El templo de Artemisa

Allá, en la lejana Efeso, una hermosa urbe que bañaba sus pies a orillas del mar Jónico y no muy alejada de la actual ciudad turca de Esmirna, se levantaba una de las "Siete Maravillas del Mundo", un templo dedicado a una diosa cazadora y salvaje, a la que los romanos llamaban Diana y los griegos Artemisa. Un templo que, siendo construido por Creso, el rey de Lidia, con sus más de 125 columnas de 20 metros de altura, fue el orgullo, durante más de dos siglos, de los lidios en particular y de toda la humanidad en general. ¿Y saben qué fue lo que pasó? Pues que, un aciago día, el templo fue destruido, pero no por una guerra, un terremoto o porque las izquierdas alcanzaran el poder, no... La humanidad se quedó con una Maravilla menos, por gracia o desgracia de un gilipollas integral que confesó haberlo quemado porque quería que su nombre pasase a la posteridad. Total, que a la vista de lo visto (que ya no se veía), las autoridades competentes, además de hacer caer sobre el pirómano todo el peso de la ley, prohibieron, bajo pena de manta intermitente de bofetadas, que se divulgara el nombre del tontorrón destructivo, evitando así que su ejemplo proliferase y su objetivo se cumpliese. Bien hecho. Y pienso yo que este ejemplo debiera de servir a los señores directores de todos los medios de comunicación para adoptar medidas semejantes, en miras de alcanzar objetivos similares. Y para que no tengan el menor cargo de conciencia y en lo que exclusivamente a mí concierne, por ahora y por medio de la presente columna, yo les eximo de la responsabilidad de informarme, salvo que sea en la búsqueda del bien común, de todas las mamonadas realizadas por cualquier tipo de asesino, facineroso o delincuente, mamonadas que en la mayoría de los casos estoy seguro de que se verían disminuidas si sus autores se apercibieran de que a nadie le importa lo que hagan o dejen de hacer. Así de sencillo. Para entendernos, que particularmente no me hace ninguna falta saber lo que esta gente hace en el trullo para pasar el rato, ni que a fulano de tal le hemos operado de almorranas, ni que zutano de cual no quiere comer, porque dice que él no ha especulado con los terrenos y que lo único que quiere es estar con su novia, cogidito de la mano. Los que quieran publicidad que se lo curren y que busquen y paguen una buena agencia, que haberlas haylas, y si no quieren hacer nada de esto, pues que los periódicos ni nos cuenten su triste caso, ni los mantengan permanentemente en el candelabro «mazagatiano», no vaya a ser que, queriendo eliminarlos, lo único que hagamos sea darles alas para que puedan volver a quemar, aunque sólo sea por hacerse famosos, esta nueva Maravilla del Mundo, este nuevo templo de Artemisa, expugnable, pero maravilloso, que es la democracia española. Espero que esté claro. Hasta el sábado que viene, si Dios quiere.

Escrito por: julioarmas 1 comentario 16 Jun 2007 URL Permanente

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

YO

YO dijo

No ENTENDIIIIII.. A KE TE EXPLIKAS MAS VA?

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Caras, caretas, carotas

El industrial y escritor Julio Armas (Logroño, 1946) es experto en el descubrimiento de América y autor, entre otros de los libros 'Jirones de un sueño. Los mitos de la conquista de Indias', y 'Las lágrimas de Caxamarca'.

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