La Rioja
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Fecha: marzo, 2015
¿Embarazada? Pues nada de comer por dos
Paula Fernández Giménez 26-03-2015 | 11:05 | 0

Durante la etapa del embarazo, el cuerpo de la mujer experimenta muchos cambios, y los requerimientos nutricionales no son menos; las necesidades energéticas y de ciertos nutrientes se modifican notablemente, sin embargo, en países desarrollados, el estado nutricional de la madre no suele resultar un problema de déficit, es decir, existe muy poco riesgo de una desnutrición que afecte en el desenlace de la gestación.

 ¡Más bien lo contrario! El riesgo (a nivel alimentario hablando…) lo encontramos en el sobrepeso, en la obsesión por parte de abuelas y de los futuro padres, de que la mujer gestante esté “bien alimentada”.

 Las deficiencias más frecuentes en nuestro entorno son las de ácido fólico, zinq y hierro, perfectamente cubiertas por las recomendaciones de médicos, que en todos los casos aconsejan una suplementación de estos nutrientes antes incluso de que se produzca el embarazo.

 

Por tanto, cuando una mujer se encuentra en el momento de la gestación, deberá cuidar su ganancia de masa corporal, en función de su peso previo al embarazo y su alimentación debe ser simplemente saludable, ya que si hasta ahora no lo hacía por sí misma, existe una responsabilidad como madre, de proporcionar alimentos saludables al niño.

 

Los requerimientos energéticos durante el embarazo (y también la lactancia) aumentan en unas 300Kcal diarias aproximadamente, por lo que, teniendo en cuenta que la media en una mujer no gestante es de 1500-2000Kcal, aquello de “comer por dos” solo va a conseguir que la ganancia ponderal sea excesiva, afectando de manera importante el exceso de grasa en las complicaciones del parto.

 Lo adecuado en cada caso es individualizar la dieta de la gestante según su masa corporal, edad, actividad física, estilo de vida… pero si queremos proporcionar una alimentación completa, sin déficits que puedan perjudicar al feto, podemos seguir las siguientes recomendaciones:

 

  • Incrementar el aporte de proteínas (bastaría con apenas unos 40-50 gramos de pescado, por ejemplo)
  • Vitamina B6: una ración normal de verdura, cereales o frutos secos cubre las necesidades sin necesidad de incrementar el consumo.
  • Vitamina D: la encontramos en vegetales y nuestro cuerpo puede sintetizarla con la exposición al sol (suficiente con 5 minutos diarios)
  • Las necesidades de calcio también aumentan en el embarazo; se pueden cubrir con los lácteos y vegetales, aunque el consumo de calcio en nuestro país, generalmente supera las recomendaciones diarias.

 

El estado nutricional de la madre puede condicionar el nivel de salud y desarrollo del feto, pero una alimentación variada y equilibrada puede ser suficiente para cubrir las necesidades de madre e hijo, ya que el mayor riesgo de déficit de vitaminas y minerales está generalmente cubierto por las recomendaciones médicas.

 Sin embargo, sí requiere una especial atención que la ganancia de peso sea la adecuada, evitar el consumo de alcohol, excitantes y sustancias potencialmente tóxicas, además de asegurar una correcta educación nutricional de la madre.

 

 

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Leche sin lactosa y los mensajes confusos de la publicidad
Paula Fernández Giménez 19-03-2015 | 7:24 | 0

Una vez más me encuentro frente al televisor, prestando atención al nuevo anuncio de un tipo de leche. No es de importancia la marca comercial, podría ser otra cualquiera; lo que analizamos en este post es el contenido de la publicidad.

En mi opinión, el mensaje que recibe el consumidor puede ser un tanto lioso, ya que el propio anuncio es confuso en relación al producto y sus propiedades.

Vamos aclarando paso por paso para que la población general, que no es experta en temas de nutrición conozca la concordancia existente entre el contenido en nutrientes del alimento y sus efectos en el cuerpo.

 

 

 

“si cada vez que tomas leche te sientes mal…” lo que deberías hacer es acudir al médico y realizar un prueba para conocer una posible intolerancia, no sólo a la lactosa (de la que se habla posteriormente en el spot) sino a otro tipo de azúcar o proteína, como la caseína, que en ciertas personas causa problemas digestivos.

“Prueba la leche sin lactosa” es una opción, no digo que no. Si tienes intolerancia a la lactosa (por carencia de una enzima llamada lactasa que digiere este azúcar), es muy probable que este tipo de leche te siente mejor, pero no tenemos la certeza de que padezcas esta patología, por tanto también existe la posibilidad de que la sensación al tomar el producto sea exactamente la misma que antes de comprarlo.

“la única leche sin lactosa con vitamina B6…” vale, ahora ya estamos mezclando conceptos. Una cosa es que la leche no contenga lactosa, que ya lo hemos explicado antes y otra que esté enriquecida en vitamina B6, que en efecto, es una vitamina que ayuda a mejorar el sistema inmunitario y por tanto, a sentirse mejor.

Lo que da lugar a confusión por tanto es que parece que tomar la leche sin lactosa nos ayudará a sentirnos mejor, pero este efecto, en realidad, lo proporciona la B6.

Ya puestos a enredar el asunto, de acuerdo, tomaremos leche enriquecida en B6 para mejorar nuestro ánimo y tener más energía… y ¿por qué no elegimos otra alternativa?

Un vaso de esta leche contiene 0,275mg de B6, deberíamos saber que un plátano aporta 3 veces más!!

 

En resumen: no estoy en contra de los alimentos enriquecidos, ni de la leche sin lactosa, pero a la hora de hacer la elección en la lista de la compra, la publicidad juega un papel importante y con mensajes como éste es muy probable que sin padecer intolerancias, optemos por consumir un vaso de leche sin lactosa con vitamina B6, obteniendo el mismo efecto o inferior que si tomas un vaso de leche (de esta misma marca si quieres) y un plátano.

 

 

 

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El jeroglífico de los etiquetados
Paula Fernández Giménez 12-03-2015 | 6:50 | 0

 

El etiquetado es la información que el productor de un alimento ofrece al consumidor.

Está sujeto a leyes propias de cada país, aunque existen también normativas específicas internacionales.

Aunque en diciembre de 2014 se aprobó el nuevo reglamento nº 1169/2011 sobre etiquetado de alimentos con la finalidad de proporcionar mayor información acerca de los ingredientes, lo cierto es que todavía hay que ser un experto para entender lo que realmente significa…

 Los consumidores no tenemos la capacidad de conocer si la cantidad de grasa es la que debemos tomar, qué son realmente los hidratos de carbono, si el contenido en sal que nos indica es buena o mala…

Sin embargo, sí hay varios aspectos a tener en cuenta a la hora de leer una etiqueta y no hay que tener una formación en nutrición para ello.

 Importante a tener en cuenta es la lista de ingredientes de la etiqueta y saber que éstos van de mayor a menor cantidad en el producto, es decir, el primer ingrediente la lista es el de mayor proporción en la composición. Por tanto, por ejemplo, si compramos un producto a base de frutas cuyo primer ingrediente es el azúcar, quizá no estamos tomando esa fruta que pensábamos.

 Cuando vemos el contenido en hidratos de carbono, éste se desglosa en azúcares simples. Podemos saber si es este azúcar es el propio del producto, como en las frutas o si es un azúcar añadido mirando la lista de ingredientes. Si aparece el tan temido azúcar, es añadido.

 

                          

 

En la etiqueta de la imagen, podemos ver un producto derivado del cerdo (jamón de york), que contiene ésta carne en su mayor parte, pero no llega ni a la mitad. El resto de ingredientes son féculas, sal, azúcar…

Cuando observamos la cantidad de hidratos, vemos que aporte 1gr de azúcar simple (en este caso no es excesivo pero sí debemos tenerlo en cuenta)

Existe diferencia entre la fecha de caducidad de un producto alimenticio y su consumo preferente. La fecha de caducidad es aquella a partir de la el producto puede ser perjudicial para la salud. Sin embargo, la fecha de consumo preferente se refiere a la calidad del alimento; si consumimos el producto pasada esta fecha, el fabricante no garantiza su óptima calidad organoléptica, es decir, sabor, color, textura…

 

 

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5 errores que cometemos con los lácteos al estar a dieta
Paula Fernández Giménez 04-03-2015 | 10:12 | 0

Cuando tratamos de cuidarnos la línea y la salud, miramos con más detenimiento ciertos productos de consumo habitual y buscamos alternativas saludables, que sean compatibles con nuestra dieta.

Éste el caso de los lácteos, que ofrecen tal cantidad de variedad que en numerosas ocasiones nos crean mayor confusión.

Elegimos determinados lácteos porque son desnatados, enriquecidos, modificados en su composición… pero ojo, a veces no merece la pena pagar el precio de estos productos.

Veamos 5 ejemplos cotidianos:

 Yogures 0% o desnatados: estos alimentos son una buena elección si queremos cuidar la línea pero no sólo debemos atender al contenido graso, que se nos indica en el porcentaje de la etiqueta. También hay que tener en cuenta el contenido de azúcar, y es que, ciertos yogures desnatados apenas llevan grasa pero sí contienen gran cantidad de azúcar, que va a boicotear igualmente nuestra dieta.

 Leches enriquecidas; está bien que exista una oferta en el mercado de alimentos enriquecidos, pero en la mayoría de los consumidores no son necesarios; además, el aporte de ciertas sustancias en las leches enriquecidas es mucho mayor en otros alimentos de forma natural, por ejemplo, una ración de atún contiene unas 20 veces más omega 3 que una leche enriquecida en este nutriente.

 Leche desnatada vs entera. Aunque sí es cierto que la leche desnatada aporta menos grasa que la leche entera, la diferencia es mucho menor de lo que podemos pensar. En cuanto a las calorías totales, apenas 20-25kcal por 100gr de producto diferencian un tipo de leche de otro.

 Bebidas vegetales en sustitución a la leche de vaca. Si el motivo por el que se consume bebida de soja, avena u otro tipo de bebida vegetal es por reducir calorías de la dieta, es una equivocación, ya que estas bebidas suelen ser ricas en azúcares y aportan más energía que una leche de vaca entera.

 Leche sin lactosa para mejorar la digestión. La lactosa es un azúcar presente en le leche. Para digerir este azúcar es necesaria la enzima lactasa. Las personas intolerantes a la lactosa carecen de esta enzima y por tanto, no pueden digerir la leche correctamente; pero lo normal es digerirla con naturalidad, independientemente de si contiene o no lactosa.

Se puede ser intolerante  a otro tipo de azúcares o proteínas de la leche de vaca, por lo que eliminar la lactosa no nos asegura una fácil digestión.

 

 

 

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Soy Diplomada en Nutrición Humana y Dietética por la Universidad de Navarra y en la actualidad tengo mi propio centro de nutrición y dietética Nutrium. Afortunadamente, mi pasión coincide con mi trabajo. Como Dietista-Nutricionista mi profesión abarca todos los campos de la nutrición y alimentación, aunque en este momento me encuentro más ligada a la nutrición infantil, dietoterapia (prevención y tratamiento de enfermedades) y nutrición deportiva. El objetivo de este blog es dar a conocer aspectos relacionados con la alimentación y la salud, de una manera cercana y comprensible, tratando diversos temas, como gastronomía (mi pequeña gran debilidad), mitos alimentarios, dietas milagro, lectura de los etiquetados… en resumen, todo aquello que me preguntan mis amigos y familiares en la mesa.