Las vacaciones

Si a esta foto se le une ésta otra…

O ésta otra…

…tenemos lo que tenemos. Es decir, excesos. Y muchos. Después de un verano movidito y tres semanas de vacaciones, hoy tocó control con la nutricionista… Y los resultados han sido desastrozos. En veinte días subí 2,3 kilos (estoy en 101,9), pero sin ninguna culpa. Ne4cesitaba descansar y no pensar en las calorías que me metía entre pecho y espalda. Pero el peso no es lo peor. También subí de pecho un centímetro (ahora, 115), 2,5 de cintura (109), dos de ombligo (113) y dos en el abdomen (111). Por supuesto que ya he vuelto a la abstinencia, pero quién me quita lo ‘bailao‘.

La cerveza

Es muy difícil adelgazar en ciertas ocasiones. Una de ellas es en un Mundial. La tensión me hace beber cerveza como si de agua se tratase. Y en esta última semana he bebido más birra que en lo que llevamos de año. Litros y litros de espumosa, cremosa, refrescante y deliciosa cerveza, que encima te dan ese puntito de alegría que siempre viene bien al cuerpo para la celebración. Y si a esto le sumamos una buena cenorra en Lardero (la fiesta de los ranchos es de lo mejor de la geografía riojana) los pronósticos no eran muy esperanzadores. Más si el miércoles, en el partido España-Alemania, me atraganté con fuet, chorizo, salchichón y mucha, mucha, muchísima cerveza (que conste en acta que las primeras dos fueron sin alcohol).

Y hoy, viernes, temía lo peor, pero al parecer el calor y el ejercicio (he estado jugando al pádel) han eliminado los excesos y desde la última vez he bajado 700 gramos (que no es mucho, pero que ya es) para situarme en 100,3 kilos. Encima, he adelgazado uno en la cintura (ahora en 107 centímetros), dos en el ombligo (estoy en 113) y uno y medio en el abdomen (ahora en 111). Por suerte para mi cuerpo, el Mundial acaba el domingo, así que será el último homenaje antes de las vacaciones, que se inician en un par de semanas. Hasta la semana que viene.

El pretexto

Todo gordo, cuando peca, tiene un buen pretexto. El “estaba deprimido” o “tenía algo que celebrar” siempre vienen bien cuando se excede en la comida y bebida. Y mi pretexto, durante las últimas semanas, ha sido estar de Rodríguez. Sí, esa hermosa sensación de no tener que rendir cuentas, de no tener que cambiar pañales, de no tener que levantarse de madrugada a ponerle el chupete a la cría, de poder salir de marcha (puf, a mis casi treintaitodos) con los colegas, de beber sin que te digan que no tienes control…. Y así, Rodríguez, me apellidé durante diez días, mientras mi mujer y mi hija disfrutaban de unos días de playa.

Y me pasé tres pueblos, debo reconocer, aunque los excesos los intenté mitigar con comidas sanas. Pero lo peor fue cuando viajé hasta Salou para buscar a mi familia. Allí nos dimos varios homenajes y el régimen quedó estancado en el olvido. Pero de vuelta a la rutina, me puse serio y hoy fui a la nutricionista. Y mi sorpresa fue que bajé 100 gramos desde el último reconocimiento. No lo podía creer. Sin embargo, aumenté un centímetro en todas las líneas (pecho, cintura, ombligo y abdómen). Pero nada que preocupar y que se pueda solucionar volviendo a la rutina de la dieta.

El traspié

Los excesos de San Bernabé eran muy peligrosos para mi cuerpo y se cumplieron los pronósticos. Después de una semana en el sur de Francia, bebiendo buenos caldos de Burdeos y buen marisquito, retomé las tres cifras (aumenté 1,2 kilos en ocho días). Lamentablemente así es, aunque ya en Logroño he vuelto a la dieta. Pero los peligros en forma de tentaciones siguen pululando por mi vida. Esta semana se marcha mi mujer y mi hija a la playa y me quedo de Rodríguez. Y mis amigos, buenos y comprensibles muchachos, ya han organizado una avalancha de actividades, que incluyen, como no podía ser de otra manera, variopintas cenas, con sus posteriores juergas por las calles del Casco Antiguo logroñés. Próxima rendición de cuentas con la diestista, el miércoles que viene. Es más que probable que me caiga otra bronca como la de esta mañana. Habrá que aguantar el tipo o saber equilibrar bien la juerga con el régimen.

La racha

Otro viernes y una nueva sesión de control. Y por primera vez, en estas siete semanas, la dietista me felicitó. Así es. Es que en una semana me he quitado de encima 2,8 kilos. Y eso que pequé, como siempre, con una cenita bien regada de vino, y una comida, bien regada de todo, copas incluidas. Pero después de eso me puse serio y a seguir las instrucciones de la nutricionista. Y gracias a ello, HE BAJADO DE LAS TRES CIFRAS!!! Si el 8 de abril me lo decían, no me lo hubiese creído.

Desde esa época a ahora me he quitado casi 9 kilos (ahora estos en 99,9 kilos), 5,5 centímetros en el pecho (ahora, 115 centímetros), 6,5 en la cintura (106,5, en la actualidad), 7,5 en la zona del ombligo (tengo ahora 113) y 6,5 en el abdomen (ahora estos en 111). Es lo de entrar en una buena racha, aunque a partir del domingo entro en una zona muy peligrosa: me escapo durante San Bernabé con mi familia y unos amigos a Francia, en donde ellos (y yo sueño con hacerlo) pretenden devorar y beber todo lo que se les ponga delante. Un nuevo reto en mi horizonte…

El viaje

Llevo unos cuántos días sin escribir mi diario, el mdocumento que acredita que soy un obeso y que estoy en un proceso para eliminar los excedentes. Y todo tiene una razón. Esta vez se trató de un viaje a Londres junto a mi familia. Eso significaba descanso, pero además alejarme de un régimen al que ya me había acostumbnrado y que me estaba dando dulces expectativas. Me temía lo peor…


Y después de más de una semana de pintas (me metía dos litros de cerveza diarios, más o menos), comidas un tanto pesadas pero muchas caminatas, sólo aumenté 800 gramos. Todo un logro para una persona propensa a subir cada vez que mira una hamburguesa. Pero esos 800 gramos desaparecieron en la primer semana de dieta. Ahora, mis niveles se sitúan de la siguiente manera:
Peso: 102,7 (casi seis kilos por debajo de lo que inicié esta aventura).
Pecho: 117 (3,5 centímetros menos).
Cintura: 108,5 (4,5 centímetros menos).
Ombligo: 114,5 (6 centímetros menos).
Abdómen: 112,5 (5 centímetros menos).

Ahora, debo seguir con la misma tónica, ya que en San Bernabé llega otro viaje…

El buen camino

Hoy he cumplido mi primer mes a régimen y los resultados ya se empiezan a vislumbrar. He bajado, en 30 días, 5,8 kilos (ahora estoy en 102,7 y descendiendo). Peor lo mejor es que me he desinflado. De hecho, en el pecho me he quitado 5 centímetros; en el cinturón, otros cinco; en la zona del ombligo, he perdido 6,5 centímetros, y en el abdomen, 5,5. Como ya había comentado en otro post, también he adelantado el cinturón dos agujeros, y el tercero está a puntito.

Ahora, tengo que controlar un poco el ácido úrico, que se me agrietan las manos. Es decir, decirle adiós al marisco, el pimiento y el tomate, entre otras cosas. Próximo control, el 20 de mayo, con un viaje a Inglaterra en el medio, donde no podré comportarme con la misma actitud. Un saludo

Los gramos

Anoche tuve cena. Una amiga se va a vivir al extranjero y había que homenajearla. Y debo decir que no me cuidé para nada. Incluso, al final de la noche cayeron dos copazos como dios manda. Pero hoy había sesión de control. Y camino a la nutricionista, empecé a recordar todos los excesos cometidos durante la semana. Es decir, cena copiosa el viernes a la noche, con copas incluidas; un buen chuletón el sábado al mediodía, y la cena de anoche, en base de arroces, patatas, vino, postre y copas.

Me esperaba lo peor, pero cuando me asomé a la báscula, vi con cierta sorpresa que había bajado 100 gramos. “Y todavía tienes la cena de anoche dentro”, explicó la especialista. Pero, además, bajé 1,5 centímetro en el ombligo y en el abdomen. Pues eso, a ver si esta semana me concentro porque se me viene encima un viaje en el que no podré cuidarme demasiado,

Los agujeros

Estoy triste, abatido, no lo voy a negar. No es porque me haya saltado la dieta y me haya metido una ración de embuchados, qué más quisiera yo. Resulta, estimado lector, que soy culé. Sí, soy un gordito culé (qué mal ha sonado eso, ¿no?) y no puedo creer haber quedado afuera de la Champions con el mejor equipo del mundo y perdernos jugar la final en el Bernabeu. En fin, anoche me dieron ganas de abrir una bolsa de patatas fritas y ponerme morado, para levantar mi alicaído ánimo y enviar al suicidio mi régimen. Pero no, pese a todo me mantuve firme.

Y hoy, después de la pesadilla, llegó la buena noticia. He adelantado dos agujeros en mi cinturón. Siempre hay una buena razón para brindar. Mañana, día de control. A ver qué pasa.

La culpa

Algunos somos gordos por naturaleza (aunque ayudemos a ello de una manera innata, casi artesanal); otros son calvos, que no es mi casio, como ese loco por incordiar que anda por estas cuevas vecinas haciéndonos reír y mostrándonos lo estúpidos que pueden ser algunos políticos y la realidad de este mundo. De momento, yo sigo a lo mío, aunque con cierta culpa. En el día 17 del régimen caí nuevamente en la tentación: cenita en casa con unos amigos, en donde cayó jamón de bellota, salchichón y chorizo ibéricos, tortilla del Porto Vechio (o como se llama ahora el Porto Novo), pan, vino y dos cubatas.

Pero como si eso fuera poco, el sábado, día 18 de mi jnueva vida, un amigo nos invitó a su nueva casa del pueblo y nos tuvimos que meter entre pecho y espalda un chuletón por cabeza, regado con un poco de vino. Muy mal, pero esa culpa se curó porque tuve que trabajar el resto de fin de semana, lógicamente cuidando la dieta. Por eso, hoy, lunes, nueva sesión de piscina; por la noche, fútbol; mañana, padel; miércoles, piscina. Y así hasta el viernes, día de control.

La Rioja

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