31 Ene 2008

HOY CRITICO YO

He dudado antes de escribir este apunte. Es un tema ajeno a las inquietudes de la inmensa mayoría de los consumidores y de la mayoría de los aficionados al vino, es decir, de interés minoritario. Me tengo que referir a la película Mondovino, que no es pura actualidad y que aquí ha tenido una difusión que calificaría de confidencial, aumentando por tanto la dificultad de hablar de lo que pocos han visto. Y además temo que mis comentarios sobre la visión que del Sr. Rolland da este film, obra cuya esencia es el paradigma de lo políticamente correcto aplicado al mundo del vino, me pueden granjear fama de ardiente partidario de la industrialización vitivinícola global, pese a que la creo profundamente indeseable, y por fortuna altamente improbable por no decir imposible.

M. Rolland es uno de los mejores enólogos del mundo, rotundamente y sin ninguna duda. Tuve la fortuna de compartir con él muchas catas y reuniones profesionales entre 1987y 1998. Es un excepcional catador, sus enfoques técnicos rezuman eficacia y sentido común, y tiene, como hijo de bodegueros y bodeguero, un profundo sello de la vinculación del vino a la tierra.

Cuando Jean Gervais –propietario que fue de Bodegas Palacio, y responsable de su exitoso aggiornamento- llamó al Sr. Rolland, en 1987, fue su segundo cliente fuera de Francia, tras la californiana Simi Winery. Su misión era modernizar el estilo de los vinos, conservando la personalidad del Tempranillo. Ni por un cuarto de segundo se le encomendó, ni quería, hacer Burdeos en la Rioja. Colaboró su criterio en la vendimia de uvas tintas maduras, sin añadido de uvas blancas, la extensión de las maceraciones y la sustitución del roble americano por el francés. Incluso en pequeñas cosas -¿hay algo pequeño en este universo de detalles que es el vino?- como la eliminación de la arpillera en las barricas –mecha de la volátil- el lavado con agua fría de las barricas –evitando pérdida de las buenas materias extraÍbles de la madera- y la cancelación de fatigantes clarificaciones o tratamientos de estabilización que entonces eran considerados normales…lo que ahora parece evidente y cotidiano no lo era entonces.

Ni intentó hacer Cabernet con Tempranillo, ni fue un apóstol de la sobremaduración, ni recomendaba el tostado plus plus plus de las barricas. Esas nociones forman parte de la caricatura. Es hombre de vinos con cuerpo, pero elegantes, que no macizos ni masticables. Y no recuerdo haber debatido nunca sobre la micro-oxigenación.

No mantengo amistad con él. Tuvimos una larga relación estrictamente profesional. Más que suficiente para afirmar que no hace vinos iguales doquiera que va, que es como degustador y técnico uno de los mejores entre un puñado, y que vive y respeta la tierra. Tiene además un fino sentido del humor hecho de ironía y experiencia. Eso sí, es amigo de Robert Parker…y nunca lo ha negado ni hasta la fecha esa circunstancia se considera agravante de nada…¿o sí?

Supongo que no es un furibundo partidario de la revolución universal y la nacionalización de los viñedos; pero desde luego en modo alguno es el patrón con chófer y mercedes, que hace risas permanentes y vinos permanentemente iguales en exclusiva para clientes ricos y cretinos.

Creanme: sabe lo que hace, sabe de lo que habla, ama el vino, y no es un explotador capitalista de puro y chistera. Su contribución aquí fue excelente.

Se lo debía. A él y a Jean Gervais.

Escrito por: luisvalentin 2 comentarios 31 Ene 2008 URL Permanente

09 Jul 2007

¿VIRUTA O BARRICA?

 

Para obtener vinos con las características que aporta el envejecimiento en madera, hay quienes sumergen virutas de roble en el vino, en lugar de utilizar barricas de roble.

Esta práctica ha generado un intenso debate en el que se escuchan acusaciones de inmovilismo, e incluso falta de rigor técnico, para los que se oponen al uso de la viruta, y de mirar exclusivamente a los ahorros en costes y elaborar vinos "tecnológicos" a los partidarios de la viruta.

El envejecimiento en barrica tiene un papel esencial en los grandes vinos:

- se produce una estabilización natural del vino, por precipitación de materias que se depositan en las paredes de la barrica, evitándose así en todo o en parte procesos de filtración y/o clarificación.

- hay una lentísima oxidación del vino, por el escaso contacto con el aire a través de las paredes de la barrica de roble, que colabora en la suavización de la astringencia y en la redondez del vino en boca

-aporte de sustancias extraíbles de la madera, elementos aromáticos y taninosque intervienen decisivamente en la degustación en nariz y en boca

De estos efectos, el aromático es el más conocido por el consumidor, por ser el más evidente en la cata; pero la importancia de la estabilización y suavísima aireación no es menor en el resultado de un envejecimiento de calidad.

Si analizamos el uso de la viruta respecto a los 3 efectos citados de la barrica:

- no hay estabilización

- no hay suave aireación

- el único impacto es el aporte de materias extraíbles al sumerger la viruta en el vino, proceso por cierto mucho más agresivo que la lenta disolución de las sustancias de la madera desde las duelas de la barrica.

Por tanto, la comparación no es adecuada: son técnicas distintas con efectos distintos, y no alternativas con los mismos resultados.

El uso de viruta es un mero proceso de aromatización, imitación parcial del envejecimiento tradicional. La viruta permite ofrecer vinos maderizados a bajo precio, con un cierto éxito comercial en consumos poco sofisticados; para la complejidad y sutileza de un gran vino la barrica es imprescindible.

Escrito por: luisvalentin 1 comentario 09 Jul 2007 URL Permanente

28 May 2007

Todos llevamos un catador dentro

La inmensa mayoría de las personas que beben vino cree que catar requiere años y años de esfuerzo, cuando no una especial predisposición genética rayana con lo paranormal.
 
Después de haber dirigido muchos seminarios y catas para aficionados -no me refiero aquí a la cata entre profesionales- creo que las causas son:

El lenguaje críptico -que puede llegar a pedante- que a veces utilizamos enólogos y bodegueros en catas para no profesionales, que parece querer demostrar más lo que uno sabe que ser didáctico.

 
Las descripciones de vinos en catas y revistas, en las que el catador descubre decenas de aromas y decenas de sensaciones en boca, dejando acomplejado al oyente o lector, que no es capaz de distinguir más que unos pocos de manera clara...o ninguno.
 
La disociación entre cata y placer que se da en áridos curso de cata, cuando la insistencia en los aspectos técnicos de la degustación hace olvidar que el vino es una bebida para disfrutar.
 
Es verdad que la descripción de un vino gana con una cierta belleza literaria, ya que no hablamos de un líquido o un alimento, hablamos de una bebida emocional. Es verdad que el catador profesional tiene que exponer la complejidad aromática y gustativa que descubra en el vino. Y es verdad que se necesita enseñar la técnica de la degustación. Pero buscando un equilibrio entre enseñar y divertir, que el aficionado disfrute y aprenda.
 
Si no es así, el aficionado se queda con el "Solo sé si un vino me gusta o no". Una frase que a todos nos es muy familiar.
 
Los bodegueros tenemos que educar en vino a los aficionados, en ello va nuestro futuro en un mundo en el que cada año desciende el consumo. Decirles que catar es una técnica asequible, que a catar se aprende catando, divirtiéndose. Requiere constancia, un poco de dinero -a veces más que un poco- y afición; pero se aprende rápido. Que no hay superdotados: todos llevamos un catador dentro.
 
El saber catar no cambiará la percepción inicial e instintiva del "me gusta o no me gusta", que todos tenemos. La diferencia está en que el catador sabe el porqué, y sabe explicarlo; pero no en la esencia, en la noción del vino como placer que encierra ese "me gusta o no me gusta".
 
Así que, lectores aficionados, a relajarse, catar, y saborear esta bebida milenaria y convival. Nosotros hacemos el vino para disfrutarlo, en buena compañía, en torno a una mesa. 
 

Escrito por: luisvalentin 7 comentarios 28 May 2007 URL Permanente

Sobre este blog

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Apuntes bodegueros

Luis Valentín es licenciado en Económicas por Deusto y estudios de postgrado en la Facultad de Enología Burdeos. Luis Valentín está a punto de culminar su sueño con la inminente conclusión de la nueva bodega Valenciso. Después de casi quince años en Bodegas Palacio dio el salto, con Carmen Enciso como socia, para construir su propia bodeg en Ollauri. Gran catador y, sobre todo, gran divulgador de la cultura del vino con innumerables catas a sus espaldas, Valentín aporta una visión sensata, equilibrada y elegante, como su Valenciso, sobre la viticultura y la enología.

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