Que viva La Rioja

Comenzaré este escrito deseando lo mejor a mis paisanos riojanos y riojanas que hoy pueden disfrutar de este gran día para nuestra comunidad. ¡Feliz día de La Rioja a todos y todas!
Dicho esto y sin irme del tema, mencionar la aburrida, monótona, preparada y política comparecencia de nuestro presidente en San Millán, donde, olvidando el día que concurría, se ha limitado a leer el guión, a hacer de nuevo campaña, a tirar dardos envenenados sobre el gobierno central y a recordar el malestar económico del país.
Todo esto sin tratar de alarmar a nadie, simplemente recordarlo como si nada.
Yo, personalmente, como riojano me he sentido ofendido y desplazado, y eso que no estaba allí. Pero cómo es posible que en el día más conmemorativo y festivo de nuestra comunidad se pueda seguir salpicando y desviando la atención de los riojanos de esa forma. Cómo es posible que nuestro presidente siga haciendo política en un momento como este, ¿acaso no puede deshacerse un poco del protocolo y hablar de la rioja, de los acontecimientos, de nuestra tierra?
Estamos sobrecargados de política y de discursos, de persuasión e intereses, queremos una tregua en nuestro día para relajarnos y disfrutar de la fiesta. No pido nada más, no voy a montar ninguna manifestación, ninguna campaña de protesta, apenas voy a hacer ruido, pero a cambio pido sensatez y concienciación.

Una vez explicado mi malestar por el acontecimiento que he podido ver, vía internet, gracias a el diario La Rioja, aclarar que esta crítica que hago no está dirigida exclusivamente a nuestro presidente, se trata de una crítica global. Hoy me he servido del ejemplo para hacer ver cual era mi malestar, pero estas manías políticas y esta falta de afecto hacia determinados días y situaciones se repiten continuamente en nuestro país.

“La política se lleva día a día” decía un importante actor de esta área. Y tal vez lleve razón al afirmar esto, pero seguramente para el país, para los ciudadanos y para el bien común, incluso de la política, viniese mejor aparcar la política para los escenarios políticos y dejar vía libre a la normalidad y a la ética.

Un saludo y feliz día de La Rioja desde Madrid a mis paisanos

La nueva variante en Castañares de Rioja

En el día de ayer se inauguró formalmente la nueva variante de Castañares de Rioja. Este nuevo tramo evitará que numerosos coches y camiones circulen sin cesar por el pueblo. El pueblo evita así los peligros que el tráfico constante ocasionaba así como la contaminación que esto producía.
Sin embargo, después de semejante desembolso, hay algún melancólico que ve como su pueblo queda desierto, sin tráfico, sin ruido y sin movimiento y ya anhela esa carretera que durante tantos años ha sido tan frecuentada.
Muchos negocios también notarán esta nueva situación ya que muchos clientes pasajeros que antes paraban en sus comercios ahora ya no lo harán.
Sin duda el pueblo parece otro. Antes era un paso obligatorio entre Santo Domingo y Haro, pero, ahora solo algún esporádico coche atraviesa el pueblo de norte a sur.
A veces las cosas llegan cuando menos falta hacen, eso es lo que ha pasado en Castañares de Rioja que en plena decadencia de población es cuando la carretera y los coches migran, desaparecen, y el pueblo se queda aun mas desangelado.
Durante muchos años el pueblo ha reclamado esta variante que sin duda la necesitaba. Siempre debemos primar primero la seguridad.
De momento solo lleva un día en curso, pero veremos cuales son sus efectos en un futuro, espero que Castañares de Rioja sepa asimilarlo de la mejor de las formas.

El futuro de los pueblos

“El que bien te quiere te hará llorar” me repite insistentemente mi abuelo cada vez que encuentra oportunidad. Y razón no le falta, sin duda.
Hoy, recordaba aquel refrán mientras caminaba por Madrid, pero la sensación que en su día me producía escucharlo hoy ha sido muy diferente. Entonces yo vivía en Castañares de Rioja y el pueblo sin duda era diferente a lo que hoy acontece.
Los días, el ambiente, el color, el ruido, el alma imperiosa que tiene el mundo rural y que le hace ser tan especial y magnífico han sucumbido sin tregua. Muchos pueblos se han estancado y la gran mayoría han retrocedido poniendo en peligro su esencia.
Antiguamente, los pueblos y sus tierras estaban muy bien atendidos, sin embargo, hoy posan abandonados y perdidos.
La vida estaba envuelta entre anécdotas que se difundían a la misma velocidad que hoy lo hacen las tecnologías. Los chascarrillos, tradiciones, historietas, concursos y fiestas ya han empezado su andadura hacia el olvido.
El pueblo, hoy síntoma de soledad, tenía vida propia, vida al margen de las urbes, eran autónomos, libres, resplandecientes y atractivos. Ahora, como les decía, son reposo para el caminante cansado, paradas para el viajero perdido, descanso del forastero estresado y soledad del vecino aburrido.
La juventud que entonces ayudaba en la labranza hoy se emancipa a las urbes para completar sus estudios. Los pueblos siguen la inercia de los que en su día lo levantaron, pero con fecha de caducidad marcada ya para un futuro.
Hoy, cuando recordaba aquel refrán que mi abuelo me repetía, pensaba en el futuro, pensaba en mi pueblo y en otros que, como el mío, en el futuro solo serán pasaje de forasteros.

¿Qué hacer ante semejante panorama? ¿Se realizan políticas para favorecer a los pueblos?

Quizás no haya posibilidad de recuperación y solo nos quede aceptar la voluntad del progreso, pero, en cualquier caso, son necesarias políticas de recuperación, políticas más cercanas al mundo rural, que sepan combatir esta oleada de cambio generando alicientes, subvencionando propuestas interesantes, apoyando actividades y promulgando tradiciones, insertando a los jóvenes a la vida del pueblo, generando empleos, dando uso a zonas abandonadas, bloqueando las masivas oleadas de viviendas para salvar la esencia del pueblo, para salvaguardar la imagen que en un pasado no muy lejano tuvo.

Creo que hoy, los pueblos están abandonados a suerte del destino. No hay intencionalidad de recuperación, y el único interés político es sumar nuevos votos. Las obras que se realizan no responden a la necesidad ciudadana del pueblo, sino a intereses particulares, que además se realizan en estratégicas fechas para mayor connotación.

Hoy, de nuevo, es mi pueblo quien me duele porque, como dice mi abuelo, “el que bien te quiere te hará llorar”.

El futuro de los pueblos

“El que bien te quiere te hará llorar” me repite insistentemente mi abuelo cada vez que encuentra oportunidad. Y razón no le falta, sin duda.
Hoy, recordaba aquel refrán mientras caminaba por Madrid, pero la sensación que en su día me producía escucharlo hoy ha sido muy diferente. Entonces yo vivía en Castañares de Rioja y el pueblo sin duda era diferente a lo que hoy acontece.
Los días, el ambiente, el color, el ruido, el alma imperiosa que tiene el mundo rural y que le hace ser tan especial y magnífico han sucumbido sin tregua. Muchos pueblos se han estancado y la gran mayoría han retrocedido poniendo en peligro su esencia.
Antiguamente, los pueblos y sus tierras estaban muy bien atendidos, sin embargo, hoy posan abandonados y perdidos.
La vida estaba envuelta entre anécdotas que se difundían a la misma velocidad que hoy lo hacen las tecnologías. Los chascarrillos, tradiciones, historietas, concursos y fiestas ya han empezado su andadura hacia el olvido.
El pueblo, hoy síntoma de soledad, tenía vida propia, vida al margen de las urbes, eran autónomos, libres, resplandecientes y atractivos. Ahora, como les decía, son reposo para el caminante cansado, paradas para el viajero perdido, descanso del forastero estresado y soledad del vecino aburrido.
La juventud que entonces ayudaba en la labranza hoy se emancipa a las urbes para completar sus estudios. Los pueblos siguen la inercia de los que en su día lo levantaron, pero con fecha de caducidad marcada ya para un futuro.
Hoy, cuando recordaba aquel refrán que mi abuelo me repetía, pensaba en el futuro, pensaba en mi pueblo y en otros que, como el mío, en el futuro solo serán pasaje de forasteros.

¿Qué hacer ante semejante panorama? ¿Se realizan políticas para favorecer a los pueblos?

Quizás no haya posibilidad de recuperación y solo nos quede aceptar la voluntad del progreso, pero, en cualquier caso, son necesarias políticas de recuperación, políticas más cercanas al mundo rural, que sepan combatir esta oleada de cambio generando alicientes, subvencionando propuestas interesantes, apoyando actividades y promulgando tradiciones, insertando a los jóvenes a la vida del pueblo, generando empleos, dando uso a zonas abandonadas, bloqueando las masivas oleadas de viviendas para salvar la esencia del pueblo, para salvaguardar la imagen que en un pasado no muy lejano tuvo.

Creo que hoy, los pueblos están abandonados a suerte del destino. No hay intencionalidad de recuperación, y el único interés político es sumar nuevos votos. Las obras que se realizan no responden a la necesidad ciudadana del pueblo, sino a intereses particulares, que además se realizan en estratégicas fechas para mayor connotación.

Hoy, de nuevo, es mi pueblo quien me duele porque, como dice mi abuelo, “el que bien te quiere te hará llorar”.

Directores de orquesta

Poco a poco los directores de la gran orquesta internacional empiezan a salir al escenario para dirigir con sus varitas a todo un pelotón que permanece inmóvil, esperando que alguien les de ordenes para comenzar la comparsa.
Mientras en otra parte del mundo siguen escuchándose ruidos alternos, distantes, frecuentes… El ruido del acero, del derrumbamiento y el dolor siguen patentes, siguen provocando la masacre en una tierra que necesita de la ayuda exterior.
Los directores de orquesta siguen contemplando la tragedia, esperando sacar de aquello una gran sinfonía. Esperando, como siempre, sacar tajada de aquel embrollo.
Permanecen inmóviles, impasibles ante la desgracia, dejándose ver a lo lejos.
La libertad de los otros sigue fluyendo entre miles de botes de petróleo, permanece cautivo para desgracia de los que asoman a lo lejos. Solo ese, al parece, es el interés.
Se aproximan a islas cercanas aparcando sus grandes buques, sus gigantescos caparazones imperialistas, con sacos bien abiertos esperando por anticipado recompensas. Vienen, pero no se ofrecen. Contemplan, pero no intervienen. Lamentan, pero no condenan. Trabajan con calma, pero allí ya no hay espera posible, se derrama sangre, se derraman vidas.
Acuerdos diplomáticos hacen mayor el vínculo de cobardía. Y cuando la desgracia concluya con unas terribles consecuencias, entonces los cabeza de turco saldrán a dedo al escenario para recibir los abucheos de un público indignado.
Veremos escusas para tapar los cuerpos atravesados, se echarán la mierda unos a otros, haciendo que la bola vaya pasando y cayendo a su vez en el olvido. Pondrán dinero como elemento de disculpa ante la irresponsabilidad mundial, ante la responsabilidad ética, moral e histórica de la que al parecer no queremos saber nada.
El tercer mundo volverá a ser el débil, el manipulable y controlado, el sometido, el enjaulado en una celda con lobos que seguirán mordisqueando.
Su intento de libertad quedará sofocado, pasará a ser un episodio fallido y repudiado. Y mientras tanto, los directores internacionales continuarán con sus varitas dirigiendo el destino, dirigiendo el mundo.

La Rioja

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