Aquellos días en que un periodista lloró

Ocho plantas en piedra natural y vidrio, céntrico, moderno, amplio, reluciente… Da igual, me temo que yo siempre veré en el número 25 de la Gran Vía logroñesa, donde Coblansa edificará en los próximos meses un nuevo inmueble, el triste y dramático solar que el dolor y la desesperación de un puñado de vecinos a los que empecé a conocer el 24 de mayo del 2009, dos días después de la terrible y mortal explosión, grabaron a fuego en mi memoria durante los meses siguientes.

Apenas amanecía en la capital riojana aquella primaveral mañana cuando la arteria logroñesa volvió a retumbar en el inicio de otra cruel pesadilla. Ruido de cristales, llamas, gritos, llantos, sirenas y… muerte. Cuatro seres humanos -Roberto Edgardo Videla, su mujer Marta Liliana Saa Lazo y sus hijos Exequiel Andrés, de 10 años, y Katherine Alexandra, de 8- perdieron la vida en la brutal deflagración de gas butano. Otras nueve personas sufrieron heridas en el siniestro, aunque sólo la madre y abuela de fallecidos, Rafaela María Greco, de 81 años, padeció daños graves. Además de las víctimas mortales, en el inmueble vivía una veintena de personas que salvó la vida, pero perdió todo lo demás. En la calle, sin ropa, dinero o documentos, en sus hogares, quedaron ilusiones, recuerdos y tesoros familiares. Driblaron a la muerte, pero el juego del burlón destino no había hecho sino comenzar. Desamparados por las aseguradoras y sin apoyos valientes por parte de las distintas administraciones, a sus penurias se sumó la obligación de hacer frente al pago de casi 600.000 euros del coste del minucioso desmontaje del edificio impuesto por una investigación policial y judicial que, al final resultó inútil, ya que ni aclaró las causas del siniestro ni fue capaz de hallar resto alguno de la pequeña Katherine Alexandra.

Tras un excelente trabajo durante el larguísimo fin de semana por parte de mis compañeros Maite Mayayo y Luis Javier Ruiz, a quien esto suscribe le tocó dar el relevo informativo a la sombra del inmueble ennegrecido por el fuego de un estallido que le condenó al derribo. Atentados, crímenes, demasiadas tragedias en las carreteras, madres a las que el destino arrancó a sus hijos de entre sus brazos, sobrecogedoras historias de superación… más de 20 años de labor periodística dan para mucho. Personajes admirables, individuos repugnantes, días maravillosos, jornadas monótonas y episodios dramáticos acaban por crear, capa a capa, una inconsciente coraza protectora de la que en contadas ocasiones temes que, como mucho, dañe la costra más superficial. Pero no, ese escudo saltó hecho añicos semanas después.

Durante más de medio año hablé con políticos, técnicos, expertos en siniestros, bomberos, policías, personal de servicios sociales y, escuché a las víctimas. Conocí a Teresa, que vio desaparecer la casa en la que había vivido desde niña y donde se quedaron miles de sus adorados libros; A Silvia, Óscar y a su pequeña; a David, Pilar y a sus ‘muñequitas’; a Carmelo, Pilar y sus dos hijos;  a Jesús y Edgar; y, sobre todo, a Jalal, Meriem y una preciosidad llamada Amira, quienes con toda su familia a miles de kilómetros, sin ropa, comida para el bebé o un techo pagaron con su agradecimiento y amistad la solidaridad que desde estas páginas germinó en la sociedad riojana. Y conocí a Rafaela, la única miembro de la familia Videla-Saa que logró sobrevivir al infierno en que se convirtió el Tercero Izquierda, postrada y sola en el hospital a la espera de la llegada de su hija Vilma, quien desde Argentina buscaba a través de la línea telefónica el consuelo y la esperanza que este periodista era incapaz de transmitirle sin contagiarse del desgarrador llanto de una mujer destrozada. Por fin, la generosidad de una legión de personas (Policía Local, Bomberos, Protección Civil, Servicios Sociales municipales, colegio Vuelo Madrid-Manila, parroquia de la Sagrada Familia y decenas de ciudadanos anónimos) obraron el milagro y Vilma y su hermana Stella pudieron abrazarse a su madre y preparar el retorno a Argentina, donde aún hoy tratan de aliviar el incurable dolor de una familia rota que, pese a todo, jamás escatimó una sonrisa de agradecimiento a la generoidad de los logroñeses. De aquellos días me quedan las muestras de gratitud de todas aquellas personas, un pequeño llaverito de Argentina, el orgullo de esta bendita profesión cuando sirve para algo más que informar y, sin diuda, la satisfacción de disfrutar de la certeza de que, aunque la coraza vuelva a crecer, se rasgará de nuevo cuando de verdad merezca la pena.

Contacto de intensidad media-alta en la zona genital

motosierra

Miren por dónde, tienen razón nuestros mandatarios y ustedes, simples ciudadanos mortales, padecen una severa distorsión de la realidad que deberían hacerse vigilar. Según, el Diccionario de la Real Academia Española, un texto que debería ser ‘sagrado’ en la cuna del castellano, recortar es: “Cortar o cercenar lo que sobra de algo”. Como evidentemente  Sanidad, Educación y Servicios Sociales, las tan cacareadas parcelas intocables de este Estado del Bienestar en el que el destino nos ha colocado, carecían de sobrantes ni podían presumir de excesos, pues eso, que es imposible aplicar tijeretazo alguno en los cimientos del noble edificio social construido con el sudor de todo. De unos más que de otros.

Seguro que muchos de ustedes, con insanas intenciones, intentarían convencerme de que el cierre-no cierre de los hogares del jubilado en domingos y festivos o  la eliminación de algunos médicos de familia en el entorno rural riojano a partir del mes próximo -al final más suavizada de lo que se había pergeñado en un principio- es una severa poda. Desde luego, no pueden haber errado más. ¿En qué están pensando? No hay  otosierra, no se tala nada, se trata, ni más ni menos, que de una “reordenación de la atención primaria”. Ahí queda eso.

Evidentemente, ni el Gobierno de La Rioja ni el resto de ejecutivos autonómicos ni el Gabinete de Rajoy (tampoco hace unos meses el de Rodríguez Zapatero) osarían jamás amputar derechos sociales o hurtar subvenciones y ayudas a los más desfavorecidos o al ejército de personas en riesgo de exclusión social que ha provocado la crisis económica. Por Dios, eso es vulgar y políticamente incorrecto cuando se puede echar mano de vocablos menos hirientes como reajuste, readaptación, reorganización…

Hoy los líderes mundiales se ocupan de que no nos falte de nada. Hasta nos televisan las guerras, eso sí sin víctimas ni sangre, sólo misiles de colores difíciles de distinguir de los que se ven en ETB cuando transmite los fuegos artificiales desde la playa de La Concha. Los dirigentes velan por nuestro bienestar, se desviven por proporcionarnos paz interior y armonía exterior y se esmeran por proteger nuestra sensibilidad con una buena dosis de ‘antibióticos’ léxico-verbales. Entre todos hemos acabado, en muchos casos sin necesidad de piqueta ni reforma alguna, con manicomios, asilos, gasolineras, cementerios y separaciones o divorcios para dotarnos de hospitales de atención psiquiátrica, geriátricos o centros para la tercera edad, estaciones de servicio, camposantos e interrupciones temporales o definitivas de la convivencia conyugal.

Y todos tan contentos. O no, porque por mucho que nos empeñemos, quien más quien menos sabe o se imagina que, a la larga, un contacto de intensidad media-alta en la zona de los genitales provoca el mismo agudo y prolongado dolor que la patada en los huevos de siempre.

Aún me quedan huevos

Foto de Justo Rodríguez

Foto de Justo Rodríguez

Aquí estamos de nuevo. Llevaba casi dos meses sin tiempo ni espíritu para batir. Ni un mal revuelto, créanme. No era una cuestión de huevos. Pese a la crisis aún me quedan de sobra, con hermoso tamaño  y en buen estado, ya que han estado a salvo en la zona más fresca del frigorífico. Seguro pues de la buena materia prima y con la muñeca lista, A punto de nieve quiera echarse de nuevo a la calle, a esa vía que han ocupado hoy cientos de miles de personas en todo el país.

Parece inconcebible reunir en La Rioja a la multitud que se ha congregado hoy en Logroño si no hay de por medio algo que llevarse a la boca. Pero no, esta vez no se trataba de degustaciones, pinchos y vinos, sólo silbatos, turutas de carnaval, llamamientos a la huelga y, sobre todo, muchas ganas de gritar en la calle contra un decreto que puede mandar a una legión de personas ahí mismo.

La neumonía económica no ha hecho distingos desde que nació allá por el 2007 como un catarro (de ladrillo y especulación) mal curado: muchos empresarios se han visto obligados a bajar la persiana, la mayoría pequeñas y medianas empresas; miles de autónomos, en ocasiones por falta de cobro de las distintas administraciones públicas, han puesto el candado en su lonja; y qué decir de los trabajadores por cuenta ajena, camino de los 5,5 millones de parados en todo el país y de los 27.000 en esta región.

A la clase empresarial, es cierto, nunca le ha gustado la legislación laboral vigente hasta hace dos semanas, pero sus demandas en los últimos tiempos urgían más a la recuperación de la confianza, a impulsar el consumo y, sobre todo a reabrir el grifo de la financiación. El Gobierno de Mariano Rajoy del Partido Popular, después de ocho años de contar, calculadora en mano, cada nuevo parado de José Luis Rodríguez Zapatero, tomó nota y prometió hacer todo lo que no había hecho el Ejecutivo socialista para crear empleo. Y en estas, su equipo económico parió el Real Decreto-ley 3/2012, de 10 de febrero, de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral, un cambio en las reglas de juego justo en mitad del partido. un librillo de instrucciones de 64 páginas para montar, como en el exitoso modelo Ikea, la estructura para empezar a salir de la crisis. Sin embargo, en el embalaje del gigante sueco, viene todo contado y bien embolsado y el kit de Rajoy parece que hay más baldas que tornillos. ¿Que hay algunas ayudas para impulsar la contratación de jóvenes? Pues sí. ¿Y de parados de larga duración? También, no lo negaré, pero esas soluciones apenas ocupan un par de bolsitas de un enorme envoltorio en el que durante semanas se ha ocultado la gran apuesta, tal vez impuesta desde Europa, del presidente popular: luchar contra el paro facilitando los despidos, camino que no dudarán en utilizar miles de malos empresarios españoles, que los hay, para recortar gastos por el apartado más fácil, el de la masa salarial. También sé que hay miles de malos trabajadores, jetas, vagos, malos compañeros… No han faltado nunca y siempre los habrá.

Algunos dicen que era necesaria una reforma laboral. Otros, no. Yo pienso que tal vez, pero desde luego no así. No es este el espacio para analizar cada punto del decreto, pero me gustaría poner el foco en tres aspectos que, entre otros muchos, no me gustan un pelo. Primero, no me parece lícito que una empresa que tenga beneficios pero ‘acredite’ caídas en el negocio durante tres trimestres pueda poner de patitas en la calle a una persona. También me chirría que la Administración central arrebate todas las competencias a sus hermanas pequeñas autonómicas en su arbitraje de los ERE, que ahora quedan al arbitrio del empresario o de la posterior judicialización del expediente. Y desde luego no me gusta que se ligue dos términos evidentemente contradictorios en sí mismos -absentismo y justificado-, para redactar un artículo que aprovechado por algún avispado puede arruinar el futuro de un hogar o varios.

Tal vez me confunda, ojalá, pero me da en la nariz de que en sólo unos meses estaremos hablando del drama de haber superado los seis millones de parados en España mientras en los distintos hemiciclos del país nuestros representantes políticos se enzarzan a cuenta de nuevas y viejas herencias. Y mientras, los que nos metieron en esto, contando billetes y víctimas colaterales. Hace falta huevos, pero de dos yemas.

Menudo polvorón

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Apenas ha dado cuatro brochazos, pero el boceto al que ha comenzado a dar forma Mariano Rajoy se adivina triste, un bodegón melancólico, sin tonos vivos y con los elementos estrictamente necesarios sobre el recio mobiliario habitual del sereno género pictórico. Es lo que toca, no está el salón nacional para alardes coloristas o caricaturas envueltas en marco de oro.

A punto de iniciar el quinto año de crisis económica y con casi cinco millones de parados, es necesario que las manos que sujetan el pincel y la paleta no tiemblen a la hora de aplicar los firmes trazos sobre un lienzo cada vez más negro y rugoso. Hasta aquí, todos de acuerdo. O casi, porque no sé cómo se las arreglan nuestros políticos, pero las salpicaduras casi siempre acaban en las mismas ropas, con tal de que algunos trajes queden impolutos.

El Gobierno socialista decidió desactivar el Impuesto de Patrimonio y a cambio nos subió el IVA a todos los mortales para recaudar las ‘perritas’ necesarias. Cuando la derrota en las urnas estaba ya garantizada, Rubalcaba prometía instaurar una carga fiscal especial a las grandes fortunas y a los beneficios de la banca, posibilidad que Rajoy ni ha contemplado. Por omisión, porque no contestó,parece que el nuevo presidente del Gobierno no contempla una rebaja del IVA, aunque tampoco es su “intención” el incremento del impopular impuesto.

Excepto para nuestros mayores, que verán incrementadas sus pensiones, para el resto las vacas siguen flacas. El río baja revuelto, la corriente es demasiado fuerte, cada vez cubre más y, coño, encima el agua está helada. Y en estas, con la ‘santa’ productividad elevada a los altares por obra y gracia de los ‘sagrados’ mercados, a Rajoy se le ocurre cargarse los puentes. El nuevo inquilino de La Moncloa ha decidido atender una vieja reclamación del empresariado, que siempre ha repudiado una costumbre española tan arraigada como la siesta, como si ese privilegio no fuese recuperado, hasta el último minuto, por el trabajador. Imagino que los ideólogos del PP habrán hecho sus cuentas y los beneficios de la diosa productividad al trasladar las fiestas al lunes más cercano aliviarán las alteraciones que la iniciativa puede producir en las constantes vitales de organismos ya muy dañados, como hoteles, campings, casas rurales, bares, restaurantes, agencias de viajes, comercios, empresas de transporte…, Y en comunidades autónomas como La Rioja con especial inicidencia, no en vano el auténtico agosto llega a esta región en otoño, cuando casan bien el 12 de octubre, el 1 de noviembre o el 6 y el 8 de diciembre.

Doctores tiene el PP, ellos sabrán. En mi caso, sin negocios o intereses turísticos y sin una querencia especial por los puentes, me daría por satisfecho con saber si los Reyes Magos van a venir el viernes 6 de enero o el lunes 9, por dejarles la copita y el turrón; si Jueves Santo y Viernes Santo se van los dos al lunes, para ahorrar en dolor cristiano; si el día del Trabajo se adelantará al 30 abril o se suprimirá porque cada vez hay menos que celebrar; y, sobre todo, y con esto la curiosidad me corroe las entrañas, si el 2012, que es bisiesto, acabará el 30 de diciembre para el año nuevo empiece el 31, que es lunes.

Posdata: Me urge saber si el 1 de enero es fiesta porque si no es así quiero programar con tiempo la grabación de los saltos de esquí, a no ser que a alguien se le ocurra elimanar la rampa de la estación alemana de Garmisch-Partenkirchen pensando que es un puente.

Feliz Navidad a todos (y todas) y cuidado con los polvorones, aunque hay cosas más difíciles de tragar.

Un picor insoportable y el emperador del norte

No tengo la suficiente fuerza de voluntad, lo acepto. Con esfuerzo, pero soy capaz de decir que no a un delicioso bombón, de renunciar a una buena comida y hasta de rechazar una cerveza, una copa o un buen vino de Rioja (de La Rioja riojana y de la alavesa). También puedo decir con orgullo que el mes que viene, el día 11, cumpliré siete años desde que me desencadené de los tres paquetes diarios de Ducados negro. Pero este picor es insoportable, lo he aguantado cuatro días y no puedo más, me rindo.

Dije todo lo que pensaba, no me guardé nada, respondí a las críticas, sonreí ante los halagos, me ‘desnudé’ ante ustedes, pero al concluir el post anterior me hice prometer que no volvería a escribir sobre la polémica sanitaria que ha convertido el eje País Vasco-La Rioja-Navarra en un ‘triángulo de las Bermudas’ donde la razón, la cordura, la mesura y el buen gusto desaparecen sin dejar rastro. Sólo porque sí. Como la comezón continuaba, aproveché mi afeitado del domingo por la noche par, apoyado en dos cortecitos, leves pero suficientes, en el labio superior y en la zona derecha del cuello, rubricar mi compromiso en forma de juramento de sangre. Ni por esas, la picazón creció y ya lo ven, sucumbo y, con pesar, el justo, me dispongo a faltar a mi palabra.

No hacía falta ser Nostradamus ni un experto en la lectura de los posos del café para barruntar que mi augurio final no fracasaría. La cita con los garrulos habituales estaba garantizada: tres o cuatro días de sandeces, un ramillete de improperios, alguna ocurrencia con gracia, las monotonas ocurrencias de siempre y a otra cosa. Error. Una de las estrellas de ese tan poco selecto club decidió abandonar momentáneamente su prolongado letargo para, a escupitajo dialéctico limpio, situar los focos sobre su persona. Señoras y señores, con ustedes Iñaki Mirena Anasagasti Olabeaga, la cara (dura) del EAJ-PNV, y nuestra cruz por tener que aguantarle, afortunadamente cada vez menos a menudo.

Su culo, acostumbrado desde hace umás de un cuarto de siglo a los cómodos sillones de Las Cortes y, cómo no, a los privilegios y dietas de las instituciones españolas (perdón, estatales), se removía inquieto estos días a la espera de volver a aplastarse a partir de este martes y 13 de dieciembre en el confortable escaño de la Cámara Alta, donde volverá a hibernar durante otros cuatro años, excepto con algún despertar programada, como el de su censura anual al discurso navideño borbónico. Antes de comenzar su agotador trabajo a destajo, que volverá a dejarle sin tiempo durante esta legislatura para aprender euskera, Iñaki Mirena tenía que enseñar a los ciudadanos el equipaje con el que viaja a Madrid. No aguanta más y en plena bajamar y con la corriente a favor se ha apresurado a cobrar viejas facturas al presidente de La Rioja, Pedro Sanz, y de paso, como era gratis, a zumbarle al Gobierno vasco socialista, sin importarle que sangrase aún más la herida abierta entre vecinos condenados a entenderse y, de hecho, acostumbrados a llevarse bien, pese a los esfuerzos de muchos de sus representantes. Ni elegante ni educado. No es difícil imaginar su cara desencajada mientras tecleaba con saña en su blog un ramillete de perlas que destilan odio a todo aquello ajeno a su mundo sabiniano.

Podía haber sido el bonito del norte, callado hubiese estado mucho más guapo, pero ha preferido volver a representar el papel de malo y atacar a martillazos a todo aquel que no comulgue con sus ideas, como Ernest Borgnine en el excelente drama de Robert Aldrich ‘El emperador del Norte’ (1973), donde el oscarizado protagonista de ‘Marty’ (1955) borda al despiadado Sack, el sádico maquinista que no duda en reventar con su maza la cabeza de los indefensos vagabundos que no cumplen su ley y osan subir a su tren, pero que actúa cobardemente con quienes empuñan las armas. En fin, mejor no ponerse a su altura. En fin, a estas alturas será mejor que impere el espíritu navideño. Que Olentzero le colme de regalos. Zorionak eta urte berri on, Iñaki Mirena.

Felicidad para todos. Estoy contento, porque llegados a este párrafo, veo con satisfacción cumplido mi compromiso: no he hablado de la guerra sanitaria. Permítanme sólo una licencia en forma de deseo: que el pacto futuro que se rubrique en salud sirva para garantizar la atención a todos los ciudadanos y, de paso, contribuya a impulsar el avance en medicina, porque es urgente que alguien descubra pronto una vacuna que ayude a controlar a tanto tonto.

Tanto cortejo, para echar uno rápido (y sin amor)

Nieto y Bengoa

Paz y amor. Ha sido encender las luces navideñas en las calles y que riojanos y vascos (los navarros no tardarán, se lo aseguro) entierren el hacha de guerra sanitaria. Aunque han dejado, por si acaso, bien señalizada la sepultura del arma aún afilada, es de esperar que antes del 29 de febrero, fecha de caducidad del armisticio temporal, la reconciliación sea firme y se traduzca en un convenio definitivo en castellano, euskera y, si es necesario, latín.

No deja de ser curioso, sin embargo, que lo que ha sido imposible en tres meses de reproches (por ambas partes), de victimismo, amenazas o avisos a las comunidades colindantes (directas y públicas a unas; también sin rodeos, pero de forma ‘discretica’ a otra) y medias verdades para sembrar el campo negociador de confusión (todo este ramillete de fuegos de artificio y real exportado desde Vitoria a la capital riojana, vía A-124 y AP-68), se logre en unas horas y en pleno ‘macropuente’ constitucional.

No menos llamativo resulta otro aspecto, el del vil metal, que ha pasado de ser el ‘eje del mal’ y la clave de la tormenta, los tan cacareados siete millones de euros, a quedar arrinconado y oculto entre las lonas del fondo de cohesión nacional; al menos de momento. Cualquiera diría que nuestros políticos, plenos ya de espíritu navideño, han decidido hacer suyas algunas máximas de la sabiduría popular: “El dinero no da la felicidad” y “La salud es lo que importa”. Hasta que el convenio definitivo ponga negro sobre blanco las nuevas reglas del juego, parece que el compromiso es la recompensa en especias, a la espera de que ‘Papá Estado’ saque la cartera y les suba la paga.

Al final, a uno le queda la sensación de que la crisis -no podía faltar tampoco en este baile- ha destapado tanto despilfarro pasado y despreocupación manirota, que hoy los obligatorios recortes degeneran en picores, urgencias y necesidades que satisfacer. Han sido tres meses de cortejos, de guiños, de desaires, de escenas de celos y amenazas de ruptura en los que hemos asistido a sorprendentes ofertas de apareamiento entre compañeros de cama imposibles.

Pero no se preocupen, no hubo orgía política, tan sólo galanteos interesados. ¿Se acuerdan? El puñetazo en la mesa (de operaciones) propinado por el presidente regional, Pedro Sanz, recibió la airada censura de sus compañeros de partido en el País Vasco, Antonio Basagoiti y Ramón Rabanera, entre otros; y el reproche en forma de huelga de hambre del alcalde popular de Oyón, Rubén Garrido. En casa, el jefe del Ejecutivo riojano cosechó los aplausos de su Gabinete y de la sede del PP de Duquesa de la Victoria, la división de opiniones tradicional (una vela a Dios y otra…) del PR y el silencio socialista (el PSOE está en lista de espera para un transplante multiorgánico). Fuera de la región, Sanz sólo encontró el ¿salvavidas? de Bildu, mientras los tertulianos ‘intereconómicos’ y asociaciones católicas le zumbaban hasta en el DNI por el episodio de los abortos. Tampoco el mandatario regional escatimó maquillaje y abalorios en el flirteo; mientras los socialistas le tildaban de antivasco, él le ponía ojitos a los nacionalistas.

En definitiva, un largo coqueteo de tres meses para dar rienda suelta a las necesidades más básicas y primitivas de la clase dirigente, una eterna danza de cortejo rubricada con un polvete rápido (con perdón) sin amor ni ternura; pese a todo, mejor, dónde van a parar, que el ‘gatillazo’ navarro.

Sólo resta esperar que la coyunda sirva para alumbrar un acuerdo definitivo y un final feliz, aunque, como siempre, los garrulos que ha destapado este encontronazo (los ultraortodoxos riojanos y vascos) seguirán con su insoportable ruido. Estos, también sin amor, ni siquiera copulan, pero, créanme, vaya si joden.

Ojo con los daños colaterales

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Cuanto más hablan, peor; cuanto menos dialogan, más se aleja la cordura. El roce vasco-riojano (me niego a hablar de guerra) a cuenta de la atención/desatención sanitaria a los del otro lado de la muga (frontera) se ha convertido en un rico muestrario de despropósitos, en el que el socorrido recurso al “Y tú más” se transforma en un estéril y peligroso intercambio de golpes, por cierto casi todos demasiado bajos y nada deportivos.

Gestos groseros, ruines acusaciones de insolidaridad, desplantes irresponsables, amenazas indecentes… Las discrepancias en el diagnóstico impiden, de momento, elegir el tratamiento adecuado después de tres meses de pruebas, tomas de muestra y analíticas. Mientras, el rasguño se ha convertido en una herida sangrante en la que el riesgo de infección amenaza con necrosar las relaciones de unos vecinos condenados (y deseosos) a entenderse.

Convencidos todos de que en caso de urgencia no hay que perder ni un segundo y que la atención médica y humanitaria debe ser de obligado y rápido cumplimiento, tampoco deberían quedar hoy dudas de que el resto (tratamientos especializados, citas previas y operaciones programadas) se tienen que realizar en la comunidad autónoma de cada paciente (los de Laguardia a Vitoria; los de Haro a Logroño; los de Miranda a Burgos; y, evidentemente, los de Castro, aunque sean bilbaínos, a Santander) o derivarse al hospital más cercano, previo acuerdo entre las administraciones del precio y el modo de pago: en metálico, en cheque, en especias, en carne o en pescado.

Pero no. Han optado por el portazo y la venganza. Desde La Rioja, el presidente regional, Pedro Sanz, se ha negado a contar hasta diez, pero en alto para que se enterara todo el país de lo que pasaba y lo que reclamaba, y ha tirado por la calle del medio, la más empinada, bacheada y ruidosa. Mientras, el Gobierno de Vitoria, por boca de su consejero de Salud, Rafael Bengoa, admite que no le apetece nada rascarse la cartera y recurre a la vieja estrategia nacionalista del victimismo y, lo que es peor, a la mentira o a las medias verdades al poner sobre la mesa el número de operaciones de órganos donados por altruistas vascos que han acabado en el interior de los cuerpos de decenas de riojanos, ocultando que eso sí esta redactado, rubricado y tasado económicamente en un convenio nacional.

Y para rematar el fracaso negociador los adversarios reclaman ahora el arbitraje de Mariano Rajoy, como si el futuro inquilino de La Moncloa no tuviese ya bastantes pitos que tocar. Es de esperar que una vez que se vista de corto, el mandatario gallego zanje la jugada con tarjeta amarilla para ambos, como ya hizo el Ministerio de Sanidad en funciones, que, tras previa advertencia verbal a ambos capitanes, optó por el bote neutral de la recomendación de alcanzar el acuerdo.

Pero a estas alturas del partido, el peligro sigue ahí porque la gran tragedia de toda contienda bélica (ahora sí me apetece, lo siento, me he calentado), da igual que la batalla sea entre militares o políticos, es que la verdadera víctima, quien paga la gruesa factura de los denominados daños colaterales, es la población civil. Por eso, a la espera de que sellen la paz, al resto de mortales sólo nos queda desear que no haya que lamentarse de verdad y que además del sudor por el bochornoso espectáculo, esto le cueste a alguna familia -da igual que sea vasca o riojana- sangre y lágrimas.

La digestión del 'bicho'

Batacazo descomunal, pero de fácil digestión. La sede socialista riojana era anoche un remanso de serenidad, de resignación, de calma chicha. Son las ventajas de no tener que tragarse un ‘bicho’ como el de ayer de un sólo bocado, sino haber podido deglutirlo durante semanas, más bien meses.
En la sede de Martínez Zaporta, 7, no había tristeza, tampoco entre las decenas de afiliados y simpatizantes socialistas congregados en el Café Moderno. Mi compañero Teri Sáenz, dueño y señor de ‘Chucherías y quincalla‘, tampoco apreció la esperada alegría desbordante en el cuartel general popular, instalado en el ‘Círculo Logroñés’. Los comensales ya había apurado el trago, amargo para unos y dulce para los otros, desde antes de empezar la campaña electoral, la menos igualada y emocionante de cuantas se recuerdan.
“Esto va por ciclos, tocaba cambiar y luego volverá a ocurrirles a ellos. Ahora sólo nos queda trabajar en la oposición. No hay otra”, recordaba resignado anoche un dirigente socialista logroñés.
El sábado 4 de noviembre algunos de los candidatos socialistas ya confesaban en privado que la dificultad de la campaña iba a ser máxima. “Nuestro electorado está desmotivado, abatido, nos va a costar muchísimo movilizarlo y en el caso de algunos va a ser imposible”, admitía uno de ellos. Otro llegaba a mostrarse aún más desanimado: “Nos va a costar encontrar gente incluso para que sean apoderados e interventores”. Fue el único que erró en su pronóstico. El resto, acierto pleno, muy a su pesar.
Pero todo estaba en contra. La crisis y su tardía reacción, brotes verdes incluidos, había comenzado a cavar la tumba política de Zapatero muchos meses atrás. Los demoledores datos del paro conocidos días antes de la campaña electoral hicieron el resto.
Con Rubalcaba, el rostro durante años del Ejecutivo central socialista, como candidato y con algunas promesas, golosas pero contrarias a lo que se había hecho desde La Moncloa, el zarpazo popular estaba casi garantizado.
Ahora España vuelve a ser azul y el PSOE tiene que acabar la digestión del ‘bicho’. Salvo complicaciones gastrointestinales en los congresos ordinarios que le esperan, no debe tardar en digerirlo y esperar a que el ciclo vuelva a cambiar.

Doce formas de retratarse

urna

Imperfecto, sí; injusto, también; derrochador, sin duda; pero, de momento, el menos malo de los sistemas inventados por la raza humana para elegir a sus representantes en las instituciones. Las urnas esperan este 20-N transparentes, brillantes y limpias para atesorar en la fragilidad de sus cuerpos toda la fortaleza de la Democracia. Pero, ojo, la participación es un derecho, no una obligación. En estas elecciones generales se presentan en La Rioja nueve fuerzas políticas (PP, PSOE, IU, UPyD, Equo, PUM+J, Pacma, PCPE y UCE), todas defendibles, todas criticables… para gustos están los colores. Habrá quien no se sienta del todo a gusto con ninguna de ellas y opte por meter el sobre en blanco, una opción que, a la larga, beneficia a los dos partidos mayoritarios. No faltarán los que repudien a todas ellas e incluso muestren su disconformidad con el sistema y opten por invalidar su papeleta con la inscripción de reivindicaciones o mensajes de desahogo. Y finalmente, los que opten por la abstención, no los perezosos, sino aquellos que defienden dicha opción como método de (no) participación consciente. Tras la inútil pero agradable y, sobre todo barata, jornada de reflexión, llega la hora del veredicto. Como en las viejas ‘pelis’, este jurado está compuesto por 12 miembros/opciones. Llegó su hora, querido e-lector, debe retratarse. No busque, que ya lo he hecho yo por usted; compare, eso sí es necesario; y si encuentra algo mejor, no espere y comuníquemelo de inmediato.

 

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