06 Ago 2008

Agua de noria, de José Jiménez Lozano

Agua de noria

José Jiménez Lozano

RBA, Barcelona, 2008

252 págs., 18€

La posibilidad de enfrentarme a una novela policíaca, con todas las características de tal género, despertó mi curiosidad y se me presentó como un desafío en la obra de José Jiménez Lozano. ¿Sería el comisario Desi un policía tan astuto como Jessica Fletcher, Hércules Poirot, Sherlock Holmes, y un largo etcétera? ¿Uno más entre esos seres especiales capaces de descifrar sutiles jeroglíficos de pruebas invisibles y de llegar a identificar, sin la menor duda, al culpable acreedor del peso de la justicia?

¿Qué tienen en común –si es que tienen algo- Sherlock Holmes, Hércule Poirot, el inspector Maigret de Simenon, Philip Marlowe de Raymond Chandler, Sam Spade de Hammett, el Father Brown de Chesterton, Jessica Fletcher de Angela Lansbury, Philo Vance de S.S. Van Dine y el comisario Desi de José Jiménez Lozano? Precisamente eso, su infatigable empeño por encontrar al culpable para que pague su crimen.

Otros autores, creadores de enigmas policíacos, se han decantado por soluciones sofisticadas en las que manifiestan su preferencia por encumbrar la sagacidad del investigador en detrimento u olvido de las víctimas. En ese grupo cabría mencionar a los investigadores de John Dickson Car: Gideon Fell y Sir Henry Merrivale (bajo el seudónimo Carter Dickson). Ambos cultos, brillantes, gordos, algo sudorosos, lentos al caminar y decididamente sedentarios. Las novelas de Dickson Carr son las del “cuarto cerrado”. Es el maestro de esta modalidad que heredó del Gaston Leroux de El misterio del cuarto amarillo (con su personaje Rouletabille, un joven periodista convertido en detective aficionado). Sin embargo para Dickson Carr, lo importante no es agarrar al asesino y condenarlo por el asesinato que cometió. Dickson Carr ama más la lógica que la vida. Un muerto, para él, es un enigma con mayor o menor importancia. Lo que importa en grado sumo es el enigma. En suma, un ejemplo de escritor cuyos investigadores han perdido el norte, el concepto claro de a quién sirven con su trabajo, deshumanizados.

Y es ahí, en las antípodas de estos investigadores sofisticados y deshumanizados, dónde encontramos al comisario Desi. Puede que no destaque por su sagacidad. Tal vez su trabajo se asemeje más al trabajo constante del borrico que llena de agua los cangilones de la noria y hace brotar con su esfuerzo el orden y la vida del huerto. Un hombre con una infancia feliz en la que se sintió querido. Un hombre con raíces que podía distinguir la autenticidad de los sentimientos porque los había experimentado previamente. Y por lo tanto un hombre que había aprendido a mirar a otro hombre, fuera quien fuese, como un ser igual a él, a quien serviría con su trabajo de policía si hubiera menester.

En esta novela, José Jiménez Lozano, enfrenta al comisario Desi, no a un crimen cualquiera, sino al mismo concepto de crimen y de culpabilidad. Lo que está en juego es el concepto de libertad, de justicia, de independencia del ser humano frente al poder –político o científico-.

En el trasfondo, la lenta marcha de la sociedad democrática, a la que se puede manejar con el cuarto poder: la prensa. Y el triunfo -la impunidad- de los poderosos sobre los débiles.

Una novela inquietante y sumamente peligrosa para aquellos que pretenden imponer sus intereses a la mayoría mediante el control de la opinión. Una novela que alcanza la cima de la expresión de la lengua castellana capaz de naturalizar los decires cervantinos. Una novela filosófica. Una novela profundamente humana.

El sobrino de Atilano Nicolás

Agua de noria, de José Jiménez Lozano

Agua de noria

José Jiménez Lozano

RBA, Barcelona, 2008

252 págs., 18€

La posibilidad de enfrentarme a una novela policíaca, con todas las características de tal género, despertó mi curiosidad y se me presentó como un desafío en la obra de José Jiménez Lozano. ¿Sería el comisario Desi un policía tan astuto como Jessica Fletcher, Hércules Poirot, Sherlock Holmes, y un largo etcétera? ¿Uno más entre esos seres especiales capaces de descifrar sutiles jeroglíficos de pruebas invisibles y de llegar a identificar, sin la menor duda, al culpable acreedor del peso de la justicia?

¿Qué tienen en común –si es que tienen algo- Sherlock Holmes, Hércule Poirot, el inspector Maigret de Simenon, Philip Marlowe de Raymond Chandler, Sam Spade de Hammett, el Father Brown de Chesterton, Jessica Fletcher de Angela Lansbury, Philo Vance de S.S. Van Dine y el comisario Desi de José Jiménez Lozano? Precisamente eso, su infatigable empeño por encontrar al culpable para que pague su crimen.

Otros autores, creadores de enigmas policíacos, se han decantado por soluciones sofisticadas en las que manifiestan su preferencia por encumbrar la sagacidad del investigador en detrimento u olvido de las víctimas. En ese grupo cabría mencionar a los investigadores de John Dickson Car: Gideon Fell y Sir Henry Merrivale (bajo el seudónimo Carter Dickson). Ambos cultos, brillantes, gordos, algo sudorosos, lentos al caminar y decididamente sedentarios. Las novelas de Dickson Carr son las del “cuarto cerrado”. Es el maestro de esta modalidad que heredó del Gaston Leroux de El misterio del cuarto amarillo (con su personaje Rouletabille, un joven periodista convertido en detective aficionado). Sin embargo para Dickson Carr, lo importante no es agarrar al asesino y condenarlo por el asesinato que cometió. Dickson Carr ama más la lógica que la vida. Un muerto, para él, es un enigma con mayor o menor importancia. Lo que importa en grado sumo es el enigma. En suma, un ejemplo de escritor cuyos investigadores han perdido el norte, el concepto claro de a quién sirven con su trabajo, deshumanizados.

Y es ahí, en las antípodas de estos investigadores sofisticados y deshumanizados, dónde encontramos al comisario Desi. Puede que no destaque por su sagacidad. Tal vez su trabajo se asemeje más al trabajo constante del borrico que llena de agua los cangilones de la noria y hace brotar con su esfuerzo el orden y la vida del huerto. Un hombre con una infancia feliz en la que se sintió querido. Un hombre con raíces que podía distinguir la autenticidad de los sentimientos porque los había experimentado previamente. Y por lo tanto un hombre que había aprendido a mirar a otro hombre, fuera quien fuese, como un ser igual a él, a quien serviría con su trabajo de policía si hubiera menester.

En esta novela, José Jiménez Lozano, enfrenta al comisario Desi, no a un crimen cualquiera, sino al mismo concepto de crimen y de culpabilidad. Lo que está en juego es el concepto de libertad, de justicia, de independencia del ser humano frente al poder –político o científico-.

En el trasfondo, la lenta marcha de la sociedad democrática, a la que se puede manejar con el cuarto poder: la prensa. Y el triunfo -la impunidad- de los poderosos sobre los débiles.

Una novela inquietante y sumamente peligrosa para aquellos que pretenden imponer sus intereses a la mayoría mediante el control de la opinión. Una novela que alcanza la cima de la expresión de la lengua castellana capaz de naturalizar los decires cervantinos. Una novela filosófica. Una novela profundamente humana.

El sobrino de Atilano Nicolás

Agua de noria, de José Jiménez Lozano

Agua de noria

José Jiménez Lozano

RBA, Barcelona, 2008

252 págs., 18€

La posibilidad de enfrentarme a una novela policíaca, con todas las características de tal género, despertó mi curiosidad y se me presentó como un desafío en la obra de José Jiménez Lozano. ¿Sería el comisario Desi un policía tan astuto como Jessica Fletcher, Hércules Poirot, Sherlock Holmes, y un largo etcétera? ¿Uno más entre esos seres especiales capaces de descifrar sutiles jeroglíficos de pruebas invisibles y de llegar a identificar, sin la menor duda, al culpable acreedor del peso de la justicia?

¿Qué tienen en común –si es que tienen algo- Sherlock Holmes, Hércule Poirot, el inspector Maigret de Simenon, Philip Marlowe de Raymond Chandler, Sam Spade de Hammett, el Father Brown de Chesterton, Jessica Fletcher de Angela Lansbury, Philo Vance de S.S. Van Dine y el comisario Desi de José Jiménez Lozano? Precisamente eso, su infatigable empeño por encontrar al culpable para que pague su crimen.

Otros autores, creadores de enigmas policíacos, se han decantado por soluciones sofisticadas en las que manifiestan su preferencia por encumbrar la sagacidad del investigador en detrimento u olvido de las víctimas. En ese grupo cabría mencionar a los investigadores de John Dickson Car: Gideon Fell y Sir Henry Merrivale (bajo el seudónimo Carter Dickson). Ambos cultos, brillantes, gordos, algo sudorosos, lentos al caminar y decididamente sedentarios. Las novelas de Dickson Carr son las del “cuarto cerrado”. Es el maestro de esta modalidad que heredó del Gaston Leroux de El misterio del cuarto amarillo (con su personaje Rouletabille, un joven periodista convertido en detective aficionado). Sin embargo para Dickson Carr, lo importante no es agarrar al asesino y condenarlo por el asesinato que cometió. Dickson Carr ama más la lógica que la vida. Un muerto, para él, es un enigma con mayor o menor importancia. Lo que importa en grado sumo es el enigma. En suma, un ejemplo de escritor cuyos investigadores han perdido el norte, el concepto claro de a quién sirven con su trabajo, deshumanizados.

Y es ahí, en las antípodas de estos investigadores sofisticados y deshumanizados, dónde encontramos al comisario Desi. Puede que no destaque por su sagacidad. Tal vez su trabajo se asemeje más al trabajo constante del borrico que llena de agua los cangilones de la noria y hace brotar con su esfuerzo el orden y la vida del huerto. Un hombre con una infancia feliz en la que se sintió querido. Un hombre con raíces que podía distinguir la autenticidad de los sentimientos porque los había experimentado previamente. Y por lo tanto un hombre que había aprendido a mirar a otro hombre, fuera quien fuese, como un ser igual a él, a quien serviría con su trabajo de policía si hubiera menester.

En esta novela, José Jiménez Lozano, enfrenta al comisario Desi, no a un crimen cualquiera, sino al mismo concepto de crimen y de culpabilidad. Lo que está en juego es el concepto de libertad, de justicia, de independencia del ser humano frente al poder –político o científico-.

En el trasfondo, la lenta marcha de la sociedad democrática, a la que se puede manejar con el cuarto poder: la prensa. Y el triunfo -la impunidad- de los poderosos sobre los débiles.

Una novela inquietante y sumamente peligrosa para aquellos que pretenden imponer sus intereses a la mayoría mediante el control de la opinión. Una novela que alcanza la cima de la expresión de la lengua castellana capaz de naturalizar los decires cervantinos. Una novela filosófica. Una novela profundamente humana.

El sobrino de Atilano Nicolás

02 Ago 2008

El juego del ángel, de Carlos Ruiz Zafón

El juego del Ángel

Carlos Ruiz Zafón

Planeta, Barcelona, 2008

667 páginas, 24,50 €

El realismo mágico de Jorge Luís Borges, con su biblioteca fantástica, está presente. Un realismo mágico que sumerge al lector en una vertiginosa espiral de crímenes que se suceden a mayor gloria y honra de un escritor que triunfa sobre la pobreza, la enfermedad e incluso, la muerte.

Que un escritor joven y proletario triunfe hoy día, hasta tiene su gracia. A comienzos del siglo XX, cuando dominaba una clase adinerada y burguesa, parecería cosa de brujas. Y brujas, también desfilan por las páginas del libro. Unas brujas que resultan inocentes al lado del Ángel que figura en el título y que parece ser el culpable de quemar a vivos y asesinar a muertos (al menos a alguno cuyo nombre rezaba en una lápida).

Carlos Ruiz Zafón sabe liar: domina el arte de enlazar acciones y dejar al lector con el ánimo suspenso hasta ver en qué para todo aquello. Levanta misterios por todas las esquinas de la ciudad condal, Barcelona. Y esa parece ser una virtud suficiente para promocionar este libro, allende los mares, con una edición millonaria.

Pero para el lector que busca una trama consistente podría resultar una sorpresa insulsa en la que todo lo “intelectual” se reduce a establecer las bases relativistas encaminadas a rebajar el concepto de “religión” a “conducta bonachona”. Cualquier idea religiosa se justifica con un interés de dominio económico-social por parte de una minoría que quiere controlar a la gran masa. Nada de lo que hasta ahora hemos entendido: religión como relación personal con un Dios que me hace superar mi tendencia egoísta para favorecer al otro, al prójimo.

De las influencias literarias en la obra cabe citar también, aunque Carlos Ruiz Zafón sólo le dedique una línea, a Oscar Wilde y su Retrato de Dorian Gray. De eso se trata: un joven escritor al borde de la vida o de la muerte que recibe la visita de un personaje misterioso –e inmortal por cierto- que le propone un pacto. Conservará su vida y su juventud, además de engrosar una cuenta bancaria, a condición de vender su arte y su alma. Deberá escribir una teoría religiosa nueva que subyugue a la masa. Una teoría que englobe todas las religiones existentes y que pueda, por lo tanto, atraer a todos los hombres: algo así como un “pacto de religiones”. Este doctorado en “religiones” es lo que le asemeja al Fausto de Christopher Marlowe, a su vez basado en un personaje alemán, posiblemente real, que también vivía de brujerías, poco anterior a la época de Shakespeare.

Para los anteriores Faustos, la elección entre el bien y el mal era una opción merecedora del cielo o del infierno. Para David Martín (que en algún momento se descuelga como Daniel Martín), el “Fausto” de Zafón, la opción es clara: el beneficio “bien vale una misa o unas cuantas homilías.”

El sobrino de Atilano Nicolás

21 Ene 2008

Verde agua, de Marisa Madieri

Verde agua

Marisa Madieri

Minúscula, Barcelona, 2006

Posfacio de Claudio Magris

Claudio Magris (Trieste, 1939), en el posfacio incluido en Verde agua, enmarca la obra escrita por su esposa, Marisa Madieri (Fiume, 1938-Trieste 1996), aportando el contexto histórico en el que se desenvolvió la infancia de la autora.

“Al final de la Segunda Guerra Mundial la Yugoslavia de Tito, tras su extraordinaria resistencia partisana, no sólo recuperó tierras étnicamente eslavas incorporadas con anterioridad a Italia, sino que ocupó e hizo también suyas tierras en las que vivían italianos, como Istria y Fiume –actualmente Rijeka, en Croacia-, donde Marisa Madieri nació y vivió, de niña, con su familia.” (Pág. 190)

Marisa Madieri escribió un conjunto de apuntes fechados, a modo de diario. El tema que da sentido al conjunto es la vida misma. Un relato que incorpora pasado y vida presente de la autora y de su familia en un momento muy difícil de la historia del país, y de la propia historia de los emigrantes. Las dificultades, la pobreza y la dureza de la vida de emigrante no dejaron odio, rencor ni egoísmo en esta mujer de sensibilidad exquisita. El relato se entreteje con palabras ajenas, con ideas ajenas, que son los libros que frecuentó durante su vida:

La dama del mar, de Ibsen

El Cantar de los Cantares

La poesía de Gabriel D’Annunzio

Gran Serton: Vereda, de Joäo Guimaräes Rosa

Al faro, de Virginia Wolf

La Gerusalemme liberata, de TorquatoTasso

La Iliada y La Odisea, de homero

Guerra y Paz, de Leon Tolstoi

Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

Sleepy Hollow, de Washington Irving

Vehículos que piensan de Braintegerg.

Maria Madieri no cita, no comenta. Tan sólo sugiere, alude y permite a la imaginación del lector el viaje personal, la recreación particular. Al concluir la lectura de estas 185 páginas el lector puede dibujar perfectamente, o mejor, reproducir como una fotografía los paisajes en los que María y su familia se desenvolvieron, las casas que habitaron los muebles, los enseres que utilizaron, y por supuesto, los distintos personajes que compusieron su universo familiar y de amistad.

El lector llega a comprender cómo puede afectar la frialdad de un hecho histórico o político a la vida de una niña, y cómo lucha esa niña por superarse y alcanzar la madurez. La forma de reaccionar ante ese dolor y esa injusticia es lo que diferencia al ser humano. La grandeza o la ruindad es el fin de trayecto de los sucesivos ejercicios de libertad personal. No consiste en no ver el dolor, en no padecer el sufrimiento o la miseria. Marisa Madieri describe situaciones muy duras. Pero las describe con el señorío que da el haberlas superado. Un libro que se recrea en descripciones líricas, lleno de contenidos culturales y valores humanos y que propone al lector la consideración de la importancia del ser humano por encima de las condiciones materiales que lo rodean.

El sobrino de Atilano Nicolás

23 Dic 2007

El regreso, de Joseph Conrad

El regreso

Joseph Conrad

Funambulista, Madrid 2007

En Cuentos de inquietud, Valdemar, Madrid, 2002, 56 págs.

Traducción de Fernando Jadraque

Cuando vivimos de cerca la separación o el divorcio nos interrogamos sobre de quién será la culpa del fracaso. Porque por muy light que la ley actual lo quiera presentar, de lo que no cabe la menor duda es de estamos ante un fracaso.

Las prisas de la sociedad contemporánea española –puede que debamos añadir “y europea”- abocan al ciudadano a la convivencia con las hechos y a la carencia de reflexión sobre sus causas y consecuencias.

Bien es cierto que el estilo de Joseph Conrad (1857-1924) es descriptivo -por lo tanto lento- pues se recrea en los objetos que rodean al personaje. A través de esas descripciones, el lector llega a percibir el mundo interior y la sensibilidad del personaje que el lector tiene ante sí. También sus contradicciones, la lucha interior, por entender lo que le rodea, por entender el dolor que le produce el fracaso matrimonial: como los seres humanos en la vida real.

El regreso es una novela corta, muy corta. Pero igualmente, muy densa. Asistimos a seis horas escasas de la vida de un matrimonio. No obstante el autor desliza información suficiente para poder comprender el pasado y el porvenir de esta pareja. Los sentimientos que experimentan sus protagonistas se hallan perfectamente descritos en el seguimiento que hace J. Conrad de los objetos que le rodean, de los efectos que la luz causa en esos objetos, de los movimientos que realizan los escasos personajes que intervienen en el relato. Ese movimiento podría ser el itinerario a seguir por el objetivo de la cámara, si habláramos de cine.

El Regreso constituye una joya para los estudiosos de la literatura. No se puede explicar la evolución del realismo como corriente hacia el romanticismo y las vanguardias si reflexionar sobre este texto.

Para el estudioso de la Literatura, la comprensión de lo que significa un personaje redondo o completo se vería ayudada con la lectura de este texto.

Igualmente la psicología podría beneficiarse del estudio que este autor hace de los sentimientos considerados desde la óptica individual y también desde la perspectiva de la interacción en la pareja.

No sólo es buena literatura. Es además un intento de comprensión de los valores que debe compartir la pareja, o de lo que sucede cuando la convivencia no se basa en ellos.

El sobrino de Atilano Nicolás

Escrito por: mirpace 0 comentarios 23 Dic 2007 URL Permanente Tags: , , ,

20 Dic 2007

Pensando en los reyes jóvenes

La sangre del pelícano

Miguel Aranguren

LibrosLibres, Madrid, 2007-12-10

478 páginas, 22 €

Se podría hablar de la novela de la globalización, o bien de la novela globalizada. La novela comienza en cinco escenarios diferentes: 1.- los jardines de Villa Borghese, en Roma, 2.- un convento de clausura situado en el Albaicín granadino, 3.- el aeropuerto de la ciudad de Cantón en China, 4.- los jardines de Luxemburgo en París y 5.- la cumbre de las Naciones Unidas en New York.

Son cinco comienzos diferentes que parecen conducirse de forma independiente, con personajes independientes y cuya conexión parece muy improbable. Así avanzan las cinco historias, en los cinco escenarios diferentes, de un modo paralelo quedando interrumpidos siempre en los momentos más intrigantes. Tienen en común que parten de asesinatos de desconocidos a los que se decapita y quema las huellas dactilares para evitar su posterior reconocimiento. En todos ellos aparece una figurita de oro que representa un mono con la lengua fuera y una cruz invertida. La figurita es de oro y aparece incrustada en un hueso de un pie pequeño, de niño.

El protagonista es un sacerdote, Albertino Guiotta. Se ordenó sacerdote a una edad ya madura tras haber conocido bien la vida y los éxitos profesionales en la industria textil de Milán que es como apuntar a los negocios de la moda. Había vivido una vida disoluta pero una experiencia vivida en un yate, cerca de Corfú, le puso al borde del suicidio. Y a partir de ahí comenzó una búsqueda de la fe, un estudio de catolicismo y, más tarde, su ordenación sacerdotal.

En su proceso de acercamiento a la fe le ayudó Carlo Albrizzi, un sacerdote experto de demonología que consiguió calmar su espíritu. A él acudía de vez en cuando para intercambiar opiniones y consultas. Albrizzi era el capellán de un convento de religiosas en Luca, cerca de Florencia.

Albertin es consciente de que estuvo a punto de verse atrapado en un grupo de gente que rendía culto al demonio con sacrificios humanos de niños o personas vírgenes, a las que arrancaba el corazón. Como él ya había conocido de cerca la actuación de esta secta se da cuenta de que tras la aparición de cuerpos mutilados y decapitados podría estar este grupo de personas. Cuenta sus experiencias al comisario Monticone, en Roma, y juntos tratarán de adelantarse a los planes de la secta y al mismo tiempo desenmascarar a sus componentes.

Ambos acuden al Vaticano en busca de información y allí descubren que la secta está relacionada con el nazismo. En 1933, después de la victoria en las urnas del partido nacionalsocialista de Adolfo Hitler, el que fuera Nuncio Apostólico en Munich y Berlín, Eugenio Pacelli, después Pío XII, informó a Pío XI sobre el peligro que, a partir de entonces, iban a correr judíos, cristianos conversos y católicos. Pío XI firmó la más dura condena al Nazismo, Mit brennender sorge ¿Qué pretendía Hitler con la desaparición de todos los judíos? ¿Por qué también quería atacar a los católicos? ¿Qué relación tiene todo esto con la Ecclesia de los hijos de Onnis?

En Granada, Catón, París y Nueva York, los católicos sufren persecución y asesinatos de parte de los componentes de esta secta. Cómo se llegarán a enterar y de qué manera se sobrepondrán a este crimen organizado es algo que el lector intentará descubrir en las 478 páginas de esta novela, que con toda seguridad se le hará corta. Muy recomendada para alumnos de 3º y 4º de ESO por los contenidos históricos a los que hace referencia. Y por supuesto para adultos.

El sobrino de Atilano Nicolás

Escrito por: mirpace 0 comentarios 20 Dic 2007 URL Permanente Tags: , ,

18 Dic 2007

Para los reyes de la casa, chicos y grandes

El libro de los visitantes

José Jiménez Lozano

Encuentros, Madrid, 2007

Noventa páginas en las que José Jiménez Lozano aúna la sencillez en la expresión y los sentimientos que le suscita el recuerdo de aquella primera Navidad, sustento de nuestra tradición belenista. Un juguete de la imaginación sometido al elaborado lenguaje de corte cervantino al que ya nos tiene acostumbrados este autor.

El lector asiste al entramado interior de los que pudieron muy bien haber presenciado el Nacimiento de Jesús -aunque de ellos no se haya recogido noticia alguna en los evangelios. Pero quién puede asegurar que no hubo una lavandera dispuesta a lavar los pañales del niño; quién negaría la posibilidad de que un comerciante griego se interesase por los presentes traídos desde oriente por aquellos astrónomos sabios… Y cómo es posible que no existiese una mujer solícita que informase a la pareja de jóvenes esposos de la existencia de un establo preparado para acogerles…

José Jiménez Lozano construye, con frases y maneras del decir cervantino, un Belén de estilo Napolitano en el que no falta ninguna figurilla, ningún personaje que bien pudiera haber conocido el hecho de primera mano. No falta nada: ni el brillo de la estrella que atrajo a los sabios, ni el miedo de Herodes, más, la superstición que tanto daño infligió a los habitantes de Judea con el asesinato de los niños inocentes… Porque el miedo que hace al hombre egoísta y timorato de perder su poder o su dominio, fomenta el odio al otro, miedo al que pudiera arrebatarnos alguna migaja de lo que consideramos nuestro en exclusividad.

Noventa páginas de reflexiones sabias y sencillas sobre la Navidad. Un regalo para el espíritu y una joya en cuanto a creación literaria muy adecuada a los acontecimientos que festejamos.

El sobrino de Atilano Nicolás.

Escrito por: mirpace 0 comentarios 18 Dic 2007 URL Permanente Tags: , ,

10 Dic 2007

El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad

El corazón de las tinieblas

Joseph Conrad

Traducción de Araceli García Ríos e Isabel Sánchez Araujo

Alianza Editorial, Madrid, 2005

Joseph Conrad, nacido en 1857 en Polonia como Josef Teodor Konrad Korzeniovski, era hijo de un noble. Huérfano a los 12 años, abandonó su país natal ocupado por los rusos, y a los 16 años se trasladó a Marsella. Navegó en barcos franceses. Más tarde se enroló en la marina británica, se nacionalizó inglés en 1886 y cambió su nombre. Siguieron diez años en los que navegó mucho, sobre todo por Oriente.

Conrad viajó, en 1890, al corazón de África, y siguió el cauce del río Congo. Entonces se llamaba Congo Belga. Después de su independencia, República Democrática del Congo. Luego, Zaire. Ahora ha recuperado el nombre anterior. Un lugar legendario y sangriento que todavía lo sigue siendo hoy.

Entonces Conrad era oficial de la marina mercante británica. Fue testigo de espantosos horrores cerca de lo que hoy es Kinshasa, y a finales del siglo XIX era Leopolville en honor al rey belga. Más de diez años después, el escritor recordaba a Mr. Kurtz, uno de los agentes de ese monarca; un tipo desalmado que esclavizaba a los nativos, los torturaba, exponía sus cadáveres empalados para público escarmiento. Mientras tanto, acumulaba una gran fortuna. Uno de los horrores colonialistas que contribuyeron a la angustiosa situación del África central de ahora mismo.

En 'El corazón de las tinieblas' se narra el viaje por el río Congo de Marlow, un capitán de barco mercante. Cuenta, él mismo, a su tripulación, la vez que dirigió una expedición a la impenetrable jungla. La oscuridad de la selva durante el día, la oscuridad de la noche y la ceguera de la niebla son imágenes de la sima moral en la que se encuentran los implicados en el saqueo del marfil a los aborígenes. Mr. Kurtz, el agente que se ocupaba de conseguir el marfil de los cementerios de elefantes, ha dejado de enviar mercancía. Se sospecha que pudiera estar enfermo. Pero la envidia de los otros agentes, que no consiguen de los habitantes de la selva tanto marfil como Kurtz, les lleva a poner trabas a Marlow, el enviado de la empresa, y retrasar así una expedición en su ayuda. Desearían que a su llegada estuviera muerto y así hacerse con las influencias que pudiera haber conseguido Mr Kurtz en Europa.

La envidia es ciega como lo es la avaricia. Mr Kurtz maltrató a los negros del Congo, y explotó tanto su fuerza física como su ignorancia imponiéndoles un trato de sumisión como si fuera una deidad. Y la avaricia de los otros agentes es tan grande que se apoderan de las pertenencias de Kurtz –beneficios de su actividad mercantil- y procuran que no llegue vivo de regreso.

El encuentro de Marlow con él supondrá un cambio de vida del ya viejo marino, que es capaz de distinguir la codicia y la miseria de los otros agentes y presta su apoyo a Kurtz, aún a sabiendas de que es culpable del trato bárbaro a los nativos. Le ayuda y recibe el ruego del moribundo de custodiar unos papeles.

Kurtz muere sintiendo el horror del mal que había infligido a los nativos; el horror del saqueo que supuso el trapicheo de mercancías fraudulentas a cambio del marfil; el horror de su aniquilamiento personal, moral y físico.

De regreso a Europa, Marlow entrega un informe sobre la tragedia de los nativos del Congo a la prensa, escrito por Kurtz, para que lo hagan llegar a la población europea y un paquete de cartas a la mujer que le esperaba para casarse con él. Ella pide a Marlow que le diga cuáles fueron sus últimas palabras. Marlow no se siente lo suficientemente fuerte como decirle que fueron precisamente “¡horror, horror!”. Ante el dolor de la mujer le asegura que Kurtz, lo último que dijo fue su nombre.

Conrad nos ofrece un análisis, en estas 140 páginas, del horror al que conduce la conducta del hombre que pone en las riquezas su corazón y se olvida del respeto al ser humano como tal, aunque esté en unas circunstancias en las que la ley civil no llegue a alcanzarle o a condenarle; aunque no exista ninguna ley civil que le obligue a respetar al otro como a sí mismo, sin importar el color de la piel, la edad o el sexo.

El sobrino de Atilano Nicolás

06 Dic 2007

Chimaira, de Valerio Massimo Manfredi

Chimaira

Valerio Máximo Manfredi

Mondadori, Milano, 2001

Volterra es una ciudad de la provincia de Pisa, en la región de la Toscana, Italia. Toscana, Lacio, Umbría y parte de Campania fueron el territorio de Etruria. En todas esta zona existieron doce ciudades confederadas que supieron dominar en el península Itálica desde el siglo VIII al V a. de C. Tenían una lengua ajena al indoeuropeo y se dedicaban al comercio fundamentalmente, aunque también cultivaban la vid y el olivo. La mujer gozaba de mayor libertad y participaba en la vida ciudadana. Podía detentar la jefatura del clan familiar y transmitir la herencia, cosas impensables entre griegos y romanos contemporáneos. El arte etrusco nos ha legado esculturas en bronce tan famosas como la Quimera de Arezzo, la loba que amamanta a Rómulo y Remo y que es el símbolo de la ciudad de Roma, así como epitafios o estelas funerarias, esculturas sobre los sepulcros en las que se representa a la persona o a la pareja reclinados en sus camas, cerámicas…

En una vitrina del museo de Volterra, se puede admirar una escultura etrusca que representa a un niño. Fabricio, un joven arqueólogo descubrió a través de unas radiografías de la estatua que en su interior había algo extraño, a la altura del hígado. Por eso decide continuar su investigación en Volterra.

En el museo conocerá a Francesca, otra investigadora que le ayudará incondicionalmente.

Se trata de una novela histórica, si atendemos a los datos y descripciones de los objetos de arte etruscos sobre los que se trama la acción: una inscripción en lengua etrusca -que tendrá que traducir Fabrizio-, un hipogeo cuya apertura acarreará la aparición de un monstruo (quimera) que matará a seis personas de la localidad.

También podríamos apuntar que se trata de una novela de acción porque la investigación y el desenlace llevan al lector a desplazarse por la región, en la búsqueda del hipogeo, de una estela funeraria en la que se encontrará la solución para liberarse de una bestia asesina, un palacio en cuyos sótanos se descubrirá una tumba etrusca adornada de bellos frescos y con la escultura sobre el sarcófago del matrimonio que la ocupó. Crímenes y labores policíacas para intentar descubrir al autor de los saqueos ilegales de tumbas etruscas primero y de los asesinatos más tarde.

La quimera es un constructo de la imaginación. Pero el hombre del siglo XXI, tras haber recorrido el siglo XIX en el que el cientificismo y el materialismo han campeado por doquier, no está pronto a admitir, ni en una novela, que pudieran existir estos seres fantásticos, al menos, con la prontitud que otros lectores u oyentes de las composiciones de la antigüedad aceptaban que en dichas narraciones apareciesen, cíclopes, dioses de los cielos, de las profundidades de los mares, etc. Así que la quimera también quedará constreñida al silencio de las personas que fueron testigos directos de los crímenes.

El protagonista, Fabrizio, también sufre la imposición de una concepción hedonista de la vida y de las relaciones entre el hombre y la mujer. No se plantea ni la más mínima duda en cuanto al uso de anfetaminas como medio para superar el cansancio en su tremenda acción para solucionar el conflicto de la novela. Será, tal vez, una concesión al criterio del marketing, pero que podría no mencionarse y la novela mantendría igualmente su nivel de acción e indagación histórica. Y además ganaría en cuanto valor histórico pues hay costumbres que por ineducadas o perjudiciales para el ser humano, no perduran o cambian en el tiempo.

Salvo estas dos concesiones (el hedonismo en cuanto al sexo y la indiferencia moral en cuanto al uso de anfetaminas), la novela resulta atractiva, bien construida. El lector la leerá con gusto y se sentirá implicado, en cierto modo, en la solución de los crímenes.

El sobrino de Atilano Nicolás

Valerio Massimo Manfredi nació en Módena (Italia), en 1943. Licenciado en letras clásicas y especializado en topografía del mundo antiguo, ha enseñado en la Universidad Católica de Milán, en la Universidad de Venecia, en la Universidad de Loyola de Chicago, en la Escuela Práctica de Altos Estudios de la Sorbona y en la Universidad Luigi Bocconi de Milán. Ha dirigido expediciones científicas, exploraciones y excavaciones en Italia y en otros países, y ha publicado numerosos ensayos y artículos científicos como Jenofonte - Anabasis (1980), La strada dei diecimila (1986), Gli etruschi in Val Padana (en colaboración con L. Malnati, 1991), Mare greco (en colaboración con L. Braccesi, 1992), Le isole fortunate (1993). Colabora como experto en temas antiguos en los semanarios Panorama y Messaggero

Libros publicados en España

  • Paladión (Palladion, 1984)
  • Talos de Esparta (Lo scudo di Talos, 1986)
  • El oráculo (L'oracolo, 1990)
  • Las Islas Afortunadas (Le Isole Fortunate, 1993)
  • El talismán de Troya (Le paludi di Hesperia, 1994). Incluye La conjura de las reinas y Paladión
  • La torre de la soledad (La torre della solitudine, 1996)
  • El faraón de las arenas (Il faraone delle sabbie, 1998)
  • El hijo del sueño (Aléxandros, Il figlio del sogno, 1998). Primera parte de la trilogía "Alexandros"
  • Las arenas de Amón (Le sabbie di Amon, 1998). Segunda parte de la trilogía "Alexandros"
  • El confín del mundo (Il confine del mondo, 1998). Tercera parte de la trilogía "Alexandros"
  • Akrópolis (Akropolis, 2000)
  • Quimaira (Chimaira, 2001)
  • La última legión (L'ultima legione, 2002)
  • El Tirano (Il tiranno), Grijalbo, Barcelona, 2004, (ISBN 84-253-3821-2)
  • El caballero invisible (Il cavaliere invisibile, 2004)
  • La isla de los muertos (L’isola dei morti, 2004)
  • El imperio de los dragones (L'impero dei draghi, 2004)

Sobre este blog

Avatar de mirpace

El sobrino de Atilano Nicolás

Atilano Nicolás, hombre nacido y "trabajado" en un pueblo de Castilla y León es apreciado por sus vecinos por su criterio justo y perspicaz a la hora de encarar la realidad de su comunidad rural y de compararla con la evolución, mejor con la revolución, a la que la sociedad española del siglo XXI nos somete, sin pedirnos permiso. De ese acertado mirar la realidad que nos envuelve y de su contraste con el punto de vista de su sobrino "habitante de la ciudad" (El sobrino de Atilano Nicolás) sale la tinta de todos estos artículos, que bien pudieran pertenecer a varias plumas, una de las cuales será sin duda, la tuya, paciente lector. Eperamos tu comentario. Sin duda, acertado también.

ver perfil »

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):