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Responsabilidad compartida
Rosa Roldán 01-07-2015 | 8:16 | 0

En esto de tener un perro, tan importante es que el animal aprenda a ser educado como que tú te conviertas en su mejor guía y aprendas a enseñarlo de la manera más correcta y disfrutando del proceso

 

Educando perros y propietarios….

 

Educar es cosa de dos: el que enseña y el que aprende. Y en el mundo canino, en ocasiones, los roles se tornan y el humano se convierte en aprendiz. Seguro que no os suena rara la situación por la cual, dentro de la misma unidad familiar, el perro se porta mejor con una persona que con otra. Se nota buen rollo, la complicidad y se entienden casi sin hablar. Por eso, cada propietario debe aprender a guiar a su perro, a sacarle partido a todo su potencial y a disfrutar juntos. En caso contrario la relación difícilmente llegará a funcionar.

 

Cuando pasas mucho tiempo entre perros, aprendes a observar, a abrir la mente y a comprender su lenguaje para poder ayudarle. Los perros no son ajenos a ello y, si notan que eres capaz de leerles, se convierten en guías perfectos y en alumnos aventajados.

 

Por eso, en el tema de la educación, no se puede cargar la responsabilidad únicamente en el perro. No se le puede pedir que haga algo que no le hayamos enseñado previamente y se haya fijado de forma coherente. Sería como tratar de echarle la culpa cuando algo no nos sale bien, simplemente porque estaba al lado.

 

Paradójicamente, resulta cuando menos sorprendente que, en nuestro país, en el que cada vez hay más perros, no se fomente la necesidad de tener perros educados en nuestras calles, lo cual pasa por humanos concienciados y dispuestos a invertir tiempo y esfuerzo en aprender lo básico.

 

Así, no debe extrañarnos que los propietarios de los para mi gusto mal llamados ppp, no estén obligados a saber guiar a su perro. La obligación solo abarca la necesidad de tener un historial limpio y suscribir un seguro de responsabilidad civil para cubrir posibles daños en vez de prevenirlos.

 

Tampoco debe sorprendernos que los perros que no han sido correctamente enseñados, eliminen en cualquier lugar y que sus propietarios miren a otro lado. La necesidad fisiológica existe y no es culpa del animal no poder recoger sus propios excrementos….

 

Propietarios responsables. Los primeros momentos…

 

Tan importante es desear tener perro como evaluar nuestra capacidad para hacernos cargo de todo lo que implica: Además de alimentación y cuidados veterinarios, todo lo relativo a vivir en sociedad como enseñarle a pasear, a comportarse de manera adecuada en espacios públicos…, a saber estar, en definitiva.

 

Elegir el compañero más adecuado a nuestro estilo de vida resulta fundamental y hemos hablado en anteriores artículos sobre ello. Sin entrar al tema y, simplemente, por poner un ejemplo, no conviene elegir un perro muy activo, si somos más de sofá y manta. Sería una relación condenada al fracaso casi desde el principio.

 

Aprender las pautas más básicas como pasear sin tensión, llamarlo de forma efectiva y ciertas habilidades básicas, puede ser un trabajo relativamente fácil si tienes mucho empeño o te pones pronto en manos de un buen educador profesional, que te ayude a conocer a tu animal y su naturaleza, sus necesidades y, sobre todo, a ser consciente de tu propio lenguaje corporal frente a tu perro.

 

Aprender de ser divertido para los dos

 

Aprender puede y debe ser un juego para tu perro, pues educarlo significa algo más que tú des órdenes y que él te obedezca. Básicamente porque, de entrada, no van a comprender tus palabras; Los perros son más visuales que nosotros y comprenden mejor los gestos, es decir, nuestro lenguaje corporal. A eso, hay que añadir coherencia y buena disposición a la hora de compartir ese tiempo con el animal. A nadie le gusta que le griten cuando le piden las cosas y a los perros menos, pues tienen mejor oído que las personas.

 

Al igual que con los niños, empieza por tareas fáciles y ve incrementando el esfuerzo que debe realizar el animal. A nadie se le ocurre que un niño de 3 años sea capaz de estar sentado y atento durante periodos largos de tiempo… Se trata de variar actividades, dando orden y sentido para que se conviertan en rutinas agradables y aceptables.

 

Nunca des por hecho que tu perro no va a ser capaz de hacer algo (los perros nos sorprenden continuamente) pero adáptate a las posibilidades de tu animal y, sobre todo, nunca pienses que es tarea imposible. Dale la vuelta, cambia el punto de vista…. Hazlo fácil para ambos. Quizá debas pedir ayuda, pero no te rindas. Como guía y responsable del animal es tu obligación ser una buena referencia para tu perro y velar para que sepa comportarse correctamente en sociedad frente a otras personas y/o animales.

 

Paseando con la correa….., sin tensión para ninguno

 

En los parques siempre hay personas que van arrastradas, sistemáticamente, por sus perros, y otras, las menos, que tienen perros que se quedan siempre por detrás, clavados al suelo sin querer dar un paso más. El paseo se convierte casi en una castigo y ninguno disfruta de él.

 

Los perros no tiran porque sean más o menos cabezotas y, bajo el prisma canino, tienen diferentes razones de peso para hacerlo: Entusiasmo por llegar al parque, seguir un rastro, querer llevar a su propietario a distintos lugares, inseguridad, llegar a sitios de confianza lo antes posible… Algunos tiran por tirar: la presión del collar invita a ello, y al final todo se convierte en una batalla de fuerza, por la simple razón, en primer lugar, de que el perro lleva una correa puesta.

 

El lenguaje corporal del guía influye y mucho. Si los brazos van en tensión, sujetando fuertemente la correa y ejerciendo presión sobre el animal, es mucho más fácil que el perro, intente zafarse de esa sensación y, que por tanto, vaya tirando continuamente con el consiguiente dolor de brazos de la persona que lo lleva en cada tirón brusco.

 

Si el paseo es una tortura, la relación se resiente pues nadie quiere pasar malos ratos de forma consciente así que, ponte manos a la obra lo antes posible si este es tu caso y busca ayuda, si es preciso.

 

Si empezamos a practicar desde casa, aprendemos a usar el material correcto para el paseo, a llevar los brazos relajados y a jugar con las distancias de la correa para darle más o menos espacio al animal en función de las circunstancias, el paseo se hará mucho más agradable para ambos.

 

Cuando le llamas y no te hace ni caso…… o quizá si

 

En demasiadas ocasiones, nos enfadamos  la primera con nuestro perro porque pensamos que no hace caso, se muestra desobediente y no atiende a aquello que le pedimos. Le tildamos de cabezota y testarudo pero, es posible que no toda la culpa sea suya.

 

En esos casos debemos pararnos un momento y pensar que quizá nuestro perro no entiende lo que le estamos diciendo o que lo estamos comunicando mal. Tenemos la costumbre de hablar y hablar, cometiendo el error de creer que comprende todo lo que les decimos.

 

Muchas veces, llamamos a nuestro perro en la distancia, para que vuelva a nuestro lado sin indicarle claramente qué esperamos de él. Solemos repetir su nombre y el perro, incluso nos mira esperando algo más… La respuesta lógica de todo perro al oír su nombre será girarse para averiguar  qué queremos de él. La pena es que muchas veces se nos olvida decírselo y los perros, al igual que nos ocurre a nosotros, no saben leer nuestras mentes. No vale decir “Luna”, “Luna” diez veces si realmente no le estamos informando de lo que queremos, que en realidad es “Luna ven”.

 

Llámalo una vez y espera. Nos solemos impacientar en cuanto no acude inmediatamente. Cuenta hasta 10 antes de volver a llamarlo. En estos casos, es bueno acompañarse de una voz alegre y del lenguaje gestual pues los perros son mucho más visuales que nosotros. No pasa nada por agacharnos o movernos, animando al perro, cuando estamos empezando, para hacer aún más atractiva la actividad.

 

Otro error común es utilizar diferentes palabras para un mismo fin: Ven, vamos, aquí, que te he dicho que vengas…. Con lo que terminamos confundiendo cada vez más a nuestro perro al tiempo que nosotros nos vamos enfadando progresivamente ante su desobediencia. El resultado suele ser que el perro aún tarda más en venir porque nota que estamos alterados y cuando lo hace, lo suele hacer mostrando señales de calma para intentar tranquilizarnos (se lame, viene agachado y despacito, gira la cabeza….) señales que nosotros confundimos con arrepentimiento por parte del perro por haberse portado mal.  La comunicación ente perro y propietario es vital y debemos cuidarla. Muchas veces se rompe por culpa nuestra por no haber puesto el empeño suficiente en ser concretos y coherentes.

 

Durante el paseo, llámalo varias veces (sin abusar) y prémialo cada vez que acuda. Cógele del collar de vez en cuando y vuelve a liberarlo inmediatamente para que siga jugando. Si solo lo llamamos cuando nos volvemos a casa, enseguida aprenderá que nuestra llamada significa fin de la diversión y cada vez remoloneará más ante nuestras demandas. Si cada vez que regresa a nuestro lado, dejamos que pase de largo sin que exista contacto físico, será difícil agarrarlo en caso necesario pues habrá aprendido a zafarse y lo considerará un juego más.

 

Emociones contagiosas

 

Que un perro gruña en una situación determinada, no quiere decir que necesariamente sea agresivo. Simplemente, muestra su desagrado ante ese estímulo y nos da la oportunidad de “intervenir” a su favor, retirándonos si hace falta. Es frecuente ver a personas corregir a su perro cuando empieza a gruñir ante algún estímulo que le asusta o pone nervioso. Puede suceder cuando un desconocido se abalanza sobre el perro, con intención de acariciarlo (el perro no sabe que solo lo quieren acariciar y lo puede interpretar como una agresión, sobre todo si es un animal miedoso).
Antes de empezar a gruñir, habrá lanzado decenas de sutiles señales de alarma como girar la cabeza, encogerse, lamerse los labios o, incluso, tumbarse boca arriba en un intento desesperado de finalizar la situación. Entre perros funciona pero, los humanos no estamos acostumbrados a interpretar este tipo de lenguaje y muchos confunden el tumbarse boca arriba con el deseo del perro de ser rascado en la barriga, cuando en realidad trata de trasmitir otro mensaje totalmente diferente: que lo dejen en paz. Entre perros normales es fácil observar cuando uno se pone boca arriba, el otro se aleja del lugar, dando por finalizada la situación.
Cuando se regaña o castiga a un perro por mostrar una conducta que nos parece inadecuada frente a algo que no le gusta o le da miedo, por ejemplo cuando gruñe ante la presencia de una persona u otro animal, podemos estar generando un conflicto, si no entendemos el proceso de aprendizaje que siguen los perros.

 

Mientras para nosotros, lo lógico es asociar el castigo a la acción cometida, de manera que aprendemos a dejar de repetir esa acción ante el temor de un castigo, los animales funcionan de otra manera.
Es como una escalera de emociones en la que va avanzando hasta dar con el escalón que le reporta el beneficio que busca que es dar por terminada la situación que no le gusta. Por tanto, es habitual que un perro demasiadas veces corregido por gruñir sin poder alejar la causa que le genera aversión, pase a morder inhibiendo las señales de aviso.

 

Crees que sabe que ha hecho algo mal pero tu perro no tiene ni idea….

 

Seguro que en más de una ocasión has pensado que tu perro se siente culpable porque “sabe que ha hecho algo mal”.
Un ejemplo claro es, cuando al regresar a casa, encontramos pises o destrozos. Aunque a ojos humanos, la cara que pone el perro es de arrepentimiento, está muy lejos de ser de culpabilidad pues, realmente, un perro hace “lo que tiene que hacer” y luego pasa a otra cosa.
El perro pone esa cara, no porque relacione el destrozo con su acción sino porque sabe que estás enfadado, y trata de aliviar la situación, pero, realmente, no tiene idea de por qué te has puesto así.

 

Evita los malos rollos….

 

Si el perro ha hecho algo mal, es porque ha tenido la oportunidad de hacerlo, es decir, porque no hemos estado suficientemente atentos como para evitar el error. Los castigos pueden causar confusión en el perro y reducir su confianza hacia el ser humano. No somos buenos administrando el castigo y nos pasamos de la raya o nos quedamos cortos, además de aplicarlos casi siempre a destiempo. El perro no entiende lo que ocurre y se acostumbra a evitar nuestra presencia para así evitar el castigo.

 

En lugar de recurrir a la fuerza o a la intimidación, párate y reflexiona porqué el perro ha hecho lo que ha hecho. ¿Acaso hemos dejado cosas valiosas a su alcance? ¿Lo hemos dejado en una situación comprometida sin supervisión antes de enseñarle? ¿De quién es realmente la culpa? En educación, siempre es más rentable trabajar paso a paso y ganarse al animal a través de la coherencia y el respeto.

 

Lo que se aprende mediante castigo, difícilmente se generaliza en el sentido deseado. Si riñes al animal por descubrir que ha causado un destrozo en casa, el perro no aprende a dejar de hacerlo, sino que aprende a evitar tu presencia para llevar a cabo su comportamiento. La lección que extrae es que nunca debes estar delante, lo que no impide que lo vuelva a repetir en cualquier otro momento que tú no estés.

 

Procura facilitar las cosas y ayudar a que el perro acierte, en vez de castigar los errores. Él aprenderá antes y ambos disfrutaréis de la experiencia.

 

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Se acabó el cole…. Juegos de niños y perros
Rosa Roldán 24-06-2015 | 8:20 | 0

Llegan las buenas temperaturas y perros y niños tienen tiempo de sobra para jugar. Se acabó el cole y ahora hay que llenar las mañanas de actividades lúdicas pero didácticas a pequeños y peludos….

 

Hoy os proponemos una serie de actividades que, supervisadas por los adultos, pueden convertir las jornadas de calor, en algo divertido para toda la familia.

 

El juego estimula la actividad mental tanto del animal como del niño y es una forma increíble de entretenerlos y motivarlos. Mientras juegan, se establece un vínculo especial entre ellos y, dar a los niños la responsabilidad de llevar el peso de la preparación de la actividad, es una forma estupenda de motivarlo y concentrarlo en un objetivo.

 

No debemos perder de vista que los perros juegan fundamentalmente con patas, boca y cuerpo pero también tenemos que enseñarles a jugar de otra forma diferente cuando lo hacen con nosotros y muy especialmente cuando lo hacen con nuestros hijos. Por eso es preciso participar en todo momento del juego, para que todo discurra en calma.

 

http://perrygatos.es/art%C3%ADculos/colaboraciones-con-publicaciones/juegos-entre-ni%C3%B1os-y-perros/

 

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Noche de San Juan a la vuelta de la esquina….
Rosa Roldán 22-06-2015 | 2:54 | 0

gatos que se estresan ante estos ruidos fuertes a los que no están acostumbrados y presentan síntomas de ansiedad y hasta pánico. Animales aterrorizados ante algo que no controlan, en auténtico estado de pánico, no ven aunque lleven los ojos desorbitados y caminan pegados a las paredes y al suelo, tirando de la correa en un intento desesperado de volver a casa cuanto antes.

 

Desgraciadamente, muchos perros desarrollan un miedo irracional a los ruidos. Puede ser a una sola clase de ruido como los truenos, petardos….; A varios ruidos o a todos los ruidos fuertes en general. No hay un origen definido para este problema, que se suele relacionar con una deficiente socialización temprana o malas experiencias pasadas.

 

Generalmente el perro que siente un miedo irracional ante los ruidos fuertes, suele reaccionar de dos formas diferentes en función de la situación en la que se encuentre:

 

  • Intenta esconderse para evitar el problema
  • Sale huyendo para escapar de la situación que lo aterroriza.

 

Si vives con un animal miedoso, se vuelve especialmente importante extremar las medidas de precaución. En estos casos, evita sacarlo de paseo a las horas más comprometidas y, cuando salgas, asegúrate que lleva el collar, ó mejor aún el arnés, bien puesto y asegura la correa para evitar que el perro salga corriendo y se escape en caso de pánico. Si eso ocurriera, la única forma de poder recuperar al animal perdido es, si lleva placa y el microchip identificativo implantado.

 

El perro que sale huyendo es el que más peligro corre puesto que el estado de pánico, provoca que no oiga nada, no vea nada y tenga más riesgo de ser atropellado o de perderse y no saber volver a casa.

 

En la mayoría de los casos, el propio perro dentro de casa, elige un refugio seguro para pasar el “mal rato”. El animal solito se va al fondo de la casa (normalmente un baño o aseo), donde todos los ruidos se amortiguan y se queda allí tranquilo hasta que todo vuelve a la normalidad.

 

Si el perro, al asustarse, se esconde en otra habitación o debajo de una silla, sofá, etc. nunca hay que forzarle a salir de su refugio. Ese refugio hace que se sienta más tranquilo y lo ayuda a controlar su miedo. Si intentamos sacarlo, el perro se sentirá amenazado ya que lo estamos despojando de su única protección, su miedo se convertirá en pánico y se agravará la situación. Si mantenemos la calma, no debe extrañarnos que al cabo de un rato, nuestro perro salga de su refugio una vez superada la situación, cuando se sienta seguro.

 

En casos extremos, el veterinario puede aconsejarnos sobre el uso de difusores o collares de feromonas que ayudan a calmarse a nuestro perro.

 

Si tu perro tiene miedo a algún ruido en particular, debes ser consciente que si no haces nada para solucionarlo, no se le va a pasar con el tiempo. Al contrario de lo que pensamos, el problema se puede agravar. Las fobias no tratadas se hacen más severas cuando se produce una exposición repetida y sin control al estímulo que las causa.

 

Es el momento de prevenir pero, una vez pasadas las fiestas, es recomendable ponernos manos a la obra para ayudar a nuestro perro a superar sus propios miedos y afrontarlos de otra forma más tranquila.

 

Con unas mínimas precauciones, todos, animales y humanos, disfrutaremos mucho más.

 

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Si tu perro se aburre, dale algo para hacer
Rosa Roldán 15-06-2015 | 2:30 | 0

¿Es posible que un perro doméstico con todas sus necesidades cubiertas, se aburra? Claro!!! Si pasa el día sin nada que hacer, buscará formas de entretenerse y no necesariamente serán de nuestro gusto…. Por eso, te damos unas pautas para enriquecer el día a día de nuestro peludo…

http://perrygatos.es/art%C3%ADculos/notas-de-inter%C3%A9s-sobre-perros/perros-aburridos/

Debemos enriquecer la vida de nuestro perro, ofreciéndole actividades que lo mantengan ocupado física pero sobre todo, mentalmente. A nadie se le ocurre dejar solo a un niño en casa a su aire, sin nada que hacer durante ocho horas o más y, en cambio, nos parece lo más normal del mundo, que nuestro perro permanezca ese tiempo sin nada que hacer más que esperar nuestro regreso a casa.

Una forma de enriquecer la vida de nuestro perro es hacer que se gane la comida. En vez de ponerle su ración en el cuenco y dejar que acabe con ella en milésimas de segundo, puede ser mucho mejor, esparcir las bolitas de pienso por el pasillo, escondiendo algunas en juguetes tipo Kong para que tenga que trabajar y pase un rato entretenido.

El paseo también es importante. Es preciso sacar a pasear a nuestro perro por dos motivos fundamentales: Porque debe hacer sus necesidades con regularidad y porque todos los perros sienten la necesidad de caminar en lugares no cerrados.

Los perros de jardín, los de finca y los que viven en recintos cerrados tienen la misma necesidad de salir y olisquear el mundo que los que viven en un piso. Los perros necesitan explorar otros lugares, relacionarse con otros perros, tener diferentes estímulos sonoros y olfativos que lo mantengan en forma.

Al realizar el paseo con la frecuencia y de la forma correcta generaremos un mayor equilibrio entre nosotros y el perro, además de reforzar el vínculo.

Durante los paseos debemos llamar al perro varias veces y mantener el contacto visual con él. Me encuentro con perros que nunca miran a sus propietarios (así difícilmente van a atender a las llamadas) y a propietarios que únicamente llaman al perro para atarlo y volver a casa, dando por finalizada la diversión. El paseo tiene que ser divertido para ambos. La referencia del perro en el paseo debemos ser nosotros. No lo debemos olvidar.

Un jardín muy grande no sustituye al paseo, pero si puede generar conductas inapropiadas para la convivencia con el ser humano. No olvidemos que nuestro perro, igual que nosotros, necesita salir a conocer el resto del mundo.

Chelu y Helen son especialistas en entretenerse de forma constructiva y saludable. Son los últimos rescatados junto con Alonso y Gara (ya adoptados) y también esperan disfrutar pronto de una familia y un hogar.

Contacto: dan.asociacion@gmail.com

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Alumnos y maestros de los que vale la pena aprender
Rosa Roldán 10-06-2015 | 2:34 | 0

Estamos llegando al final del curso y estos meses han sido especiales para todos nosotros. Hemos aprendido juntos, nos hemos atascado y hemos sabido salir adelante, hemos crecido y avanzado pero, sobre todo, hemos disfrutado del proceso. Ahora somos un poquito más sabios. Gracias por ser alumnos y maestros….

 

Tras muchos fines de semana de trabajo duro, practicando, aprendiendo y mejorando ninguno pierde la sonrisa y las ganas…. No se me ocurre mejor plan para el día de ayer. No hay palabras para agradeceros la experiencia y las sorpresas…. Literalmente os llevo muy cerquita del corazón…

 

http://perrygatos.es/perros/ciudadano-canino-ejemplar/

 

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