Ultimo domingo de agosto. Estoy a la orilla del mar. Tengo muchas dudas. ¿Estaré en un mar de dudas? San Mateo viene pisándonos los talones y para el final de las fiestas se cumplirán más o menos cien días desde que nuestros ediles juraran sus nuevos cargos con sus viejas cargas. Veremos. Por sus obras los conoceréis. Pero no adelantemos acontecimientos, todavía hoy es agosto y todavía tenemos la obligación de divertirnos y de comer en los chiringuitos nuestras buenas paellas de almejas con arena, beber una buena sangría caliente (ideal para la colitis) y, todo eso, servido en magníficos platos de cartón y cubiertos de plástico cubiertos de emplástico. Para muchos se acabarán las vacaciones y ya podrán volver a descansar al trabajo y las dudas empezarán a rebotar por las paredes sin dejarnos vivir tranquilos. Tras leer parte de su programa político, ¿por fin se presentará Rubalcaba por el PP? Cuando Zapatero hablaba de los brotes verdes que veía, ¿lo hacía porque es daltónico? ¿Bolsa es a bolsín como Botín es a bota? Si se adelanta el 20-N, ¿se adelantará a una fecha capaz de ser adelantada? ¿Por qué las JMJ han dejado Madrid como si no hubiera pasado nada y los del 15-M, no hacen nada, pero no dejan Madrid? Teresa Salgado ya ha dicho que en la próxima legislatura “pasa palabra”, pero, ¿ha dicho que se va quedándose o que se queda yéndose? Cuando Zapatero nos sale ahora con que habría que poner un límite al déficit, ¿querrá insinuar que sabe hasta dónde llega el déficit? Como en todas las elecciones, ¿Bono se irá “gedándose”? ¿Se acordará Belén Esteban de si a la vuelta del verano le toca casarse o divorciarse? ¿Volverán los canallas del Barcelona a meter el ojo por el dedo de Mouriño? El portavoz del Gobierno, don José Blanco, ¿portará la voz del Gobierno de forma que, además, podamos entenderle? La situación económica española, ¿seguirá yendo mejor a medida que empeora? ¿Ha sido Rubalcaba un valido que de todo se ha valido o un privado que de nada se ha privado? ¿Esperamos la ayuda económica de Francia y Alemania o Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy? En el Ayuntamiento de Logroño, ¿seguirán diciendo lo que hay que hacer aquellos a los que hubo que echar porque no sabían lo que hacían? Los que dicen que Dios no existe, ¿seguirán metiéndose con Dios aunque digan que no existe? ¿Será obligatorio ser cinturón negro para dar clases a los niños de Primaria? ¿Seguirá considerándose la de empresario “Profesión de alto riesgo”? ¿Será obligatorio formar de diez en fondo en la fila del paro? Parece que quieren desaparecer el señor Zapatero, la señora Salgado, el señor Guerra, el señor Bono, el señor Chaves… etc. ¿Tiene que apagar la luz el último en salir? ¿Estaría José Luis Rodriguez Zapatero y familia, esperando que el Papa fuera a su casa a despedirse y luego emprender el viaje a Roma por carretera con el “papamóvil”? Dudas, dudas, las eternas dudas. ¡Ah!, y España es un Estado Soberano, que conste, y haremos lo que nos dé la gana (¿peux-je dire non?- ¿Ich kann lhnen sagen, nicht wahr?) y algunas dudas se resolverán solas, otras nos las resolverán acompañadas y otras sería mucho mejor que no se resolvieran. Pero bueno, no adelantemos acontecimientos y hasta la semana que viene, si Dios quiere, y ya saben… no tengan miedo.
Caras, caretas, carotas
Por Julio ARMAS
EL GOLF
Hoy, por fin, voy a contarles algo de lo que algo sé. Por suerte o por desgracia (por desgracia) fui unos de los primeros cientos de jugadores que en Logroño comenzaron a practicar este deporte, cosa ésta que pueden hacer buena preguntando a jugadores empedernidos y participantes de torneos quién fue el primero que les puso un palo de golf en las manos. Es cierto, no miento. Pero antes de seguir les explico lo que hace falta para jugar a este atrapatiempos. Primero de todo: un campo. Y tengo que reconocer que en el 99% de los casos suelen ser unos campos preciosos, tranquilos, entre pinares (en Vitoria y en Pamplona), entre naranjos (en Castellón), entre lagos (en Asturias) entre dunas (en Pedreña y en Sitges y en Valencia…) de todo hay, lujosos como Bonmont y cercanos como La Grajera, con unos estanquitos por aquí, unos patitos nadando por allá y una quietud y un relajo monacal. En fin, créanme, unos paisajes de lo más idílico. Bueno, pues una vez que tenemos el campo maravilloso, ¿qué más hace falta? Pues unos agujeritos en el suelo (18 normalmente) ¿Y qué más? Pues unos palos de formas varias y pelotas, muchas, muchas pelotas. Y ya está. ¡Cosa más sencilla! ¿Y qué hacer para jugar? Muy fácil. Se va uno lejos de cada agujerito y a base de bastonazos intenta meter la pelotita en el agujero. ¿Y quién gana? Pues el que la mete de menos bastonazos. ¿Y cuántas veces hay que meterla? Pues por lo menos una vez por agujerito. ¿Y ya está? Ya está. De cinco a seis horas, de las que te quedan de vida, tiradas por el desagüe de la ducha. Porque vamos a ver, (y, antes de empezar, quiero dejar bien claro que mis críticas a este deporte son debidas primero a mi escasísima habilidad para practicarlo y después a mi nula paciencia para aguantar tanta tontería como se ve en los campos de golf) si de lo que se trata es de meter la pelota en el agujerito en el menor número posible de bastonazos, ¿por qué no ponen la salida mucho más cerca del agujero y no que hay veces que tienes que salir hacia el Este y una chopera tremenda te impide ver el agujerito que algún hijo de su madre ha puesto en el Sur? No lo entiendo. Luego, si se trata de meter la pelotita en el agujero, ¿por qué no hacen los agujeros de metro y medio de diámetro? Antes la meterías y antes te podrías ir a casa, completamente realizado y con el deber cumplido. Sigo sin entenderlo. Más. Si hay que llevar a bastonazos, lo antes posible, la pelotita hasta el agujero, ¿por qué no han arreglado todos los hoyos de arena, los arroyos que cruzan, los troncos caídos y las subidas y bajadas que te impiden llegar al agujerito con comodidad? Tampoco lo entiendo. Ni eso, ni que para jugar al golf realmente haga falta vestirse como Tonetti. ¿No se puede ir normalito, como si fueras a por la barrita de pan a la gasolinera, por ejemplo? Luego, y esto ya son experiencias personales, en el Golf de Lerma (en Burgos), no recuerdo muy bien, puede que fuera en el hoyo 4; un par tres, que es un pasillo entre robles, creo; delante de nosotros, un matrimonio, parado, discutiendo. Nosotros nos saltamos el hoyo, para no molestar. Al pasar, el marido, a punto de sufrir una apoplejía y con la carótida inflamada hasta rozarle el lóbulo de la oreja, le estaba gritando a su mujer, que cómodamente esperaba apoyada en el tronco de un árbol limándose las uñas: “¡NOOOOO!, te he dicho que ¡NOOOOO! Tres al bunker, cuatro al árbol, uno de penalización y dos de entrada al green. Llevas SIETE, jodeeer, SIETE. Oigan, ¿ustedes están bien de la cabeza? ¿Para armar este “chocho” han venido hasta aquí a divertirse? ¿Más? Imagínense el estadio de Maracaná. Se está jugando la final del campeonato del mundo entre Brasil y Argentina. Van cero a cero y a un minuto del final, el árbitro pita un penalti contra Brasil. El estadio ruge y los rugidos se oyen hasta en Medellín. El portero se prepara, el contrario pone el balón, hay gente que se desmaya, el griterío es ensordecedor, por fin el jugador toma carrerilla y chuta; el resultado es lo de menos. El Saler (Valencia), hoyo 7, la salida no está muy alejada del green del 6. El jugador que va a hacer la salida pregunta a su compañero de cuántos golpes es el hoyo y entonces, desde el green del 6, un caballero que estaba intentando patear, levanta la cabeza indignado y dice: “Shhhhhhhhhhhhh”, luego recompone la postura, me imagino que reza eso de “Señor, dame fuerza… para pegarle suave” y patea. El resultado es lo de menos, pero hay que ser bobo “mucho, mucho bobo”, porque eso quiere decir que en el campo de Maracaná el griterío se asume, pero en el green del 6, en El Saler, para que patee don Luis José de la Santísima Trinidad y pueda pasárselo bien, el silencio debe ser sepulcral. En fin, poco hay que hacer, aunque mucho más habría que decir. Si usted ha tenido la mala suerte de que le haya picado el “bichito” del golf, la verdad es que ni con “tee” ni sin “tee”, tienen sus males remedio y por mucho que quiera evitarlo, siempre los cuatro jugadores que lleva delante le parecerán unos pelmas y unos petardos y los cuatro que lleva detrás unos chulos y unos pedantes, y no le dé más vueltas, este deporte es así. En mi opinión Churchill, el gran estadista, llevaba razón: el golf es uno de los sistemas más efectivos que existen para arruinar un buen paseo. Hasta el domingo que viene, si Dios quiere, y ya saben… no tengan miedo.
Nota: Ahora que estoy jubilado me encantaría ir a jugar al golf los días de labor. No por gusto, sólo para que mis amigos rabiasen pensando que me estaba divirtiendo.
MENS SANA IN CORPORE INSEPULTO
Se preguntaba Horacio, ese pedazo de poeta satírico romano que nació posteriormente a muchas de nuestras folclóricas, ¿qué es lo que nos impide a los hombres decir la verdad con humor? Pues nada, Horacio, nada, no es fácil, pero impedirlo no hay nada que lo impida. Y por eso hoy quiero contarles cuatro cosillas sobre el deporte. Sí, me ha dado por ahí. Quien bien me conoce sabe que soy un amante mediano del deporte y no me molesta, es más, en muchas ocasiones he visto, sin fatigarme especialmente, jugar un par de sets a Nadal, cómodamente sentado en mi sillón. Lo que pasa es que hay cosas del deporte que no acabo de entender. Analicemos el más famoso, el más recomendado por todos los médicos, les hablo del andar. Hoy en día es raro, muy raro, que se pueda visitar a un galeno y no te diga que si quieres gozar de una buena salud tienes que beber más agua, comer menos y andar más, (pero con la condición de que ya goces de una salud perfecta, ¡ojo!). Hay que andar, andar es muy bueno (un médico, y no es broma, me recomendó que me comprase un podómetro y diera cada día unos ¡35.000 pasos!, todavía me pregunto qué quería ese hombre que hiciese yo en China), andando te encuentras mucho mejor… pues no voy a decir que no, pero lo cierto es que no pueden imaginarse lo desmoralizador que resulta dar “la vuelta del tonto”; sales de casa, bajas por el Norte, tuerces al Este, subes por el sur y girando el Oeste vuelves a estar donde has empezado, aunque eso sí, más sudado, más cansado y más hasta los cojones de ser tan bobo. ¿Más? Bueno, lo de las bicicletas ya es para morirse. Mi primera bicicleta, que era de color verde y manillares de caballero, me la regalaron mis padres al aprobar la Reválida de 4º. Y ¿saben para qué? Pues para que anduviera en bicicleta y, con ella, y sobre todo con ellas y ellos, pasara un verano delicioso yendo a Cantabria o a cualquier regato de los muchos que había por la carretera de Soria a coger unos cangrejos para merendar. Pero hoy, no sé por qué, no ves a nadie montar en bicicleta, hoy ves a unos ciclistas que se han debido de perder en la primera rotonda al iniciar la Vuelta a Murcia y han venido a parar a la terraza del Viena, donde tan ricamente y a la sombrita te estás tomando el vermú, mientras lees el periódico. Oiga, unos individuos con las apariencias más extrañas: piernas depiladamente brillantes y brillantemente depiladas, pantaloncito ajustado “marcapaquete” con refuerzo de gutapercha en el culo, gafas con cristales color naranja, camisetas ajustadísimas con el anagrama de “Harinas Manolito” y unos gorros, ridículos a más no poder, que parece que en lugar de gorro llevan el tubular de repuesto enroscado en la cabeza. No entiendo nada. ¿Más?, más. El otro día estuve en un pueblito de las provincias vascongadas, pueblito éste al que no pienso volver y vi un festival (sí, lo llamaban festival-de fiesta-) de levantamiento de piedra. Oiga, la cosa más chorra que puede uno echarse a la cara. Escenario: una plaza de pueblo, entramado de cuerdas con banderitas de papel, una tarima y reposando sobre ella un cacho piedra esférica de ciento y pico de kilos. Pues bien, se subía un tío, todo rebozado en polvos de harina, se desriñonaba para subírsela a la barriga, de allí al hombro, luego una vuelta por el cuello y al suelo otra vez, ¡al mismo sitio de dónde la había cogido! Pero bueno, ¿nos estamos volviendo locos o qué? Si pensabas dejarla donde estaba, ¿me quieres decir para qué cojones la coges? Y así podría seguir y no acabar, pero termino con un llamado deporte que es el que me tiene hablando solo. La marcha olímpica. Imaginen: una carrera, cientos de tíos en la salida con un único objetivo, llegar los primeros a una meta que está a no sé cuantos kilómetros de distancia, con la condición añadida de tener que llegar los primeros pero sin correr, porque si corres te descalifican y además la ruta hay que hacerla a sabiendas de que en ciertos puntos del recorrido hay unos hijos de su madre que te tiran a la cabeza esponjas llenas de agua y te lanzan botellas de plástico. Vamos, que no te dejan estar a lo que estás, que es a andar como andan las modelos de alta costura en las pasarelas pero lo más rápido que puedas (como bailan los caballos andaluces, para que nos entendamos y mejorando lo presente). No entiendo nada y, ¿saben qué es lo peor?, que tampoco quiero. Así que todos los días procuro pasear despacito con la excusa de que voy a coger La Rioja y a dejar mis kilitos de más y hasta donde llegue, llego. Nada más y puestos a hablar de tonterías, el domingo que viene, si Dios quiere, les voy a hablar del Golf. Y ya saben… no tengan miedo.
CHAVALETUD
Teniendo en cuenta que como decía Edgar Neville “el humor no es más que el idioma que emplean las personas inteligentes para entenderse con sus iguales”, acabo de darme cuenta de que todos los hombres y “hombras” de mi generación hemos nacido en el planeta Krypton, en casa de mamá Lara y papá Jor-El, o sea, que somos hermanos de “Supermán”, el superhéroe ése que lleva los rojos calzoncillos por afuera. Porque vamos a ver, ¿ustedes son conscientes de la “chavaletud”(1) que nos hemos llevado las pandillas de mi generación, caminando siempre por el filo de la navaja y saliendo no solamente milagrosamente ilesos si no además gozándola como enanos? ¡Qué suerte! Leí el otro día que ahora los cartuchos de caza no podían rellenarse con perdigones de plomo, pues por no sé qué razones el plomo es nefasto para la salud. A buenas horas mangas verdes, porque, ¿saben lo que hacíamos los chavales de mi generación, lo mismo bajo los nogales, cazando gorriones con la “chimbera”, que metiéndoles goles a los porteros de la caseta de Vila en la feria?, pues meternos los perdigones de plomo en la boca e irlos sacando de uno en uno a medida que disparábamos y sí que es verdad que al terminar la saliva sabía un poco dulce y era de color gris marengo, pero aquí estamos y después de habernos ido a jugar con nuestros soldaditos de plomo para más INRI. Y nuestras madres a las que hoy, si las viesen actuar así, muy posiblemente les retirarían nuestra custodia, ¿saben lo que hacían cuando ya estaban hasta el gorro de que “Jerónimo” se escondiese debajo de las camas, mientras “Custer” las revolvía para encontrarlo y enviarlo de nuevo a la reserva?, pues mandarnos a la calle a jugar con los otros superhéroes del barrio. ¡Oiga, a la calle! Y si jugando nos caíamos, pues nos levantábamos, y si nos hacíamos sangrar nos atábamos el pañuelo de los mocos en la herida. ¡Y no nos pasaba nada! Ni un mal tétanos, ni una mala infección, nada. Y nos decían “y no vuelvas hasta la hora de merendar” y a lo mejor, y sin avisar, tampoco volvíamos, porque normalmente eran los padres del “compa” que te pillaba más a mano los encargados de prepararte el bocata de pan con dos tabletas de chocolate metidas dentro (¿Y qué chocolate sería aquel que nos sabía tan bueno?) Y jugábamos a “¿María Subiré? – Hasta la pared” y nadie se hacía daño, ni a nadie se le separaban las vértebras de la columna. Nada. Y luego al “marro” y al “banderín” por equipos (que se hacían con el sistema del “oro, plata, oro, plata”, ¿se acuerdan?) Y el hinque, ¿recuerdan el hinque? Y los domingos por la mañana, después de Misa, nos cambiábamos tebeos en El Espolón y nos tirábamos piedras y algunas nos habrían una brecha en la ceja izquierda, (incrédulos, pueden pedir hora al autor para demostración) y todo menos llorar. Llorar no se podía, porque si subías a casa llorando lo más seguro era que tus padres, tras oír tus quejas, te dieran cuarto y mitad de lo mismo diciéndote aquella frase tan conocida de “Toma, esto para que llores por algo”. Y a aguantar sin denunciar a nuestros padres por maltratadores. Y no había móviles, ni “consolas”, ni juguetes teledirigidos, ni iPods, ni black-berrys y bebíamos “a morro” de cualquier fuente y de uno a otro nos pasábamos la botella de gaseosa y teníamos las rodillas más erosionadas que la corteza terrestre y no nos pasaba nada, oigan, ¡no nos pasaba nada! ¿Por qué sería? No es un misterio. ¿Me guardan el secreto? Porque éramos de Krypton, hijos de mamá Lara y papá Jor-EL, porque si no era por eso, no me lo explico. Y hasta el domingo que viene, si Dios quiere, y ya saben… no tengan miedo.
(1). Si juventud viene de joven, me imagino que de chaval vendrán “chavaletud” y “chavaletuda”. Bibiana, se te echa de menos)
EL INDIO “INDIGNADO”
Hoy es 31. Hoy se acaba mi mes. Todo un detalle darle mi nombre a este montonazo de días si no fuera porque el mes no me lo dedicaron a mí sino a Julius Caesar. El que viene detrás, Agosto, se lo dedicaron a Titín, lo que sería otro detallazo si realmente no se lo hubieran dedicado a Augustus Octavius en lugar de a Augusto, pedazo de persona, de pelotari y caracolero de Tricio (al que por aquellas calendas de Dios llamaban Tritium). Y es que como verán nada es lo que parece. La mitad de España se va a descansar mientras que la otra mitad vuelve a descansar de descansar. España mía, ¡cuánto te quiero! España mía, ¡pasión y celos! Pero bueno, a lo que vamos. La noticia: El candidato socialista a la Presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, detalló este lunes una de sus propuestas para crear empleo juvenil mediante un “nuevo contrato de trabajo aprendizaje” para que los jóvenes parados sin cualificación -principalmente los que dejaron los estudios para trabajar en la construcción- trabajen y a la vez puedan formarse “por las tardes en institutos o centros de Formación Profesional acreditados”. Me parece fantástico y me parecería “fantastiquísimo” si además entendiese algo. Porque vamos a ver, ¿el señor Rubalcaba no es socialista? ¿Ahora no están gobernando los socialistas? Desde hace décadas, ¿no ha sido “primus inter pares” del gobierno socialista? Entonces, ¿por qué coño no pone la propuesta en marcha desde ¡ya!? ¿Quién con votos suficientes va a frenar su proyecto? Si la propuesta es buena y gana las elecciones, pues eso que se lleva por delante y si es buena y las pierde, pues mejor para España, ya que los que vengan se encontrarán con un problema menos que resolver. ¿Por qué no lo hace? ¿Se lo explico? Miren, de aquel gran político que se llamó Pío Cabanillas (padre) se decía que, como buen gallego, cuando lo veías en una escalera nunca sabías si subía o bajaba. Era una forma de hacer política, pero el cántabro Rubalcaba, cuya experiencia se le supone, (decía su paisano, José María de Pereda, que la experiencia no consiste en el número de cosas que se han visto, sino en el número de cosas sobre las que se ha reflexionado), tiene por lo que parece otro sistema de hacerla y consiste en que a él lo que le gusta es jugar a los indios y vaqueros, pero siendo él a la vez indio y vaquero. O sea, que aunque hasta ahora haya sido vaquero, ahora no sólo quiere ser indio “indignado” sino que dice que las cosas se pueden hacer mejor, aunque él haya sido parte y causa de que estén así de mal hechas ¡Toma ya! Vamos, que se queja de que el hombre blanco hable con lengua de víbora y se da cuenta ahora, de candidato, y no cuando era ayudante del Sheriff ¡Joder, qué tropa! Bueno, que el mes de Titín viene pisándome los talones y un servidor en Agosto ya saben que cambia de tercio para pasar a hablar de cosas serias. Pues eso, buen verano, que disfruten, y que les ajusten bien el yelmo porque me parece que en Septiembre nos van a dar más mazazos que al tambor de la legión. Dios no lo permita. Hasta el domingo que viene, si Dios quiere, y ya saben… no tengan miedo.
Y OTRA BERZA
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Y OTRA BERZA
“No voy a adelantar las elecciones y ..bla, bla, bla…”
” Un pais muestra su estabilidad si respeta su calendario electoral y …bla,bla,bla.
” Terminaré la legislatura en Marzo del 2.012 y …bla,bla,bla”
Pues de eso nada, monada. Una vez más nuestro presidente, nos ha hecho ver que pisaba con el tacón y lo hacía con el contrafuerte.
¿Lo bueno?: que ya no se lo creía nadie y con las declaraciones de hoy, otra vez se le desinfla el globo. ¡Quién te ha visto y quién te ve!
HÁGANSE CAMPO
E n la falda de los Obarenes, con una pierna en Sajazarra y la otra en Galbárruli, hay un pequeño pueblito, gigantesco en mi recuerdo, que hoy se llama Castilseco y que ya en el fuero de Miranda de Ebro de últimos del siglo XI se llamaba Castrum Sicum. Ahí, casi en el corazón del corazón de la Rioja Alta, estuve hace siete días. Y por unas horas, siempre pocas, dejé de ser urbanita por obligación para convertirme en eso tan hermoso que es ser un cateto de ciudad. Había salido el domingo un día de esos de que sí, de que no, ¿se acuerdan?, pero como afortunadamente mi familia, a la que Dios guarde, nos esperaba para comer, a media mañana cogimos el coche y empezamos la ruta. Por suerte iba de copiloto y digo por suerte porque al hacerlo así tuve la oportunidad de mirar lo que antes sólo veía. Y, óiganme, de verdad, ¿se han fijado ustedes lo guapo que está el campo? ¿Se han parado a mirar y a pensar y a dar gracias a Dios por esas viñas majestuosas, limpias y deslumbrantes, orgullo de nuestra tierra, por esos olivares que comienzan a verdecer en esta triunfante mitad del verano, por esos trigales de oro, con su grano cosechado y ya guardado en la muda soledad de los graneros, por esos chopos que de cuando en vez se reúnen en familia, pero a quienes tampoco les importa tirar sus ramas al cielo, defendiendo su desamparo en ese horizonte de rastrojos que va a morir a los pies del otero solitario, y ¿ por ese arroyo mitigante que sólo vive para quitar la sed de las tierras castellanas por las que peregrina? Es una bendición, créanme, ver el campo limpio, puro y noble, sentado en ese poyo que sombrea el tejaroz, compartiendo con tu vida ese medio porrón de «ojo de perdiz» fresquito, que entra como la gloria. Créanme, háganse campo, ahora que «Lorenzo» va a decir «aquí estoy yo». háganse campo, en reunión como los pinares o en esa vertical soledad de los cipreses, pero háganse campo y aprendan que podar no es espurgurar, que la esparceta no es alfalfa y que son codornices las que se dedican a perforar el silencio de la campiña con su eterno y armonioso pal-pa-lá. La verdad es que hoy no sé por qué se me ha ocurrido contarles estas cosas, quizás porque hace un mes que han comenzado «las» calores o probablemente, y eso es lo más seguro, porque ya estoy más que harto de tanta ruina y miseria, penurias y estrecheces, avaricia y mezquindad, mercados y deuda pública, especulaciones, hipotecas y disponibles a corto, cosas todas que a fin de cuentas acabarán por quedarse aquí, mientras nosotros, como tontos, nos daremos de cabezadas contra la pared por no haber sabido sacar esos cinco minutos necesarios para hacernos campo y escuchar lo que el murmullo del viento entre los árboles nos va diciendo al pasar: «Míranos, no nos veas». De verdad, por el tiempo que puedan, que aunque sea un segundo les durará una eternidad, háganse campo, campo riojano; seguro que me lo agradecerán, es todo un lujo. Hasta el domingo que viene, si Dios quiere. y ya saben, no tengan miedo
B L A N C O
La verdad es que, entender, entender, no entiendo mucho de vino. Todo eso de los aromas primarios y secundarios y ese mundo de sabores que van desde el de cuero viejo al de ciruelas y pasas, pasando por el del bosque en otoño hasta llegar al de pelo de perro a mí me suena a «quedada», lo que no significa que no conozca el ritual de todo lo que hay que hacer y decir para parecer un experto enólogo. ¡Cuidadito! Y con los taninos, los tartratos y los glicéridos que aunque suenen a gentilicios resultan ser elementos que contienen los vinos y que todo buen ‘connaisseur’, como yo, tiene que saber distinguir si quiere dar el pego, me pasa lo mismo. Porque piensen ustedes un momento, ¿Cómo voy a saber que un vino sabe a pelo de perro, si no sé cómo coño sabe el pelo del perro? ¿Alguno de ustedes ha comido alguna vez pelo de perro? .pues yo tampoco. ¿Y cuero? ¿Quién, aparte de Orellana cuando descubrió el Amazonas, ha comido cuero? Además, ¿todo el cuero, sabe igual? ¿Lo mismo el cuero de vaca que el de cabra, el de toro que el de cabrón? No tengo ni idea. Pero bueno, también he de confesarles que aunque de vino no entiendo, sí que domino la parafernalia imprescindible, siendo como soy un buen riojano, para no desmerecer en cualquier mesa. ¿Quién lo va a probar?, pregunta el sumiller. El señor, que es de La Rioja. Típico. Y, ¡hala, macho, te ha tocado montar el numerito! Y consiste en, con toda seriedad, iniciar el rito: coger por su talle y con delicadeza la copa que te entrega el sumiller, mirar el vino a contraluz sobre un fondo blanco, con habilidad y sin poner al comensal de al lado como un cirineo, hacer que el vino rote un poco por la copa, llevarlo a la nariz, aspirar su aroma (¡Sólo una vez, por favor!), esperar, cabecear ligeramente (simulando que has olido algo), poner el borde del vaso en la boca y succionar un poco de vino, haciendo una cantidad considerable de ruido (sí, ya sé que es una marranada, pero es imprescindible, lo siento), mantenerlo un rato en la boca, pasando el buche de lado a lado (ya sé, es otra marranada) y a continuación tragarlo con énfasis. Hay que esperar para dar tu opinión a que te venga el retrogusto y que según la edad a lo mejor va y ni te viene (la edad del vino, me refiero). Hecho todo lo cual, ya puedes dar la docta opinión que de ti todos los comensales esperan. (1) (Yo suelo escaparme diciendo muy serio: «¡Vino, es vino!». Y aprovecho el regocijo general para indicar con un gesto al sumiller que lo vaya sirviendo y cambiar de tema pasando a hablar de lo mal que está todo y lo que habría que hacer para arreglarlo, que es algo de lo que sabe todo el mundo. Pero bueno, el caso es que no es de nada de esto de lo que les quería hablar (¡Joder, me enrollo como las persianas!, lo siento Toño), lo que yo quería decir es que estoy de acuerdo con el señor Nagore, nuestro consejero de Agricultura y otras hierbas, a quien no tengo el gusto de conocer, cuando dice que hay que, racismos y racimos aparte, «abrirse a los blancos». Gracias consejero. Si Dios le oye el Chardonay, el Saugvynon, el Chenin y el bendito Semillón se lo agradecerán. Porque la Viura será muy riojana pero donde hay capitán no manda marinero, aunque el capitán sea un aromático franchute y el marinero un riojano del «ches» al cuarto y cabezón para más INRI. Y además yo estoy seguro que a los consumidores les gustará más beberse un litro de vino blanco del bueno que medio del malo. Seguro. Y hasta la semana que viene, si Dios quiere, y ya saben. no tengan miedo.
(1) Si la comedia ésta de la cata, hay que hacerla en un pueblo y con vino de cosechero, no olviden decir que el vino sabe un poco a «meta», que por supuesto tampoco sé ni lo que es, ni lo que significa
¿POR QUÉ LETRITA?
No sé dónde leí que cuando uno se va haciendo viejo se le va poniendo cara de lo que realmente es. Si esto fuera cierto aquí debiera de acabarse mi artículo, porque les voy a contar un par de cosas del mejor Rubalcaba y si hacemos caso de lo anterior lo que voy a escribir es sólo una redundancia. Pero bueno, vamos allá. El caso es que hace una semana nuestro flamante ministro del interior, vicepresidente y “candidatazo” a presidente de gobierno, estaba en Santiago de Compostela en una reunión de militantes socialistas gallegos. Hasta aquí todo bien. Pero, de buenas a primeras, antes del despertar general y cuando menos lo esperaban, dijo algo parecido a aquello de “Veo, veo. ¿Qué ves? Una cosita. ¿Con qué letrita?” y como ni siguió jugando, ni les dijo la letrita, pues los dejó a todos sin saber lo que él veía claramente y que no era nada más y nada menos que “lo que tenemos que hacer para crear empleo” (sic). Porque él lo sabe. Asegura que lo sabe. Y quien no me crea que lo dijo, ahí está el vídeo. Y claro, después de visto y oído lo oído y visto, ya no hubo forma por mi parte de dejar de ver y leer la noticia. ¿Rubalcaba sabe lo que hay que hacer para crear empleo? Pues, ¿qué más queremos? ¡Venga, coño!, que lo diga… Pero leí todo y todo lo que en otros medios de comunicación venía y no encontré como panacea más que una frase de las suyas a modo, supongo yo, de parte de la solución. Decía: hay que hacer “cosas distintas a las que se hicieron hace unos años” (sic). Pero, hombre de Dios, ¿y para decir eso tiene que irse a Santiago de Compostela? O sea, que la solución que usted tiene escondida en su manga es que, para crear empleo, hay que hacer las cosas de diferente manera de como se hicieron hace unos años. Hombre, con todo respeto, señor “vicepresidentazo”, no nos vuelva locos que bastante tenemos con no perder el sitio en la fila del paro. ¡No te jode! ¡Pues claro que hay que hacer las cosas de diferente manera de como se hicieron hace unos años! Para ese viaje no necesitábamos alforjas y, ¿quiere que le diga más? En mi humilde opinión, una de las primeras cosas que habría que hacer es no elegir a nadie que sea como muchos de ustedes. Mire, en eso le doy la razón, por ahí sí que habría que empezar. Total, que dicho lo dicho y mientras los militantes gallegos andábanse preguntando Pero, o qué quería dicir, el “ ministrazo” Rubalcaba les soltó que ahora están las cosas mucho mejor que hace un par de años, (lo que yo no creo que sea cierto, salvo que hablase de su casa), que ya se veía la luz al final del túnel (¡Joder con la luz! A ver si va a ser alguien que va con linterna) y que su deseo es que todo el mundo viese que las medidas de su programa electoral “se pueden llevar a la práctica, para resolver el gran problema que tienen los españoles” (sic) (Señor Pérez, será tenemos, ¿no?) Así que se acabaron cosas como esas de “…que la serie de criterios ideológicamente sistematizados debe ser un frente común en la actuación regeneradora”. (¿Y qué es eso, Julio? Que tocamos a cincuenta euros por barba. ¡Ah, pues vale!) Y aquí les dejo, pero que conste que sé yo una cosita para que no pasen sed los que no tengan agua… ¿Con qué letrita? ¡Hala!, hasta la semana que viene, si Dios quiere, y ya saben… no tengan miedo.

