‘Abuelos’ traficantes

La crisis obliga a reinventarse para llegar a fin de mes. Unos buscan un segundo trabajo (o un tercero); otros se fían del azar; algunos (cada vez más) se van al extranjero. Pero esas soluciones casi nunca son viables para los pensionistas. Así que una pareja de Valladolid decidió que la mejor forma para completar sus escasos ingresos era traficar con cocaína. Camellos pensionistas… o pensionistas camellos.

Les pillaron. En el mismo centro de Valladolid. Y eso que, siguiendo el mejor guión de las películas, la pareja se comportaba de una manera muy profesional. El, Aníbal N. R., de 62 años, se encargaba de las labores de vigilancia; ella, Gloria S. P., de 58, era la responsable comercial del ‘negocio’. En esas estaban el pasado 5 de abril cuando la policía les sorprendió mientras pasaban ‘papelinas’ a toxicómanos. Ante la incredulidad de los agentes le dejaron seguir con su agenda del día y, minutos después, vieron como un hombre les hacía una señal. Gloria sacó un envoltorio de cocaína que entregó al cliente a cambio de dinero.

Aníbal seguía vigilando… pero no lo suficiente. Los agentes les sorprendieron a la pareja de jubilados se les ocupó 2,58 gramos de cocaína con una pureza del 82,48%, valorada en 259 euros, y un total de 426 euros.

Veintitrés meses de prisión y una multa de 250 euros, el castigo para los pensionistas que buscaron un ingreso ‘extra’ disfrazándose de traficantes.

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Ladrones de papel higiénico

Dos meses de continuos robos por buena parte de La Rioja Baja pueden dar para mucho, pensará el lector. O para poco. Todo según el objetivo y los ‘exquisitos’ que sean los cacos. Porque en esto del robo debe haber dos tipos de perfiles: el de los que sólo roban aquello que pueden ‘colocar’ más allá de en el salón de su casa… y los que arrasan con todo lo que ven. Sea lo que sea. Incluso el papel higiénico.


Una sentencia del Penal 2 de Logroño ha condenado a dos jóvenes a dos años y medio de prisión por un delito de robo continuado, si bien uno de ellos prefirió sustituir la pena por ocho años de expulsión de España, y a otro a un año y medio por receptación. Pero no son las condenas lo llamativo. Lo que llama la atención es que buena parte de los efectos robados no tendrían salida ni en un mercadillo.

Porque no es lo mismo una televisión, un TDT o un DVD que, por ejemplo, un juego de llaves inglesas. Y dentro de lo malo, siempre es mejor un juego de llaves inglesas que un paquete de galletas, salvo que el esfuerzo del ‘trabajo’ les produjera unas ganas irresistibles de comer galletas. Y, claro, después del ‘atracón’ el cuerpo no perdona y de ahí la necesidad de sumar al botín un paquete de papel higiénico. Porque en el mercado negro la cotización de la celulosa sigue siendo baja.

Hubo televisores, teléfonos móviles, radios, microondas, taladros, útiles de jardinería… Pero la exquisitez de los cacos se refleja con la lista más o menos completa de lo sustraído.

  • Un juego de llaves de vaso.
  • Un juego de llaves inglesas.
  • Una batidora.
  • Una cafetera italiana.
  • Una alargadera de cable.
  • Piezas sueltas de una vajilla.
  • Varias piezas de cubertería.
  • Un camping gas.
  • Un atornillador.
  • Botes de pepinillos, mermelada y tomate.
  • Limonada.
  • Latas de conservas.
  • Mecheros.
  • Bolígrafos.
  • Un matamoscas.
  • Copas de competición deportiva.
  • Cacerlolas.
  • Cincuenta y cuatro llaveros.
  • Botes de cerveza.
  • Un metro.
  • Un sacacorchos.
  • Dos coladores.
  • Dos servilleteros.
  • Galletas.
  • Y, por supuesto, papel higiénico. Nunca se recuperó…

Novatadas trágicas (o casi)

Empieza el curso… y llegan las novatadas. Un ‘recurso’ de ‘socialización’ que combina elementos tan integradores como escobillas de inodoro, alcohol en dosis extremadamente altas, drogas o sustancias químicas demasiado peligrosas. En teoría son bromas… pero en ocasiones acaban en tragedia. Por eso 125 colegios mayores han emitido un manifiesto contra esta práctica al tiempo que reclaman el respaldo de los campus universitarios. El objetivo, su erradicación.


¿Cómo acaba una novatada en la página de sucesos de cientos de periódicos? Tres ejemplos. Santiago de Compostela, octubre del 2011. Tres estudiantes del Colegio Mayor San Agustín llegaron a Urgencias con graves lesiones en los ojos causados por el contacto con un detergente muy tóxico. Dos de ellos tuvieron que ser intervenidos para evitar daños irreversibles en la vista.

Salamanca, septiembre del 2012. Dos veteranos, a altas horas de la madrugada, deciden terminar la fiesta con la enésima humillación… pero los novatos dicen no y todo acaba con una brutal paliza que deja a uno inconsciente y con los dientes esparcidos en el suelo. Los dos acaban ingresados en el hospital con graves lesiones.

Pero todo puede acabar peor. DeKalb (Illinois) Diciembre del 2012. David Bogenberger, de 19  años de edad, moría en el rito iniciático de una heramandad de la Universidad de Illinois. Durante dos horas le obligaron a ingerir el vodka suficiente como para no despertar del coma etílico. No ha sido el único.

De la chica de la curva al buitre de la curva

Puede sonar a chiste, pero no tiene ninguna gracia. Menos aún para el ciclista de Miranda de Ebro que acabó en la UCI tras romperse siete costillas, una escápula y una clavícula, además de sufrir una perforación pulmonar. Un parte de lesiones digno de cualquier guerra pero con un único responsable: un buitre. Afortunadamente, el ciclista se encuentra fuera de peligro.

Publica El Correo la historia completa de un grupo de ciclistas que disfrutaban del pedaleo entre Haro y Miranda de Ebro cuando, en una curva cerrada, aparecieron seis kilos y medio de buitre con una envergadura de dos metros y medio. Casi nada. La escena, dantesca, describe uno de los ciclistas: «Unos chocaron contra las alas, otros contra el cuerpo y otros contra los compañeros que iban delante».

El resultado: seis ciclistas heridos. Las causas, la torpeza propia de los buitres en cuestiones de despegue: ágiles cuando se ‘arrojan’ al vacío, cuando remontan el vuelo desde el suelo lo hacen a cámara lenta. “Era un buitre adulto, con una envergadura de más de dos metros y ocupaba gran parte de carretera”, aseguran los ciclistas que aún tienen pesadillas al recordar como, al girar, apareció la enorme ave volando bajo, por el centro de la calzada y de frente hacia los que abrían el pelotón.

¿Y el buitre? Pues con alguna pluma que otra menos, con un puñado de golpes y, probablemente, con el susto en las alas, consiguió huir. Los ciclistas, de momento, no forman parte de su menú.

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Cómo encargar tu propio secuestro y acabar en el calabozo

Hay regalos inolvidables. De esos que hacen que tu cumpleaños se convierta en uno de los mejores días de tu vida. Recuerdos imborrables que te acompañarán para siempre. ¿Y qué recuerdo más permanente que un secuestro? ¿Cómo olvidar que fuiste asaltado en el centro de Lisboa por un encapuchado que, a la fuerza, te introdujo en una furgoneta que se dio a la fuga?

Eso debió pensar un grupo de nueve turistas inglesas que, para celebrar su cumpleaños mientras disfrutaban de sus vacaciones en Lisboa, no tuvieron mejor idea que contratar a una empresa local la simulación de su propio secuestro… en el corazón de la capital lisboeta. Obviamente, no acabó bien.

La plaza de Restauradores fue el escenario. Estaba atestada de turistas (con sus correspondientes cámaras de fotos, claro) cuando un hombre encapuchado introdujo a la fuerza a dos mujeres en una furgoneta blanca. Rápidamente las llamadas de emergencia se sucedieron y comenzó una aparatosa persecución en la que participaron más de 20 agentes que, como era de prever, acabaron por alcanzar a la furgoneta.

No hubo explicaciones posibles. El sentido del humor, a esas alturas, de los agentes no estaba en su momento más álgido. Tanto que acabaron las dos turistas y los cuatro ‘especialistas’ en secuestros en la comisaría. La broma les puede salir cara: están acusados de simulación de un delito condenado en Portugal con una pena de entre 120 días y un año de prisión.

La Rioja

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