuando se empieza a trabajar con un perro, es importante que el veterinario haya revisado al animal y descartado cualquier patología que pueda estar detrás del “problema” para tratarlo, en su caso. Solo entonces, podemos ponernos manos a la obra.

 

A partir de ese momento, el trabajo es a dos bandas. El humano debe aprender a guiar a su perro, a sacarle partido a todo su potencial y a disfrutar juntos y el perro a confiar en él y dejarse guiar. En caso contrario la relación difícilmente llegará a funcionar. No se le puede pedir a un perro que haga algo que no le hayamos enseñado previamente y se haya fijado de forma coherente. Sería como tratar de echarle la culpa cuando algo no nos sale bien, simplemente porque estaba al lado.

 

Procura facilitar las cosas y ayudar a que el perro acierte, en vez de castigar los errores. Él aprenderá antes y ambos disfrutaréis de la experiencia.

 

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Verano, fiestas y animales
Rosa Roldán 21-06-2016 | 7:23 | 0

Estrenamos estación. Llega el verano y con él, la Noche de San Juan, las fiestas y los ruidos…. No todos los animales lo llevan igual de bien y, si el tuyo es de los que lo pasan mal, hoy te contamos algunas claves.

 

A medida que nos acercamos a la Noche de San Juan, muchas personas se preguntan cómo reaccionar ante las conductas de sus animales de compañía. Son muchos, los  perros y gatos que se estresan ante los ruidos fuertes y presentan síntomas de ansiedad y hasta pánico. La noche de San Juan es un acontecimiento que, provoca disgustos, en más de una ocasión, a animales y propietarios.

 

Cada animal es único y por tanto responde de forma diferente ante los mismos estímulos. Hay factores como la actitud del propietario, la etapa de socialización, el contacto con otros perros miedosos así como el propio carácter y genética, que influyen en su comportamiento.

 

Se vuelve especialmente importante extremar las medidas de precaución si vivimos con un animal miedoso. En estos casos, evita sacarlo de paseo a las horas más comprometidas y, en caso de necesitar salir con urgencia, asegúrate que lleva el collar bien puesto y agarra bien la correa para evitar que el perro pueda echar a correr y se escape en caso de pánico.

 

Si eso ocurriera, la única forma de poder recuperar al animal perdido es, si lleva un microchip identificativo implantado.

 

Generalmente el perro que siente un miedo irracional ante los fuegos artificiales y los petardos, suele reaccionar de dos formas diferentes en función de la situación en la que se encuentre:

 

  • Intenta esconderse para evitar el problema
  • Sale huyendo para escapar de la situación que lo aterroriza.

 

El perro que sale huyendo es el que corre más peligro, puesto que su estado de pánico, provoca que no oiga nada, no vea nada y sufra más riesgo de ser atropellado o de perderse y no saber volver a casa.

 

En la mayoría de los casos, el propio animal dentro de casa, elige un refugio seguro para pasar el “mal rato” de los petardos o los fuegos. Él solito se va al fondo de la casa (normalmente un baño o aseo), donde todos los ruidos se amortiguan y se queda allí tranquilo hasta que todo vuelve a la normalidad. En casos extremos, si podemos anticiparlo, el veterinario puede aconsejarnos sobre el uso de difusores o collares de feromonas que ayudan a calmarse a nuestro perro.

 

Si el perro, al asustarse, se esconde en otra habitación o debajo de una silla, sofá, etc. no lo fuerces a salir de su refugio. Ese lugar hace que se sienta más tranquilo y lo ayuda a controlar el miedo. Si mantenemos la calma, al cabo de un rato es más que probable que nuestro perro salga de su escondite una vez superada la situación, es decir, cuando se sienta a salvo. Tu perro necesita de tu apoyo e ignorarlo por completo tampoco es la solución. Dale espacio pero estate pendiente de su estado para poder ayudarlo en caso necesario.

 

Ahora es momento de prevenir pero, una vez pasadas las fiestas, es más que recomendable ponernos manos a la obra para ayudar a nuestro perro a superar sus propios miedos y afrontarlos de otra forma más tranquila.

 

En cuanto a las posibles soluciones que se pueden tomar frente a este problema, la más segura y recomendable en los casos más severos es la terapia para desensibilizar al animal de su miedo, en este caso, el ruido.

 

Con unas mínimas precauciones, todos, animales y humanos, disfrutaremos mucho más de las fiestas.

 

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Discriminando señales
Rosa Roldán 02-06-2016 | 6:58 | 0

En cierta etapa de la educación básica, tu perro ya conocerá varias señales diferentes (sienta, tumba, patita…) pero es más que probable que los confunda si no los tiene suficientemente interiorizados y, ante la promesa de comida o juego, te ofrezca todo el repertorio de habilidades que conoce, independientemente de la que le hayas pedido (el perro sabe que en una de ellas, seguro que acierta).

 

Esto no quiere decir que tu perro sea tonto, testarudo o desobediente. Simplemente, necesita practicar más para aprender a discriminar entre lo que ya conoce y para eso, precisa de tu ayuda. Sesiones cortas de entrenamiento, progresivas, ayudándolo al principio e introduciendo, poco a poco, más dificultad, a medida que el perro aprende.

 

No debemos perder de vista que lleva tiempo y, a veces, deberemos rebajar la exigencia, si vemos que, nuestro perro, no termina de pillar lo que queremos.

 

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