Agosto (II): El bufé

Además de la cadena que me impide el paso y que no me preocupa nada hay, al lado de la puerta, un armario con piernas y placa en el pecho que me preocupa mucho. En evitación de problemas, me acerco y le digo que quiero pasar porque tengo a mi familia dentro. El armario debe de ser extranjero, porque sólo me dice que no moviendo la cabeza, pero sin hablarme. Por señas intento explicarle que dentro están mi mujer y mi hijo, pero no hay nada que hacer. Cuando llevo hechas más muecas que Chita, la de Tarzán, aparece Borja Luis en la puerta. Sigue en bragas y con su patito hinchado metido hasta la cintura. Me dice, que dice su madre, que deje de hacer monadas y que pase de una vez. Le contesto que el señor de la puerta no me deja; entonces Borja Luis, diciéndole que soy su padre, me coge de la mano y me cuela en el comedor por todo el morro. Cuando llego a la mesa, mi mujer, que me está poniendo un poco de café frío en la taza, me dice que vaya al bufé a coger lo que quiera que ya han avisado que lo van a retirar. Aunque me acababa de sentar, vuelvo a levantarme y trató de acercarme al bufé. Por mi seguridad, dejo pasar a una especie de luchador de sumo, con tatuajes hasta en los párpados, pantalonazos a medio muslo, sandalias y calcetines marrones. Trae en la mano un plato rebosante de mortadela, revuelta con sardinas en aceite, lonchas de queso, pastelitos de chocolate, churros, huevos fritos y beicon con helado de piña. Reprimiéndome las arcadas, llego por fin hasta lo que antes debía de ser el bufé. La mesa en la que, unas detrás de otras, se exponen las bandejas, ahora vacías, parece haber sufrido las invasiones bárbaras. Casi pegándome con una respetable anciana, consigo apoderarme del último bollito de pan. Me dice que no hay educación y yo le contesto que educación sí que hay, que lo que no hay son bollitos. Borja Luis y el Pato Donald vienen a mi encuentro y me dicen, que dice su madre, que no me entretenga hablando con las señoras que van a retirar las sobras de la mesa de al lado y nos vamos a quedar sin aprovisionamiento. Yendo hacia mi mesa con el chusquito de pan en la mano, observo cómo todos los que se han forrado de bollitos, mortadela y magdalenas, los están escondiendo, entre las toallas de las bolsas de playa. Al poco tiempo y esperando a que alguien también se lo lleve, sobre el bufé sólo queda el cartel que indica que está prohibido sacar los alimentos fuera del comedor. Desayuno pan, untado en café con leche y al terminar, de la mano de Borja Luis sigo a mi mujer hasta salir al hall. A punto de irnos, la oigo decir que esperemos un momento que tiene que subir a la habitación. Como en el hall hay más tráfico humano que en la estación de Chicago, le pido a Borja Luis que no se suelte de mi mano, que no quiero perderme. Mientras esperamos, nos acercamos al quiosco de prensa. Todos los periódicos están agotados. Le compro un tebeo a Borja Luis. Una señora pasa a mi lado con dos bolsas inmensas, cargadas de víveres. De una de ellas asoma el cartelito de que está prohibido sacar los alimentos al exterior. Al rato, veo con sorpresa que mi mujer ha conseguido bajar en el ascensor. Por fin, con dos bolsas enormes llenas de ropa, Borja Luis, Donald, el cubo, la pala, el rastrillo, la sombrilla y dos cajas de tiritas que he comprado en el quiosco, salimos hacia la playa. A mi mujer, que extrañada me ha preguntado para qué he comprado tanta tirita, le he dicho que ya se lo explicaré al llegar a las toallas. Cargado como un mulo inicio la travesía del desierto. Sin acabar de cruzar la carretera viene Borja Luis en mi busca. Me dice, que ha dicho su madre, que es mejor que vayamos con el autobús del hotel que sale cada cinco minutos, porque le han dicho en el ascensor que el campo que hay que cruzar para llegar a la playa está lleno de cardos. Mientras por los adentros me cago hasta en la leche que le dieron a mamar al pato Donald, nos ponemos en la cola del autobús.

(Próxima entrega: La Playa)

Escrito por: julioarmas 0 comentarios 11 Ago 2007 URL Permanente

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Caras, caretas, carotas

El industrial y escritor Julio Armas (Logroño, 1946) es experto en el descubrimiento de América y autor, entre otros de los libros 'Jirones de un sueño. Los mitos de la conquista de Indias', y 'Las lágrimas de Caxamarca'.

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