La Rioja

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Tomar la calle
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Teri Sáenz | 14-01-2013 | 10:21

Es escuchar que van a a peatonalizar otra calle y al yayo Tasio le recorre un escalofrío. El abuelo no acaba de entender esa obsesión por reemplazar la brea por adoquines, limitar el tráfico en favor de las personas. Y, sobre todo, le revienta dar por buena la falacia estética de que una reconversión así revitaliza el centro de la ciudad. Todas las peatonalizaciones a las que ha asistido el yayo –y van ya unas cuantas por ser tan viejo– han provocado el efecto inverso al que el político de turno anunció en su momento llenándose la boca de sostenibilidad, habitabilidad, funcionalidad y otras idades que el iletrado Tasio nunca ha acabado de entender.

peatonalización

Porque, al final, el espacio presuntamente ganado a las calles nunca ha revertido en el peatón. Algunas veces ha quedado para los vehículos que siguen surcando este territorio revestido para llegar a los garajes o los almacenes. Otras, para macetas, parterres o jardineras imposibles. Y la inmensa mayoría, para las terrazas de los bares que con la peatonalización desembarcan de las aceras para expandirse como una plaga hasta el infinito. Nada de juegos infantiles. Ningún recodo libre. Ni un gramo más de la nada en la que poder moverse sin estrecheces. El yayo pasea por una calle peatonal con el  miedo a sufrir el atropello de un camión de reparto, ser abordado por un camarero con bandeja o pisar una mierda de perro. Y entonces, sin saber por qué, siente nostalgia del asfalto. Cosas de viejos.

Fotografía: Juan Marín

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