LA FERIA DE SEVILLA

Para: John J. Parker.Wisconsin International. 'Languages School'. Wisconsin.

Dear Jhon: Como te prometí, escribo en castellano para que puedan leer los alumnos de prácticas. Como ves, hemos adelantado vacaciones y hemos venido a la Feria de Sevilla. (Mía y J.J. jr. son también venidos, porque este año les tocaba conmigo). Llegamos el sábado y el lunes por la noche estuvimos dos horas bajo la lluvia, esperando que encendieran las bombillas. Las encendieron y nos fuimos. (No puedo explicarte lo emocionante que tiene el encender bombillas. Aquí parece gustar). El tiempo en Sevilla es muy curioso, o te asfixias o te ahogas. A nosotros nos tocó ahogarnos. De todas formas es bonito y de mucha curiosidad antigua. Para no desentonar, el lunes fuimos a vestirnos de típico. Te explico, Mía se compró un vestido de volantes que es un vestido que casi se arrastra por el suelo. Para mi gusto algo extravagante. J.J. jr. y yo nos hemos vestido de 'camperos', que es una especie de traje con el que no se viste nadie del campo. Es una chaqueta tres o cuatro tallas más pequeñas de lo que se necesita, una camisa con la delantera llena de arrugas y un pantalón que te sube hasta los sobacos, ¡imagínate los testículos! Las botas que trajimos de Wisconsin, valían. Nosotros, Mía no, tenemos que llevar un gorro que aunque estás en Sevilla, llaman cordobés (curioso, ¿no?) y que es como una tartera del revés con una arandela incrustada. Para J.J. jr. no tenían de su talla y le dieron uno que se le apoyaba en las orejas. Lloviendo mucho, fuimos a dar una vuelta por La Feria. Está muy lejos, pero dicen que es bonita. Son como unos 300 cobertizos pequeños, uno al lado del otro, donde siempre, día y noche cantan sevillanas. J.J. jr. dice que es siempre la misma pero yo creo que no puede ser. Como llegamos a la Feria, después de andar más de media hora, con los vestidos típicos calados de agua, nos ofrecieron en una caseta una camomila que yo acepté para entrar en calor, pero que luego resultó ser un sherry aguado; junto con las sevillanas, es lo más típico. J.J. jr. y yo tiramos los gorros, porque como eran de cartón se habían doblado las arandelas y J.J. jr., a quien ya se le apoyaban en los hombros, parecía un basset hound con gafas. Fuimos a las 'casetas de los gitanos'. Lo típico es comer allí argamasa frita con azúcar y chocolate. No lo probamos, porque vimos cómo lo hacían. La comida típica, 'pescaíto frito', muy buena, es como el fish & chips, pero sin chips. Hay también una cosa muy típica que llaman 'limpiabotas' y que son unos señores que van con un banquito y mientras tu te tomas una camomila, ellos te limpian las botas. Yo, después del paseo por la feria, cogí uno, pero me dijo que a mí que me las limpiaran mis muertos, que las llevaba sucias. Esto no puedo explicártelo, ¿por qué mis muertos? ¿Por qué un limpiabotas no quiere limpiar botas sucias? Cuáles limpia, ¿las limpias? Después de comer, y siempre chapoteando en barro amarillo, fuimos a los toros. A la entrada, unas señoras gordas vestidas como Mía y que se habían echado colonia con olor de humo (creo que eran las de la argamasa) vendían una hierba verde que decían que trae suerte, no sé si por comprarla o por venderla. No pregunté. En medio del primer toro canté aquello que había aprendido en Pamplona del «Hola, don Pepito» y enseguida me mandaron callar, (aquí no debe gustar saludar a Don Pepito) diciendome: «No te hode el guiri de los cohones», pero eso ya no puedo decirte lo que significa. Tres horas después de terminar los toros, siempre lloviendo, encontramos un taxi. Fuimos al hotel. Al entrar el conserje me dijo que «Vaya tela con el tiempecito». Tampoco entendí. Mía está ya acostada, J.J. jr. tiene un poco de fiebre y yo me voy a la cama enseguida. Por la calle hay gente cantando sevillanas. Creo que llevaba razón J.J. jr. Es siempre la misma. Hasta el sábado que viene, si Dios quiere. Peter.

Escrito por: julioarmas 6 comentarios 12 Abr 2008 URL Permanente

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

plcm dijo

Un texto muy divertido, con el que coincido completamente, como J.J pienso que todas esas canciones bailables, son la misma.

Tres abrazos.

FARREL

FARREL dijo

Señor Julio...
Sin animo de ofender...se esta usted quedando sólo y sinceramente sé
que usted tiene talento,uselo hombre,no se cerque usted solo.
Un saludo.

Sr. Farrell

Sr. Farrell dijo

Gracias por leerme Sr. Farrel y por el interés que se toma por mí. Pero ya le dije una vez que no se preocupase por eso, a mí me leen los que me tienen que leer... por ejemplo usted.

Julio Armas

Julio Armas dijo

No sé lo que pasa. Perdón Sr. Farrel, en lugar de mi nombre, en el post anterior, ha salido uno de sus seudónimos.

riojanoenelexilio

riojanoenelexilio dijo

Antes que nada aclararé que el exilio es precisamente... Sevilla. No entiendo lo que quiere vd. decir con su artículo, lo he leído dos veces y no sé donde quiere vd. ir a parar. Sí estoy seguro de una cosa, si lo leyera algún sevillano, no le iba a hacer la menor gracia. Por cierto en Sevilla también hace frío, mucho frío y otras veces, las más, además de ahogarnos o asfixiarnos o pasar frío, disfrutamos de buen tiempo. Venga vd. más por aquí hombre! pero procure que no sea ni en Feria ni en Semana Santa, así podrá conocer cómo es la ciudad de verdad. Saludos.

Julio Armas

Julio Armas dijo

Exiliado: ¡Qué suerte tiene! Poder exiliarse a Seviilla.
No sabe que siento que no entienda mi artículo. Sevillanos exiliados en Logroño me han dicho que se han muerto de risa.
Que era de lo que se trataba, le aclaro.
Gracias por su invitación a bajar a la tierra de María Santísima en cualquier época del año, pero le aseguro... le aseguro... que es innecesaria.
No sé quien dijo (y ahora no me apetece levantarme a mirarlo) que sólo los que son capaces de hablar en broma de un asunto serio son los que bien lo conocen.
Gracias por leerme y cuando pueda, pásese usted por La Tienda de Coloniales y tómese una tapita de bacalao frito y una manzanilla Argüeso a mi salud. Está ustéd invitado.
Un saludo y con Dió.

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Caras, caretas, carotas

El industrial y escritor Julio Armas (Logroño, 1946) es experto en el descubrimiento de América y autor, entre otros de los libros 'Jirones de un sueño. Los mitos de la conquista de Indias', y 'Las lágrimas de Caxamarca'.

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