La Rioja
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Fecha: febrero, 2017
Un buen ejemplo
Teri Sáenz 27-02-2017 | 10:18 | 0

moviles

La hiperconectividad es la manera sofisticada de llamar a esa subordinación brutal que (casi) todos tenemos al móvil y las redes sociales. No es ni fenómeno baladí ni un hábito inocuo. Para José Luis Orihuela, el experto en nuevas tecnologías de la información que esta semana ha recalado Logroño para advertir de los valores que esa dependencia acecha, se trata de la mayor brecha de la historia entre cómo fue alfabetizada una generación y lo está siendo la siguiente. Los patrones de educación que han gobernado hasta ahora no valen. O, cuando menos, deben adaptarse. Mientras que hace años un chaval se informaba consultando un libro o escuchando la voz de la experiencia, hoy domina sin más criterio ni referencias lo que ponga en Internet. Los padres no dormían tranquilos hasta que el mocete volvía a casa una noche de fiesta, pero ahora la amenaza puede encerrarse con él en su propia habitación mientras chatea sin saberlo con un pederasta. El catálogo de peligros abarca intangibles menos visibles. El secuestro de la mirada al otro por unos ojos pegados a la pantalla, el conocimiento sosegado, la capacidad de estar solo, la conciencia del largo plazo. Ese bien tan infravalorado como es el silencio. Visto así, el panorama se antoja tenebroso. Pero no tiemble. Hay un antídoto capaz de atenuar los síntomas más graves: el ejemplo. Y si la próxima vez que esté comiendo en familia consulta Twitter o el correo electrónico, no se asuste si sorprende a sus hijos haciendo lo mismo entre plato y plato.

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Señoras y señores
Teri Sáenz 20-02-2017 | 1:00 | 0

mato

Ana Mato no sabía nada.  Llegaba el cumpleaños de sus hijos y, como cualquier madre, se afanaba por organizar la mejor fiesta posible junto a sus compañeritos de clases con globos, payasos, chucherías y tal vez emparedados de Nocilla. Cuando sacaba un hueco entre sus intervenciones en el Congreso, la exministra se encargaba seguramente de contactar con el resto de padres. Hacía una lista de posibles invitados –esta sí, porque vais juntos a clase de pádel; este no, que es un pegón y dice palabrotas–, dibujaba por la noche las invitaciones con rotuladores de brillantina y ponía una nota al pie de las cartulinas de colores: se ruega confirmación. Del resto del evento, ni mu. Los gastos corrían a cargo de otra persona. Concretamente, del señor Sepúlveda. Sentada en el banquillo, a preguntas sobre los regalos de Correa y compañía, Mato habla de su exmarido como un intruso. Un alien tan ajeno y respetable que no merece ser llamado por su nombre sino con el título de señor. Ella se encargaba de la logística, pero las facturas las pagaba no sabe cómo aquel extraño. Que fuese entonces su marido es irrelevante. El suyo no era una hogar, sino una empresa mercantil. En vez de cohabitar en un dormitorio, coincidían en su particular consejo de administración doméstico. Lo más escalofriante del testimonio de Mato no es su dejadez por el dinero, que por un hijo se hace todo, sino la gélida distancia con la que habla del que con un día casó. Si a usted en casa dejan de tutearle, vaya haciéndose a la idea de que ya es un don (o una doña) nadie.

Fotografía: EFE

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Seguir vivos
Teri Sáenz 12-02-2017 | 7:49 | 0

Cuando el yayo Tasio sale a pasear cada mañana, organiza su ruta de forma que en algún momento del recorrido pueda detenerse ante la Sombrerería Dulín. El abuelo se planta frente al escaparate y experimenta una conexión que no tiene tanto que ver con la exquisita oferta de productos alineados tras el cristal como con el aroma que rezuma la tienda. Tasio mira a un lado y a otro de Portales y certifica que la mayoría de negocios vecinos han mutado a lo largo de los años. O peor: han desaparecido para siempre. La calle que una vez fue el epicentro de aquel Logroño orgulloso de sus raíces, la arteria de paso obligada para turistas ansiosos de encontrar una postal genuina cargada de historia, es ahora un cúmulo de establecimientos y bazares sin encanto ni criterio. Sombrerería Dulín ha ido sobreviviendo a esa metamorfosis constante. El local se ha mantenido más de un siglo incólume al viento de los cambios y el tornado de las modas. Como un periódico de papel, un teléfono de góndola, una cocina de leña. Aunque Tasio nunca se ha tocado la cabeza con nada más que su vieja boina, una vez traspasó el umbral y se hizo con una elegante gorra. Rara vez sale a la calle con ella, pero en aquellos duros que quedaron en la añeja máquina registradora Krupp quiso imaginar una inyección de eternidad para que el negocio espantara el cierre. Lo hizo, sobre todo, por egoísmo. Con la secreta certeza de que si Dulín continúa vivo, él también lo estará. Y que mientras pueda seguir observando sus anaqueles intactos, él tampoco morirá.

Fotografía: Justo Rodríguez

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Relato partido
Teri Sáenz 06-02-2017 | 12:52 | 0

manos

Congreso del partido. Primero el nacional, a continuación regionales. Nuevo ciclo. Mirar al futuro. Rearticular las estructuras y reverdecer el discurso. Atender las demandas sociales. Un proyecto útil. Escuchar la calle. Bla, bla, bla. Unidad y liderazgo. ¿Liderazgo y unidad? Discrepancias internas. Lucha de egos. No, diferentes sensibilidades con un objetivo común y tal. Conmigo o contra mí. Transversalidad, cohesión, blindaje. Quería decir fractura. Esos y estas. Todos los -istas. Renovación. Tal vez experiencia. Ideología, con perdón. Jóvenes que saben a licor añejo. Veteranos sin corbata. Lista única. La tuya no, la mía. Negociaciones de urgencia. Este punto sí, esta propuesta no. Asientos calientes. Qué dirán. No hablar de nosotros para que sólo hablen de nosotros. Documentos internos, ponencias, líneas maestras, estatutos y actos de fe. Enmiendas. Puntos y comas. Y punto. La voz para los militantes. Que clamen las bases. Bueno, mejor que sólo susurren. Delegados  y compromisarios. El aparato al habla. Coser el partido. Todo bien atado. No somos de nadie. O mejor, de todos. Ayer éramos de unos; y hoy de todos. Quietos hasta que alguien respire. Cuerpos ubicuos. Almas sin memoria. Puños en alto al final del cónclave. Saludos para todos y besos para las primeras filas. Aplausos hasta que las manos ardan. Fotos, focos y forofos. Promesas de integración. Afanes de victoria en las próximas elecciones. La defenestración. Viejas rutinas para la nueva política de siempre.

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