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Los perros también sueñan
Rosa Roldán 29-01-2016 | 9:48 | 0

Seguro que, si sois observadores, os habréis fijado en más de una ocasión, que vuestro perro, sueña durante el descanso. En esos momentos, podemos verlo  temblar, pedalear con las patas como si estuviera corriendo, gruñir a pajaritos invisibles e, incluso lanzar bocaditos, reproduciendo un juego. A nivel estructural, el cerebro de un perro es similar al del humano. Los investigadores han utilizado el electroencefalograma (EEG) para demostrar la existencia de actividad cerebral canina. Tras varias pruebas han encontrado que los perros, durante el sueño, tienen ondas cerebrales similares al de una persona y pasan por las mismas etapas de actividad eléctrica que ha sido observada en los seres humanos.

 

¿Qué sueña tu perro?

 

Como no podemos preguntar a los perros qué sueñan durante el descanso, es difícil saber a ciencia cierta lo que pasa por sus mentes aunque, de acuerdo a la observación y a las últimas investigaciones científicas, existen evidencias de que los perros sueñan con actividades que son comunes para ellos. Es probable que los perros sueñen de manera similar a los seres humanos, repitiendo las actividades cotidianas que conforman su existencia, como perseguir posibles presas, jugar y comer. Por ejemplo, quizás cuando el perro ladra o gruñe, probablemente significa que él está reviviendo un recuerdo de una situación que le llevó a ladrar o gruñir en la vida real.

 

No es descabellado pensar que también sufren de pesadillas pues, en algunos casos lo veremos inquieto, moviéndose mucho e incluso, vocalizando. No se puede asegurar a ciencia cierta que, nuestro perro, esté atravesando un mal sueño, pues quizá, lo que vemos sea la consecuencia de estar reproduciendo una persecución en sus sueños o mostrar un excesivo entusiasmo ante un posible juguete nuevo.

 

Al igual que nos sucede a los humanos, los perros tienen fases de sueño diferentes y tras la etapa de sueño ligero, entran en una etapa de sueño profundo en el que su respiración se vuelve más irregular y tienen movimientos oculares rápidos (Rapid Eyes Movement o fase REM). Es durante esta fase de sueño REM en la que realmente se presentan los sueños, con un hilo argumental aunque sea absurdo. y, a menudo, tienen lugar los movimientos involuntarios. Los perros pueden patalear como si se estuvieran jugando y respirar rápidamente o contener la respiración durante períodos cortos.

 

No todos los perros sueñan igualmente. Según los científicos, los perros pequeños sueñan más que los perros más grandes. Un caniche Toy puede soñar una vez cada diez minutos, mientras que un Golden Retriever sólo puede soñar una vez cada 90 minutos. El sueño también parece ocurrir con más frecuencia en los cachorros. Esto puede deberse a que a esa edad están procesando la adquisición de grandes cantidades de información y nuevas experiencias.

 

Déjalo dormir y descansar…

 

Los perros, como los humanos, necesitan dormir sin interrupciones para tener una buena actividad mental y física. Dormir lo suficiente es vital para que tu perro pueda recargar sus baterías y mantenerse saludable. Si alguna vez has sentido tentaciones de despertar a tu perro durante un sueño, trata de contenerte y más si el animal muestra signos de inquietud o de estar soñando de forma activa. Además de resultar muy desconcertante para tu perro, podría hacerte daño o incluso morderte sin querer, si está en plena fase de un sueño activo, así que, mejor, déjalo que duerma.

 

Los perros pueden ladrar durante el sueño y resultar una molestia para ti y los vecinos, pero es mejor dejarlos. Igual tienes que revisar sus rutinas de paseo y ejercicio y controlar aquellas actividades que lo sobreexcitan, sobre todo si se acerca la hora del descanso.

 

El descanso es necesario para ambos así que, a disfrutadlo.

 

Y para este fin de semana os proponemos pensar más en perro. Disfrutar del momento, del paisaje, de la compañía y simplificar.

 

Os aseguro que es un ejercicio estupendo.

 

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Identificando el buen juego
Rosa Roldán 14-01-2016 | 9:19 | 0

Cuando los perros interactúan puede que jueguen o se enfrenten. Comprender la diferencia entre conductas, nos ayuda a entender y saber si necesitamos intervenir o no. Aunque no hay directrices sólidas podemos apuntar algunas que recoge el autor James O ´Heare.

 

En un juego adecuado, ambos perros tienden a usar sutiles señales de comunicación como la reverencia de invitación, o las miradas rápidas (mirando de reojo al otro animal y que se puede identificar si nos fijamos, ya que se puede ver el blanco del ojo)

 

La señal principal de que el juego es adecuado es que todos los perros participan y consienten. Podemos verlos intercambiando roles de perseguidor-perseguido, haciendo paradas frecuentes o jugando con la boca como si les fuera la vida en ello sin llegar a rozar la piel con los dientes.

 

Apoyar la cabeza en el lomo del otro perro, apoyar las patas contra el cuerpo del oponente o los intentos de monta (incluso entre hembras) son otros tipos de juego que pueden observarse. Sin embargo, si se repiten de manera persistente o violenta, pueden envenenar el juego y conviene tener identificado qué le gusta y qué no a nuestro perro y hasta qué punto puede tolerar determinadas cosas. (De ahí la importancia de que el juego, para que sea bueno para todos los participantes, debe ser consentido)

 

Por ello, debemos estar atentos a las señales que nos indican que el juego se está yendo de las manos. Si uno de los perros es siempre perseguido y solo corre intentando escapar, conviene separar a los perros empezando, si es posible, por el perro perseguidor. En todo caso, debemos hacer una parada y rebajar tensión. Si a continuación ambos perros deciden retomar el juego, estaban a gusto. Si uno de ellos intenta escapar o esconderse, es mejor parar la actividad y dejarlo para otra ocasión.

 

Las vocalizaciones (gemidos, gruñidos, chillidos…) también ayudan a identificar lo que es permisible de lo que no. Si un perro gime puede deberse a un accidente (porque el oponente ha sido brusco) o a que el juego está degenerando en una confrontación subida de tono.

 

Normalmente, cuando uno de los perros provoca que el otro termine en el suelo gimiendo (caso relativamente frecuente de los cachorros y perros jóvenes cuando incitan a jugar a perros adultos que no están por la labor de seguirles el ritmo), la respuesta normal es que el perro que causó el gemido o revolcó al perro, se “disculpe” rápidamente, retirándose y dejando distancia entre ambos y/o mostrando comportamientos cut off (a modo de apaciguamiento) también conocidas como señales de calma, tales como girar la cabeza o/y el cuerpo, olfatear, lamerse los labios, bostezar…

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Si el perro que provoca la situación no ceja en su conducta, conviene parar la situación, llamarlo o retirarlo si está muy excitado y alejarlo momentáneamente.

 

Por otro lado, la escala de intensidad de las vocalizaciones también nos puede dar valiosas pistas. El gruñido es normal en el juego, pero si baja de tono y se vuelve profundo, puede que la situación se esté tornando tensa. Si las vocalizaciones se hacen más fuertes, frecuentes o aumentan en intensidad (los gemidos y gruñidos se producen en intervalos cada vez más cortos, se tornan más graves y casi no hay ladridos) la excitación está aumentando y puede descontrolarse.

 

En ese caso, separémoslos unos segundos (podemos llamarlos) y observemos si ambos quieren seguir jugando o no. La pausa también ayudará a bajar el nivel de tensión y excitación.

 

Lo ideal es que nuestro perro aprenda a jugar de forma efectiva. Si rompe las reglas del juego canino, lo ideal es que sepa disculparse adecuadamente y aceptar las disculpas de otros perros. El juego y los conflictos que pueden surgir durante su desarrollo pueden ser buenos si el perro los aprende a manejar bien y por eso conviene dejar que jueguen bajo supervisión. El enfrentamiento y la lucha nunca enseña nada positivo al perro así que, si notamos que la intensidad aumenta o que un enfrentamiento no se resuelve rápida y apropiadamente, debemos intervenir como garantes que somos de la seguridad de nuestro perro.

 

Los protagonistas de la entrada son Tomas (pastor alemán adulto) y Chelu (mestizo mediano de 2 años y medio aprox.) Activos, juguetones y cariñosos buscan familia y hogar.

Contacto: dan.asociacion@gmail.com

 

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Nuevo miembro peludo en la familia
Rosa Roldán 07-01-2016 | 9:40 | 0

Un hecho cierto es que, tras las navidades, son muchas las familias que han incorporado un nuevo miembro en forma de perro o gato. Compartir nuestra vida con un animal resulta enriquecedor y, el hecho de que nuestros niños convivan con animales desde pequeños, fomenta el aprendizaje de valores como el respeto, la responsabilidad y la empatía.

 

Si la elección del animal ha sido adecuada al estilo de vida y horarios de la familia y trabajamos en su educación, todos disfrutarán de una relación especial con él, llena de momentos de complicidad y ternura.

 

En todos los casos, la primera tarea cuando llega el cachorro a casa, es visitar al veterinario que se encargará de velar por la salud del animalito y del resto de la familia a través de las pautas de desparasitación y vacunación más adecuadas en cada caso. Una vez en casa, a través de estos sencillos consejos, procuraremos que la llegada y adaptación del pequeño peludo sea lo más fácil posible para todos.

 

http://perrygatos.es/art%C3%ADculos/colaboraciones-con-publicaciones/nuevo-miembro-peludo/

 

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Preparando la vuelta a la rutina……
Rosa Roldán 04-01-2016 | 8:43 | 0

Las vacaciones representan un cambio en la rutina de los animales y, al igual que ocurre con muchas personas, el regreso a casa, no les sienta a todos por igual. La vuelta a la normalidad puede resultar también muy dura para los perros pues es complicado explicarles las diferencias entre tiempo de vacaciones y tiempo de trabajo u obligaciones.

Para nosotros, supone el regreso al trabajo pero, para el perro, la vuelta de las vacaciones se convierte en vuelta al salón y a pasar muchas horas solo en casa.

 

Si durante estos días, has tenido la oportunidad de viajar con tu perro y has disfrutado de actividades diferentes, juegos, paseos y más tiempo con él, la vuelta a la realidad seguramente os costará a los dos. Por eso, igual que preparamos la salida, es preciso tener en cuenta la vuelta a la rutina para minimizar el impacto.

 

Preparando la vuelta a casa

 

Las vacaciones son para disfrutar así que, lo más probable es que, durante el tiempo de descanso, las buenas costumbres se hayan relajado un poco (o un mucho): No hay obligaciones, disponemos de mucho tiempo libre y no estamos tan pendientes de planificar las jornadas: Los paseos son más largos, no nos preocupamos de la alimentación, se relajan las normas de convivencia y nuestro perro se toma ciertas libertades que en casa no están permitidas (hace más o menos caso, pide comida de la mesa…). Como al fin y al cabo son vacaciones, también nosotros nos relajamos un poco y le damos poca importancia.

 

Sin embargo, nuestra falta de coherencia, puede suponer un problema al regreso, porque a nuestro perro le hemos permitido crear nuevos hábitos (algunos inadecuados) y puede costar recuperar las buenas costumbres. Por eso, si nos hemos relajado, es hora de ponernos manos a la obra y, unos días antes de volver a casa, hay que introducir algunos pequeños cambios para que la transición a la rutina sea lo más llevadera posible: Retomar los paseos habituales, alimentar al animal de forma regular y volver a tomarse en serio la buena educación canina. Todo ello de forma gradual ya que, de este modo, conseguiremos que el retorno a la normalidad sea más fácil para todos.

 

Una vez en casa…

 

Hay que tener un poco de paciencia para ayudar a nuestro perro a readaptarse a los nuevos horarios, así como retomar las buenas costumbres.

 

En ocasiones, tras haber disfrutado tanto tiempo de la compañía de su familia humana, al perro le cuesta volver a acostumbrarse a la soledad y, en algunos casos, nos encontramos con animales que jamás habían dado problemas pero que, a la vuelta de las vacaciones, muestran conductas poco adecuadas como ladridos, mordisqueo de objetos o destrozos. El animal ha perdido la costumbre de quedarse solo en casa y nos pide ayuda de la manera que él sabe.

 

Fastidiarte la vida no entra dentro de los planes de tu perro. Lo que le pasa es que está desentrenado en el apartado de quedarse solo en casa y es una situación que puede llegar a asustarlo.

 

Para evitar estas conductas asociadas a la mala gestión de la soledad, es conveniente mantener al perro ocupado con una estimulación adecuada: ejercicio físico adecuado, juguetes que le mantengan activo (por ejemplo, los que esconden comida), etc. Lo normal es que, al cabo de pocos días, vuelva a comportarse como siempre. Los perros, como las personas, también necesitan su tiempo de habituación pero, si el persiste durante demasiado tiempo en estos comportamientos, es recomendable consultar con el veterinario, puesto que quizá se trate de algo más: De un síntoma de depresión tras las vacaciones.

 

No es conveniente que el perro se sienta el centro de atención de todo, ya que el objetivo es conseguir que se acostumbre a su ritmo habitual y gestione de nuevo sus ratos de soledad. Si queremos anticiparnos al problema, es preciso prevenir, durante los días previos a la vuelta a las rutinas, evitando el exceso de atenciones hacia el perro. Lo ideal es mantener el ritmo habitual del día a día, para evitar problemas de ansiedad, al regreso a casa.

 

La vuelta a la alimentación también es importante. Conviene retomar horarios y raciones antes de la vuelta a casa. En algunos casos, sobre todo perros ansiosos con la comida, podemos ayudarles a reducir esa sensación, repartiendo la comida en más tomas, pero de menos cantidad cada una.

 

El control de esfínteres también puede verse afectado tras el periodo vacacional debido a los excesos culinarios unidos a mucho más tiempo al aire libre. Normalmente, se normaliza en unos días, una vez que se retoma la rutina habitual. De no ser así, es preciso consultar con el veterinario.

 

Algunos perros, pocos afortunadamente, sienten la necesidad de escapar a la mínima oportunidad en busca de acción. Las fugas de los perros son peligrosas, pues pueden acabar en accidentes y atropellos, así que hay que procurar que el perro tenga el nivel de ejercicio físico adecuado para que no sienta la necesidad de buscar nuevas aventuras. Es necesario retomar los paseos habituales y enriquecerlos con nuevas rutas, juegos de busca, estimulación olfatoria o escapadas especiales al campo los fines de semana. Se trata de “explicarle” a tu perro que tras las vacaciones, también se pueden disfrutar de muchos buenos momentos juntos.

 

Consejos para una buena vuelta a casa

 

Una buena idea es regresar unos días antes de retomar las obligaciones laborales, para evitar cambios de horarios bruscos nada más llegar. De esta manera, la adaptación se hace de forma paulatina y podemos valorar como lleva nuestro perro, el regreso de las vacaciones.

 

La vuelta a casa, puede ir acompañada de un baño relajante o de una visita al peluquero para sanear y poner guapo a nuestro compañero peludo.

 

Retomar la alimentación habitual unos días antes de la vuelta a la normalidad. Si notamos que el perro está inapetente o decaído, será preciso consultar con el veterinario.

 

Paciencia, largos paseos y mucho cariño pero sin caer en el exceso.

 

Las vacaciones son tiempo extra para perros y personas pero, antes o después, se acaban y, el regreso a casa y a las obligaciones, puede ser mucho más agradable para ambos si lo planificamos de forma progresiva, teniendo en cuenta las necesidades de nuestro perro.

 

Perrito

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Razones por las que tu perro se vuelve loco de alegría cuando llegas a casa
Rosa Roldán 26-11-2015 | 9:14 | 0

Para los humanos puede resultar difícil de entender por qué se alegra tanto su perro cuando llega a casa pero, realmente, es que tienen muchas cosas que celebrar. Ya no están solos, empieza la diversión, el paseo, la atención y, en muchos casos, llegamos llenos de olores y aromas que despiertan la curiosidad de nuestros compañeros peludos.

 

Aunque a priori choque con nuestra forma de ver las cosas, no debemos perder de vista que el ritual de saludo, es esencial para los perros y forma parte de su forma de ser y de obtener información del entorno. Los estudios de Gregory Berns, catedrático de la Emory University School of Medicine de Atlanta, avalan esta afirmación.

 

Los perros tienen vestigios genéticos de sus ancestros lejanos, los lobos. Cuando salían a cazar, al volver a la ‘guarida’ los cachorros recibían a sus padres lamiendo sus hocicos. Esta conducta, además de ser un saludo, estimula a los padres a regurgitar alimento para sus crías, conducta que se mantiene en la actualidad entre progenitores y sus camadas. Los cachorros buscan atención y alimento de sus padres lamiendo sus hocicos.

 

¿Qué significa entonces cuando nuestros perros nos lamen el rostro? No necesariamente buscan comida pues ya tienen la necesidad cubierta. En realidad se trata de un saludo, un gesto de familia, un recibimiento y una demanda de atención pues llevan esperándonos un buen rato para empezar la diversión. Aunque nosotros no regurgitemos comida para ellos y no respondamos con alimento cuando nuestros perros “nos dan besos”, para ellos el saludo, es parte de un ritual y una muestra de afecto.

 

Cuando saltan, tratan de lamer la cara al estilo de los cachorros con sus padres. Aunque en esencia es una forma de saludo, además, buscan “estudiarte” y olerte para saber dónde has estado y qué has hecho. Tienen curiosidad. Si has estado con otros perros o has comido algo, por ejemplo, es más que probable que se empleen en la tarea con más intensidad.

 

Si queremos liberar de estrés a nuestros perros, debemos responder a sus saludos (de forma apropiada a cada caso para no fomentar malos hábitos). Esto choca frontalmente con todo lo que hasta ahora habíamos leído en los casos de ansiedades que recomendaban “ignorar” al perro, cosa que puede resultar cruel e injusta a los ojos del perro. Todo en la vida, ha de hacerse con moderación y en su justa medida.

 

En ningún caso existe una necesidad especial de permitir al perro que nos chupe la cara si no nos gusta –aunque, según algunos científicos, es bueno para nuestra salud–. Sin embargo puede resultar recomendable enseñar al perro a discriminar para evitar disgustos con visitas que se sientan poco inclinadas a los besos perrunos.

 

Con paciencia y entrenamiento, podemos enseñar a nuestros perros a saludarnos de otra forma (evitado además que se suba a nosotros). Lo importante es que entendamos que para los perros el ritual de saludo es muy importante. Y no podemos obviarlo.

 

Buzz es un perro genial. Tiene unos tres años y fue rescatado de la perrera. Está recuperado y ahora busca hogar. Cariñoso y muy sociable, se lleva bien con todo el mundo, perros y gatos incluidos. Le encanta saludar y estar en todas las salsas.

 

Contacto: dan.asociacion@gmail.com .

 

Foto cortesía de Huellitas Fotografía

 

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