La Rioja
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Vista del PSOE desde La Rioja
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jalacid62 | 05-12-2016 | 08:17| 1

 

Querido prócer. Cuando algo se mueve en un partido, una de las primeras medidas que cada cúpula adopta en cada sede es instalar un aparato para detectar a los tibios. Esos bultos sospechosos que surfean por encima del pulso entre líderes y facciones, a quienes sin embargo les espera el mismo fatídico destino que a los derrotados: cuando se calibra la temperatura ambiente tiende a desterrarse a los templados. El mercurio sólo acepta oscilar entre frío y calor. Y de debates calientes algo saben en el PSOE desde la noche de los tiempos: la frialdad no es lo suyo. Ni la tibieza.

Lo pudo acreditar en su propia carne mortal su antiguo jefe, el senador Francisco Martínez Aldama. A quien la cúpula que pilota César Luena situaba entre quienes prefieren no mojarse hasta comprobar si la piscina está llena. Y puesto que sospechaban los amos del aparato que el exsecretario general se movía con demasiado sigilo, aprovecharon el último comité regional para invitarle a significarse. Si entre sus cálculos figuraba la idea de anunciar su apoyo a Susana Díaz cualquier día de éstos, Aldama vio dinamitado su propio tiempo político: tuvo que pronunciarse. Para aceptar que sí: que tiene puestas todas sus complacencias en la compañera Díaz.

Alboroto general (aunque también templado) en Riojafórum y llamada al orden: que en el caso del PSOE de Luena significa que hay que retratarse. Que toca votar. Y los socialistas riojanos votaron por supuesto, y votaron en la dirección presumida: la de quienes quieren adelantar el congreso y piden también primarias. Lo mismo que exige Pedro Sánchez, el archienemigo de Susana Díaz, la candidata tácita que no tiene tanta prisa en dar la cara. Aunque tampoco la tenía Aldama y ahora ya saben todos en su partido lo que no quería que se supiera. Al menos, de momento.

Porque la votación arrojó una lectura adicional: la derrota del único senador socialista por La Rioja, a quien sólo apoyó un reducido grupo de militantes; entre ellos, el núcleo arnedano. Lo cual provocó el consabido revuelo de interpretación sobre qué dice y qué no dice el reglamento de turno: un clon riojano de los líos de Ferraz. Si apoyaban a Aldama 15 o eran 16 los afines. Y hubo mensaje añadido: que entre quienes sí le respaldaron no figuraba el alcalde de Arnedo. Javier García se ausentó del cónclave y no tuvo que pronunciarse: a esa misma hora recibía a la Cofradía del Vino, en cuyas filas ingresó mientras sus compañeros votaban en Logroño para disgusto de Aldama. ¿Casualidad?

Seguramente. Desde el Ayuntamiento arnedano se garantiza que su alcalde prefiere centrarse en tal responsabilidad y observar de lejos, con el debido respeto, el debate orgánico. El eterno dilema entre la lealtad al jefe, a quien tanto debe, o la fidelidad a su agrupación, que también le merecerá algún crédito. Lo cual puede acabar por reservarle asiento en el espacio adaptado en Martínez Zaporta para la tercera vía, la formada por los dirigentes más templados.

Quienes sin embargo se arriesgan a ver pasar todos los trenes mientras sopesan si deben quedarse quietos, como le gustaba a Alfonso Guerra, o imitar a quienes sí se mueven: por ejemplo, los miembros de la plataforma que ayer se presentó en pú- blico para pedir con otra voz, la del militante de base, lo mismo que reclama con su propio servicio de megafonía la cúpula socialista. Que toca congreso y que debe haber primarias. Que no es el tiempo de los tibios. Que es la hora de contabilizar apoyos: la hora del conmigo o contra mí.

La misma tarea que por cierto aguarda al eterno rival del PP riojano… Que se le parece más de lo que ambos quisieran reconocer

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Por qué
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jalacid62 | 25-11-2016 | 09:35| 0
Alberto Galiana, consejero de Educación, con la diputada socialista Emilia Fernández en primer plano, durante el pleno del jueves. Foto de Díaz Uriel

 

 

Querido prócer. Cuenta la leyenda que la crítica más corta de la historia del cine sólo incluía dos palabras: por qué. Aquel desconocido pero ingenioso crítico la escribió a propósito de cierta película que se había estrenado en la sala cual, en la fecha tal, dirigida por Fulano e interpretada por Mengano y Zutano. Luego se limitaba a hacerse esa pregunta formada por dos palabras: por qué. Se trata de una pregunta que desde la tribuna de prensa resulta pertinente ante cada pleno del Parlamento. Por qué. Se reúnen sus señorías cada quince días, repasan el orden del día con la desgana usual y uno se hace para sí la misma pregunta: por qué. La pregunta que también decora los rostros del público que a veces acude al exconvento de La Merced, al que ayer la presidenta de la Cámara regañó por aplaudir. Aquí está vetado todo entusiasmo.

También parecen vetadas las normas más elementales de cortesía: en cuanto subió al atril la diputada socialista Emilia Fernández para dar la bienvenida al nuevo consejero Alberto Galiana, sus colegas de escaño huyeron. Estampida general y el titular de Educación solo ante el PSOE. Una imagen de alto valor simbólico, aunque contradictoria con el anuncio que el recién llegado regaló en su estreno: su intención de que triunfe «la batalla de las ideas» en el Parlamento.

Ah, el Parlamento. Arrancaba la Transición cuando un grupo de políticos y arquitectos conspiró con tenacidad y vehemencia para convertir la vieja Tabacalera en Parlamento, Biblioteca y Sala de Exposiciones. En los dos últimos casos, con éxito: hoy brillan como oasis culturales que nos reconfortan de la fealdad campante ahí afuera. Ahora, en la Amós Salvador está a punto de clausurarse la exposición que ha colgado de sus muros Pamen Pereira. Si la visitan, sus señorías tendrán tiempo de reconciliarse con el edificio que también les cobija. Observarán talento desbordante, magia evocadora… Y surgirá la pregunta dichosa: por qué. Por qué tanta belleza no se contagia a nuestro bendito hemiciclo.

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Manual del buen logroñés
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jalacid62 | 06-06-2016 | 10:00| 8

 

Querido prócer. Como te supongo ansioso ante la perspectiva de largarte como sueles a Salou con ocasión del puente que se avecina, he pensado allegarte estas líneas donde condenso algunas actividades propias de tus paisanos y los míos, ciudadanos de la querida ciudad de Logroño, por si prefieres quedarte entre nosotros y rendir tributo al patrón San Bernabé. Me parecería fetén que en consecuencia me confirmaras si observas en nuestra conducta algunos de los valores propios del buen logroñés que aquí comparto contigo, atributos nutrientes de nuestro linaje que dan sentido a nuestros pasos por esta bendita tierra.

  1. Un buen logroñés cruza la calle por donde quiere. Es decir, el semáforo deberá interpretarse como un bulto sospechoso. Una mera referencia que no puede impedirnos trazar nuestras caminatas por donde nos plazca, a desprecio del código de circulación y ordenanzas municipales. Sobre todo, si tal sujeto es de edad provecta y se auxilia de bastón: en tal caso, sus profundas convicciones logroñesas le llevarán a paralizar el tráfico, desatar la ira de conductores y resto de peatones y poner a prueba la paciencia de los guardias municipales.
  2. Llegado el verano, deberá conquistar todo buen caballero logroñés los andurriales de la periferia, despojarse de la vestimenta superior e ir enseñando las tetas al resto de congéneres. Si en sus excursiones por la periferia topara con un huerto, se llevaría punto extra en esta improvisada clasificación si vaciara de su botín los frutales que no son suyos, extrayendo para tal fin de su pantaloneta una bolsa de Simago, donde iría recopilando los hermosos frutos de la huerta logroñesa y alrededores para luego presumir de ellos en el convite subsiguiente en merendero, choco o bajera de la que seguro que disfruta.
  3. Si toma el coche, un buen logroñés deberá atender a los preceptos propios de su estirpe: lo primero, saludar a amigos y conocidos a golpe de bocinazos. Se trata por lo demás de un modelo de acreditados resultados para avisar el conductor de adelante, detenido ante un semáforo o un stop, de que tenemos prisa: hay logroñeses cuyo sistema nervioso está sincronizado para que el claxon suene en el mismo nanosegundo en que el semáforo vira a verde y por lo tanto merecen tales conductores gran honra de la comunidad científica, que ya está tardando en estudiar sus meninges.
  4. Una vez en marcha, lo primero que hace un logroñés al volante es aparcar en doble fila. Debe advertirse que semejante práctica se encuentra muy extendida por el universo mundo, pero en el caso de Logroño hemos puesto en marcha, no sin esfuerzo, distintas modalidades propias, merecedoras de mayor fama. Te las recuerdo:
  • No cualquier doble fila. Es decir, si por la calle que transita un conductor logroñés ya hay una doble fila instalada como es norma, procurará inventar la suya propia, deteniendo el vehículo en el otro lado de la calzada, hasta ese momento libre de turismos. Es la llamada doble doble fila, tan entrañable. Un invento tan logroñés como la fregona que reclama a gritos mármol y panteón y genera en la calle elegida para ese efecto una especie de estrecha garganta garantizadora de hermosos atascos.
  • Mejor si hay sitio. Una doble fila la puede construir cualquiera. Un logroñés, sin embargo, se pone nervioso cuando observa que en su lugar de destino hay plazas libres y por lo tanto debería ser innecesario aparcar en doble fila. ¿Qué hacer en esa ocasión? Sencillo. Ignorar el sitio vacante, en teoría ideal para el estacionamiento, y situarse en paralelo despreciando los códigos de circulación al uso. Y qué belleza esa doble fila de vehículos prolongándose hasta el infinito cuando a su vera brotan los sitios completamente libres. Completamente vacíos: esa doble fila huele a victoria.
  • Maniobra que algo queda. El perfeccionamiento en la práctica de la doble fila se alcanza cuando encontramos una ya existente, donde brota un suculento hueco entre coche y coche mal aparcados que reclama a gritos ser ocupado. El conductor logroñés ha desarrollado una notable pericia en maniobrar en el humilde espacio de una baldosa, ayudado por el sistema de dirección asistida, para ocupar esa plaza libre en doble fila, aparcar por lo tanto mal el coche, llamar a bocinazos al cuñado que pasa por allí, vaciar el cenicero en la calzada como quien no quiere la cosa, despojarse de la camiseta, quedarse en pantaloneta y chanclas (lorzas al aire) y cruzar la calle por donde le pete exhibiendo ufano su tórax.

Estos mandamientos, en realidad, se resumen en dos: un logroñés tendrá que visitar El Corte Inglés en cuanto abandone suelo patrio. Si se decanta por quedarse en casa en las fiestas bernabeas, deberá comerse las fresas de vísperas y el pez en la señalada fecha del patrón, a quien tanto recordamos. Evitó que nos conquistaran los vecinos galos y nos convirtiéramos en esa cosa tan aburrida: franceses.

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Floridablanca eres tú
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jalacid62 | 07-04-2016 | 09:38| 0
Retrato del conde de Floridablanca

 

Querido prócer. Adjunto te remito la epístola que publico en Diario LA RIOJA en torno a los curiosos vericuetos que tan inquieta tiene a la derecha patria. Apunta este nombre: Floridablanca.

Floridablanca: dícese del conde del mismo nombre, célebre político español del siglo XVIII, quien alcanzó el cargo de secretario de Estado bajo el reinado de Carlos IV. Sirvió al monarca mediante un veleidoso expediente: de posiciones más liberales en su juventud, abrazó la causa reaccionaria a medida que envejecía.

Floridablanca: dícese de la red impulsada bajo esa denominación por un grupo de antiguos dirigentes del PP, cargos medios y alguna cara conocida (el expresidente balear Bauzá), molestos con el pilotaje de Mariano Rajoy y demandantes de un cambio de rumbo, así en el fondo como en las formas, de su partido. Agrupados en torno a una doctrina ideológica de cierto aire democristiano donde puede detectarse la influencia de su mentor, Eugenio Nasarre (otrora mandamás de Educación con el Gobierno Aznar), sus mensajes en forma de guasaps han acabado por desembocar en La Rioja, donde cuentan para su labor proselitista con campo abonado: el que forman todos los críticos que en su día desertaron de la trayectoria seguida por Pedro Sanz. Entre ellos circula ya ese mensaje que llama a organizar un Congreso abierto a las bases, idea que entusiasma a la militancia más joven. «Esto no marcha», confiesa el mencionado mensaje. Una frase que pueden hacer suya unos cuantos dirigentes y militantes del PP riojano, que se preguntan tal vez si ellos también deberían sumarse a la causa.

Mientras lo deciden, en la biografía del conde de Floridablanca tienen materia para la reflexión: abandonó la política

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Tabacalera, adiós a una época
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jalacid62 | 19-01-2016 | 12:24| 0

Querido prócer, estoy que echo humo. Aquí verás lo que acabo de escribir sobre el anunciado cierre de Tabacalera, que otros llamarán Altadis. Para que compruebes qué ha sido de tus logros para La Rioja unas cuantas décadas después. Pon una factoría en el corazón de Logroño para esto.

A cualquier logroñés que peine alguna cana le resulta imposible olvidar el impacto que sobre la ciudad entera tuvo la chimenea de Tabacalera echando humo al éter en los lejanos años 60. Sobre todo, porque a su alrededor se generaba una intensa actividad que insertaba a la venerable factoría en el corazón de Logroño. Memorable era la salida del trabajo, que era competencia casi exclusivamente femenina: alguna vez se investigará cómo las logroñesas pudieron ingresar en el mercado laboral con mayor frecuencia y número que sus congéneres del resto del país, gracias a que su pericia en el oficio de tabaqueras garantizaba el perfecto funcionamiento de la maquinaria industrial, al mismo tiempo que representaba un enjundioso avance en la conquista de derechos de todo tipo, vetados por entonces a la mujer española. Tarea pendiente para la historiografía local.

Sociología al margen, la vida diaria de Logroño no se podía entender durante aquella década y la siguiente sin calibrar las repercusiones que Tabacalera tenía sobre la ciudad entera. Yo sí me acuerdo. Cada viernes por la noche, una breve multitud se apiñaba en la cercana plaza de San Agustín: era una multitud formada casi en solitario por hombres, que aguardaban a sus parejas a la salida del trabajo. Una legión de humeantes caballeros: la gran mayoría fumaba, porque entonces era una práctica más extendida y porque, además, gracias a su afinidad/cercanía con las mujeres que estaban a punto de encontrarse con ellos, los cigarrillos les salían gratis: era una prebenda de la que disfrutaban los trabajadores de Tabacalera. Aquella imagen era impactante, inolvidable: unos minutos después aparecían ellas y las parejitas se marchaban del brazo por los bares cercanos, a pelar la pava en algún caso. Una especie de procesión civil a mayor gloria de la nicotina que alegraba los mustios atardeceres logroñeses y nos señalaba la importancia que tenía (y tiene, y tiene) contar con una empresa de semejante tamaño entre nosotros.

Tabacalera llegó a La Rioja gracias al empeño de aquellos políticos de otra era, dotados de ese punto caciquil que a este paso vamos a acabar añorando. Hoy, las cosas se hacen de otro modo. Más profesionalmente, pero el resultado de la necesaria separación entre poderes públicos y actividades privadas tiene consecuencias penosas como la que hoy golpea al corazón económico de la región. Más allá del carácter icónico de Tabacalera para el imaginario colectivo riojano, más allá de la entendible gestión de su empresa que forma parte de los deberes de sus responsables y de la libertad de que gozan para tomar sus decisiones; más allá de las promesas que empezarán a surcar el aire en busca de crédulas almas que todavía se crean que una Administración puede paralizar el cierre de una factoría que deja huérfanos de empleo a centenares de paisanos, el adiós de Tabacalera debe interpretarse como el adiós a toda una época de relaciones empresariales, cuando la cuenta de resultados no era el único dios en que creíamos.

Porque, en realidad, no se va Tabacalera: se va Altadis, que no es lo mismo. Y se va medio año después de otra despedida, la de Pedro Sanz.

Primero Artadi, luego Altadis. El juego de palabras surge con facilidad, la hipérbole también: habrá quien piense que esto con Sanz no pasaba.

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Mudanza en la Glorieta
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jalacid62 | 14-12-2015 | 11:25| 0
Imagen antigua de la Glorieta, con la estatua de Sagasta en su fachada norte

 

Querido prócer, buenas noticias: por fin te marcharás de tu actual emplazamiento. Como corresponde a la tradición, cada par de mandatos la Corporación logroñesa que se aburre mata moscas con el rabo y le da un ataque de urbanismo, que suele provocar cambios más cosméticos que profundos y tiende a elegir como escenario de su incontinencia gestora la Glorieta que te aloja. Así que toca mudanza: ignoro si mantendrán el elevado pedestal que te regaló el bipartito, pero todo indica que emprenderás viaje de regreso a tu anterior sede, frente al Muro de Cervantes. Dejarás de vigilar el Espolón y de lamentarte por la liquidación de los graciosos azulejos que adornaban tu vecina pérgola: a cambio, podrás disfrutar de unas estupendas vistas que ahora te resumo.

Desde el Muro de Cervantes tendrás a tu disposición el barrio de la Judería, la Villanueva o como quiera que se llame: es decir, Rodríguez Paterna y alrededores. Así podrás ir sumando días a los años de retraso que acumula aquel macroproyecto que iba a regenerar toda esa zona, una de tantas iniciativas municipales que se llevaron la crisis y la desidia gubernamental. También podrás atisbar ese recoleto rincón de Logroño llamada plaza de San Bartolomé: sus bancos ocupados por una legión de pordioseros para indignación de vecinos y comerciantes, que se pasan la vida pegados al teléfono para avisar a la dotación policial, que los desaloja cinco minutos antes de que regresen a aposentarse en sus feudos y vuelta a empezar.

Y hablando de mendigos: me malicio que desde el Muro de Cervantes gozarás de mejor perspectiva para preocuparte por las tristes andanzas de quienes hace años conquistaron ese tramo de la Glorieta que mira hacia Juan XXIII, un umbrío espacio donde confluyen todos los males de nuestra sociedad. Alcoholismo, degradación ciudadana, abandono a la intemperie de nuestros semejantes… Sí, todo muy estimulante, pero no te asustes: todavía no te he contado lo peor. En la pérgola cuya cercanía abandonas amenaza el Ayuntamiento con instalar una lámina de agua inspirada en no sé qué lejana ciudad (Chicago, dicen: a ver si se traen también el tren elevado), la Glorieta entera ejercerá de rotonda (¿?) para regular el bendito tráfico que la rodea y su maltrecho entorno encontrará como ocupación central servir como parada de autobuses, magnífico destino para la plaza que fue central de Logroño.

Así que allí te espero, emplazado en el mismo lugar donde te retrataron en la imagen que aquí adjunto. Aquella de la foto era otra ciudad, es cierto. Más amable, menos agresiva, más cívica: más ciudadana, valgan la redundancia y la paradoja. Los árboles desarrollaban su propia teoría en los coquetos parterres de la Glorieta para procurarte refugio y consuelo, la vida viajaba sin duda más despacio y por el Ayuntamiento no se estilaba aún la manía de cambiar lo que funciona: aquellos regidores se preocupaban sobre todo de mejorar lo que iba mal. Los bisabuelos del actual equipo de Gobierno carecían de los presupuestos que ahora se manejan, así que se conformaban con hacer lo que cualquiera en su casa: economía. Economía doméstica. No contrataban magnos estudios arquitectócnicos destinados a morir en un cajón, no volvían loco al administrado con cambios continuos en sus planes urbanísticos ni mareaban a la opinión pública amagando anuncios que nunca se cumplen.

Afortunadamente, añado yo: porque coincido contigo en que lo ideal sería dejar la Glorieta como está, limitando los planes urbanísticos a eliminar el maldito adoquinado, peatonalizar apenas el tramo que va hasta el Espolón, trasplantar arbolado para dejar la plaza más limpia y paseable. Sí, dejarte donde estabas sería también una idea estupenda. Claro que resulta más barata y sencilla que hacerles caso a los arquitectos e ingenieros convocados en teoría para mejorarnos la vida, a quienes sólo pedimos lo mismo que pedimos a nuestros concejales: virgencita, virgencita, que nos dejen como estamos.

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Arquitectura de fachada
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jalacid62 | 30-11-2015 | 10:37| 2
Antigua Alcoholera de Haro. Foto de Teresa y Justo Rodríguez

 

Querido prócer: como te tengo advertido, la arquitectura tiene cosas que la razón no entiende. Si te preguntas a qué se debe tan sombrío diagnóstico, te aconsejo que hagas como yo, desertes de tu pedestal (sofá en mi caso) y deambules un rato por Logroño y resto de La Rioja. Comprobarás que hay motivos para inquietarse por el misterioso modo empleado en abrillantar nuestro territorio, sometiendo al patrimonio habido y por haber a una singular cirugía consistente en reformar lo antiguo… pero una vez derribado. Será por supuesto un avance insólito en materia arquitectónica, pero como me confieso profano en ese ámbito prefiero compartir contigo mis cavilaciones. A ver si arrojas algo de luz.

Viene esta digresión a cuento de un paseo reciente por el Hospital Militar que fue, Palacio de Justicia que será. Luego de innumerables intentos por rehabilitar tan magno edificio, triunfó la idea de que sirviera como alojamiento para la ancha legión de jueces, fiscales y resto de profesionales de la cosa jurídica. La ocurrencia en sí ya me parece mejorable, porque el centro de Logroño sufrirá un nuevo estoconazo, abandonarán sus calles muchos de quienes ahora la transitan y perderá en consecuencia la vida ciudadana. ¿La ganará el barrio al que ahora se desplazan los mandamases judiciales y resto de la tropa? Ojalá. Pero permíteme que lo dude: la reciente experiencia con la Bene, inmueble gubernamental que en teoría iba a galvanizar todo el entorno, no concede margen para muchas alegrías. El barrio que la acoge sigue estando en nuestra periferia. Sobre todo, en nuestra periferia emocional.

Pero lo que de verdad me asombra es la índole de la intervención acometida en el nuevo Palacio: sólo queda en pie la fachada. De donde me pregunto para qué queríamos rehabilitar ese edificio. ¿Para derribarlo? ¿A tal cosa llamamos ahora reforma? La Bene vecina se ofrece también como ejemplo contrario: sus piedras se mantuvieron más o menos en pie, albergan un sinfín de actividades y su sombra tutelar sigue acompañando al paseante. Dicho de otro modo: nada que ver con el Palacio que viene. Porque en realidad el nuevo Palacio de Justicia es eso, completamente nuevo. Del antiguo y majetusoso Hospital apenas queda nada. Ni memoria, ni astillas. Apenas la fachada: como metáfora de nuestra civilización me parece insuperable. Esta es una sociedad de apariencias, como ves. fachada. Me malicio que semejantes maniobras serían las propias de una improbable Escuela de Arquitectura de Logroño: la demolición como propuesta de reforma. Rehabilitación a la riojana. Hay múltiples ejemplos: el primero, según mi apresurado recuento, se llevó a cabo en la casa que hace esquina entre Avenida de Portugal y Daniel Trevijano, derribada su fachada para levantar otra igual que la anterior. Igual… aproximadamente. Otro tanto ocurrió luego en el bellísimo edificio del Espolón que fue sede del Banco de Vizcaya, algo parecido pepretró después en Los Gabrieles… Arquitectura moderna, supongo.

En este viaje hacia la vanguardia, hacia la posteridad, los autores de tales ejercicios no han estado solos: les ha hecho feliz compañía la Administración en cualquiera de sus niveles y el creciente desinterés ciudadano por lo que en teoría es suyo, lo que en teoría es de todos: la memoria. Hace unas décadas, yo solía viajar a Bilbao en autobús, con parada en Haro. A la ida y a la vuelta, el vehículo ingresaba en la llamada capital de La Rioja Alta regalando al viajero un hermoso paseo junto a la antigua Alcoholera. Un delicado conjunto de edificios, recuerdo de nuestro más glorioso pasado, dotado de esa elegancia que aporta el paso del tiempo a aquellos vestigios de la Historia que sí merecen la pena. Un día, el alcalde de turno decidió demoler aquella preciosidad. Yo no daba crédito, pero parece que a los vecinos de Haro les pareció fetén la idea. Tan fetén como el espantoso solar que saluda al visitante desde entonces, porque la Alcoholera se dinamitó para que le sucediera la nada, una parcela vacía, una escombrera. Veo las fotos que ilustran estas líneas, debidas a Teresa y Justo Rodríguez, y me invade la nostalgia. Ahora, unos cuantos años después de tanto abandono y cruel desidia, dicen que que van a construir unos pisos. Como se conoce que el actual parque de viviendas vacías de La Rioja necesita ampliarse, brindo gratis esta idea al arquitecto que ejecute la obra: que para ingresar en la nueva urbanización disponga una fachada vacía.

Una fachada levantada con los antiguos ladrillos de la añorada Alcoholera.

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Desayuno en Muro
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jalacid62 | 23-11-2015 | 15:56| 5
Escaparate de Muro, en la calle Marqués de Vallejo de Logroño. Foto de Justo Rodríguez

 

Si alguna vez resucitara Audrey Hepburn y aceptara encarnarse de nuevo en la memorable Holly Golightly, el personaje que interpretó en la no menos inolvidable Desayuno con diamantes. Si alguna vez la heroína de Dos en la carretera, la musa de Givenchy, la chica con ojos de ciervo que diría Billy Wilder, decidiera materializarse ante nuestros logroñeses ojos y zamparse unos cruasanes de Iturbe mientras contempla su reflejo en el escaparate de una tienda. Si alguna vez semejante prodigio tomara forma, siempre he pensado que los dioses del cine y la literatura, los dioses tutelares de lo mejor que nos pasa en la vida, enviarían a Audrey por Marqués de Vallejo y le aconsejarían detenerse ante el escaparate de Muro (Belleza y Perfumería). Porque ahí reside, según tengo observado desde el siglo pasado, nuestro particular Tiffany´s. Un oasis de belleza, pero no de cualquier belleza: cuando la amiga Holly se detiene a desayunar ante el escaparate de la célebre joyería no lo hace tanto, me parece, porque ansíe alguna de los tesoros que allí se exponen o porque fantasee con el tipo de vida que ella piensa que merecería ser suya. Lo hace, como queda más claro en la novela de Truman Capote que en la película de Blake Edwards, porque en ese espacio se aloja una clase de armónica serenidad donde nada malo puede suceder. Donde ni Audrey ni nadie deberían tener nada que temer. Un lugar apacible donde ella encuentra lo que encuentra cualquiera que visite la famosa tienda de la Quinta Avenida acaba encontrando: belleza, en efecto, pero ese tipo de belleza que añade un suplemento de confort. El sitio ideal por lo tanto para zamparse unos cruasanes de Iturbe.

Muro ejerce para cualquier logroñés veterano como algo parecido, salvadas sean las distancias que separan el corazón de Logroño del alma de Manhattan. Yo siempre lo recuerdo como lo que ahora es: un comercio especial. En mi trinidad de tiendas favoritas ocupa desde luego un merecido sitio en el podio, compartido con Dulín y La Mariposa de Oro. Se trata, como sus dos comercios hermanos, de un espacio pulcro, bien cuidado, con la magia de la sencillez y la belleza aliadas en la conquista de potenciales clientes. Su bien proporcionado escaparate, dos ventrículos de calculada simetría, me han tenido desde antiguo entre sus fieles: cautivaba desde luego detenerse ante él y curiosear entre la acabada perfección de los frascos de colonia, la elegancia que despiden los antiguos útiles de barbería, el centelleo de los peines de carey y resto de adminículos que la tienda exhibe como reclamo.

Dentro, el hechizo se mantiene y multiplica. Traspaso la puerta una soleada mañana de otoño y me regaño a mí mismo: cómo me permito tardar tanto entre visita y visita. Suena un melancólico cuarteto de cuerda por la primorosa megafonía, las molduras de escayola parecen haberse terminado de ejecutar ayer por la noche y el brillo del delicado maderamen añade un toque de distinción. La mujer que atiende tras el mostrador muestra gentil las muestras que le van pidiendo, dirige con sutileza al extraviado cliente hacia el botín prometido, lo envuelve luego con esmerada suavidad y cabal sentido del oficio. Otra mujer (la dueña del negocio, según creo) deambula sigilosa de aquí para allá. Un hada buena que regala sonrisas.

Efecto placebo. Me informan entonces de que Muro lleva abierta nada menos que 66 años y les deseo que siga funcionando durante otros tantos. Aceptan el cumplido y lo extienden al resto de comercios vecinos, los acrisolados por el paso del tiempo con ese aire de galanura que aquí se derrocha. “Que duren mucho todas las tiendas de Logroño“, me contesta la dependienta, quien parece sorprendida cuando le cuento que de crío solía acudir a Muro, que entonces ejercía también como droguería, a reponer los enseres de casa: agua oxigenada, alcohol de desinfectar, colonia… Entonces era usual su venta a granel y la clientela ingresaba en Muro ignorando un poco la sección de perfumería para introducirse directamente en la rebotica que ahora sirve de almacén, donde los propietarios de entonces despachaban su mercancía.

Yo era más de Torino. En materia de perfumería, quiero decir, mi corazón me guiaba siempre hasta su jurisdicción en Portales. En realidad, le sigo siendo fiel. Me resulta imposible pasear delante de su desaparecido negocio sin pensar en el gran Victorino San Miguel, su generosidad perenne, su sonrisa un punto guasona. Pero Muro, que resiste con la gentileza y el decoro que van escaseando entre nosotros, me ha tenido siempre entre sus devotos por ese kharma sutil que despide, la sensación de que uno regresa a casa cuando recorre la vista por su exquisita decoración, el aroma de otro mundo mejor que preservan los duendes alojados en la tienda. Así que uno entendería perfectamente que cuando una improbable chica logroñesa decida reencarnarse un día en Holly Golightly y decida que en efecto se merece una vida mejor, una vida de verdad memorable, desbordante de finura y encanto, se pase antes por Iturbe y camine hasta Marqués de Vallejo para mordisquear sus cruasanes delante del majestuoso escaparate de Muro. Tan majetusoso como la propia tienda.

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Salvemos Portales.
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jalacid62 | 17-11-2015 | 16:15| 0

Nunca hubo tantos mendigos en Logroño. Hay quien sostiene que lo peor de la crisis ha pasado: yo creo que sólo ocurre que hemos tocado fondo y que ese fondo estaba tan abajo que veremos durante una temporada cómo intentan salir a flote los desheredados de la sociedad, contra quienes nada tengo. Al revés, me conmueven. Sigo sus pasos porque contienen una alta dosis de información: por las zonas de la ciudad que eligen para pasar desapercibidos, pueden los urbanistas concluir cuáles de nuestros rincones sufren un deterioro más severo.

Así que cuando veo a tantos mendigos acampando en Portales igual que antes conquistaron la Glorieta me convenzo de que la calle padece una enfermedad con muy mala pinta. Ojalá no sea irreversible, pero me temo lo peor. Uno asume, por supuesto, que el avance de la sociedad impone nuevos hábitos y modifica nuestras rutinas y las de nuestros mayores. El progreso tiene cosas que la razón no entiende. De acuerdo: la modernidad nos vuelve a menudo tontorrones. Despreciamos lo de toda la vida porque nos parece anticuado, en vez de concederle el estatus de lo antiguo, y así sucumbe Portales como antes se rindió toda la ciudad de la plaza del Mercado hacia el norte.

Pero la decadencia de Portales me asusta más porque la falta de modelo urbanístico y la desatención de las administraciones me parecen imparables. Devenida en parque temático para el turismo, con manzanas enteras sin otro comercio que bares y más bares, terraza va y terraza viene, antipática para el paseo sosegado, Portales se ahoga. «Ay, cómo está nuestra calle», me llora un convecino de los días de gloria. Le respondo lo de siempre: que Portales será lo que queramos los logroñeses. Sólo nosotros podemos salvarla.

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Ay del Ibiza
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jalacid62 | 27-08-2015 | 16:12| 1
Cafetería Ibiza de Logroño. Foto de Juan Marín

 

Querido prócer. Siento repetirme al regreso de mis vacaciones y volver sobre mis pasos para compartir de nuevo contigo mis apesadumbradas y perennes cuitas: oye Práxedes mi aflicción y escucha el triste concierto que forman tocando a muerto tantos y tantos comercios de Logroño de toda la vida arrasados por una oleada de defunciones que parece no tener fin. Samantha hace meses, Casa Mazo algo después, tantas y tantas otras tiendas entregando el finiquito y ahora… Ahora, temo por el Ibiza. Así que toma estas líneas como un aviso doliente de lo que sospecho: que cierre la cafetería que ejerció durante años como faro ciudadano, ese recodo donde indígenas y forasteros solían quedar para el cafelito mañanero, el aperitivo sabroso, la velada de sobremesa…

Ayudaba al Ibiza (bueno, aún le ayuda: me resisto a escribir en pasado) su emplazamiento fetén, en el corazón de Logroño, desde donde ejerce tan pichi esa condición de brújula que tan bien conoces. Antaño, el Espolón donde se ubica acomodaba unos cuantos locales del estilo en ese tramo de soportales y así recordarás conmigo el elegante Ringo, el peculiar Aéreo Club... El Ibiza resistió mejor porque contaba con una clientela leal, formada por los miembros de la parroquia habitual en cualquier bar del centro logroñés. Funcionarios, jubilados, amas de casa, comerciantes… Fauna logroñesa aposentada en su legendaria terraza o acodada en cualquier rincón de su sinuosa barra tan elegante, que ha conocido tiempos mejores.

Porque los actuales, ay, no lo son. Como un Guadiana local, el Ibiza ha amagado unas cuantas veces con bajar la persiana para siempre pero milagrosamente ha sobrevivido, ingresando remozado en el siglo XXI… sin mucha suerte. Al igual que ocurre como sabes con otros monumentos del comercio logroñés, sufre las consecuencias de la renovación del parque hostelero que ha dejado para el arrastre a todo bar incapaz de seguir los nuevos ritmos que impone la clientela. Habrá quien opine que el Ibiza se quedó anticuado y tal vez le asista la razón, pero qué quieres: como ese dictamen es un riesgo que corremos todos de hacer nuestro a medida que cumplimos años, uno tiende a simpatizar de modo natural con todo aquel ser vivo (bares incluidos) que de repente envejece y deja de estar de moda. Le puede pasar a cualquiera.

Nada por lo tanto que no te haya pasado a ti. Nada que no le puede pasar a cualquiera, lo cual no evita que cuando ocurra ante nuestros ojos la lamentable desaparición de un icono logroñés uno arroje de nuevo una imaginaria lágrima por si los fúnebres presagios que nos acechan finalmente se confirman y el Ibiza dice adiós. Así que comprenderás mi desolación cuando este verano acudí una mañana a por mi ración de cafeína y tropecé con un extraño cartel que anunciaba el cierre… por vacaciones. Suceso muy peculiar, porque ni los más viejos del lugar recuerdan al Ibiza clausurado en plena canícula. Aguardé a ver si el día anunciado reaparecía ante nuestros ojos abierto como prometía el cartel y no hubo tal. De modo que como política preventiva aprovecho esta carta para informarte de que el Ibiza sigue cerrado, como aprecias en la foto de Juan Marín, que el caso no tiene buena pinta y que si lo deseas puedes entonar conmigo otro profundo y desconsolado ay por ese Logroño al que estamos despidiendo. Le decimos adiós sin darnos cuenta.

Y otro día te cuento cómo ven mis atribulados ojos la calle Portales.

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Sobre el autor jalacid62